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Índice de Editoriales 2009.
Uke, (el que recibe). Acaban de llegar. El espíritu de vitalidad. La reciprocidad o correspondencia. La Generosidad y la actitud.

EDITORIALES 2009  Editoriales 2009

Uke, (el que recibe).

        Uke, compañero anónimo a veces, otras, amigo de complicidades; colega que anda por la misma Vía que uno, con la aspiración de alcanzar el mismo horizonte.

        La mayoría de las veces testigo silencioso de nuestras victorias sobre uno mismo (Masakatsu Agatsu), al igual que de las grandes derrotas y frustraciones.

        ¿Valoramos con el mérito adecuado a nuestro espejo?

        ¿Somos agradecidos por el esfuerzo que pone para nuestro beneficio?

        En muchas ocasiones nuestra soberbia nos lleva a enfadarnos con él, -porque no nos salen las cosas como queremos-, pero no nos olvidemos que es nuestro fiel reflejo, ¡ni más ni menos!

        Su sudor es la muestra palpable de su generosidad para con uno; su sensibilidad para responder a nuestros estímulos, el cariño que nos da sin que medie la palabra; su respiración el intercambio de energía para ahondar en el misterio de la Waza.

        Perdona cuando te lesioné, es por falta de tacto y debido a mi ignorancia, producto de no haber comprendido adecuadamente el Arte del Aikido.

        ¿Sabemos dar el justo valor a su inestimable tiempo?

        O estamos enjaulados en nuestro hacer que nos condena a la carencia de sensibilidad y cortesía.

        ¿Le damos las gracias?

        O simplemente giramos la espalda y a buscar al siguiente conejillo de indias.

        Querido y apreciado Uke, perdona por olvidar que sin ti me falta mi medio yo en el Keiko.

        Sin ti, yo no tendría razón de poder hacer, estaría solo en la inmensa soledad del Tatami, divisando un espejismo que podría ser el Kamiza. No sentiría la calidez de tu presencia para ayudarme en mi evolución.

        Gracias a aquellos que solo estuvieron en el instante de cuatro repeticiones, -o menos-; gracias a aquellos que me muestran mis defectos; gracias a aquellos que me motivaron en la complicidad de la camaradería cuando estaba perdido y solo; gracias a aquellos que me llevaron al limite, ya que de esta manera me conocí mejor.

Ishana Pérez Diciembre 09.   Subir

Acaban de llegar.

        Comentaba con un buen amigo de sudor, es decir, de trabajar intensamente en el Tatami, las tendencias de la nueva generación de aikidokas, -la nuestra-, que está despuntando con cierto estadio de poder. Quiero decir, antes cuando se estaba dentro de un entorno de formación, se quejaban de determinadas actitudes nocivas que se realizaban contra ellos o sus pupilos, me explicaré: por ejemplo, cuando existía el trepas que estaba entorno a las faldas del Sensei responsable; el pelota, que era un lacayo para conseguir lo que le interesaba; el favoritismo sin méritos, -ni de sudor, ni por tener conocimientos técnicos-, tanto para pasar de grado el, como los que tiene a su cargo, en definitiva, eso que se llama política y educación mal entendida, ya que crea costumbres a las cuales ahora en su pequeña parcela de poder imitan, -aún cuando antaño la criticaban-.

        ¡Cosa curiosa lo del hábito!

        Es como en la técnica, si uno en un comienzo no se ajusta a los principios y desarrolla los gestos correctos, da igual el tiempo de experiencia que se tenga, y se considere un “experto”, se seguirá arrastrando toda la vida esas malas mañas que tanto intoxican al Arte y a las nuevas generaciones que toman contacto con el, lo cual da muy mala imagen a los que son serios y honestos y quieren realizar su trabajo correctamente.

        La cuestión es: ¿cuál es el purgante para limpiar esas malas pautas?

        Quizás el tiempo y sus acciones, pero para ello es necesario que los que estén a su cargo se les ilumine su mente y puedan discernir.

Ishana Pérez, Noviembre 09.   Subir

El espíritu de vitalidad.

        Los clásicos marciales hablan que el espíritu de vitalidad se produce cuando aunamos nuestra energía física con la mental. Pero, ¿para qué sirve?

        Hay estudiantes que se consagran en la “gran evasión del esfuerzo”, que quiere decir eso: significa que en vez de orientar su perspicacia en ahondar el la disciplina mediante la intensidad de la práctica, -Taren (forjar)-, de lo que están pendientes es de rehuir el esfuerzo, o dicho de otra manera, el compromiso con el trabajo.

        A mi manera de ver, (siempre subjetiva y limitada), va a ser muy difícil que de la disciplina del Aikido salte alguna chispa, para que prenda el interés por la superación con esa actitud o planteamiento del Keiko.

        Para poner en marcha la dinamo de la vitalidad, el combustible necesario es nuestra voluntariedad inquebrantable para la acción, es entonces, cuando se enciende el espíritu de búsqueda y por lo tanto, aflora la compresión.

        Hay que evitar a toda costa las barreras físicas – climáticas de las estaciones, (entre otras), es decir:

        ¡Huf! Hace mucho frío para practicar hoy, -invierno-.

        ¡Qué bien! El primer día de buen tiempo, -hoy no me apetece ir a clase-, quiero disfrutar los primeros rayos de sol, -primavera-.

        ¡Es insoportable este calor! -Verano-.

        ¿Hoy no vas a clase?

         No, me siento melancólico prefiero quedarme en casa, -otoño-.

        Las estaciones ponen a prueba nuestra capacidad de adaptación con los elementos naturales, curten nuestro carácter ya que hay que enfrentar la práctica con determinación, para superar los elementos que pueden ser de: nieve, lluvia, calor, etc, estos van formando nuestra personalidad y nos pone aprueba en los distintos medios.

        Indudablemente esta evasión tiene su trasfondo mental, entonces, la pregunta es: ¿cuáles son los motivos escondidos que llevan a dicha actitud para ejercitarse en la práctica?

Ishana Pérez, Octubre 09.   Subir

La reciprocidad o correspondencia.

        Si analizamos la dinámica del Keiko, nos revela cosas muy interesantes, ¡pero claro hay que tener Aikido en el tuétano! Eso quiere decir que en cualquier momento estando realizando cualquier cosa cotidiana, -una conversación, una tarea, etc.- emerge de lo profundo de nuestra mente las relaciones que se establecen entre las cosas.

        Volvamos al Keiko, cuando se plantea este, cada uno tiene cuatro repeticiones, cuatro oportunidades, en el rol de uke o de tori, luego le corresponde al otro. Dentro de esta acción se presupone la entrega total para servir al que colabora con nosotros, es decir, hay una actitud reciproca en igualdad de condiciones, -me refiero al hecho de prestarse-, esto hace que las dos partes implicadas obtienen un beneficio mutuo, sin entrar en -lo mío vale más que lo tuyo-, simplemente se colabora para crecer juntos, cada uno dentro de su independencia y circunstancias personales.

        ¡Pero claro! A simple vista esa filosofía es fácil de entender y de hacer, -al menos para aquellos que están despiertos-. Lo lamentable es que se olvida cuando se sale del Tatami. Un ejemplo muy simple: llega una comunicación de la próxima realización de un seminario, y normalmente o casi siempre trae una coletilla de “dar la mayor difusión”. La pregunta es: ¿cuándo esas personas reciben otra información parecida, -aún sin coletilla-, corresponden dando “la mayor difusión”, o se olvidan de lo que los demás hicieron por ellas, -acaso eso no es igual a: -tu cuatro repeticiones y yo las otra cuatro-, con la misma igualdad para corresponder.

        Pero creo que el fondo de la cuestión es más profundo, lo digo porque habría que contestar a otro tipo de preguntas para bucear en las actitudes que se esconden en lo más hondo de esos vientres: ¿por qué no hay predisposición para colaborar? ¿A qué se tiene miedo? ¿Cuál es el hecho de censurar la información? O de no darle curso, -que al fin y al cabo es una forma de censura-. ¿A caso se piensa que lo nuestro es lo mejor y lo de los demás no vale?...

Ishana Pérez, Septiembre 09.   Subir

La Generosidad y la actitud.

El otro día, después de acabar la clase salio a colación la relación que se establece entre los blancos -novatos-, y los supuestos “avanzados”, digo supuestos porque se les presupone generosidad para dar y eso está apuntalado por la actitud interna para compartir con quien sea, el sudor de la entrega en el Keiko. Pero claro, la mayoría de la veces es todo lo contrario, ya que se careced de ella, -hay desprecio por el compañero por su condición de blanco-; “¡jo! Este blancucho me a tocado para practicar”, e inmediatamente esta la mirada o el gesto corporal de desden.

        ¿Somos lo suficientemente francos en la práctica? ¿Sabemos DAR? Ya que en el pasado nosotros recibimos, -y nos gusto-.

        En la entrega, ¿somos generosos con quienes saben menos y estamos dispuestos a ayudarles? O se nos ha olvidado que nosotros fuimos principiantes en un pasado, y lo que hacemos ahora es ser altaneros desprendiendo sentimientos de: “te perdono la vida pequeño ignorante”. Ahora la pregunta es: ¿esto es Aikido? ¿Dónde está la armonía ambiental para que exista el crecimiento mutuo? ¿Todo se resume en saber moverse mejor que el novicio, sin nada de corazón? Sin embargo, siempre gusta que el principiante se deje la piel para que el “experimentado”, trabaje como a el le gusta. Eso acaso no es usura aikidokil.

        Realmente cuando más confortados salimos de la práctica, es cuando hay entrega por las dos partes, -dando y recibiendo según las posibilidades de cada cual-, compartiendo el sentimiento mutuo de: -te doy todo lo mejor de mi-. Es cuando mejor se saborea el Arte del Aikido, y todo se puede resumir en este caso, en una conducta de derroche por ofrecerse al otro.

                        

Ishana Pérez. Julio 09.   Subir

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