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Índice de Editoriales 2019.
¿Por qué hay que venir a clase todos los días? El sentido del ejercicio. Si dejas de practicar, el cuerpo deja de aprender. El gran problema de no dejarse llevar en Aikido. Los pequeños compromisos.  
           





Editoriales 2019EDITORIALES 2019

        

¿Por qué hay que venir a clase todos los días?

“El éxito es el resultado de la perfección, el trabajo duro, aprender de los fracasos, la lealtad y la persistencia.”

Colin Powell.    

        A mi modo de ver esta editorial sobraría, porque la pregunta se contesta por sí sola, o simplemente con la cita del Sr. D. Colin Powell, pero vamos a dar una serie de razones por las cuales habría que practicar todos los días.

        Básicamente hay dos formas de afrontar las clases habituales: la primera es haciendo 3 sesiones semanales, es la más usual y también hay que decir, que es el compromiso mínimo para que haya algo de fruto; la segunda, menos común, es hacer 5 sesiones por semana, que es lo ideal para que haya progreso.

        Aquí tengo que llamar la atención que si tu Dojo solo hace 3 sesiones a la semana, no es disculpa el no completar las otras 2 sesiones que quedan para realizar las cinco, porque hay una cosa que se llama práctica personal, que se puede realizar a nivel particular y te permitirá una mejor evolución.

        Si al año no se hacen como mínimo 200h. de práctica, las cosas no van a funcionar, si se baja de esas horas se está realizando un “Aikido de salón”.

        No está mal, pero el progreso no es lo mismo, y tampoco tiene el mismo calado en tu cuerpo y en tu persona, más que nada es un divertimento, un pasatiempo lúdico - marcial.

        En los Dojos hay un plan de estudios que hay que seguir, la razón es que las personas se tienen que formar, y deben de hacerlo sólidamente y no a trompicones o con lagunas en su aprendizaje.

        Los planes de estudio están compuesto por la finalidad que persigue el Sensei responsable de cada Dojo; la/s metodología/s que va a aplicar para que los planes sean efectivos y se puedan ejecutar; la duración del mismo que hace concretar las metas en un tiempo determinado; la organización de los contenidos por sesiones, que es la unidad más básica para el progreso; la progresión mensual, trimestral, semestral y anual, que tiene su base en la planificaciones de las sesiones; el enfoque de cómo trabajar la estructuración de las técnicas, la preparación física, los ejercicios, etc., que son el cimiento para poder edificar todo lo demás; los objetivos tanto generales como por niveles, también hay que contemplar los personales de cada alumno; el número de horas que se necesitan para completarlo; lo que es de obligado cumplimiento y lo que es opcional, y por último, los requisitos que se precisan para acceder a los distintos niveles de progreso, que sin tenerlos en cuenta solo estamos construyendo un castillo de naipes.

        Si un alumno no es constante en su práctica, pregunto yo:

        ¿Cómo un docente puede llevar a cabo una empresa de éste calibre?

       Luego, ¿cómo va a evolucionar un estudiante si es intermitente en su asistencia a clase?

        También hay otra razón más de peso, y es para que el cuerpo no olvide, por eso la pregunta es obligada, ¿qué es la memoria corporal?

        La “memoria significa en este caso la actualización, la repetición de una secuencia de movimientos que nos permite actuar en el mundo, y que constituye en gran parte la base de nuestros hábitos” (Alarcón, 2009, p.6), en nuestro caso nos referimos a los hábitos en el aprendizajes de la forma, que nos permitirá desarrollar ciertas habilidades técnicas que debemos integrar y también llevar a la cotidianidad, estas destrezas inicialmente están asociadas a lo somático, “… el aprendizaje corporal significa olvidar lo que hemos aprendido o hecho de manera explícita y permitir que caiga en un saber implícito, inconsciente.” (Fuchs 2003, p. 3), lo mismo visto desde un enfoque clásico en el Budo lo podemos encontrar, “Cuando lo que has estudiado deja la mente, y la práctica también desaparece, entonces practicando tu arte, logras fácilmente la técnica sin preocuparte por lo que has aprendido, y al mismo tiempo no te desvías de ello. Esto es adecuar espontáneamente a lo aprendido sin darte cuenta conscientemente de que lo estás haciendo.” (Yagyu Munenori 1994, p. 23). También hay que contemplar el desarrollo de las capacidades internas (respiración, atención, concentración, meditación…), en realidad deben de ir de la mano unas y otras, en nuestro caso no hacemos la diferencia cartesiana de mente y cuerpo por separado, sino que vemos todo como una unidad inseparable e indivisible para afrontar el aprendizaje.

        De ahí lo de la constancia y el tesón en la práctica para establecernos en los distintos niveles de progreso, y para hacerlo hay muchas maneras de afrontarlo, por ejemplo:

        Los grados de Kuys y de Danes, es un proceso más cerrado, estructurado y guiado en todo momento, donde los contenidos del aprendizaje se estructuran en un tiempo y en niveles concretos, para alcanzar tanto la forma de base como el refinamiento.

        Luego están los estadios en la práctica (dejarse llevar, sólido, flexible o fluido…), que es un procedimiento más abierto, no está tan sistematizado, la guía es más flexible y la concreción de tiempo tampoco es tan acotada.

        Por otro lado están los métodos de práctica (Hitori Kiko, Ippan Keiko, Futsu Keiko…), que también son formas de afrontar el aprendizaje para testar y desarrollar a los estudiantes, y tiene el mismo proceso que acabo de describir con los estadios en la práctica.

        La practica personal por motu proprio, que se puede hacer después de clase, en el tiempo libre del que se disponga, etc. Es un tipo de formación por libre, donde el alumno se hace responsable de su propia evolución, siempre contando con su Sensei, por su puesto.

        Hay muchas formas de afrontar la formación, pero todas tienen los denominadores comunes que son: el empeño, la insistencia y la paciencia.

        Otro enfoque no tan técnico y más relacionado con los valores, es el compromiso, que tiene muchas dimensiones y a las cuales deberíamos atender para no mentirnos a nosotros mismos, algo por otra parte, muy usual.

        Una de las preguntas que hago cuando las personas ingresan en nuestra escuela, es cómo van a afrontar las clases, si lo van a hacer de forma continuada sin faltar (se sobreentiende que cuando es por causas de fuerza mayor es comprensible) o discontinuamente, la mayoría contestan de forma continuada sin faltar, pero pocos cumplen con su propio compromiso, siempre hay algo en los días que hay clase que sale a su encuentro para no venir.

        Si se tiene una actitud de compromiso con la práctica del Aikido, también se va a aplicar a cualquier otro campo de la existencia: en lo familiar, en lo laboral, en lo personal, en lo social, etc., y a buen seguro que el enriquecimiento personal va a ser grande.

“Todos tenemos un espíritu que puede ser refinado, un cuerpo que puede ser adiestrado de cierta manera, un sendero conveniente para seguir. Estás aquí con el sólo propósito de darte cuenta de tu divinidad interior y manifestar tu iluminación innata. Alimenta la paz en tu propia vida y luego aplica el arte a todo lo que encuentres.”

Morihei Ueshiba.    

Ishana Pérez, Mayo de 2019.

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El sentido del ejercicio

“Aprender sin reflexionar es malgastar la energía.”

Confucio.    

        El otro día hablando con una alumna sobre un problema en concreto que tenía, le comentaba que si no aplicaba en su vida lo que se enseña en el Dojo estaba perdiendo el tiempo, la razón de mi comentario es que me decía que iba al Dojo a relajarse, distraerse y pasarlo bien.

        Cuando me dijo eso tres conceptos, me di cuenta de que no entiende el sentido del ejercicio que se desarrolla en el Dojo, y eso sin duda es por mi culpa, por no ser capaz de hacérselo ver, por eso le voy a escribir ésta editorial a ver si consigo que lo comprenda.

        Karlfried Graf Dürckheim en su libro, “Hara el Centro Vital del Hombre,” en su capítulo IV en el apartado, “Condiciones de base de toda práctica,” (a lo largo del escrito introduciré algunas anotaciones de éste apartado, en color verde) pág. 120, describe 5 puntos indispensables para abordar cualquier ejercicio trascendente, los cuales son: tener un gran anhelo, tener un cierto estado de espíritu, hacer gala de una voluntad firme, disponer de un compromiso total y la capacidad de guardar silencio.

        Vamos a desgranar cada uno de ellos.

        Tener un gran anhelo.- Es la chispa que hace detonar la búsqueda, y aquí las razones son tan variadas como las inquietudes que asaltan a las personas, así que no tiene sentido enumerarlas porque sería una posición subjetiva mía. Pero lo que sí hay en común a todos es un desasosiego que se manifiesta en una insatisfacción con el presente actual, pero hay que ser consciente que “…Sin este anhelo, no puede nacer nada nuevo.” Otra de las cosas comunes es la necesidad de un cambio, porque no se está bien con la actual condición, esto supone un gesto de valentía y arrojo que normalmente se acompaña de una gran reflexión o de un gran dolor, que muchas veces se pasa por alto ese coraje, porque no todo el mundo tiene la intrepidez de saltar, la mayoría quiere seguir en la zona de confort, pero ya lo decía Buda, “La reflexión es el camino hacia la inmortalidad; la falta de reflexión, el camino hacia la muerte”.

        Cuando el dolor o la insatisfacción nos hacen pararnos en nuestra vida y revisarla, es que nuestra capacidad de estar vivos aún está despierta, nuestra llama interior no se ha apagado por el consumismo, por los apegos, por los deseos desbocados o un estado de embrutecimiento de una mente aletargada, en términos de la Yoga, sería una mente Tamasica. Si no hay un anhelo ferviente no se puede dar la transformación ni se puede evolucionar.

        Ya el hecho de iniciar esa exploración tanto interior (la idea de encontrar una armonía consigo mismo), como exterior (la búsqueda de herramientas que hagan posible ese cambio), nos va llevando a.

        Tener un cierto estado de espíritu.- Aquí de lo que se trata es de “…No buscar en el ejercicio el éxito material, o un poder, sino únicamente una ganancia interior, es decir, progresar en el camino interior.” Esa es una de las razones de acercarse a un Dojo, recordemos que su significado es el de “lugar del despertar.”

        Ésta actitud inicial hay que irla ampliando con el ejercicio bien encaminado, al hacerlo las disciplinas van dotando al alumno de un poder sobre sí, el cual hay que ejercitarlo en la buena dirección sin desvíos a zonas que pueden hacer caer al discípulo o encaminarse por senderos oscuros, “…Y puede incluso suceder que las fuerzas adquiridas ilegítimamente por el hombre, se vuelvan contra él.” Esto puede pasar por el empoderamiento que se ha conseguido a través del ejercicio y hacer un mal uso de ese poder. Viéndolo desde otro ángulo, se van abandonando los viejos patrones mentales que esclavizaban y van naciendo otros que liberan, y como consecuencia “le resulta, además, más fácil mantener este estado de espíritu” que le guían en la buena dirección.

       El secreto radica en sostener esa condición según nos desarrollamos, porque a su vez el anhelo crece más y más hasta llegar a Ser sin más.

        Hacer gala de una voluntad firme.- Eso se relaciona con tener una gran determinación, porque “…Aquel que no disponga de la fuerza de carácter que requiere mantenerse en una decisión, ha de evitar comprometerse en el camino del ejercicio.” Por eso siempre distingo entre la “cultura” del gimnasio y pertenecer a un Dojo con una enseñanza tradicional, mucha gente confunde las cosas o entra en estancias que le quedan grande, también puede ocurrir que no es su momento, por carecer de un compromiso real sobre el sentido del ejercicio, es importante remarcar, que después de tener esa determinación de adentrarse, no hay vuelta atrás, porque “…Aquel que, mediante el ejercicio, haya entrevisto, aunque sólo sea por espacio de un instante, el fulgor de la Gran Luz, al dejar después la práctica, vuelve a caer en tinieblas aún más negras, arrastrando a lo largo de su vida un profundo sentimiento de culpabilidad.”

        Si no se ha llegado a vislumbrar nada en un tiempo prudencial, entonces sí que ha sido un pasatiempo momentáneo sin más transcendencia y también es síntoma de no haber tenido un anhelo sincero, ni haber realizado la práctica con el verdadero sentido, aunque te lo hayan mostrado un millar de veces.

        Fuera de las modas o las tendencias comerciales del momento, la Vía no es un juego, es algo muy serio y está testado que lleva milenios transformando a las personas, lo cual mucha gente no llega a comprender y se deja arrastrar por esos sentimientos de lo lúdico o intrascendente.

        Tener un compromiso total.- Este punto está unido al anterior, porque no se puede tener un compromiso serio si no hay una determinación clara con una voluntad firme, porque “…Solo avanzará, sin reparar en obstáculos, aquel que sea capaz de comprometer su vida, toda ella, sometiéndola a la ley del ejercicio,” bien esté o no estudiando en el Dojo, porque hay que hacer “…Que la vida cotidiana, en sí misma, sea el campo del ejercicio, porque si no, éste no dará ningún resultado,” de ahí mi comentario a mi alumna del comienzo de la editorial.

        Entiendo que hoy en día el compromiso no esté de moda, pero en el tema que nos ocupa, si no hay un compromiso serio, no estaremos en un Dojo ni tampoco nos ejercitaremos en el Camino, haremos otras cosas, que puede que estén disfrazadas y maquilladas con los principios que rigen la transformación, pero no nos llevemos a engaño, son solo disfraces y maquillaje, a la mínima brisa sale a relucir su falsedad y su mentira.

        La capacidad de guardar silencio.- “Es normal que el principiante sienta el deseo de hablar de lo que vive en el ejercicio, y de las maravillosas experiencias que de este modo le es dado vivir. Pero haciendo esto, lo destruye todo.” Es decir, toda la fuerza se la va por la boca, y hoy en día es un síndrome muy común, porque las personas que se inician en un Camino lo radian en redes sociales, blog, etc., en realidad, cuando pasa esto tampoco han entendido el sentido real del ejercicio, y yo tengo serias dudas de que sigan un Camino serio en un entorno también serio, lo más probable es que se den un chute de “espiritualidad” momentánea acorde a la moda del momento.

        “Con el ejercicio, crece el silencio en lo más profundo de uno mismo, un nuevo cuerpo interior que no admite el discurso. Este cuerpo nuevo sólo puede desarrollarse en el silencio. En ese espacio interior sólo cabe el intercambio con el maestro.” Tan importante es el desarrollo del correcto sentido del ejercicio, como del entorno donde nos formamos.

        Cuando con una mente ordinaria uno va a un Dojo a relajarse, distraerse y pasarlo bien, yo creo que está malgastando su existencia, la impronta puede ser buena para una nueva reencarnación, o en esta misma vida, cuando su mente se haya purificado y el anhelo sea realmente serio.

        Creo que cuando uno está en un Dojo en vez de venir a relajarse, distraerse y pasarlo bien, lo debería sustituir por ir desarrollando una consciencia de Ser, profundizar en el Conocimiento que el ejercicio le aporta para llegar a experimentar una Felicidad personal, con el objetivo de tener una vida más plena.

        Es obvio que un enfoque u otro es distinto, yo puedo aceptar que haya personas que lleguen de entrada al Dojo para tranquilizarse, entretenerse y desahogarse, siempre y cuando respeten a los que seriamente se están trasformando y no perturben la atmosfera de crecimiento que reina en la escuela, quizás en un corto periodo de tiempo, lleguemos a contagiarles nuestros anhelos y cambien su visión para afrontar el sentido real del ejercicio.

“Quien pretende una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios.”

Confucio.    

Ishana Pérez, Abril de 2019.

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Si dejas de practicar, el cuerpo deja de aprender

“El continuo esfuerzo -no la fuerza o inteligencia- es la clave para mostrar todo tu potencial.”

Winston S. Churchill.    

        No sé quién saco, ni de dónde, que con solo estar presente en un tatami se aprende y se evoluciona, o que con un mínimo de esfuerzo se aprende una disciplina.

        Quizás son los lemas de los holgazanes, perezosos y vendedores de humo, porque no se ajusta en nada a la realizad del Budo.

        Hay un Makemono (que es un escrito con una bella caligrafía donde se comunica una sentencia sobre el Arte) que suele estar en muchos Dojos, y es: “La unión del corazón, la técnica y el cuerpo,” más literalmente “Espíritu y técnica en un solo cuerpo,” esto es:

        Shin, corazón, sentimiento o espíritu.

        Gi, la habilidad, que se convierte en técnica, que también puede significar, hacer algo con la mano diez veces.

        Ichi, uno, la unidad.

        Y por último.

        Tai, que significa cuerpo, literalmente es el fundamento o la base.

        Son unos Kanjis muy interesante y bien aplicados hace evolucionar por un camino seguro a cualquier estudiante de Budo.

       Una de las cosas que siempre me ha llamado la atención cada vez que estudio y reflexiono sobre los Kanjis, es que comienza con el corazón o con el espíritu (Shin), por eso siempre me hago la misma pregunta, ¿cómo se va a poder realizar algo si en el punto de partida no se ama?

        Por otro lado, marca un sentimiento de determinación claro por avanzar y profundizar en el Arte, y todo ello animado con un espíritu de búsqueda incansable.

        Si de entrada no tenemos esa predisposición, aún en nuestra ignorancia, porque es obvio que desconocemos el sendero a recorrer, pero está claro que no nos puede faltar el valor y el arrojo para lograr nuestro propósito.

“No puedes nadar por nuevos horizontes hasta que tengas el coraje de perder de vista la orilla.”

William Faulkner    

        Con esa actitud, tenemos el combustible para nuestro recorrido, como lo que nos empuja a ir a clase asiduamente; realizar viajes de formación; hacer cursos de perfeccionamiento; centrarnos en nuestro trabajo del momento, en función del estadio de práctica en el que nos encontremos; asumir retos para progresar; superar el cansancio y el dolor en el Keiko; no derrumbarnos antes las dificultades, -que van a aparecer, ¡seguro!-, etc. Si por un casual perdemos esa energía transformadora que sale de nuestro corazón, entonces, justo en ese momento, se acabó todo en ese campo para quien sea.

        Gi, es el desarrollo de nuestras habilidades como ser humano integral y va asociado a la repetición de la acción, que consta de varios elementos: capacidad, disposición, gracia, destreza y efectividad.

        Las capacidades se pueden tener innatas, lo cual facilita mucho las cosas, o se tienen que desarrollar, en éste caso, hay que hacer un trabajo profundo con pico y pala.

        La disposición es afrontar adecuadamente el trabajo, eso es orden en un sentido general, que a su vez se manifiesta y se concreta en: disciplina, método, planificación, etc.

        La gracias es el dominio del cuerpo y de la técnica para hacerlo todo fácil y natural, por esa razón el resultado siempre es bello.

        La destreza es la habilidad y la propiedad con que se hace el Arte.

        Otras de las cualidades de Gi, es la efectividad, el hecho de repetir y asimilar la técnica va dotando de eficacia y refinamiento al estudiante.

        Luego viene Ichi, uno, la unidad. Es una declaración rotunda de que solo existe la Unidad, y que debemos de ver los Kanjis como uno e indivisible.

        Esto es un concepto muy amplio, unidad en nuestro corazón; unión entre el cuerpo, la técnica y la acción; unión entre el interior y el exterior, para no hacerlo largo, unificar y armonizar todos los opuestos, porque la idea – percepción de la pluralidad, es un espejismo producido por la ignorancia de nuestra comprensión.

        Tai es el cuerpo o la base, otra de las cosas que me llama la atención del Kanji, es que representa a una persona y la raíz de un árbol, llamando nuestra atención a que la base de un ser humano está en su raíz, cosa que nos debe dar que pensar y reflexionar profundamente.

        Para comenzar hay que preguntarse, ¿cuál es nuestra raíz?

        Luego, ¿qué sustenta esa raíz?

        Seguimos, ¿de qué se nutre esa raíz?

        Sin el cuerpo no se puede realizar nada, de ahí lo de base, porque es donde edificamos toda la existencia y nuestra realización, sin ese vehículo no podemos tener nada de lo anterior.

        Muchas veces cuando las personas me dicen que su planteamiento para formarse es el de realizar una o dos sesiones por semana, yo me pregunto, ¿cuáles serán sus motivaciones reales? Porque está claro que con dicho plan poco o casi nada se va a realizar.

        Pero bien, es poco, ¡pero seamos positivos! Si se mantiene de forma continuada, aún así hay una luz que parpadea muy a lo lejos y nos da ánimos que en un largo periodo de tiempo puede haber logro si hay persistencia para alcanzar el objetivo.

        Pero si a lo anterior, -lo poco invertido-, se añade un elemento más que aumenta el desequilibrio, como puede ser la intermitencia o inconstancia, en mi opinión, ahí ya no hay posibilidad de enmienda, esa es la rozón del título de ésta editorial.

        Voy a argumentarlo, vamos a imaginar que en un determinado tiempo de continuidad en la práctica se adquiere un logro sobre el Kamae, luego dejas de ejercitarte -por la intermitencia-, es obvio que lo conseguido se va a diluir como un azucarillo, porque aún no estaba asimilado e integrado en la memoria corporal, por lo tanto, toda esa ganancia adquirida se desvanece y cuando reanudes la práctica sobre ese aspecto, y casi seguro, que tienen que comenzar de nuevo, o incluso, más atrás de donde iniciaste el trabajo en un comienzo.

        Nadie está libre de éste problema, cualquiera de nosotros que deje de ejercitarse, inmediatamente irá perdiendo la forma corporal, la habilidad de la técnica, la energía del corazón y aumentará su dualidad. Si se lleva muchos años de práctica puede que se tenga una cuenta de ahorro guardada, que se irá debilitando al no añadir nuevas riquezas producto de no transitar por nuevos horizontes.

“Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ya ha alcanzado, sino en lo que aspira alcanzar.”

Kahlil Gibran.    

Ishana Pérez, Marzo de 2019.

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El gran problema de no dejarse llevar en Aikido

“Uno de los grandes secretos de la vida, es dejarse llevar por el momento.”

   La cita anterior refleja una de las esencias del Aikido, porque sintetiza muchas cosas: el De –ai (el encuentro), el Musubi (la unión, el nacimiento de algo), el Time (el instante preciso), la toma de Ukemi (recibir y fluir con la acción del otro)…

        ¿Qué significa dejarse llevar en Aikido?

        Cuando se comienza a estudiar Aikido hay determinadas dificultades iníciales que impiden a las personas disfrutar de él inmediatamente, por eso es muy importante prestarle mucha atención y algo de paciencia al comienzo, a grosso modo, los inconvenientes iníciales se manifiestan en tres bloques concretos, que son los siguientes:

        Los desplazamientos.- El estudiante novel debe aprender a utilizar el espacio circundante a él, al igual que el que está entre él y su compañero moviéndose como una unidad. Para ello lo primero es distinguir las diferentes formar de desplazarse, porque cada una contiene ingredientes tanto para el encuentro de ambos (recordemos que la práctica se hace por parejas), como para la ejecución técnica.

        Después de ese paso es irlos distinguiendo dentro del contexto técnico, y básicamente es aplicar la regla mnemotécnica de: “El 90 % de los problemas en Aikido se solucionan caminando,” eso nos libera del pensamiento limitante, ¡ahora tengo que hacer esto, ahora lo otro!

        Ya en ésta fase, -si se hace, claro-, hay cierto disfrute porque uno acompaña la acción del otro.

        Lo siguiente son los Ukemis.- Son importantes porque hay que recibir la/s acción/nes del compañero, y hay que recepcionarlas bien para poder responder adecuadamente, porque si no, el dialogo de los cuerpos se rompe y no se puede continuar con la comunicación, -más abajo amplio éste concepto-.

        Para que no pase esa situación poco deseable, es muy simple lo que hay que hacer: “tienes que olvidarte de ti y seguir al otro,” de ésta manera el intercambio nunca cesa y es creativo para ambas partes.

       Y por último, dejarse llevar.- La anterior frase es el comienzo de ésta acción, que es acompañar y fluir con el compañero allí donde él vaya.

        Dejarse llevar no se realiza porque interviene el pensamiento y nuestras resistencias, también por la división cuerpo-mente, la mente puede llegar a aceptar, pero el cuerpo se resiste, o viceversa.

        Muchas veces les digo a mis estudiantes que hemos olvidado la niñez, porque cuando nuestros progenitores-educadores nos llevaban de la mano, nosotros íbamos confiados allí donde nos conducían. Bien, en esta parte de la educación en el Aikido se retorna a esa niñez perdida, porque se confía y nos abandonamos en las manos del otro, y la razón de ello es que se parte de un acuerdo tácito de cuidarle, porque es el medio para evolucionar y transformarnos.

        ¿Cuánto dura ese tránsito inicial para disfrutar del Aikido?

        En líneas generales y en base a las experiencias en nuestro Dojo con una trayectoria de 36 años de docencia y aplicando nuestra metodología, hay una horquilla que va de 6 mese a 1 año, dependiendo del estudiante y el tiempo que dedique a la práctica, tanto en asistir a las clases oficiales, seminarios, intensivos como el realizar una mínima práctica personal después de clase.

        En ese tiempo se puede adquirir una base aceptable para disfrutar con la práctica del Aikido y catapultarse a estadios superiores.

        Veamos ahora ejemplos concretos por los cuales no nos dejamos llevar:

        No se aprende el rol de ser Uke.- Hay un concepto erróneo sobre en recibir el Ukemi, y es que se piensa que el trabajo de Ukemi es solo rodar, tanto hacia adelante como hacia atrás, esto es solo parte de la verdad, porque Ukemi también es aceptar, moverse, seguir, conectar, ceder, fluir, caminar… es algo muy amplio, que siempre termina al concluir la técnica rodando hacia adelante como hacia atrás, quizás por eso que se ve a simple vista se tiene esa idea tan limitada de él.

        Lo primero que tiene que hacer el novicio, -yo diría en el primer trimestre-, es consagrarse a aprender la técnica de esos dos rodamientos básicos, -que son para las técnicas de proyección-, junto con el Ukemi para las técnicas de control, porque son los que se van a utilizar cuando el compañero aplique el principio que ha explicado el Sensei.

        Esto tiene dos dimensiones:

        a) Hacerlo solo.

        b) Irlo integrando en la relación con el compañero.

        Son muy importantes estos dos aspectos y con ese orden de progresión, porque es muy usual que un alumno los haga bien solo, pero cuando práctica con el compañero tenga dificultad para aplicarlo.

        Como se puede ver, dentro de éste apartado hay una traba añadida cuando se pasa el primer estadio inicial.

        No liberar el cuerpo de tensiones innecesarias.- Por la carencia de técnica, por los miedos y por oponernos al compañero, creamos resistencia que nos impiden practicar con armonía, tanto propia como con nuestro colega.

        La primera manifestación de la rigidez es por nuestra propia condición física, de ahí que se planteen calentamientos que favorezcan la flexibilidad, cosa que muchas veces no se hace y eso va en detrimento del propio estudiante como de la técnica del Aikido.

        El siguiente paso es movernos con ductilidad en el espacio. En un gran número de veces nuestro movimiento es tosco y rígido porque es como si intentáramos empujar nuestro entorno en vez de unirnos a él y ser parte de él.

        Los miedos merecen un trato especial, porque no liberarse de ellos es un gran problema para dejarse llevar, vemos algunos ejemplos:

        No mover los pies, ya se vio más atrás que es un gran escollo, que a su vez se relaciona con otros elementos como pueden ser los Ukemis o los desplazamientos.

        Es la resistencia más típica cuando vemos a estudiantes noveles practicando, es su signo representativo.

        Inseguridad a la hora de hacer algo, da igual que sea un movimiento o una técnica. Siempre digo a mis alumnos que es preferible equivocarse pero tener resolución en la acción, -¡siempre con sensibilidad!-, porque actuar de forma dubitativa no ayuda al progreso.

        Por otro lado, estamos descuidando los aspectos internos de la disciplina y el fundamento de Nen (concentración, pensamiento-momento y unidireccionalidad de la mente) en Aikido.

        La aceptación del dolor a través de la respiración, el aliento es la base del Aikido y de la práctica, y tiene muchas dimensiones. La que nos ocupa ahora es cuando nos aplican una técnica de proyección o nos someten con las de control, si no se exhala se sufre mucho y nos podemos causar daño nosotros mismo. Ésta parte hay que trabajarla cuando se comience con los Ukemis, tanto en solitario como cuando los estamos integrando con el compañero.

        Luego, tanto el retenerla como no usarla adecuadamente nos crea resistencias y tensión en nuestro cuerpo como se vio más arriba, porque bloquea y dificulta el desenvolvimiento de nuestra anatomía. En nuestro Dojo lo primero que se aprende al entran en el Tatami es a respirar, porque se hace cuando se le explica al novicio el Rei inicial (el saludo para acceder y salir del tatami) para realizar el Keiko, a partir de ahí, todo es respiración: en el calentamiento, en los ejercicios preliminares, en la Waza (la técnica), en los ejercicios de vuelta a la calma como los del final, como por ejemplo Kokyu Ho (ejercicio del poder respiratorio) y Haishin Undo (distensión de la columna vertebral al finalizar la práctica del día para relajarla).

        No mejorar la coordinación corporal, el Aikido es un Arte excelente para desarrollar una gran coordinación corporal, porque está implícito en todos los elementos que componen su técnica de base o Kihon, como en sus estadios más avanzados, bien sean a mano vacía o con armas.

        El reto para el estudiante es utilizar su cuerpo siempre con cohesión, teniendo su centro de gravedad bien establecido, tanto en estático como en movimiento, de ahí que la educación física sea de vital importancia y ésta tenga su punto de partida en el calentamiento, para luego llegar a cada rincón del global de la educación que el Aikido ofrece.

        El Aikido de muchos practicantes bien merma, baja de calidad, o no se desarrolla por no tener una buena educación con su cuerpo. Se ve mucho en todos los entornos e independientemente del Aikido que realice, que la técnica no encaja por las carencias físicas de quien la ejecuta.

        Los movimientos sincopados son fáciles de observar y eso está íntimamente relacionado con no tener una buena coordinación corporal bajo un centro estable.

        El estadio de dejarse llevar es el primero que se tiene que alcanzar en nuestro Dojo nada más llegar el alumno, sin éste primer peldaño no se pueden realizar los otros: sólido, flexible o fluido, líquido y gaseoso.

        Es importante para el alumno novel, ver la importancia de ésta fase nada más comenzar, porque si no se cultiva y se realiza, después no se podrá comprender otras cosas superiores que contiene el Arte.

Ishana Pérez, Febrero de 2019.

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Los pequeños compromisos

“Los ladrillos de la construcción de un Dojo, son los pequeños compromisos de los estudiantes.”

        Hay muchas formas de contraer pequeñas responsabilidades que nos van a ayudar a construir nuestra formación en Aikido, la actitud es la misma que la del levantador de pesas, comenzando por pocos kilos para llegar a levantar un gran peso.

        Por otro lado está el disciplinarse, comenzar a dar orden a tu progreso, esto se relaciona con la responsabilidad porque de lo que se trata aquí es de cambiar actitudes, disponer de un espíritu emprendedor, generar o sumarse a sinergias constructivas, integrarse en un equipo de trabajo con ganas de superación y articular esfuerzos para lograr objetivos particulares y comunes, por lo tanto, si se quiere tomar la práctica del Aikido en serio, el compromiso en cualquiera de sus dimensiones se hace indispensable.

        Un estudiante comprometido consigo mismo denota confianza, seguridad, entereza y credibilidad, por lo tanto, refleja ante los demás una imagen de responsabilidad. Los pequeños compromisos no son solo el motor, sino también el combustible para nuestro arranque y avance hasta afianzarse en la práctica.

        Pero, ¿cuáles son esos pequeños compromisos que me van a ayudar a comenzar mi estudio en el Aikido?

        Voy a enumerar los más simples:

        Acotar el tiempo para venir a clase.- Es el primer paso ya perteneciendo al Dojo. Si uno decide hacer tres sesiones por semana, que es lo mínimo para que haya progreso, el llevar a cabo esa responsabilidad supone delimitar ese tiempo en la vida diaria, porque seguro, segurísimo, que si no lo hacemos, siempre nos van a salir al encuentro cosas que hacer para no ir a la práctica. Solo se podría faltar por una causa de fuerza mayor, y aún así, habría que tener en mente recuperar esa clase a la que no se pudo asistir por imperativo.

        Una forma de ver la responsabilidad de un estudiante, -también de recuperar lo impartido en la sesión que no vino-, es si pregunta o no a sus compañeros los contenidos dados en la sesión a la que no pudo asistir, y si hay una cosa relevante para su progreso, y de haberla, si la hace en su práctica personal de ese día.

        Ser puntuales a la hora de llegar al Dojo para realizar las clases.- Es el segundo reto a lograr, si por sistema llegas tarde, no tienes tu tiempo organizado, eso también nos lleva a que no tienes un espacio en tu vida acotado para tu práctica, y vas con estrés a todos lados.

       La puntualidad es en primer lugar disciplina y autorresponsabilidad para sí mismo, en segundo lugar, respeto hacia los demás.

        Ser constante en las clases.- El tercer desafío es ser persistente en las clases. Con la inconstancia o intermitencia es imposible avanzar por muy talentoso que seas, más que nada porque no tienes una progresión en el desarrollo del programa de estudios que se va impartiendo sesión a sesión.

        Por otro lado, tu motivación funciona en picos altos y bajos, y eso no te va a dar centro, todo lo contrario, estarás como una veleta movida por el viento de tu inestabilidad personal.

        El aseo previo y al finalizar las sesiones.- La higiene personal es otra forma de disciplina. El realizarla al comienzo te va desconectando de la actividad que has tenido durante el día, y te va encauzando para tener un mejor Keiko.

        También por respeto a los demás, no puedes indisponer a los compañeros a que no practiquen contigo por ser un guarro.

        La higiene del final es un gesto de sensibilidad, porque cuidas tu cuerpo después del esfuerzo, también denota públicamente tu predisposición para el aseo de tu persona. Nunca entenderé la “sensibilidad” de esos estudiantes que sudan practicando, terminan la sesión del día, llegan al vestuario y se poner la misma ropa con la que llegaron al Dojo sin haberse duchado.

        Hacer una mínima práctica personal de 10 ó 15 minutos después de las clases.- Es otra forma de autorresponsabilidad con tú compromiso en la formación. Por otro lado, llamas la atención del Sensei para que confíe en tu seriedad y te permita avanzar en la formación. Siempre y cuando seas capaz de seguir sus consejos al pie de la letra, porque de lo contario, te dará largas si no ve un interés real y acredites una buena actitud.

        Este tema está bien desarrollado en el artículo: Importancia y Beneficios de la Práctica Personal, disponible en nuestra Web.

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        Lo que sí quiero apuntar aquí, es que un pequeño esfuerzo como ese que se hace después de clase cada día, lleva a adquirir otros superiores, como por ejemplo: ampliar el Keiko a 30 min. o 1h. de estudio, el reto de afrontar un grado, establecerse en un nivel de desarrollo determinado, ver la importancia de los seminarios o intensivos, etc.

        Es interesante pararnos un momento en la definición de Keiko, que normalmente se traduce como entrenamiento, pero esa definición está en las antípodas de su significado real. Keiko contiene en si Renshu, Tan ren y Remma.

        REN significa modelar, trabajar la materia, en este caso nuestro cuerpo y mente, que son el medio tanto para la existencia como para la superación en el Arte. SHU: es aprender, de ahí que el Aikido como cualquier otro Budo no es un deporte, ni un pasatiempo, sino un proceso educativo de transformación, por lo tanto, según vamos aprendiendo nos modelamos constantemente e incansablemente. TAN: para el herrero es batir, martillar el hierro y templarlo, es decir, forjamos nuestro espíritu y nuestra técnica con nuestro trabajo y nuestro sudor, que en ello está implícito la honestidad y la determinación a la hora de afrontar nuestra práctica. Y por último REMMA, MA: es como pulir un diamante, darle brillo, ser esplendoroso. En el crisol de la práctica cotidiana reflexionamos, repasamos el pasado para pasar de un estado burdo a uno sutil o diamantino, y eso solo se puede hacer cuando se comprende y se realiza con el cuerpo.

“Agreguemos a Tanren y Remma esta noción que nos empuja a hacer cien veces lo que otra persona hace diez y mil veces lo que otra hace cien.”

Tamura Sensei.    

        Aceptar alguna responsabilidad en la administración del Dojo.- Si todos los estudiantes sacan provecho del Dojo para sus cuerpos, mentes y espíritu, es de bien nacidos corresponder en entregar algo a cambio, y que mejor cosa que las distintas capacidades o habilidades que se posean para el beneficio común.

        La gente quiere pertenecer a un Dojo tradicional, pero en la mayoría de los casos no están dispuestos a pagar el precio que eso supone, -y no me refiero a algo económico-, si no al compromiso con la comunidad, todos trabajando y funcionando en un proyecto común y cada uno aportando según sepa y pueda.

        Aquí habría que llamar la atención sobre la necesidad de ser proactivo en la comunicación interna del Dojo, eso facilita el trabajo y la organización por parte de los responsables en cualquier actividad, bien sea ésta de enseñanza, coordinativa o lúdica.

        Coordinar una actividad lúdica.- ¿A quién no le gusta la fiesta?

        El hacer una empresa de este tipo, es una buena forma de comenzar a adquirir responsabilidades fáciles en un Dojo y ver su mecánica organizativa. También tomar consciencia de que todo cuesta trabajo y esfuerzo, aunque no se vea a simple vista, es decir, el Ura de las cosas.

        Esto trae como consecuencia el valorar el trabajo que otros hacen para ti, y a buen seguro, cuando experimentes el esfuerzo que supone realizarlo, la actitud va cambiando para arrimar el hombro cada vez que se precise.

        Ayudar en la organización de un seminario, intensivo, viaje de estudio…- Aquí ya es una empresa más grande y hay que tener un rodaje previo porque son muchos los campos a cubrir.

        También es importante aprender de la experiencia de los más veteranos, porque nos van a revelar posibles zanjas donde no debemos caer en la organización de un evento de esta categoría.

        Las tareas a abarcar en este apartado son numerosas, para ello se puede consultar la obra: Metodología para la Formación en el Arte del Aikido, donde se dan detalles a la hora de organizar eventos en un Dojo.

        Ya lo dice el proverbio de Lao Tse:

“Un viaje de mil millas comienza con el primer paso."

        Y éste otro de Paulo Coelho que dice:

“Incluso un camino sinuoso, difícil, nos puede conducir a la meta, si no lo abandonamos hasta el final.”

        Si hay algo sinuoso de andar es la Vía del Budo, y en nuestro caso del Aikido, pero el secreto radica en seguir, es decir, tener Irimi. Son muchas las veces que me quejo a mis estudiantes de que en determinadas situaciones no tienen Irimi (y no son situaciones técnicas, puede ser decir: sí, no, voy, no voy, lo hago, no lo hago, etc.), generalmente las personas creen que la actitud de penetrar-avanzar solo se hace en la Waza (la técnica), indudablemente esto solo pasa por ser novel en el Arte del Aikido, o si se es veterano, no haber comprendido bien el sentido de Irimi.

“No temas ir despacio, solo teme no avanzar.”

Anónimo.    

Ishana Pérez, Enero de 2019.

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