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Índice de Editoriales 2021
¿Qué es la energía consciente en el aprendizaje? ¿Intentar o hacer?        
           





        

¿Qué es la energía consciente en el aprendizaje?

“Lo que se necesita para cambiar a una persona, es cambiar la conciencia de sí mismo.”

Abraham Maslow.    

        Se habla mucho de utilizar la energía consciente durante el aprendizaje en muy diversas disciplinas, ¿pero se sabe exactamente qué es eso?

        Comencemos por la energía, que en el caso que nos ocupa, -porque ese concepto es muy amplio y variado dependiendo del contexto al que nos referimos,- habría que preguntarse, ¿qué es la energía para practicar Aikido?

        La idea de energía está relacionada con la capacidad de generar un movimiento aunado entre cuerpo-mente para lograr nuestra transformación a través de la práctica continuada. También hace referencia a la utilización de los recursos energéticos propios (compromiso, voluntad, tiempo, economía, cuidados, materiales, alimentación, etc.) que permiten una plataforma para que sea más fácil conseguir una realización vivencial a través de la disciplina. Éste concepto de energía es un enfoque muy materialista, que es por lo primero que hay que comenzar antes de entrar en otros aspectos más sutiles y transcendentales de la disciplina.

        En el otro lado está el aspecto de consciente, ¿qué quiere decir eso?

        El vocablo consciente emana del latín “conscientis” que se forma con tres componentes: el prefijo “con-,” que equivale a reunión; el verbo “scire,” que es sinónimo de “saber,” y finalmente el sufijo “-nte,” que puede traducirse como indicador de “agente”. Por lo tanto, un practicante es consciente cuando es capaz de aunarse para poder sentir y poder armonizar su interior con sus acciones exteriores, con el objetivo de obrar en su beneficio, por consiguiente, también es capaz de percibir su entorno para ejecutar su práctica con más eficacia y satisfacción y de esta manera, actuar con más conocimiento de lo que está realizando para obtener una mayor rentabilidad en su aprendizaje-evolución.

        En consecuencia, la unión de nuestra energía sumada a nuestra consciencia es lo que nos hace evolucionar con seguridad y con propiedad en el Arte con una acción lúcida y consciente.

        Ahora vamos a utilizar las cuatro fases del proceso de aprendizaje de Maslow para hacer un paralelismo con el proceso educativo en Aikido y ver en qué momento hay que aplicar la energía consciente.

Las cuatro fases de Maslow para el aprendizaje son:

               Incompetencia inconsciente.

                Incompetencia consciente.

                Competencia consciente.

                Competencia inconsciente.

        En la incompetencia inconsciente es cuando ni siquiera se sabe que existe el Aikido para una persona y menos aún que haya un interés para hacerlo, así que no existe ninguna necesidad que nos induzca con una tendencia o una inclinación, bien sea interna o externa que nos impulse a realizarlo.

        La siguiente etapa es la de incompetencia consciente y aquí ya la cosa cambia mucho, porque te das cuenta que no sabes Aikido, pero hay “algo” -que puede ser interno o externo-, que te pica la curiosidad de querer saber más sobre la disciplina. Es cuando se moviliza la búsqueda de información y se valoran los recursos propios para buscar a alguien y el lugar que te permita instruirte.

        El siguiente escalón es la competencia consciente, que es cuando ya te has informado y has dado el paso para iniciarte en el aprendizaje y sabes que sabes, éste momento se relaciona con la atención-concentración focalizada y es el momento de aplicar la energía consciente para evolucionar en la disciplina.

        En esta fase hay 2 subetapas:

        La primera es el inicio en la práctica del Aikido, así que hay un periodo de adaptación y de fijación de los conceptos elementales, que bajo nuestra metodología serían: la etiqueta, aprender a respirar, sentarse, levantarse, acondicionamiento físico, caminar, desplazamientos, Ukemis y las técnicas básicas (de armas y de manos vacías) de los 2 primeros niveles, esto es de y 5º Kyu.

        Esto está relacionado con la regulación del cuerpo, y eso significa que:

        Hay que tomar consciencia de nuestra estructura.

        Como en cualquier actividad, el cuerpo es el vehículo para el aprendizaje, por lo tanto, tiene que estar en una condición óptima para realizar su función.

        Por otro lado, hay que sensibilizarse para escucharlo y saber que nos dice, de esta manera podemos acceder a tener tanto una experiencia interior como exterior, (el apartado interior lo desarrollare más abajo en la respiración y las emociones). Desde el punto de vista exterior es sumergirnos en el movimiento (cinemática) y en la dinámica del Aikido, que no se algo ajeno que copiamos sin más del Sensei, sino todo lo contrario, esa copia inicial, -que es el patrón o modelo que nos dan para observarlo, imitarlo, copiarlo y repetirlo- tenemos el deber de hacerlo nuestro, percibiéndolo, sintiéndolo, viviéndolo, penetrándolo, expresándonos sobre el tatami con él como parte nuestra.

        La toma de consciencia de nuestra respiración.

        Es el hilo conductor para realizar la integración, porque seguro que al principio estamos nerviosos por el desconocimiento de lo que hay que hacer, adaptarnos a los patrones motores, el entorno, la normativa de comportamientos, etc., en esta toma de contacto con la respiración lo primero que hacemos es aprender a realizarla bien y a regularla, lo cual nos permitirá serenarnos, sensibilizarnos y así poder escuchar mejor a nuestro cuerpo.

        La toma de consciencia de nuestras emociones.

        Escuchar al cuerpo tiene aparejado sumergirnos en nuestras emociones y ver cómo actúan y siempre es bueno verlas y sentirlas desde una perspectiva de ecuanimidad, recordemos a Zhuangzi, “El hombre perfecto usa su mente como un espejo. No aferra nada, no rechaza nada. Recibe pero no conserva,” es la mejor manera de equilibrar nuestro ánimo en las multitudes de circunstancia y dinámicas en las cuales vamos a estar inmersos, al igual que también hay que tener presente cuando nos ejercitemos en la quietud.

        Si relacionamos la primera subetapa con la metodología tradicional del aprendizaje en el Budo, correspondería a una introducción en Shu , lo cual a posteriori nos va a ser muy rentable cuando lo desarrollemos, que será en la siguiente subetapa.

        En ésta subetapa inicial no se le puede pedir mucho más al aspirante, con solo estos elementos en su inicio va a estar bien encausado y su calidad de vida va a mejorar bastante.

        En la segunda subetapa es un momento del aprendizaje donde puedes practicar con soltura, mueves tu cuerpo con cierta libertad y comienzas a disfrutar de la práctica, la constante aquí es que no puedes perder la concentración mientras te ejercitas con el compañero, porque si eso ocurriera es cuando surgen los problemas y pierdes el hilo de lo que tienes que hacer.

        Una ayuda inestimable como apoyo en este momento de la instrucción para que la atención esté centrada y focalizada en las acciones, es el conocimiento teórico sobre la disciplina y en éste contexto, me refiero a la parte técnica. El otro día hablaba con un estudiante que había cumplido 1 año de práctica en nuestro Dojo y me comentaba: “Aún con el año que llevo, cuando me pides las cosas con los nombres no las distingo; tengo que dedicar un tiempo en casa a estudiar con tranquilidad,” a lo cual yo le conteste: “Cuando comiences a estudiar, compleméntalo con las introducciones y las explicaciones que se hacen en las clases habituales, así una acción retroalimenta a la otra y puedes avanzar con más seguridad de una forma tangible entre lo teórico y lo práctico.”

        Me alegró mucho esa toma de consciencia de mi estudiante en su noviciado, porque esto es otra muestra de aplicar la energía consciente en la formación, es decir, ser capaz de sentirse para saber qué necesita para seguir evolucionando sin que yo intervenga y le diga, -¡ahora haces esto!-, su percepción de su realidad es mucho mejor y más motivadora para él que mí imposición por mi responsabilidad de Sensei.

        Llegados aquí, ya hay que hacer Shu propiamente, sin salirnos un ápice de la ejecución de cada principio, completamente centrados y concentrados en cada cosas que realizamos. Porque por este camino sin quererlo se van desarrollando otras capacidades internas, que nos van a ser muy útiles cuando se siga avanzando en el proceso educativo.

        La intermitencia es el gran peligro en esta fase de la aplicación de la energía consciente, que no solo surge en el ámbito de lo físico, sino que también puede hacer su aparición en el de la técnica. Un campo de apoyo para desarrollar una buena atención – concentración y que nos va a servir como ayuda y perfección para la técnica, es el ejercicio de la meditación, porque nos obliga a tener una atención sostenida y por lo tanto, aleja y no deja que se manifieste la intermitencia.

        La última fase de Maslow para el aprendizaje es la competencia inconsciente, que es cuando ya somos capaces de realizar cualquier técnica y ya no necesitamos ser conscientes de la misma durante su desarrollo (Mu Shin o no pensamiento). La hemos practicado y sentido tanto que ya la hemos interiorizado y actuamos con plena libertad en el espacio y con el compañero, son acciones muy, muy creativas, es una fase que correspondería a Ha , eso quiere decir que ya tenemos el soporte de la base y esto nos permite buscar, ver y encontrar otros aspectos, otros matices y otras formas de afrontar la Waza de una forma muy fecunda y muy efectiva, aquí hay que recordar aquello de Takemusu Aiki, que está claro que cuando se desarrolla más propiamente, es cuando nos adentremos en el aspecto de Ri , pero ahora es un tiempo de investigación y una toma de contacto con esa realidad que nos espera.

        Pero, ¿qué pasa si no tengo en cuenta estos 4 pasos de Maslow?

        Descartando el primero por razones obvias, el no tener en cuenta los otros 3 para practicar con consciencia, es estar perdiendo el tiempo y nunca se va avanzar en la disciplina y si por un casual se persistiera con porfiada actitud, se estaría en un limbo que nunca aportará conocimiento, pero ya no de la disciplina del Aikido, si no de sí mismo que es más grave aún.

Ishana Pérez, Febrero de 2021.

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¿Intentar o hacer?

“Sólo hacemos bien las cosas que queremos hacer.”

Colette.    

        Es muy común cuando le digo a un alumno:

        - ¡Mira por favor! Tienes que hacer esto de tal o cual manera, ok.

        Me suele contestar:

        - ¡Lo intentaré!

        Mi respuesta inmediata es:

        - ¡No lo intentes, hazlo!

        La actitud mental y la predisposición del ánimo para intentar con respecto a la de hacer es muy distinta, siempre con la de intentar hay un espacio para no volcarnos completamente, en cambio, con la de hacer no hay otra salida que emplearnos a fondo si aspiramos a lograr algo.

        En la RAE para intentar solo tiene 3 acepciones, pero para hacer hay 58, la diferencia es bastante grande. Voy a entresacar algunas para ver la importancia de hacer y no la de intentar en Aikido.

       La es “producir algo,” acaso cuando nos dicen en el Dojo, ¡haz tal cosa! No estamos produciendo para nosotros mismos.

         “Formar algo dándole la forma,” cuando trabajamos con el Kihon, no pretendemos dar forma en nosotros al principio en el cual nos estamos ejercitando.

         “Poner por obra una acción o trabajo,” no repetimos constantemente que sin practica no hay evolución, por muy claro que tengamos en nuestra mente una técnica, si no nos ejercitamos constantemente, no nos va a servir para nada estar sobre el tatami.

         “Realizar o ejecutar la acción expresada por un verbo enunciado previamente,” hacer sin más condicionamientos mentales, ni albergar dudas ni indecisiones.

         “Fomentar el desarrollo o agilidad de los miembros, músculos, etc., mediante ejercicios adecuados,” está claro que el medio para perfeccionarnos en las disciplinas que practicamos es el cuerpo, sin él nada se puede hacer, por lo tanto, debemos cuidarlo y perfeccionarlo para que haga bien su función.

        10ª “Componer, mejorar, perfeccionar,” cuando componemos es un todo con el cuerpo, la técnica, la respiración y el compañero; en cada repetición nuestro propósito no es mejorar en el desarrollo de lo que hacemos; cada vez que repetimos una acción nuestro objetivo es perfeccionar, perfeccionar y vuelta a perfeccionar la técnica o el ejercicio que se realiza.

        15ª “Recorrer un camino o una distancia,” acaso cada vez que practicamos no recorremos un trozo de nuestra Vía teniendo como medio el Aikido.

        23ª “Conseguir, obtener, ganar,” cada paso que demos tenemos que tener en mente el conseguir una meta; con cada logro obtenemos un impulso en nuestra evolución hacia adelante; cada vez que practiquemos ganamos más autocontrol, paz, calidad de vida, etc., todo esto mantiene a la mente focalizada y concentrada.

        39ª “Obrar, actuar, proceder,” al obrar construimos en nuestro cuerpo y en nuestra mente los principios del Aikido; al actuar realizamos acciones conscientes, que luego hay que dejar que sean instintivas o naturales; al proceder hacemos que nazcan y se revelen en nosotros los fundamentos del Arte.

        44ª “Poner cuidado y diligencia para la ejecución de algo,” no cabe aquello de: “lo voy a intentar,” “voy a ver cómo me sale” o “¡mañana, mañana me saldrá mejor!” El momento es Aquí y Ahora, en éste Instante, otra razón más para no ir con la intensión de intentar, sino la de hacer con todo nuestro potencial y con toda nuestra determinación centrada y dirigida en la acción que ejecutamos.

        53ª “Obtener, apoderarse de algo,” si no hacemos que la técnica sea nuestra, nunca obtendremos nada por muchos años que estemos practicando, aunque sinceramente, yo no sé exactamente a día de hoy quién posee a quién cuando se practica, si nosotros a la técnica o la técnica a nosotros.

        54ª “Dominar, controlar,” el objetivo es el dominio y el control propio, porque sin eso, no vamos a ser capaces de controlar al otro y menos aún a la técnica.

        Pero, a la hora de hacer, ¿cuáles son las bases que hay que tener en cuenta para una buena elaboración?

        Lo primero es establecer el hábito.- También hay gente que lo llama rutina, aunque a mí particularmente no me gusta mucho esa palabra. Para que la práctica sea efectiva es primordial establecer día y hora para ejercitarse, después, hay que ser consciente de que el grueso de la práctica debe estar constituido por los mismos ejercicios aunque se enfoquen de manera diferente.

        El establecer unos hábitos fijos permite al alumno concentrarse y por lo tanto, desarrollar una práctica más consciente, que en los inicios es prioritario, por ejemplo, en nuestra estructura de una sesión de Aikido para principiantes, de los 10 puntos de los que consta, 8 puntos son fijos, los que cambian son la introducción y el repertorio técnico del día (la Waza) y de cambiar esos 8 puntos fijos, se hacen después de un ciclo de 1 ó 2 años de haberse ejercitados en ellos, pero no antes.

        Pero, ¿por qué se hace eso de esa manera?

        Lo primero es que brinda al estudiante una seguridad para poder hacer, eso da un anclaje con seguridad para poder construir su avance; al Sensei, es una buena cimentación para poder edificar la sesión con claridad, calidad, versatilidad y con el poder de darle continuidad en un futuro. Luego, permite a ambos establecer sus objetivos a corto, medio y largo plazo y de ésta manera la práctica es significativa para todos.

        Esto es un mensaje muy poderoso dentro de la planificación, no tenerlo en cuenta siempre traerá problemas o mucha dispersión y es obvio que eso va en contra de una enseñanza de calidad y del rendimiento – avance del alumno.

        Cuando cambio los contenidos de una sesión de principiantes, mi primer objetivo es establecer cuáles van a ser los elementos fijos y durante cuánto tiempo los voy a impartir de esa manera, porque soy consciente de que de eso van a depender muchas otras cosas que se van a manifestar en forma de cascada en un futuro inmediato.

        Lo mismo me pasa cuando diseño y planifico otros niveles de aprendizaje, al igual que en los seminarios o en los intensivos. Siempre hay que tener en cuenta que si se cambian los niveles hay que cambiar los contenidos fijos (los hábitos estables o rutinas) para potenciar los ciclos de aprendizaje.

        Lo segundo es la repetición.- Es la esencia del aprendizaje consciente y en nuestro método es la cuarta pieza para una buena educación en Aikido con calidad (las otras tres son: observar, copiar e imitar).

        La repetición encierra un problema, que como no se ajuste cien por cien al modelo ideal, en vez de arraigar con un buen hábito los movimientos imitados, se pueden volver en nuestra contra, porque al no ajustarse a la forma correcta traerán como consecuencias que se instalen en nuestro cuerpo y mente imperfecciones.

        El estudiante se tiene que adaptar al Arte y no al revés, pero el Sensei si se tiene que adaptar al alumno con el objetivo de conducirle por en buen Camino y hacerle evolucionar.

        Aquí el objetivo para ambos es la calidad, pero ésta exige perfección, porque la maestría demanda una progresión de fácil a difícil y de simple a complejo, para posteriormente llegar a la naturalidad.

        El refinamiento.- Es la regulación de la práctica después de haber dominado el modelo técnico de base y cuando éste esté sólidamente afianzado, entonces y solo entonces, se debe de pasar a perfeccionar los puntos más finos de la habilidad y así hasta el infinito.

        El refinamiento abarca cuatro puntos: lo mental, lo físico, la técnica y la habilidad, desarrollando esos conceptos es cuando se llega a la excelencia.

        ¿Cómo se erosiona el hacer o la práctica?- Muchas personas no son conscientes de la importancia del periodo de práctica, o dicho de otra manera, no son conscientes del tiempo, ya lo dice la locución latina, “Tempus fugit”. Es una de las principales causas de deterioro que lleva a la inercia, o estar por estar sin producir.

        Ejemplos hay muchos, veamos algunos: llegar tarde por sistema, carecer de espíritu de entrega, moverse lento sobre el tatami, no ser capaz de concentrarse, ser remolón, etc., esto sería algunos puntos visto desde el alumno, veamos otra perspectiva desde el formador, el Sensei.

        Hay enfoques que son totalmente destructivos para el hacer, por ejemplo:

        No realizar calentamientos o acondicionamientos que estén conectados con los siguientes contenidos de la sesión, un clásico, “vamos a correr o dar unas vueltas para calentar” o “enfocar el acondicionamientos de los sistemas funcionales como una gimnasia física prescindiendo completamente del aspecto mental.”

        Hacer círculos y detenerse para mirar al Sensei que está explicando a otra persona, esto es muy común verlo en clase con numerosos alumnos y donde se da sí o sí es en los seminarios. Uno debe parar cuando realmente tiene dudas y si las tiene, es por no haber desarrollado una buena capacidad de observación cuando se mostró lo que había que hacer en el centro.

        Los Senseis que permiten esto no se dan cuenta de que se rompe completamente la dinámica y la atmósfera de trabajo y mucha gente gandulea y no se esfuerza, la pregunta forzosa es, ¿a qué han venido esas personas entonces?

        Hacer hileras para que un grupo de estudiantes practiquen, es otra de la formas de degradar el hacer. Cuando se realizan hileras hay muchos estudiantes inactivos y yo diría totalmente ausentes de lo que acontece y ya no digamos si el Tori no ha comprendido bien lo que tiene que hacer, en esos casos la práctica se detiene por completo.

        Puesto a hacer hileras, no las deben de componer más de 3 miembros por hilera, ¿cuál es la razón de eso?

        Con 3 estudiantes por hilera, hay 1 Tori y 2 Ukes, mientras que el Tori proyecta al primer Uke, el segundo ya viene en camino y el primero se está levantando para volver a atacar al Tori, de ésta manera se realiza una dinámica circular y continua y no como en las hileras grandes que es lineal, alargada, muy lenta y tardío el turno de práctica.

        Para que no se den esas formas de afrontar el hacer, todos los alumnos deben de participar de forma activa para optimizar el tiempo de práctica, dicho de otra manera, nadie debe estar parado o estar ocioso sobre el tatami.

        Para ello todo el mundo debe saber qué es lo que va a acontecer, por eso se hace imprescindibles las introducciones en las sesiones, es el primer soporte teórico para situar mentalmente al alumno en la sesión o en el seminario, el segundo es la explicación central.

        La creatividad de los planteamientos es fundamental para mantener el foco de atención siempre activo, de esta manera siempre es más motivador y repercute en el rendimiento del estudiante.

        La utilización y la rentabilización del compañero es la clave para aprovechar el potencial de las neuronas espejo, de ahí la importancia de la colaboración en la práctica, independientemente del concepto filosófico.

        Espero que haya quedado clara la diferencia entre intentar y hacer, recordemos que desde un punto de vista mental, las palabras condicionan nuestra predisposición anímica y como consecuencia de eso, nuestras acciones.

Ishana Pérez, Enero de 2021.

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