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Índice de Editoriales 2021
Nyumon, necesario e imprescindible Las 2 emancipaciones Estar en sintonía con el Sensei      
Después de practicar un largo periodo sin tocarnos El poder de Makoto Flujo – dinámica / sensación – percepción El síndrome de Penélope ¿Qué es la energía consciente en el aprendizaje? ¿Intentar o hacer?





        

Nyumon, necesario e imprescindible

“Mejor que mil días de estudio diligente, es un día con un gran maestro.”

Proverbio japonés.    

        Desgraciadamente hoy en día no se tiene en cuenta el proceso de Nyumon en la amplia mayoría de los Dojos, que según Tamura Sensei en su libro “Aikido,” es cuando se establece el lazo entre maestro y discípulo, es decir, Nyu con el sentido de “iri” en Irimi, entrar; Mon, la puerta, esto significa, atravesar la puerta y ser aceptado como discípulo” por parte del maestro para cursar su enseñanza.

        Hay que entender claramente el significado de ese Irimi (entrar, acceder, penetrar, introducirse) porque es capital para el proceso de Nyumon. Antes de llegar a la casa del maestro y atravesar su puerta, también hay que entenderlo como la búsqueda que bulle dentro del aspirante, eso le hace lanzarse al Camino para encontrar lo que ansía, sin ese burbujeo interno ya la intensión nace muerta por muchas puertas que se le abran o que atraviese, y eso es fácil de ver a largo plazo, porque pueden ser muchos son los que se inician, pero pocos los que son capaces de adaptarse a la disciplina para ahondar en la Vía.

        Como dije antes, desgraciadamente hoy no se le da prioridad al proceso de Nyumon, y la razón es por la cultura de gimnasio que existe en occidente cuando nos encaminamos a practicar cualquier Budo, se cree que solo basta con acercarse al establecimiento, pagar la cuota y listo. Éste hecho le da la percepción al cliente de que ya tiene pleno derecho a que le instruyan sobre la disciplina que ha elegido, bien por recomendación de un amigo, por la moda del momento o la violencia desbocada que podría infligir por haberla visto en el cine.

        Nyumon no se puede aplicar al plantear la enseñanza como un negocio, porque entonces el proceso educativo no está dentro de un Do, y la razón es muy simple, el enfoque como negocio cambia por completo la filosofía del Arte y la educación del alumno.

        Es obvio que para cualquiera que sepa mínimamente, -aunque fuese desde un punto de vista intelectual,- lo que representa y lo que es la educación en un Budo, sabrá que ese planteamiento de consumidor ávido de sensaciones momentáneas es muy cándido y nada tiene que ver con la instrucción real que recibiría cualquier budoka. Tendría más propiedad la intensión inicial de ser muy fuerte o hábil en la técnica del Budo que ha elegido, que las motivaciones antes descritas por ese comprador de conocimientos.

        En la cultura del gimnasio no cabe el Nyumon, tampoco se podría desarrollar por la poca implicación del alumnado, las dinámicas que se desarrollan y las políticas que se promueven en esos establecimientos.

        Las diferencias son muy claras entre un gimnasio y un Dojo, ¡y hay de aquel instructor que no las tenga! Porque es obvio que uno u otro planteamiento, tanto mental como del enfoque en la disciplina van a ser muy diferente. También es importante para el aspirante a aikidoka, decidir si quiere estar en un sitio u otro, porque el proyecto para el progreso es totalmente antagónico.

        En un Dojo es necesario e imprescindible que haya Nyumon, y la razón es muy simple, para que ambas partes, el Sensei y el aspirante a discípulo, no tengan que perder la energía, los recursos y los conocimientos.

       Otra cosa que se suele pasar por alto, es que el proceso de Nyumon lleva su tiempo, no es llegar y besar el santo, hay que pasar un periodo de noviciado para ver si el aspirante es apto o no, “También hay que considerar que la -puerta- puede abrirse o no, esto depende de la voluntad del maestro, incluso con la puerta abierta podéis no tener acceso más que al vestíbulo,” ibídem. Es nuestro Dojo este periodo de prueba dura 3 años de práctica continuada para las personas que se acercan a estudiar con nosotros.

        Pero, ¿por qué hace falta ese tiempo de rodaje previo? La respuesta es bien sencilla:

        Por parte del Sensei, para comprobar que con el paso del tiempo el aspirante sigue interesado en el Arte, en su metodología, en la manera que tiene de enfocar la disciplina, si el solicitante posee un carácter de superación continua y si es buena persona.

        Por parte del aspirante, ver si la personalidad del Sensei es compatible con la suya, si le gusta como imparte su enseñanza, si se siente cómodo en ese entorno, tanto por los compañeros que componen el Dojo, como por la infraestructura que posea.

        Como se puede apreciar el proceso de Nyumon es bidireccional, Sensei-novicio, novicio-Sensei, porque está más que comprobado por la tradición, que cuando no se da esa bidireccionalidad armónica siempre va a ver grandes problemas para ambas partes, porque “…Hace falta para empezar buscar a nuestro verdadero maestro. Pasa así con todos los estudios, si os equivocáis con el primer paso, cuanto más avancéis, más difícil os será retroceder el camino andado” ibídem. Por todos es conocido que hay una gran mayoría de aikidokas que después de errar en la elección inicial, han peregrinado de Dojo en Dojo durante muchos años, y aún hoy en día andan perdidos y tampoco han definido el Aikido que quieren realizar.

        La buena elección (según el gusto y las tendencia de cada uno) es de suma importancia, porque puede que los planteamientos, el desarrollo técnico y el entorno sea de muy buena calidad y muy riguroso en la formación, pero no se comulga con la personalidad del Sensei o con el entorno que hay junto a él, es esos casos es mejor buscar otro ambiente más compatible. Por parte del Sensei, ver si realmente esa persona puede ser depositaria de su enseñanza o no, en caso negativo, siempre es mejor invitar al aspirante a seguir en la búsqueda de la persona y del entorno adecuado a su personalidad.

        Pero, ¿por qué los 3 años de noviciado?

        Como dije más atrás, esa es nuestra particularidad dentro de Nyumon y la explico. El 1º año es para la integración del aspirante en el Dojo y en la dinámica que posemos, también en líneas generales y por la experiencia que tenemos a lo largo de los años, una persona que no está muy interesada en Aikido no pasan de ese tiempo, de hecho, la mayoría de las veces abandona en un tiempo inferior. Por otro lado, durante ese periodo se ha desarrollado todo el calendario de actividades anuales, eso da al novicio una perspectiva amplia de todos los eventos realizados durante ese año, tanto en las disciplinas que se imparten en el Dojo, la planificación de las mismas, como en el desarrollo progresivo de la didáctica desde un punto de vista técnico y en la mecánica organizativa.

        Visto desde el punto de vista del Sensei, lo que hay que comprobar en ese primer año es el interés del estudiante, su permeabilidad al funcionamiento del Dojo, su asiduidad a las actividades de formación, llámense éstas: clases semanales, seminarios anuales, intensivos o clases especiales, etc., y por último, qué tipo de logros ha podido alcanzar en ese año de estudio.

        En el 2º año y si el estudiante sigue, algo le atrae, -aunque no sepa exactamente lo que es-. Es un tiempo que debería invertir en ahondar en la comprensión del enfoque y en los planteamientos educacionales que el Sensei imparte, también, buscar y descubrir qué es lo que le engancha a esa enseñanza y a ese entorno.

        Es un momento para que el alumno vea las cosas más detalladamente en todos los campos, más que nada porque llegados aquí ya la euforia efervescente del comienzo se ha desvanecido, y llega el momento del análisis conciso de lo que implica formarse en esa escuela por parte del estudiante.

        El formador debe valorar en éste segundo año en qué tipo de compromiso se ha establecido el alumno y si su desarrollo va acorde a él, también, si se constata cada vez que practica, porque si dice que ha adquirido un compromiso determinado pero no se ven resultados tangibles, está claro que uno de los dos falla.

        En el 3º año, ya las ideas tienen que estar claras de lo que se quiere y cómo obtenerlo en ese entorno, y es un buen tiempo de maduración por parte del novicio para adentrarse en un compromiso más profundo y como mucha más determinación en el proceso educativo.

        El formador debe valorar en qué fase de la evolución está el novicio en esos tres años de estancia con él, -por ejemplo, según nuestra metodología debería estar en el nivel de 4º Kyu, o muy bien afianzado en 5º Kyu, si el primer año tuvo dificultad en adaptarse al Dojo. Otras de las cosas a valorar, son las aspiraciones que tiene que tener el alumno para completar el medio ciclo de la formación, es decir, con 5 años de práctica continuada.

        Personalmente después de tres años de práctica conmigo, no necesariamente acepto a un alumno como discípulo, si no veo que tenga solidez en su compromiso, que haya puestos las bases para su evolución, que manifieste su predisposición para avanzar, el trabajo que ha acumulado en su cuerpo durante ese trienio y el desarrollo de su mente.

        Un paralelismo muy acorde al periodo de los 3 años de noviciado, es el tiempo necesario para consolidar un seminario en un entorno determinado, es por todos sabido que en el 1º año acuden en tropel practicantes por mera curiosidad, o por el hecho de comentar después con sus colegas que han realizado un seminario con tal o cual Sensei. En el 2º año, vienen los que no pudieron venir el primer año, más los que les ha surgido algún interés y quieren ratificarlo asistiendo nuevamente, y por último, en el 3º año, vienen los que realmente tienen una inclinación real en los planteamientos, en el trabajo y en la metodología que ese Sensei imparte. Como se puede ver, en el fondo subyace un planteamiento como en el proceso de Nyumon aunque no se plantee como tal.

        Personalmente soy partidario de invertir la energía justa en las personas que son recién llegadas para testar el interés en las disciplinas que imparto, porque no es plan de estar malgastando la existencia y Nyumon es una herramienta muy útil para tal menester. Por otro lado, si la tradición ha previsto este proceso y lleva siglos funcionando eficazmente, yo no tengo autoridad para contradecirla, al contrario, debo respetarla y ponerla en práctica adaptada a los tiempos actuales, por esa razón están los 3 años de noviciado en nuestros Dojos, porque “La tradición es un guía, no un carcelero” William Somerset Maugham que coarta la adaptación a los nuevos tiempos.

Ishana Pérez, Septiembre de 2021.

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Las 2 emancipaciones

“Educación para la emancipación”

Theodor Adorno.    

        Cuando se habla de educación es un tema bastante complejo, y a esa complejidad hay que añadir la educación en un Budo como el Aikido.

        El objetivo de la educación es el desarrollo de las personas en valores y habilidades que van a producir cambios emocionales, intelectuales y sociales para elevar su consciencia, que a su vez, fomenta un pensamiento crítico, con una actitud proactiva para generar una sociedad más justa y más equilibrada.

        La educación no es algo estático, todo lo contrario, cada generación debe realizar aportes para mejorarla y de esta manera que sea más rica en todos los aspectos, y esto se produce a través de la investigación, del intercambio, de la diversidad y de las experiencias de cada persona.

        Los objetivos generales en la educación en Aikido serían:

        Cimentar los valores éticos, intelectuales, sociales y culturales de sus practicantes.

        Formar seres libres y autónomos de pensamiento y opinión.

        Desarrollar las habilidades físicas, cognitivas e intelectuales de cada practicante.

        Cultivar un pensamiento crítico y reflexivo.

       Incentivar y promover un desarrollo continuo a través de la investigación de las diferentes áreas del conocimiento humano.

        Conocer y preservar la cultura originaria e integrarla en las diferentes culturas donde se practique.

        Colaborar en la sociedad en la cual se está inmerso en todo el planeta, para que sea más justa, más equilibrada y donde se respete la diversidad que la compone, porque “Todos somos integrantes de una familia planetaria, dependiendo uno del otro y de la calidad de los sistemas que alimentan la vida.” Mitsugi Saotome Sensei.

        Formar un profesorado bien capacitado para que de continuidad a la tradición que representa.

        En líneas generales estos 8 puntos serían las bases comunes en todas la latitudes donde se practique el Aikido, pero como educador aún me asaltan una multitud de cuestiones que pienso que hay que resolver cuando se aborda el Aikido como un proceso educativo - formativo de realización y trascendencia personal. Quiero compartir algunas por si no se le han ocurrido a ningún aikidoka: ;

        ¿Cuál es el propósito actual de la educación en Aikido?

        ¿Es necesario realizar una transformación tal y como está constituida actualmente la enseñanza en Aikido?

        ¿A dónde queremos ir? O lo que es lo mismo, ¿a dónde queremos conducir a nuestros estudiantes?

        ¿Se promueve la relación – integración del Aikido con la vida cotidiana, o simplemente se circunscribe el Aikido al tiempo de permanencia sobre el tatami?

        ¿Uno de los fines de la educación de un aikidoka debe ser un medio de transformación social?

        ¿Cuál debe de ser el enfoque con el alumnado: someterlo al educarlo, o educarlo para liberarlo?

        ¿Hay que alargar la educación de un aikidoka hasta el infinito sin darle la oportunidad de emancipación?

        Esto es una breve muestra del torbellino de dudas que me asaltan cada vez que enfrento el Aikido como un proceso educativo. Creo que lo primero que deberíamos hacer es definir ¿qué es la emancipación en Aikido?

        Según mi visión, es la capacidad de transformación - liberación que adquiere el estudiante en su proceso de evolución a través de la práctica continuada, para no depender indefinidamente de su formador, con el objetivo de ser responsable y libre dentro de la disciplina.

        Lo que enseña un Sensei deja de tener validez para los estudiantes desde el mismo momento que un alumno pasa horas y horas en el Dojo sin que haya una evolución progresiva y constante, y da igual que le den mil vueltas al Kihon cada año, o que con el paso del tiempo reciban un diploma “certificando” que tienen tal o cual grado, porque si pasa el tiempo y el alumnado no progresa, habrá que buscar la razones de por qué no lo hacen.

        ¿Qué se aprende en muchos Dojos actualmente?

        Se aprende que debes de pasar mucho tiempo en él sin que haya una exigencia para el rendimiento y la progresión del estudiante durante cada mes, cada trimestre, cada semestre, cada año, en el medio ciclo (5 años) o en el ciclo completo (10 años).

        Se aprende a consumir un número de horas que no transforman ni desarrollan valores, tampoco se forja el cuerpo ni las capacidades mentales que hagan un estudiante maduro, seguro de sí e independiente.

        Se aprende que lo que produce tal o cual organización es de calidad, lo cual en su amplia mayoría no es verdad.

        Se aprende a someterse a una jerarquía donde nadie cumple con el deber y la responsabilidad que le corresponde, para que se pueda manifestar la armonía (Ai) en todo el conjunto.

        Se aprende a solicitar con actitud lisonjera favores y prebendas para avanzar en la disciplina, con la presunción de que así se va a comprender y vivir el Aikido plenamente.

        Se aprende que por el hecho de estar en un entorno, -como por arte de magia-, se es detentador del lote de conocimientos que el referente hace gala, lo cual está totalmente alejado de la realidad.

        Y por último, se aprende, que dentro de ese entorno de formación por el hecho de tener un comportamiento sumiso sin replantearse sus postulados, se es acogido, protegido y en muchos casos se le da trabajo.

        Está claro que con todos esos planteamientos anteriores no se independiza ningún estudiante, todo lo contrario, el diseño está planteado para que haya una dependencia total sin ningún beneficio para el alumnado, por el contrario, se hace un consumo desmedido de cosas que no le van aportar mucho como ser humano.

        Como indica el título, digamos que existen 2 tipos de emancipación del estudiante en Aikido.

        La 1ª emancipación es cuando el estudiante se establece en las bases del Kihon.

        En esta primera fase el Sensei debe estar muy vigilante y no dejar que el estudiante incorpore a la forma elementos que la puedan adulterar, esto es, no ceñirse a realizar, cultivar y establecer en el cuerpo y en la mente el correcto proceder de cada principio, al igual que los fundamentos básicos del Aikido: predisposición, colaboración, capacidad de esfuerzo, voluntariedad, etc.

        Esto equivaldría al ciclo de tiempo que iría de la infancia a ser mayor de edad en la disciplina, es un periodo donde se muestra, se indaga, se reflexiona, se medita, se comprenden y se aceptan: conductas, comportamientos, pautas y procederes de forma inteligente, a la vez que va otorgando madurez como persona y como aikidoka.

        Dentro de éste paso también implica la fase de pulimiento e investigación, tanto de la técnica como de los valores y principios de la filosofía del Aikido.

        Digamos que se aúnan dos aspectos, el trabajo físico – técnico – mental, con el trabajo intelectual para tener un conocimiento completo de las bases del Arte.

        La 2ª emancipación es cuando el discípulo hace el Arte suyo realizándolo con propiedad, que es la autentica emancipación. Es decir, ya no necesita la vigilancia de su maestro, que eso no quiere decir que los hilos invisibles del vínculo entre ambos se rompan, todo lo contrario, se hacen más conexos y más sólidos aunque cada cual tenga y esté en su casa, quiero decir, ya se es responsable de un Dojo propio, de los estudiantes que lo componen y de las responsabilidades que todo eso implica.

        En esta fase el Sensei debe de exhortar, animar, impulsar y motivar a su discípulo para que realice un refinamiento con nuevos aportes que contribuyan a expresar el Arte con su propiedad, con su visión y de esta manera contribuir para aumentar el caudal de conocimientos dentro de la disciplina.

        En el caso de que no le guste la docencia y se quede en casa de su maestro (Dojo), son discípulos totalmente liberados que son de una ayuda inestimable para la comunidad, porque su aportación hace crecer a su entorno dado que ha recorrido el camino y sabe cómo orientar a sus compañeros.

        En ambos casos esto equivaldría a ser un adulto con pleno derecho y deber hacia el Arte, siendo responsable de sí mismo y de los que conduce por el sendero de la Vía.

        Es una alta responsabilidad para el discípulo capacitado - emancipado, tanto hacia el entorno que le formó, como a la disciplina que representa, y no es nada trivial tener ese cometido.

        Se debe, es necesario y tiene que realizarse llegado el momento que nuestros estudiantes se emancipen y sean ellos mismos, de hecho, es como en la vida normal, el deber del Sensei es procurar darle una educación de calidad a sus alumnos, para que puedan crecer como personas y como aikidokas. Si se hace bien, es una gran satisfacción ver como otro Ser se adentra en la Vía y camina solo con resolución, con conocimiento y con solvencia.

        El problema está en el caso opuesto, cuando el Sensei está apegado a sus alumnos (por las razones que sean) y no les permite ni les facilita llegado el momento volar libres, que siempre son momentos de problemas y rupturas en la mayoría de los casos, si ocurriera eso, nos valen los pensamientos que Khalil Gibran nos dejo en su texto de El Profeta sobre los hijos, como reflexión para cuando un Sensei tiene esos problemas para emancipar a sus estudiantes:

“Tus hijos no son tus hijos.

Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.

Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes hospedar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellas viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados.

Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea hacia la felicidad”.

Ishana Pérez, Agosto de 2021.

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Estar en sintonía con el Sensei

“En la relación maestro discípulo, el maestro encarna la enseñanza.

Esto implica que hay consistencia entre lo que el maestro dice y lo que hace. De esta forma, el aprendiz ve lo que es posible no solo como enseñanza conceptual sino como posibilidad de la propia vida. De esta manera se va construyendo la confianza entre maestro y discípulo.”

Relación maestro discípulo.    

        Una historias antigua registra la sintonía que tiene que haber entre el maestro y el discípulo, dicha leyenda fue cuando el Buda Gautama salió antes sus discípulos reunión con una flor blanca en la mano y el único que fue capaz de comprender por estar despierto fue Mahakashyapa, éste acto es un fundamento del budismo Zen, a raíz de la transmisión que el mismo Buda le hizo:

“Poseo el verdadero ojo del Dharma, la mente maravillosa de Nirvana, la verdadera forma de la No-forma, la puerta sutil del Dharma que no se basa en palabras o letras, sino es una transmisión especial fuera de las escrituras. Esta confío a Mahakashyapa.”

        La conexión mental con el Sensei sirve para impregnarse del espíritu de la disciplina, para desarrollarla y para dar continuidad a la tradición de la enseñanza que representa el maestro y esto no se produce de la noche a la mañana, es un proceso en el cual el discípulo se tiene que sumergir día a día.

        El primer requisito es que la persona acepte y le acepten en la escuela para realizar el noviciado, que es el preliminar para acceder a la enseñanza con un maestro, y este tiempo-proceso es bidireccional, ver si el aspirante posee el anhelo suficiente para andar el Camino y aceptarle como novicio y por parte del futuro estudiante, ver si el Sensei, el entorno y la enseñanza va acorde con sus expectativas.

        El segundo paso es la aceptación por parte del Sensei como alumno formal en su Dojo (Nyumon), digamos que este paso es la acción de conectarse con el maestro y la enseñanza que personifica.

        Después comienza la andadura en el proceso de formación-educación, en el cual, el estudiante no solo se va desarrollando en la técnica, también perfecciona el uso de sus sentidos y de su mente, y de esta manera permanece atento y de forma progresiva se va depositando la transmisión de la enseñanza en él.

        Los medios para trasladar el conocimiento son: los comportamientos, la palabra, los gestos, la mirada y la intuición, digamos que es un proceso que va de lo más tangible a lo más sutil y según la comprehensión y el momento evolutivo del alumno prima o interviene uno o más aspecto. Digamos que el comportamiento no puede estar en contradicción con lo que dice, lo que habla no puede ser incongruente con su comportamiento, los gestos ratifican su comportamiento y sus palabras, la mirada aprueba y asiente el comportamiento y lo expresado y la intuición, es la habilidad para conocer la razón del comportamiento, comprender lo expresado, percibir el significado de los gestos y saber interpretar la mirada en la inmediatez sin que intervenga la razón o el pensamiento limitante.

        Los comportamientos.- Son el ejemplo vivo de la enseñanza, es la base donde se edifica todo lo demás. Un mal comportamiento, comporta un mal maestro se mire por donde se mire.

        Los comportamientos se divide en tres bloques: en la filosofía, en los principios o fundamentos y en la técnica del Arte.

       En la filosofía del Arte es cuando se es depositario de toda esa base que sustenta la disciplina y debe estar viva en base a su conducta y al ejercicio constante.

        Los principios o fundamentos son su eje de acción, los cuales debe mostrar y demostrar que los domina.

        La técnica es la muestra tangible tanto de la filosofía como de los principios o fundamentos.

        La palabra.- Es un medio muy importante para la transmisión, la cual se debe de hacer de boca a oreja y siempre estando presente el corazón; también tiene sus subdivisiones: en las clases habituales con su explicación central, en las clases teórico-practicas, en las clases teóricas, en las entrevistas o en las consultas personales con el maestro.

        En las clases habituales con su explicación central hay veces que se habla explicando y otras que no, ésta última parte tiene que ver más con el aspecto de la intuición, porque solo interviene los gestos y las actitudes, pero en la parte que se habla, es una forma de llamar la atención y de remarcar los matices sobre aspectos claves de lo que se muestra y que el alumno tiene que producir e integrar en él.

        Las clases teórico-practicas van destinadas a que el alumno plantee sus dudas, sus dificultades y las preocupaciones que le asaltan en su práctica para buscarle solución. Por parte del maestro, hacer hincapié en puntos muy importantes de la técnica y de las aptitudes para que el alumno las pueda experimentar a la vez que recibe una corrección más personalizada y directa.

        Las clases teóricas van destinadas tanto a exponer conocimiento, como resolver dudas e inquietudes de la filosofía, de la etiqueta, de la técnica, etc.

        Las entrevistas o consultas personales con el maestro son los momentos para plantear los retos personales que se quieren asumir, los miedos, las incertidumbres, las inquietudes que le asaltan al estudiante. También para que el maestro le oriente de una forma muy personalizada sobre cómo afrontar su evolución y avisarle dónde están los peligros o ratificar sus progresos.

        ¡Aclaración!

        Todo lo que acabo de decir en la entrevista o consultas personales con el maestro, solo se relaciona con lo que es la disciplina, su práctica, su metodología, la planificación y la evolución del discípulo, que no tiene nada que ver con la vida personal y privada del alumno.

        Los gestos.- Son los movimientos que tienen como objetivo transmitir un mensaje o dar a entender algo, también son los actos o los hechos que implica una intencionalidad por parte de quien los manifiesta y a su vez se pueden dar en dos ámbitos: emanados de las actitudes y los propios de la forma o la técnica del Arte.

        Aquí hay que tener en cuenta el aspecto cultural, aunque hoy en día con la globalización puede haber algunos universales, pero dado que las disciplinas tienen un contexto en modos, costumbres y conocimientos distinto al nuestro, hay que aprender y entender los aspectos más básicos y los más transcendentes relacionados con la disciplina para contextualizar los gestos de forma correcta.

        Los emanados de las actitudes se relacionan muy directamente con la conducta y por lo tanto con la forma de accionar, que se puede mirar desde distintos ángulos:

Visto desde la emoción:

       Actitud positiva que contribuye a la buena enseñanza.

        Actitud negativa que se puede manifestar en una mala etiqueta y es muy fácil llevar al alumno a ser conflictivo.

        Actitud neutra, que es cuando se produce un equilibrio mental-emocional y no se es afectado por conductas negativas.

Visto desde la acción:

        Actitud proactiva que es indispensable para la evolución y el progreso del estudiante.

        Actitud reactiva, que para que sea positiva debe estar acompañada de la colaboración.

Visto desde la elaboración:

        Actitud interesada, cuando se asocia a una buena predisposición es beneficiosa y productiva, el problema se plantea cuando se convierte en egoísta, y por lo tanto, es destructiva para sí y para el entorno.

        Actitud desinteresada o altruista que es la mejor manera de avanzar en la educación y debe estar acompañada de la reciprocidad.

Visto desde el vínculo:

        Actitud colaboradora o integradora, es la mejor forma de crear ambientes propicios para la educación y es responsabilidad el cultivarla por parte de todos los miembros de la comunidad.

        Actitud manipuladora que conlleva muchos problemas, porque no solo se quieren beneficios para sí, si no que va acompañada de grandes dosis de egoísmo, así que va en contra de la raíz esencial del Aikido.

        Actitud pasiva, genera muchos conflictos para sí y para el entorno, porque ni si quiera se es capaz de generar para uno mismo.

        Actitud agresiva, es otro de los gestos que genera enfrentamientos, que comienza por quien los promueve y termina contaminando a todo el entorno.

        Actitud asertiva, pieza clave para afianzarse en nuestras posibilidades, en nuestros conocimientos, en nuestra autoestima y en nuestra evolución con equilibrio.

        Actitud permisiva, puede ser peligrosa cuando está mal orientada y socava la normativa de la buena convivencia. En otro sentido, cuando se manifiesta en positivo es importante porque aúna la flexibilidad y el consenso.

Visto desde el ánimo:

       Actitud emocional, bien orientada es un buen elemento como estímulo y apoyo para el avance, mal orientada se convierte en tóxica, que suele ser un caldo de cultivo para generar constantemente problemas.

        Actitud racional, es un buen equilibrio para mantener los pies en la tierra y no perderse en los mundos de yupi.

        Todos estos gestos son muy importantes en el proceso educativo, porque bien confirman el avance o nos llaman la atención de posibles problemas que se van a manifestar en el alumno y en la enseñanza.

        Los gestos propios de la forma o de la técnica son la base para la educación y hay que dominarlos todos. En éstos también está implícito una actitud, una sensación, una emoción, una dinámica, etc., que también debemos atender y cultivar si queremos realizar el ademán correctamente.

        La mirada.- Con algunos gestos comenzamos adentrarnos en lo que no es tangible y ya con la mirada nos sumergimos en ello completamente, hay ejemplos clásicos de eso, como el de Saotome Sensei describiendo la educación de un Uchi Deshi (alumno que estudia y vive con el maestro), “O Sensei no impartía órdenes de forma verbal sino que lanzaba una mirada o hacia un gesto que debía ser inmediatamente interpretado. Si un Uke no reaccionaba instantáneamente a los signos, perdía la ocasión de trabajar un movimiento con O Sensei.”

        Es un campo muy sutil y donde se inicia una conexión más mental, que se concretará y se desarrollará en el apartado de la intuición.

        Como expresé en su momento en la editorial “La presencia,” en nuestro Dojo hay 8 formas de trabajar la mirada, que tanto nos puede valer para las actitudes como para la técnica, todo va a depender del momento y de la circunstancia en que nos encontremos.

        La comunicación con la mirada es una parte importante cuando el estudiante se sensibiliza y evoluciona y un campo donde se comienza a trabajar es en la explicación central.

        También es una demostración de nuestra evolución, porque cuanto más evolucionados estemos en la mirada, más despiertos estaremos en la disciplina, pudiendo así reaccionar más en la inmediatez del momento.

        La intuición.- Es el campo más sutil para la cesión del conocimiento -recordemos lo de Buda y la flor blanca- y es una etapa donde el alumno está listo para dar continuidad a lo heredado y seguir con su realización personal.

        Lo de Ishin – Denshi no es insignificante llegados a éste nivel evolutivo, porque comprobamos lo necesario que es y que sin la franqueza de la energía del corazón no es posible obtener la guía y la realización en el Arte.

        Si no se es capaz de desarrollar la sintonía con el Sensei, habría que preguntarse varias cosas:

        ¿Me identifico con la enseñanza de esta persona?

       ¿Va con mi carácter la manera que tiene de transmitirla?

        ¿Me gusta el entorno dónde desarrolla su docencia para poderme formar?

        ¿Siento un vínculo emocional (hablamos en relación a la disciplina que se practica) con esa persona aún sin conocerla bien?

        ¿Estoy dispuesto a esforzarme para adentrarme y desarrollarme en el Arte bajo su guía?

        En caso de que las respuestas sean negativas, habría que plantearse que quizás ese Sensei y su entorno no es el adecuado para uno, por lo tanto, se debe seguir buscando hasta encontrar a alguien que cuando te interrogues puedas contestar afirmativamente a todas las preguntas de antes, porque “Si bien buscas, encontrarás.” Platón.

Ishana Pérez, Julio de 2021.

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Después de practicar un largo periodo sin tocarnos

“Lo que la oruga llama el fin, el resto del mundo le llama mariposa.”

Lao Tse.    

        Después de un largo parón con la práctica, ¿cuál es la disposición interna cuando la retomamos? ¿Es un nuevo comienzo o damos continuidad a lo que ya teníamos con anterioridad?

        Un parón puede estar condicionado por muchas causas: por causas de fuerza mayor en base a situaciones personales, una lesión, o lo que ha pasado con el Covid-19.

        Para estudiantes que tienen una dinámica muy continuada y con un compromiso muy serio con la práctica, un parón en seco como lo del Covid-19, con lo primero que tienen que lidiar es cómo se adaptan a la interrupción, o dicho de otra manera, ¿tiene herramientas disponibles para afrontar una situación de éste tipo?, lo segundo, es cómo reorganizar su actividad para seguir con su progreso, porque seguro que siempre habrá cosas que se podrán hacer para no interrumpir el progreso, tanto externo como interno.

        Como dice el refrán popular, “No hay mal que por bien no venga,” porque si se miran situaciones de este tipo con una mentalidad positiva, puede ser hasta beneficioso el obligado parón.

        ¿En qué sentido digo esto?

        Porque es un buen momento para reflexionar sobre lo producido hasta ese momento con la trayectoria que se posea.

        Porque es una buena coyuntura para ver qué retos y cómo se van a afrontar en el futuro inmediato cuando se reanude la práctica de nuevo.

        Porque es una buena ocasión para poner a prueba el compromiso consigo mismo y con el Arte, más que nada, porque son muchos los que suelen abandonar en momentos así, esto es producto de no estar bien establecidos en la disciplina o haberla enfocado como un pasatiempo.

       Porque es un tiempo para valorar cuánto hay de asimilado por el cuerpo con respecto a la Waza, que se verá confirmado y ratificado cuando se reanuda de nuevo la práctica de forma normal.

        Este apartado de la reanudación es un aspecto sumamente interesante, porque se debería de tomar como un examen en todos los parámetros practicados y asimilados previamente, y prestar mucha atención a los resultados de los detalles a la hora de ejecutar cada principio en los diferentes apartados.

        Por el contrario, el que está bien establecido en una práctica personal fija que lleva tiempo desarrollando a nivel personal en su casa o en su Dojo, la suspensión de la práctica en su escuela no le va a suponer casi ninguna merma, quizás en los aspectos más sutiles como el trabajo de la sensación, o la interpretación de la energía, sean los elementos más perjudicados si no tiene con quien seguir cultivándolos, de resto, no creo que decaiga mucho su progreso.

        La clave del asunto para sacarle rendimiento a un periodo de éste tipo es la organización, o como digo muchas veces, regular la vida personal, pero, ¿por qué hay que ser organizados?

        La organización es una conducta que se aprende poniéndola en práctica, y ello nos permite realizar una serie de tareas con orden y con una estructuración de los contenidos que se van a desarrollar, eso a su vez nos da una estabilidad emocional y nos hace ser más eficientes y productivos.

        ¿Qué beneficios me aporta el ser organizado?

        Es el primer paso para adquirir disciplina, porque si se quiere realizar una tarea hay que poseer un método o una guía para encauzar el trabajo que se va a afrontar.

        Al tener un procedimiento para afrontar la acción, inevitablemente nos lleva a ser más productivos.

        Vamos a rentabilizar más el tiempo y el esfuerzo al ejercitarnos, como he dicho otras veces, es mejor hacer 5 minutos con una buena actitud, con una buena concentración sostenida y una buena motivación, que 1 hora con dispersión mental.

        El orden ayuda a que las cosas sean más fáciles de afrontar, por el contario, el desorden lo que causa es frustración, pérdida de tiempo, poca o nada asimilación y un caos en la acción.

        Se evita el estrés y ayuda a mantener la mente más serena y por lo tanto, más focalizada, porque hay que recordar que si se posee un desorden interior, está claro que se va a manifestar en el exterior de nuestra acción, al igual que el orden exterior ayuda y va cimentando un orden interior.

        Sugerencias para comenzar a ser organizados:

        Al iniciar el periodo del parón, dedica un tiempo a pensar qué es lo que quieres hacer, y cómo se quiere afrontar.

        En esta parte es importante establecer: día/s, hora/s a practicar, las disciplinas que se van a realizar, establecer el horario y adquirir el compromiso de realizarlas según la estructura que se ha pensado y se ha puesto por escrito.

        Hay que establecer un lugar donde vamos a realizar nuestra práctica cada día.

        En cuanto al lugar de práctica, si es más de uno mejor, porque así se refresca más la mente, es decir, puedo tener un rincón para hacer la meditación y otro espacio para realizar los ejercicios de armas, por ejemplo.

        Hay que seguir una rutina para establecer el/los hábito/s correcto/s.

        ¡Es el gran secreto! Porque junto con la intercalación de los ejercicios, es la clave para mantener la mente fresca y concentrada.

        Mantener el orden con todos los elementos que intervengan en la práctica: Zafu, Ken, Jo, implementos, ropa de práctica, etc.

        Ya vimos antes que el desorden nos conduce al caos, porque no es lo mismo mirar a nuestro alrededor y ver todo hecho una leonera, que observar un orden que nos motiva y nos estimula a continuar practicando.

        Si tomas notas, tanto de las dificultades como de los logros, eso es un refuerzo positivo para asentar tu progreso.

        Nunca me cansaré de manifestar las ventajas de tener y utilizar el cuaderno de campo bajo cualquier formato que guste a cada alumno, porque es una pieza de inestimable valor para la evolución.

        Si pasas por un momento que no tienes mucha motivación para afrontar la práctica del día siguiente, la noche antes, visualiza o revisa el planteamiento que vas a afrontar, eso ayudará a tu motivación y estimulará tu voluntad.

        Una parte importante de la motivación y un buen inicio de la práctica, es la limpieza del lugar y del material a utilizar.

        No dan las mismas ganas de practicar en un sitio que esté sucio y poco ventilado, que en uno que huela bien, que esté limpio, ordenado y que se respire un aire limpio y fresco.

        Lo más difícil es arrancar, pero desde que estés en velocidad de crucero todo siempre es más llevadero y la sinergia te guía.

        Aquí la voluntad inicial juega un papel clave hasta establecer el hábito.

        No te olvides de contemplar también los descansos y los aspectos lúdicos, que son factores tan vitales como la misma práctica.

        Tan importante es el trabajo como la recuperación, ya lo dice Rabindranath Tagore: “El descanso pertenece al trabajo como los párpados a los ojos,” porque si se equilibran las dos cosas, la motivación y el rendimiento será constante, lo contrario, siempre va aparejado a que surjan problemas.

        Aquí también hay que hacer mención a no perder el equilibrio si un día no se puede realizar la práctica por razones importantes, con lo que hay que tener cuidado es que no se establezca como algo habitual, porque de ocurrir, entonces todo lo anterior se desmorona como un castillo de naipes, “Busca siempre un quehacer; cuando lo tengas no pienses en otra cosa que en hacerlo bien.” Tales de Mileto.

Ishana Pérez, Junio de 2021.

 Documento relacionado con la editorial:

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El poder de Makoto

“Aquellos cuyas palabras son volubles y sus actos inconscientes, son gente insignificante.”

Maestros de Huainan.    

        En los tiempos de ahora donde todo se lo lleva el viento, donde nadie se hace responsable de lo que dice, -siempre recordare lo que un día me dijo un estudiante: “Decir sí, no conlleva ninguna obligación”-, y para el colmo del asunto, donde todo es pura imagen, buen rollito y todo tiene que ser blandito lleno de aditivos insulsos que no aportan carácter a las personas, hará falta rescatar del baúl de las buenas formas y del proceso de forjar la personalidad del alumno el principio de Makoto, que sin duda tiene el poder de dignificar a las personas que estudian cualquier Budo.

        Cuando vemos el kanji de Makoto de izquierda a derecha vemos lo siguiente: lo primero es el kanji de “hablar”; lo segundo, el kanji “convertir” o “llevar a cabo algo,” esto sería entonces, convertir nuestras palabras en hechos según lo expresado.

        La mayoría desconoce el poder que aporta a la mente y a la personalidad del estudiante el cumplir lo que se expresa por la boca, eso genera en el interior del alumno una autoridad y un dominio de sí tremendo, también es un buen sistema de autocontrol, porque sabe que si dice algo lo debe de ejecutar. Algo totalmente opuesto a lo que acontece hoy, que se habla mucho pero no se hace nada, esto debilita tanto la mente como el carácter del estudiante, “La mejor actitud respecto a las palabras es no usarlas, no habléis.

        Lo que debe ser dicho, debería serlo siempre de la manera más concisa, lógica y clara posible. Una cantidad sorprendente de personas se ridiculizan hablando sin reflexionar y se desconsideran otro tanto.” Yosho Yamamoto, Hagakue.

        El empleo de Makoto tiene dos dimensiones: lo dicho a los demás y lo propuesto a sí mismo, lo segundo, aunque no haya testigos externos que confirmen nuestras palabras, está el mayor testigo que podemos tener, que es la propia consciencia, ya lo decía Napoleón Bonaparte: “Mi consciencia es el tribunal ante el que hago comparecer mi conducta. Y cuando la interrogo, esta conciencia permanece tranquila,” la pregunta es obligada, ¿cuántos pasarían ese tribunal sin condena?

        La sentencia estoica de Epíteto de “Mirar al interior,” si se realiza seriamente es cuando comenzamos a ver nuestra coherencia entre lo dicho y lo hecho, y se relaciona perfectamente con Makoto, pero, ¿se practica alguna vez este simple ejercicio de introspección que hacen los estoicos?

        Vamos a llevarlo a nuestro campo; yo manifiesto al Sensei que quiero superarme en la práctica porque para eso me he iniciado en la disciplina, y me planteo el reto de en un trimestre alcanzar una serie de objetivos, después de transcurrido esos 3 meses y habiendo visto los resultados obtenidos, me planteo la pregunta, ¿he realizado todo lo que estaba en mí mano para alcanzar lo manifestado al Sensei?

        “Si se practica con constancia en el seno de la escuela Ichi de Estrategia, el espíritu, de forma natural y por la simple práctica, se ensanchará.” El Libro de la Tierra, Miyamoto Musashi. La construcción del carácter del alumno es una forma de ensanchar su espíritu, entendiendo esto como el vigor natural y virtud que alienta y fortifica el cuerpo para obrar en coherencia. De los 9 principios donde fundamenta Musashi su escuela, el número 1 y el 9 se interrelacionan y conectan con Makoto. El número uno dice: “Evitar los pensamientos deshonestos,” acaso el que es deshonesto no carece por completo de integridad, entonces, ¿decir una cosa y luego no hacerla no es síntoma de ser un sinvergüenza?

       El punto nueve es, “No hacer nada inútil,” ¿acaso el estar hablando banalmente sin producir nada y perdiendo toda la energía por la boca no es algo completamente inútil?

        Luego, ¿dónde está la autoestima cuando los estudiantes hablan de hacer y no hacen nada?

        Ustedes se imaginan que pasaría al aplicar Nen (concentración - pensamiento – momento – unidireccionalidad de la mente) en la práctica dudando constantemente en la acción, porque es otro principio que conecta con Makoto. Tenemos la creencia que una cosa es la práctica de la disciplina sobre el tatami y otra cosa muy distinta la vida cotidiana, pero la realidad es que las cosas no distan nada una de otra, “La actitud del espíritu en el Camino de la Estrategia no ha de ser distinta a la actitud ante la vida cotidiana. Ambas, la del combate y la cotidiana, deberán forjarse a través de la tranquilidad y la calma.” Miyamoto Musashi, El Libro del Agua.

        Es igual de importante cumplir diligentemente con la puntualidad de una cita con un amigo con el cual se ha quedado para comer, que entrar con determinación en una acción de combate, o llevar a cabo con resolución el prepararse a fondo para asumir el nivel de Yudansha, porque en todos los casos se ha dado la palabra de que se iba a realizar, o por el contrario, solo prima venir día tras día al Dojo y no interrogarse sobre el proceso, tanto si se está trabajando con un objetivo técnico concreto, desarrollando una capacidad o ejercitarse en un principio, ¿dónde está la unificación entre lo que se pretende y lo que se hace?

        En una mente desordenada está claro que no hay coherencia entre lo que piensa - siente, lo que expresa y lo que hace, por eso dice Musashi: “Deberán forjarse a través de la tranquilidad y la calma,” y una forma de ir adquiriéndolas es reflexionando antes de hablar, siendo claro al expresarse y siendo coherente en la acción para llevar a cabo lo dicho.

        Somos lo que decimos, porque el colmo de la idiotez es aquel que pone sentencias o palabras bien de reafirmación o de motivación en su perfil o en el muro de su red social (muy abundante esto en nuestro entorno del Aikido y del Budo en general), pero luego nunca pone en práctica el poder del significado que representan, eso es una total disociación entre lo que se desea, lo que se dice y lo que se hace, vamos, un espantapájaros tiene más personalidad que sujetos con esos perfiles, porque es fiel a lo que representa y no engaña a nadie.

        Las palabras tienen una magia oculta, y uno de esos poderes es la capacidad de crear nuestra realidad cotidiana, da igual que fuera cabal o ficticia, de crecimiento-transformación o para doparse marcialmente, eso ya va a depender del pragmatismo del que las use.

        No debemos olvidar que si decimos que somos budokas, hay que tener muy presente que el 6º principio del Bushido es Makoto, porque no basta con decirlo, hay que ejercitarse día tras día y en las circunstancias en las cuales cada cual está envuelto, y de ésta manera le damos vida y poder al Budo que estamos practicando.

“Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.” Buda.

Ishana Pérez, Mayo de 2021.

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Flujo – dinámica / sensación – percepción

“La suprema bondad es como el agua.

El agua todo lo favorece y nada combate.” Tao Te King, VIII.

        Hay muchas formas de aproximarse o de encontrarse con la práctica, hoy me quiero centrar en el flujo – dinámica y en la sensación – percepción.

        El trabajo con el flujo – dinámica se relaciona con la cinética y por extensión con la longitud, el tiempo y la masa, así que cuando estos dos conceptos se acoplan bien, es cuando en la acción “Su gobierno es justo.” Ibídem.

        El trabajo con la sensación – percepción se relaciona con el estado mental del practicante y eso le lleva a que “Su acción es oportuna” Ibídem, adecuada y practica.

        Una y otra se relacionan, así que si me fundo bien con el flujo, está claro que va a favorecer y a facilitar una buena dinámica. Si soy capaz de interpretar bien la sensación, la percepción se ajusta a una acción correcta y todo esto da como resultado trabajar con poder y con una armonía en las acciones.

        Por el contrario, si el flujo – dinámica no es correcto, es cuando las acciones chocas y son desordenadas, eso nos lleva a que no se ha interpretado bien la sensación y que tampoco se ha sido capaz de tener una buena percepción de la situación en la cual se está inmerso y es cuando nos metemos en problemas.

        Las palabras de Rudolf Von Laban ilustran muy bien estos cuatro conceptos cuando dice: "El espacio dinámico, con sus maravillosas danzas de tensiones y descargas, es la tierra donde el movimiento florece. El movimiento es la vida del espacio. El espacio vacío no existe, entonces no hay espacio sin movimiento ni movimiento sin espacio. Todo movimiento es un eterno cambio entre condensar y soltar, entre la creación de nudos de concentración y unificación de fuerza al condensar y de la creación de torsiones en el proceso de sujetar soltar. Estabilidad y movilidad se alternan sin fin."

        El correcto flujo marca un movimiento natural, donde las distintas partes forman y posibilitan el movimiento y donde todas las partes interactúan entre sí.

        Inicialmente cuando el alumno es novato y comienza a trabajar con cierta soltura, dentro de su movimiento fluido es importante que imponga al cuerpo cierto ritmo con la forma que está trabajando, aún cuando se va a encontrar con cierta rigidez y cierta falta de coordinación, pero eso es algo natural y pasado un tiempo va a desaparecer.

       Eso le va a facilitar el dejarse llevar, soltarse, desbloquear determinadas partes de su cuerpo para que tomen vida, flexibilizar sus músculos y sus tendones, deshacerse del dolor limitante por su ignorancia en el dominio del flujo, etc. Todo esto facilita que las distintas piezas corporales se unan y formen un todo indivisible, aún dentro de su poca madurez y de las carencias que pueda tener de cierta libertad para expresar Waza plenamente.

        ¡A ver! No nos engañemos, esto lleva un tiempo y un proceso de trabajo con continuidad en la práctica, no cae de la noche a la mañana y la razón de ello es que desde la niñez nos han impedido movernos con plena libertad, porque se han coartado los movimientos naturales y esto tiene como repercusión que progresivamente se vaya llevando a nuestra musculatura a un constreñimiento que trae como consecuencia la perdida de elasticidad y de flexibilidad, teniendo como consecuencia, que se posea un movimiento corporal rígido y carente de gracia al movernos.

        Cuando se comienza con la educación en el movimiento, lo primero a lograr es la independencia segmentaria y articular de las diferentes zonas corporales, esto es, ser dúctil y flexible básicamente. Al realizar éste primer paso va a facilitar el siguiente, que es obtener una fluidez armónica al moverse, diluyendo de una forma progresiva la falta de coordinación y las tensiones inútiles causadas por los desajustes anatómicos.

        Después de ese logro, hay que concentrarse en distender y sensibilizarse para poder recibir y transmitir tanto la energía como el movimiento en la acción. Esto es concebir el cuerpo como un todo vivo pulsando en la totalidad, donde todo lo que se hace en un punto afecta al conjunto.

        Se puede tener dos visiones para llegar a ese resultado: la primera es trabajando de lo segmentario a lo global y la segunda, desde lo global a lo particular, una y otra se retroalimentan para dar un conjunto armonioso.

        Al desarrollar todos estos aspectos nos sale al encuentro ese concepto tan nombrado, pero muchas veces poco experimentado, que es la movilización de la energía o el Ki. Todos esos logros sobre la anatomía, hace y facilita que la energía circule desde su origen (Hara) hacia el conjunto del cuerpo.

        Esa ola de circulación natural de la energía, riega, activa y moviliza todo el conjunto corporal, miembro a miembro, articulación a articulación, hueso por hueso, tendón por tendón, desde el centro a la periferia y desde la periferia al centro.

        Otro aspecto de la circulación es que mantiene una tonificación óptima y eso conlleva que el conjunto corporal sea elástico, flexible, fuerte, receptivo, disponible y sensible.

        Es una pena que lo natural no se habitual, porque nos ahorraríamos mucho tiempo y esfuerzo en el aprendizaje, que se podría volcar en otros aspectos para evolucionar más propiamente.

        La dinámica estudia el movimiento de los cuerpos en relación con los motivos o causas que provocan los cambios del estado físico o del estado de movimiento.

        Nuestra concepción de movimiento es fundamentalmente el desplazamiento de un objeto en el espacio, pero es interesante la visión que tenían los griegos del movimiento, que era toda modificación de un objeto o cosa, pero en la actualidad, esa definición de movimiento va más asociada al cambio.

        Dentro de la práctica del Aikido tiene cabida lo ancestral y lo nuevo, porque lo que se persigue cada vez que se practica es el control de un cuerpo moviéndose en el espacio, a la vez que le aplicamos el principio del cambio para dirigir esa energía que ha sido proyectada sobre el defensor según sus intereses, o como dice Arteaga, Viciana y Conde en su texto sobre, Desarrollo de la expresión corporal, es “Aquella técnica, que a través del cuerpo, trata de interpretar las sensaciones y sentimientos,” porque el hecho de realizar un ataque de forma subjetiva siempre va asociado, -entre otros factores-, a la expresión de una sensación y/o de un sentimiento que se quiere manifestar a través del cuerpo por muy variadas razones.

        La noción de dinámica en el Arte del Aikido, va asociada a la realización de unos ejercicios que tienen como cometido la ejecución de una tarea cinética con el objetivo de un resultado dinámico.

        Estos rasgos expresivos (la correcta forma de realizar los principios y las técnicas) siempre se asocian a la repetición, teniendo como primer objetivo el de asimilarlos en el cuerpo, para posteriormente manifestarlos de forma involuntaria y espontánea. Estos rasgos ofrecen importantes indicios sobre la predisposición dinámica, la seguridad en la realización de las acciones, la capacidad de concentración que se posee para realizarlas, la adaptación al cambio en el espacio, e incluso, cuando hay indecisión que puede llevar al desaliento momentáneo en su ejecución.

        Así que toda buena dinámica nace de una postura estable y bien equilibrada, porque lo que se persigue es la eficiencia, la economía gestual y la eficacia en cada gesto técnico que se ejecute. Otra buena razón para que se cultiven todos esos factores, es que más del 90 % de la lesiones en los segmentos corporales vienen dadas por no ejecutar las acciones motoras correctamente, así que es importante que en la dinámica cuidemos la limpieza gestual a la vez que utilizamos el espacio de una forma optima.

        La sensación es la experiencia que se obtiene de la estimulación proveniente de los sentidos, también se podría decir que es uno de los lenguajes del cuerpo para interactuar en el entorno a través de los estímulos que recibimos de éste, de esta manera nos podemos adaptar de una forma más armoniosa al procesar bien la información que recibimos de los sistemas sensoriales.

        Cada vez que se practique, hay que sentir para posteriormente llegar a la ecuanimidad de la sensación – sentimiento en la acción, es decir, una cosa es la escucha a través del tacto para responder a una reacción del compañero y otra muy distinta es involucrarse en un sentimiento de rabia o de rechazo porque el Uke ha realizado un ataque muy fuerte que cuesta reconducir, en éste segundo caso, es cuando hay que ir desarrollando la ecuanimidad en la acción para que esa energía proyectada no afecte a la emoción y por consecuencia a la acción.

        Otro aspecto de la sensación, es la capacidad de captación de la energía que acompaña al ataque, al hacerlo, se puede gestionar según sea la situación, el entorno, el encuentro (De - ai) y el desenlace de la acción. Así que para consumar las dinámicas, invariablemente hay que pasar por el refinamiento de los sentidos y esto visto desde la técnica pura y dura, comienza cuando se aplica correctamente la acción – reacción, que es un campo cercano y más tangible para sentir, experimentar, pulir e ir refinado los órganos sensoriales.

        La percepción es la forma en que el cerebro recibe, interpreta y comprende las sensaciones que le llegan de los sentidos, esto es, la percepción incluye la interpretación y el análisis de los estímulos, en cambio, la sensación es la respuesta inmediata que indica una respuesta involuntaria y sistemática.

        La percepción tiene dos componentes, uno puede ser externo y otro interno, también tiene un carácter subjetivo – selectivo, porque hay cosas que bajo un mismo estimulo dos estudiantes la pueden interpretar de forma diferente, eso se ve muy bien cuando se le intenta mostrar a los alumnos de forma personal un principio, que su compresión tanto externa como interna va a estar condicionada por su bagaje, el refinamiento de sus sentidos y su capacidad de aprehender.

        La percepción tiene una serie de etapas:

        La primera es la detección – exposición, que es cuando de todos los estímulos recibidos se hace una selección, en la mayoría de los casos de forma inconsciente y donde hay ciertos criterios: las necesidades, lo valores, el interés, los gustos, etc., todos estos factores pueden hacer que un determinado estímulo sea percibido con mayor facilidad.

        La segunda es la atención – organización, que es cuando las personas asignan un significado a lo que perciben, así que:

        Hacen una diferenciación entre la figura y el fondo, esto es, una cosa es ver o sentir Ikkyo (figura) y otra la comprensión de lo que hay detrás (el fondo), como puede ser el corte, la entrada, el control del codo, etc.

        Los estímulos se agrupan por su proximidad y siempre en relación con, por ejemplo, la entrada de Ikkyo desde Shomenuchi (corte descendente) sobre el bazo del compañero que siempre va aparejado al control del codo.

        Cuando las secuencias de las acciones no se hacen de forma completa, se buscan soluciones para completarlas y cerrarlas, de ésta manera se ajustan y se equilibran para dar el resultado final, por ejemplo, cuando la mano del contacto inicial en el ataque de Shomenuchi no se ha ajustado bien en la intercepción, se da prioridad a la mano vacía que va al codo del Uke y de esta manera se completa el Ikkyo.

        Los estímulos parecidos tienden a agruparse juntos, eso pasa cuando somos capaces de ver la similitud a la hora de hacer Ikkyo bajo distintos tipos de ataques, porque puede cambiar el ángulo del desplazamiento para la intercepción, la distancia, la situación, etc., pero Ikkyo sigue siendo Ikkyo en todas las circunstancias.

        La tercera y última es la interpretación, que es la parte final del proceso, que dará contenido a los estímulos que previamente se seleccionaron y que se organizaron, donde entra en juego la subjetividad del estudiante con la experiencia y el conocimiento que posea, porque la comprensión de Ikkyo no va a ser la misma para un alumno novato que acaba de comenzar, que otro que ya tiene una buena formación de base, aún trabajando con el mismo estímulo bajo la forma del mismo ataque.

        El flujo – dinámica y la sensación – percepción, son aspecto en los cuales hay adentrarse y reflexionar cuando realizamos nuestras acciones y comprobar si ellas se ajustan al significado de éstos en la dinámica que ejecutan nuestros cuerpos en el espacio porque, “Para mí, ponerme en movimiento, es empezar a meditar.” Maurice Béjart.

Ishana Pérez, Abril de 2021.

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El síndrome de Penélope

“La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho.”

Jonas Edward Salk.    

        Por todos es conocida la historia de Penélope, de la obra clásica de la Odisea, cuando tejía el sudario para el rey Laertes por el día y lo deshacía por la noche para alargar las peticiones de sus pretendientes por la ausencia de Ulises.

        Esta historia me da pie para llamar la atención sobre el trabajo de muchos aikidokas, quiero decir, cuando realizan el aprendizaje del Kihon, que puede ser en las clases, en los seminarios, en su práctica personal, etc., van hilando con su trabajo las distintas hebras de cada uno de los elementos del Aikido en esas sesiones, con el objetivo a posteriori, de tejer la base del mismo sobre sus cuerpos y mentes.

        Pero en un alto porcentaje hacen como Penélope, tejen en ese momento que están sobre el tatami, pero al retornar a él al día siguiente han deshecho todo lo tejido el día anterior, porque digo esto, porque observo que lo aprendido con anterioridad no tiene continuidad en las practicas sucesivas que se debe reflejar en su cuerpo con el paso del tiempo.

        Se hace muy difícil edificar actuando de esa manera; hace tiempo hablé sobre los obstáculos para la práctica y uno de los que puse fue el aprender y olvidar rápidamente, que en el caso que nos ocupa es parecido.

        A mí particularmente me gustan muchos los ¿por qué? Eso significa: ¿dónde está la razón de ese comportamiento?, ¿qué induce al estudiante esa conducta?, ¿a qué aspira un alumno al actuar así?, ¿se trata de una falta de actitud? O ¿hay demasiada pereza en el alumno?

        Lo primero que tiene que hacer un Sensei en su Dojo, es facilitar, promover e inducir a que haya una atmósfera armoniosa de trabajo, para ello, tiene que tener métodos y medios que faciliten el progreso de sus alumnos.

        Por parte de los estudiantes, tener la predisposición y el ánimo de querer aprender y progresar con un buen compañerismo.

        Si se dan ambas condiciones, no tendría porque aparecer el síndrome de Penélope, el avance puede ir más rápido o más lento, pero siempre se construiría progresando.

       Cuando surgen dificultades en el proceso de formación, es conveniente afrontarlas lo antes posible, porque siempre es mejor corregir en el origen del problema que cuando ya se hace crónico, indudablemente se necesita la participación voluntariosa de todas las partes implicadas para salir todos airosos.

        Partimos de la base que las responsabilidades que se apuntaron antes sobre el Sensei se da por supuesto que las cumple.

        Veamos algunos casos, -visto para los estudiantes-, donde si se dejan que germinen aparece el síndrome de Penélope:

        1ª Cuando el estudiante hace como que práctica.

        Se caracteriza por:

        No falta a clase, pero no se le ve avanzar y de una sesión a otra no recuerda lo que se dio.

        Pasa mucho tiempo dentro del tatami, pero no se le ve el progreso.

        Tarda mucho tiempo en realizar sus 4 repeticiones.

        Solución:

        Se le aconseja que haga ejercicios de concentración o meditación para que aprenda a focalizar su mente en las tareas que realiza.

        Se le recomienda una práctica de 15 min. después de clase repasando los contenidos que se impartieron en la misma, como refuerzo para que fije los conceptos. Otro aspecto a contemplar por parte del Sensei, es que de una clase a otra ponga al comienzo de la misma, un tiempo para el repaso de lo dado en la anterior sesión.

        Se le recomienda que se concentre más y que no haya intervalos entre una repetición y otra.

        2ª Concentra su esfuerzo en un corto periodo de tiempo.

        Se caracteriza por:

        Siempre llega tarde, por eso anda corriendo de aquí para allá sin ton ni son.

        Tiene mucha prisa por aprender, pero es desordenado y olvidadizo.

        Práctica muy deprisa y desordenadamente.

        Solución:

        Se le recomienda que sea puntual a las sesiones, básicamente porque es una de las pautas de la etiqueta.

        Se le aconseja que fije conceptos básicos de cada principio.

        Se le aconseja moverse de forma continua pero suave y despacio, así va comprendiendo los distintos ritmos y va tomando consciencia de lo que realiza en la Waza.

        3ª Confunde lo de entender y lo de saber.

        Se caracteriza por:

        Entiende con su mente, pero no sabe hacer con su cuerpo.

        En cada repetición no se esmera en fijar los conceptos claves, es un tropel de acciones desordenadas.

        Desconocen el proceso de aprendizaje de observar, copiar, imitar y repetir y todo lo que ello implica.

        Intenta memorizar y asimilar dentro del tatami con el intelecto.

        Solución:

        Se le induce a que se sienta cada vez que mueve su cuerpo, es decir, que se escuche a sí mismo en la dinámica.

        Se le remarca que se ciña a lo esencial en cada principio, tal y como se explicó en el centro.

        Se le aconseja que progresivamente vaya desarrollando los distintos tipos de visión: agudeza visual en estático, visión concéntrica, visión periférica, coordinación óculo-corporal, agudeza visual dinámico, reconocimiento inmediato, observación con Zanshin.

        Se le aconseja que no piense dentro del tatami.

        4ª Déficit de concentración - atención.

        Se caracteriza por:

        Le cuesta venir a clase, tiene picos altos y bajos en su asistencia, por eso su cómputo de horas anuales siempre es muy bajo y ni siquiera llega a las 200h. mínimas de práctica en el año.

        No suele hacer seminarios ni intensivos.

        No suele tener una práctica personal.

        Su rendimiento dentro del tatami es muy bajo.

        Se distrae por cualquier cosa que pase a su alrededor.

        Solución:

        Se le aconseja que regularice su vida para que pueda asistir a clase según el compromiso que él mismo ha adquirido.

        Se le recomienda hacer mínimamente 1 seminario al año, lo ideal serían 3 al año.

        Se le recomienda hacer 1 intensivo al año, alternando entre los de Aikido y los de meditación.

        Se le aconseja que haga una práctica personal de 15 min. después de clase, al menos como mínimo 1 vez por semana.

        Se le recomienda que tenga más espíritu de trabajo cada vez que practique, básicamente es moverse más rápido y con consciencia dentro del tatami.

        Se le recomienda que cuando entre en el Dojo se olvide del exterior, es decir, realizar un ejercicio de abstracción.

        5ª No tiene base teórica.

        Se caracteriza por:

        No controla la terminología del Arte.

        Cuando se enuncia en la introducción los distintos contenidos que se van a realizar en la sesión de ese día, no los comprende teóricamente y tampoco es capaz de visualizarlos o sentir lo que se dice.

        Tiene una gran tendencia a no leer e informarse sobre el Arte.

        Constantemente posterga su formación, ya se sabe aquello de: “Mañana, mañana lo haré.”

        Solución:

        Se le recomienda que lea el protocolo de introducción al aprendizaje que se le dio nada más llegar al Dojo.

        Se le recomienda que en las introducciones cada vez que se nombra una técnica, haga el ejercicio de visualizarla en su mente.

        Se le recomienda que durante el año lea la información básica sobre el Aikido que se le ha mandado previamente. Eso supone leer 1 artículo al mes que está disponible en nuestra Web.

        Se le induce a que viva el Aquí y el Ahora cada vez que está en el Dojo, eso básicamente es que no hay segundas oportunidades, por ejemplo, si de entrada no consigue desplazarse en Time para desequilibrar un ataque de un compañero, la segunda repetición no cuenta aunque lo haya hecho perfecto.

        5ª Tiene muchas lagunas en su base.

        Se caracteriza por:

        A pesar del tiempo transcurrido, -eso quiere decir que puede llevar muchos años practicando-, tiene grandes carencias en su formación.

        No construye ordenadamente su práctica, por ejemplo, en sus 4 repeticiones que debería realizarlas en Omote, Omote y Ura, Ura, no las realiza por su desorden mental.

        No recuerda y tampoco es capaz a la hora de practicar de perfilar las técnicas básicas.

        Solución:

        Se le recomienda hacer un reciclaje desde la base de la base hasta lo más avanzado del Kihon, o hasta donde esté su nivel.

        Se le recomienda que cada vez que practique lo haga con orden y tal y como se le mostró en la explicación central.

        Se le recomienda que se concentre cada vez que practique en esbozar la técnica que realiza, sin centrarse en los detalles de perfeccionamiento de momento.

        7ª Inquietud interna.

        Se caracteriza por:

        Tiene muchos miedos.

        No sabe hacer solo, eso quiere decir que si le dictas un ataque y una técnica no es capaz de ejecutarla y si lo hace, le faltan cosas, por ejemplo, no se desplaza bien, no desequilibra, no sabe pasar de Ikkyo a Yonkyo, no distingue entre Omote y Ura, etc.

        No sabe estar en quietud.

        No le gusta meditar sobre su propia respiración.

        Tiene una alta dependencia del Sensei.

        Solución:

        Se le recomienda que cada vez que aparezca el miedo en un elemento, por ejemplo en los Ukemis, primero, que se auné mentalmente antes de realizarlo, segundo, que vaya adquiriendo una buena técnica cada vez que lo repita y tercero, que respire durante la acción.

        Se le recomienda que estudie en su práctica personal el Kihon desde el comienzo (desde el nivel de aprendizaje de 6º Kyu), para que vaya ordenando su hacer y vaya ampliando sus conocimientos progresivamente.

        Se le recomienda realizar ejercicios de respiración para aquietar su mente y dar estabilidad a su postura física.

        Se le aconseja un acercamiento a sí mismo a través de la meditación en su respiración, bien sea, sentado, caminando o tumbado.

        Se le aconseja que vaya afianzándose en la base del Arte con confianza, sin necesidad de estar tan dependiente del Sensei, un buen ejercicio para ello es practicar cosas cuando el Sensei no está y hacerlas correctamente, ¡claro!

        El síndrome de Penélope es muy común en el mundo del Aikido, aunque haya mostrado la realidad que a veces pasa en mi propia casa, pero sé que ocurre en muchos Dojos, ese tipo de situaciones que se han descrito no son buenas y no nos lleva a ningún lado, por lo tanto, hay que evitarlas a toda costa si queremos tener satisfacción y progreso en nuestra evolución en el Arte.

        Es una plaga que si afecta al tejido del Dojo es muy destructiva, por el contrario, subir las defensas de la práctica es muy beneficioso, es decir, que no haya estudiantes con el síndrome de Penélope -por eso antes se apuntaron algunas posibles soluciones a cada problema planteado-, eso crea una atmosfera de trabajo y estudio muy grande, a la vez que hace un tejido de estudiantes muy resistente a cualquier ataque de mala formación y eso se nota nada más traspasar la puerta de un Dojo.

Ishana Pérez, Marzo de 2021.

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¿Qué es la energía consciente en el aprendizaje?

“Lo que se necesita para cambiar a una persona, es cambiar la conciencia de sí mismo.”

Abraham Maslow.    

        Se habla mucho de utilizar la energía consciente durante el aprendizaje en muy diversas disciplinas, ¿pero se sabe exactamente qué es eso?

        Comencemos por la energía, que en el caso que nos ocupa, -porque ese concepto es muy amplio y variado dependiendo del contexto al que nos referimos,- habría que preguntarse, ¿qué es la energía para practicar Aikido?

        La idea de energía está relacionada con la capacidad de generar un movimiento aunado entre cuerpo-mente para lograr nuestra transformación a través de la práctica continuada. También hace referencia a la utilización de los recursos energéticos propios (compromiso, voluntad, tiempo, economía, cuidados, materiales, alimentación, etc.) que permiten una plataforma para que sea más fácil conseguir una realización vivencial a través de la disciplina. Éste concepto de energía es un enfoque muy materialista, que es por lo primero que hay que comenzar antes de entrar en otros aspectos más sutiles y transcendentales de la disciplina.

        En el otro lado está el aspecto de consciente, ¿qué quiere decir eso?

        El vocablo consciente emana del latín “conscientis” que se forma con tres componentes: el prefijo “con-,” que equivale a reunión; el verbo “scire,” que es sinónimo de “saber,” y finalmente el sufijo “-nte,” que puede traducirse como indicador de “agente”. Por lo tanto, un practicante es consciente cuando es capaz de aunarse para poder sentir y poder armonizar su interior con sus acciones exteriores, con el objetivo de obrar en su beneficio, por consiguiente, también es capaz de percibir su entorno para ejecutar su práctica con más eficacia y satisfacción y de esta manera, actuar con más conocimiento de lo que está realizando para obtener una mayor rentabilidad en su aprendizaje-evolución.

        En consecuencia, la unión de nuestra energía sumada a nuestra consciencia es lo que nos hace evolucionar con seguridad y con propiedad en el Arte con una acción lúcida y consciente.

        Ahora vamos a utilizar las cuatro fases del proceso de aprendizaje de Maslow para hacer un paralelismo con el proceso educativo en Aikido y ver en qué momento hay que aplicar la energía consciente.

Las cuatro fases de Maslow para el aprendizaje son:

               Incompetencia inconsciente.

                Incompetencia consciente.

                Competencia consciente.

                Competencia inconsciente.

        En la incompetencia inconsciente es cuando ni siquiera se sabe que existe el Aikido para una persona y menos aún que haya un interés para hacerlo, así que no existe ninguna necesidad que nos induzca con una tendencia o una inclinación, bien sea interna o externa que nos impulse a realizarlo.

        La siguiente etapa es la de incompetencia consciente y aquí ya la cosa cambia mucho, porque te das cuenta que no sabes Aikido, pero hay “algo” -que puede ser interno o externo-, que te pica la curiosidad de querer saber más sobre la disciplina. Es cuando se moviliza la búsqueda de información y se valoran los recursos propios para buscar a alguien y el lugar que te permita instruirte.

        El siguiente escalón es la competencia consciente, que es cuando ya te has informado y has dado el paso para iniciarte en el aprendizaje y sabes que sabes, éste momento se relaciona con la atención-concentración focalizada y es el momento de aplicar la energía consciente para evolucionar en la disciplina.

        En esta fase hay 2 subetapas:

        La primera es el inicio en la práctica del Aikido, así que hay un periodo de adaptación y de fijación de los conceptos elementales, que bajo nuestra metodología serían: la etiqueta, aprender a respirar, sentarse, levantarse, acondicionamiento físico, caminar, desplazamientos, Ukemis y las técnicas básicas (de armas y de manos vacías) de los 2 primeros niveles, esto es de y 5º Kyu.

        Esto está relacionado con la regulación del cuerpo, y eso significa que:

        Hay que tomar consciencia de nuestra estructura.

        Como en cualquier actividad, el cuerpo es el vehículo para el aprendizaje, por lo tanto, tiene que estar en una condición óptima para realizar su función.

        Por otro lado, hay que sensibilizarse para escucharlo y saber que nos dice, de esta manera podemos acceder a tener tanto una experiencia interior como exterior, (el apartado interior lo desarrollare más abajo en la respiración y las emociones). Desde el punto de vista exterior es sumergirnos en el movimiento (cinemática) y en la dinámica del Aikido, que no se algo ajeno que copiamos sin más del Sensei, sino todo lo contrario, esa copia inicial, -que es el patrón o modelo que nos dan para observarlo, imitarlo, copiarlo y repetirlo- tenemos el deber de hacerlo nuestro, percibiéndolo, sintiéndolo, viviéndolo, penetrándolo, expresándonos sobre el tatami con él como parte nuestra.

        La toma de consciencia de nuestra respiración.

        Es el hilo conductor para realizar la integración, porque seguro que al principio estamos nerviosos por el desconocimiento de lo que hay que hacer, adaptarnos a los patrones motores, el entorno, la normativa de comportamientos, etc., en esta toma de contacto con la respiración lo primero que hacemos es aprender a realizarla bien y a regularla, lo cual nos permitirá serenarnos, sensibilizarnos y así poder escuchar mejor a nuestro cuerpo.

        La toma de consciencia de nuestras emociones.

        Escuchar al cuerpo tiene aparejado sumergirnos en nuestras emociones y ver cómo actúan y siempre es bueno verlas y sentirlas desde una perspectiva de ecuanimidad, recordemos a Zhuangzi, “El hombre perfecto usa su mente como un espejo. No aferra nada, no rechaza nada. Recibe pero no conserva,” es la mejor manera de equilibrar nuestro ánimo en las multitudes de circunstancia y dinámicas en las cuales vamos a estar inmersos, al igual que también hay que tener presente cuando nos ejercitemos en la quietud.

        Si relacionamos la primera subetapa con la metodología tradicional del aprendizaje en el Budo, correspondería a una introducción en Shu , lo cual a posteriori nos va a ser muy rentable cuando lo desarrollemos, que será en la siguiente subetapa.

        En ésta subetapa inicial no se le puede pedir mucho más al aspirante, con solo estos elementos en su inicio va a estar bien encausado y su calidad de vida va a mejorar bastante.

        En la segunda subetapa es un momento del aprendizaje donde puedes practicar con soltura, mueves tu cuerpo con cierta libertad y comienzas a disfrutar de la práctica, la constante aquí es que no puedes perder la concentración mientras te ejercitas con el compañero, porque si eso ocurriera es cuando surgen los problemas y pierdes el hilo de lo que tienes que hacer.

        Una ayuda inestimable como apoyo en este momento de la instrucción para que la atención esté centrada y focalizada en las acciones, es el conocimiento teórico sobre la disciplina y en éste contexto, me refiero a la parte técnica. El otro día hablaba con un estudiante que había cumplido 1 año de práctica en nuestro Dojo y me comentaba: “Aún con el año que llevo, cuando me pides las cosas con los nombres no las distingo; tengo que dedicar un tiempo en casa a estudiar con tranquilidad,” a lo cual yo le conteste: “Cuando comiences a estudiar, compleméntalo con las introducciones y las explicaciones que se hacen en las clases habituales, así una acción retroalimenta a la otra y puedes avanzar con más seguridad de una forma tangible entre lo teórico y lo práctico.”

        Me alegró mucho esa toma de consciencia de mi estudiante en su noviciado, porque esto es otra muestra de aplicar la energía consciente en la formación, es decir, ser capaz de sentirse para saber qué necesita para seguir evolucionando sin que yo intervenga y le diga, -¡ahora haces esto!-, su percepción de su realidad es mucho mejor y más motivadora para él que mí imposición por mi responsabilidad de Sensei.

        Llegados aquí, ya hay que hacer Shu propiamente, sin salirnos un ápice de la ejecución de cada principio, completamente centrados y concentrados en cada cosas que realizamos. Porque por este camino sin quererlo se van desarrollando otras capacidades internas, que nos van a ser muy útiles cuando se siga avanzando en el proceso educativo.

        La intermitencia es el gran peligro en esta fase de la aplicación de la energía consciente, que no solo surge en el ámbito de lo físico, sino que también puede hacer su aparición en el de la técnica. Un campo de apoyo para desarrollar una buena atención – concentración y que nos va a servir como ayuda y perfección para la técnica, es el ejercicio de la meditación, porque nos obliga a tener una atención sostenida y por lo tanto, aleja y no deja que se manifieste la intermitencia.

        La última fase de Maslow para el aprendizaje es la competencia inconsciente, que es cuando ya somos capaces de realizar cualquier técnica y ya no necesitamos ser conscientes de la misma durante su desarrollo (Mu Shin o no pensamiento). La hemos practicado y sentido tanto que ya la hemos interiorizado y actuamos con plena libertad en el espacio y con el compañero, son acciones muy, muy creativas, es una fase que correspondería a Ha , eso quiere decir que ya tenemos el soporte de la base y esto nos permite buscar, ver y encontrar otros aspectos, otros matices y otras formas de afrontar la Waza de una forma muy fecunda y muy efectiva, aquí hay que recordar aquello de Takemusu Aiki, que está claro que cuando se desarrolla más propiamente, es cuando nos adentremos en el aspecto de Ri , pero ahora es un tiempo de investigación y una toma de contacto con esa realidad que nos espera.

        Pero, ¿qué pasa si no tengo en cuenta estos 4 pasos de Maslow?

        Descartando el primero por razones obvias, el no tener en cuenta los otros 3 para practicar con consciencia, es estar perdiendo el tiempo y nunca se va avanzar en la disciplina y si por un casual se persistiera con porfiada actitud, se estaría en un limbo que nunca aportará conocimiento, pero ya no de la disciplina del Aikido, si no de sí mismo que es más grave aún.

Ishana Pérez, Febrero de 2021.

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¿Intentar o hacer?

“Sólo hacemos bien las cosas que queremos hacer.”

Colette.    

        Es muy común cuando le digo a un alumno:

        - ¡Mira por favor! Tienes que hacer esto de tal o cual manera, ok.

        Me suele contestar:

        - ¡Lo intentaré!

        Mi respuesta inmediata es:

        - ¡No lo intentes, hazlo!

        La actitud mental y la predisposición del ánimo para intentar con respecto a la de hacer es muy distinta, siempre con la de intentar hay un espacio para no volcarnos completamente, en cambio, con la de hacer no hay otra salida que emplearnos a fondo si aspiramos a lograr algo.

        En la RAE para intentar solo tiene 3 acepciones, pero para hacer hay 58, la diferencia es bastante grande. Voy a entresacar algunas para ver la importancia de hacer y no la de intentar en Aikido.

       La es “producir algo,” acaso cuando nos dicen en el Dojo, ¡haz tal cosa! No estamos produciendo para nosotros mismos.

         “Formar algo dándole la forma,” cuando trabajamos con el Kihon, no pretendemos dar forma en nosotros al principio en el cual nos estamos ejercitando.

         “Poner por obra una acción o trabajo,” no repetimos constantemente que sin practica no hay evolución, por muy claro que tengamos en nuestra mente una técnica, si no nos ejercitamos constantemente, no nos va a servir para nada estar sobre el tatami.

         “Realizar o ejecutar la acción expresada por un verbo enunciado previamente,” hacer sin más condicionamientos mentales, ni albergar dudas ni indecisiones.

         “Fomentar el desarrollo o agilidad de los miembros, músculos, etc., mediante ejercicios adecuados,” está claro que el medio para perfeccionarnos en las disciplinas que practicamos es el cuerpo, sin él nada se puede hacer, por lo tanto, debemos cuidarlo y perfeccionarlo para que haga bien su función.

        10ª “Componer, mejorar, perfeccionar,” cuando componemos es un todo con el cuerpo, la técnica, la respiración y el compañero; en cada repetición nuestro propósito no es mejorar en el desarrollo de lo que hacemos; cada vez que repetimos una acción nuestro objetivo es perfeccionar, perfeccionar y vuelta a perfeccionar la técnica o el ejercicio que se realiza.

        15ª “Recorrer un camino o una distancia,” acaso cada vez que practicamos no recorremos un trozo de nuestra Vía teniendo como medio el Aikido.

        23ª “Conseguir, obtener, ganar,” cada paso que demos tenemos que tener en mente el conseguir una meta; con cada logro obtenemos un impulso en nuestra evolución hacia adelante; cada vez que practiquemos ganamos más autocontrol, paz, calidad de vida, etc., todo esto mantiene a la mente focalizada y concentrada.

        39ª “Obrar, actuar, proceder,” al obrar construimos en nuestro cuerpo y en nuestra mente los principios del Aikido; al actuar realizamos acciones conscientes, que luego hay que dejar que sean instintivas o naturales; al proceder hacemos que nazcan y se revelen en nosotros los fundamentos del Arte.

        44ª “Poner cuidado y diligencia para la ejecución de algo,” no cabe aquello de: “lo voy a intentar,” “voy a ver cómo me sale” o “¡mañana, mañana me saldrá mejor!” El momento es Aquí y Ahora, en éste Instante, otra razón más para no ir con la intensión de intentar, sino la de hacer con todo nuestro potencial y con toda nuestra determinación centrada y dirigida en la acción que ejecutamos.

        53ª “Obtener, apoderarse de algo,” si no hacemos que la técnica sea nuestra, nunca obtendremos nada por muchos años que estemos practicando, aunque sinceramente, yo no sé exactamente a día de hoy quién posee a quién cuando se practica, si nosotros a la técnica o la técnica a nosotros.

        54ª “Dominar, controlar,” el objetivo es el dominio y el control propio, porque sin eso, no vamos a ser capaces de controlar al otro y menos aún a la técnica.

        Pero, a la hora de hacer, ¿cuáles son las bases que hay que tener en cuenta para una buena elaboración?

        Lo primero es establecer el hábito.- También hay gente que lo llama rutina, aunque a mí particularmente no me gusta mucho esa palabra. Para que la práctica sea efectiva es primordial establecer día y hora para ejercitarse, después, hay que ser consciente de que el grueso de la práctica debe estar constituido por los mismos ejercicios aunque se enfoquen de manera diferente.

        El establecer unos hábitos fijos permite al alumno concentrarse y por lo tanto, desarrollar una práctica más consciente, que en los inicios es prioritario, por ejemplo, en nuestra estructura de una sesión de Aikido para principiantes, de los 10 puntos de los que consta, 8 puntos son fijos, los que cambian son la introducción y el repertorio técnico del día (la Waza) y de cambiar esos 8 puntos fijos, se hacen después de un ciclo de 1 ó 2 años de haberse ejercitados en ellos, pero no antes.

        Pero, ¿por qué se hace eso de esa manera?

        Lo primero es que brinda al estudiante una seguridad para poder hacer, eso da un anclaje con seguridad para poder construir su avance; al Sensei, es una buena cimentación para poder edificar la sesión con claridad, calidad, versatilidad y con el poder de darle continuidad en un futuro. Luego, permite a ambos establecer sus objetivos a corto, medio y largo plazo y de ésta manera la práctica es significativa para todos.

        Esto es un mensaje muy poderoso dentro de la planificación, no tenerlo en cuenta siempre traerá problemas o mucha dispersión y es obvio que eso va en contra de una enseñanza de calidad y del rendimiento – avance del alumno.

        Cuando cambio los contenidos de una sesión de principiantes, mi primer objetivo es establecer cuáles van a ser los elementos fijos y durante cuánto tiempo los voy a impartir de esa manera, porque soy consciente de que de eso van a depender muchas otras cosas que se van a manifestar en forma de cascada en un futuro inmediato.

        Lo mismo me pasa cuando diseño y planifico otros niveles de aprendizaje, al igual que en los seminarios o en los intensivos. Siempre hay que tener en cuenta que si se cambian los niveles hay que cambiar los contenidos fijos (los hábitos estables o rutinas) para potenciar los ciclos de aprendizaje.

        Lo segundo es la repetición.- Es la esencia del aprendizaje consciente y en nuestro método es la cuarta pieza para una buena educación en Aikido con calidad (las otras tres son: observar, copiar e imitar).

        La repetición encierra un problema, que como no se ajuste cien por cien al modelo ideal, en vez de arraigar con un buen hábito los movimientos imitados, se pueden volver en nuestra contra, porque al no ajustarse a la forma correcta traerán como consecuencias que se instalen en nuestro cuerpo y mente imperfecciones.

        El estudiante se tiene que adaptar al Arte y no al revés, pero el Sensei si se tiene que adaptar al alumno con el objetivo de conducirle por en buen Camino y hacerle evolucionar.

        Aquí el objetivo para ambos es la calidad, pero ésta exige perfección, porque la maestría demanda una progresión de fácil a difícil y de simple a complejo, para posteriormente llegar a la naturalidad.

        El refinamiento.- Es la regulación de la práctica después de haber dominado el modelo técnico de base y cuando éste esté sólidamente afianzado, entonces y solo entonces, se debe de pasar a perfeccionar los puntos más finos de la habilidad y así hasta el infinito.

        El refinamiento abarca cuatro puntos: lo mental, lo físico, la técnica y la habilidad, desarrollando esos conceptos es cuando se llega a la excelencia.

        ¿Cómo se erosiona el hacer o la práctica?- Muchas personas no son conscientes de la importancia del periodo de práctica, o dicho de otra manera, no son conscientes del tiempo, ya lo dice la locución latina, “Tempus fugit”. Es una de las principales causas de deterioro que lleva a la inercia, o estar por estar sin producir.

        Ejemplos hay muchos, veamos algunos: llegar tarde por sistema, carecer de espíritu de entrega, moverse lento sobre el tatami, no ser capaz de concentrarse, ser remolón, etc., esto sería algunos puntos visto desde el alumno, veamos otra perspectiva desde el formador, el Sensei.

        Hay enfoques que son totalmente destructivos para el hacer, por ejemplo:

        No realizar calentamientos o acondicionamientos que estén conectados con los siguientes contenidos de la sesión, un clásico, “vamos a correr o dar unas vueltas para calentar” o “enfocar el acondicionamientos de los sistemas funcionales como una gimnasia física prescindiendo completamente del aspecto mental.”

        Hacer círculos y detenerse para mirar al Sensei que está explicando a otra persona, esto es muy común verlo en clase con numerosos alumnos y donde se da sí o sí es en los seminarios. Uno debe parar cuando realmente tiene dudas y si las tiene, es por no haber desarrollado una buena capacidad de observación cuando se mostró lo que había que hacer en el centro.

        Los Senseis que permiten esto no se dan cuenta de que se rompe completamente la dinámica y la atmósfera de trabajo y mucha gente gandulea y no se esfuerza, la pregunta forzosa es, ¿a qué han venido esas personas entonces?

        Hacer hileras para que un grupo de estudiantes practiquen, es otra de la formas de degradar el hacer. Cuando se realizan hileras hay muchos estudiantes inactivos y yo diría totalmente ausentes de lo que acontece y ya no digamos si el Tori no ha comprendido bien lo que tiene que hacer, en esos casos la práctica se detiene por completo.

        Puesto a hacer hileras, no las deben de componer más de 3 miembros por hilera, ¿cuál es la razón de eso?

        Con 3 estudiantes por hilera, hay 1 Tori y 2 Ukes, mientras que el Tori proyecta al primer Uke, el segundo ya viene en camino y el primero se está levantando para volver a atacar al Tori, de ésta manera se realiza una dinámica circular y continua y no como en las hileras grandes que es lineal, alargada, muy lenta y tardío el turno de práctica.

        Para que no se den esas formas de afrontar el hacer, todos los alumnos deben de participar de forma activa para optimizar el tiempo de práctica, dicho de otra manera, nadie debe estar parado o estar ocioso sobre el tatami.

        Para ello todo el mundo debe saber qué es lo que va a acontecer, por eso se hace imprescindibles las introducciones en las sesiones, es el primer soporte teórico para situar mentalmente al alumno en la sesión o en el seminario, el segundo es la explicación central.

        La creatividad de los planteamientos es fundamental para mantener el foco de atención siempre activo, de esta manera siempre es más motivador y repercute en el rendimiento del estudiante.

        La utilización y la rentabilización del compañero es la clave para aprovechar el potencial de las neuronas espejo, de ahí la importancia de la colaboración en la práctica, independientemente del concepto filosófico.

        Espero que haya quedado clara la diferencia entre intentar y hacer, recordemos que desde un punto de vista mental, las palabras condicionan nuestra predisposición anímica y como consecuencia de eso, nuestras acciones.

Ishana Pérez, Enero de 2021.

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