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Índice de Editoriales 2019.
¡Tú te tienes que adaptar a él! El valor para cambiar La presencia      
¿Niveles o no niveles en la educación en Aikido? ¿Por qué hay que venir a clase todos los días? El sentido del ejercicio. Si dejas de practicar, el cuerpo deja de aprender. El gran problema de no dejarse llevar en Aikido. Los pequeños compromisos.





Editoriales 2019EDITORIALES 2019

        

¡Tú te tienes que adaptar a él!

“Un ejército no tiene formación constante, lo mismo que el agua no tiene forma constante: se llama genio a la capacidad de obtener la victoria cambiando y adaptándose según el enemigo.”

El Arte de la Guerra de Sun Tzu.    

        En un alto porcentaje cuando las personas llegan a un Dojo, traen con sigo hábitos no naturales, como por ejemplo: no saben usar sus pulmones, no saben sentarse correctamente, no saben caminar, desconocen el uso de la estructura corporal, etc.

        Cuando se inicia el estudio de un Budo se debe estar dispuesto a cambiar, como dice el empresario Jim Rohn, “Tu vida no mejora por casualidad, mejora con el cambio,” por lo tanto, hay que tener la predisposición interna de dejarnos modelar por el Arte, porque lo contrario es construir un mundo de resistencias y bloqueos tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente, y entonces cabria preguntarse a qué hemos venido al Dojo.

        El principio del Arte que hay que desarrollar aquí es el de Musubi, porque es un nuevo nacimiento dado que nos unimos a un entorno para poder tener una realización de crecimiento personal, a través de una/s de las disciplinas del Budo. Es obvio que esto supone un reto, pero “La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero toma todo como un reto, mientras que un hombre ordinario toma todo como una bendición o una maldición.” Carlos Castaneda, Viaje a Ixtlán.

        Voy a enumerar las cosas más significativas a las que tenemos que adaptarnos e integrar para que el cambio sea efectivo al iniciar el estudio del Aikido, y así vamos abandonando nuestras resistencias y nuestros miedos, para sustituirlos por valores, capacidades, habilidades y destrezas:

        La etiqueta.- Hay que conocer la urbanidad que rigen la comunidad del Dojo, tanto por integración como por seguridad para ejercitarnos.

        Sentarse.- Es una de las primeras cosas que hay que integrar porque nos va a ser muy útil a lo largo de todo el proceso de estudio, por ejemplo: para poder respirar correctamente, para situar el centro de gravedad, para obtener sosiego, para flexibilizar nuestras piernas y pies, etc., y no olvidemos que pasamos una gran parte del tiempo sentados para observar lo que tenemos que realizar.

        Levantarse.- Es uno de los primeros momentos donde comenzamos a aprender a utilizar la estructura venciendo la gravedad, habría que destacar el uso y el fortalecimientos de las piernas y la verticalidad de la columna vertebral al hacerlo.

        Caminar.- Es lo primero que se aprende, para ello hay que hacerlo con una postura erguida, sabiendo pisar correctamente, que sean las piernas las que te lleven, eso básicamente es usar la musculatura de forma correcta. Sentarse y caminar se relacionan muy estrechamente, porque en sentarse aprendemos a situar el centro de gravedad (Tanden), y en caminar ponemos aprueba ese asentamiento cada vez que nos desplazamos.

        Respirar.- Sin saber respirar correctamente todo lo que hagamos es una quimera. Es de donde parte todo lo demás, por lo tanto hay que hacer los esfuerzos necesarios para aprender a usar la anatomía eficientemente, después, aprender a llenar y a vaciar los pulmones del modo apropiado. Hay que recordar que en nuestro Dojo tenemos cuatro tradiciones para desarrollarnos en éste aspecto: la marcial, la Hatha-Yoga, la meditación y el Chi-Kung, hay suficiente campo para perfeccionarla y desarrollarla ampliamente con diferentes y variados métodos.

        La Condición física.- Con la base anterior podemos abordar nuestra condición física, aspecto clave porque se relaciona directamente con la técnica. En líneas generales las personas llegan con grandes carencias de flexibilidad y da igual que sean jóvenes o mayores. Es un aspecto al cual se le debe de tener muy en cuenta, porque de ella dependerá la realización de un buen trabajo técnico. Como nosotros basamos nuestra educación física en la Hatha-Yoga, la flexibilidad y la tonificación corporal van de la mano, también hacer mención de que el adquirir flexibilidad está estrechamente relacionado con el correcto uso de la respiración, junto con la correcta manipulación del cuerpo.

        Éste campo es muy tangible y el estudiante se tropieza de cara con la situación en la que se encuentra el propio cuerpo, que se tiene que adaptar para que nazca una nueva condición física y por extensión un buen Aikido.

        La Fijación de cada elemento y de los principios del Arte.- Con la anterior plataforma, podemos dar el salto a la parte técnica del Aikido, porque ya hemos creado los cimientos adecuados para poder abordar la disciplina con propiedad.

        Elementos de base:

        El Kamae.- Es el soporte de la técnica y de la estructura corporal, tiene diferentes etapas, en las cuales hay que desarrollarse y perfeccionarla para llegar a la naturalidad.

        Los Desplazamientos.- Son la base del movimiento, y Aikido es un Arte del movimiento. Hay que conocerlos y distinguirlos todos y cultivarlos cada vez que practiquemos en las distintas situaciones: solo, acompañado, en los diferentes principios técnicos, con las armas, en los ejercicios, etc.

        Los Ukemis.- Es el cuello de botella del Aikido y donde las personas se resisten más a cambiar por sus temores e indecisiones, porque sin desarrollarlos mínimamente, esto es, rodar hacia delante y hacia atrás, no se va a disfrutar del Arte porque no nos hemos hecho amigo del suelo.

        Los elementos de cada nivel en la formación.- Nuestro Kihon es muy versátil, por ejemplo:

        a) Sirve para la formación reglada del sistema de grado con nuestra metodología Kuubukan.

        b) Es una guía clara y muy detallada para los instructores, con el objetivo del desarrollo de la base técnica de menor a mayor dificultad, tanto en armas como en mano vacía.

        c) Es un guión para que los instructores puedan hacer sus planificaciones para las sesiones, los seminarios o los intensivos.

        d) Para los estudiantes que van por libre y no quieren someterse al proceso de los grados, es un plano que les orienta en lo que hay que aprender desde lo más básico a lo más avanzado.

        Por lo tanto, el alumno tiene a golpe de vista todos los elementos técnicos que le hacen falta integrar en su cuerpo, con el objetivo de desarrollar un buen Aikido.

        Distinguir y realizar cada principio técnico con un nivel de ejecución elemental.- Aquí el problema que sale al encuentro y que abunda mucho en Aikido, son los analfabetos funcionales, eso quiere decir que hay practicantes que hacen las técnicas y los elementos del Arte si los ven, pero si se las pides no saben ejecutarlos. Esto es comparable al músico que toca de oído porque no sabe leer música, y tiene un problemón cuando le ponen una partitura delante y no sabe solfeo, y ya el remate, es cuando el profesor le diga y le señale en la partitura, ¡ahora comienza desde aquí!

        Hay que integrar la teoría y la práctica para llevarlas a la vez, también para poder comunicar en el mismo código, porque si no, no se va a poder realizar la transmisión de la enseñanza. Eso significa que hay que integrar costumbres, lenguaje y comportamientos de otra cultura, para poder comprender mejor el Arte en el cual nos estamos ejercitando, esto es otra prueba más de adaptación que hay que superar.

        Concreción de tiempo para alcanzar - asimilar cada elemento a un nivel de base funcional.- Ésta es la pregunta del millón porque cada alumno es distinto, pero aquí nos encontramos con otro aprieto que pone a prueba la adaptabilidad del estudiante, porque hay personas más capaces que otras para determinadas funciones, pero el Arte exige unos máximos de tiempo para integrar sus elementos de forma básica, que por otro lado, esto no va en contra del alumno, sino todo lo contrario, recordemos la cita de Carlos Castaneda al comienzo del escrito. También obliga al estudiante a salir de su zona de confort para no eternizarse o estancarse en determinados elementos que le van afectar en su evolución, al igual que a la de sus compañeros.

        Vamos a enumerar los elementos técnicos más esenciales que de entrada hay que integrar cuando se toma la decisión de estudiar Aikido:

        Mano vacía:

        Desplazamientos y Ukemis.

        Ejecución elemental en las técnicas básicas de: Kokyunage, Ikkyo, Shihonage, Iriminage y Tenchinage, y con los ataques básicos de: Katatedori Gyaku hanmi y Aihamni, Ryotemochi ryotedori, Katadori, Shomenuchi y Yokomenuchi.

        Armas:

        Shihogiri -4 direcciones-, con cada arma.

        Los Suburis de cada arma.

        Los 3 primeros Tachi dori y Jo dori (de agarre y de ataque).

        Veamos de forma detallada y según nuestra estructura formativa y con la frialdad de las matemáticas, las horas y el número de elementos a integrar en el primer año de práctica:

   Número de Horas en 1 Año de Práctica

   Elementos Básicos a Integrar en 1 Año de Práctica

   

   

   

   

   

   

   - 132h. de clases al año

   - 24h. de 3 seminarios anuales

   - 40h. de 2 intensivos anuales

   - 33h. practica personal anual de 15 min. después de clase

   

   

   

   

   

   

   

   - 7 desplazamientos

   - 2 Ukemis

   - Shihogiri

   - 20 Suburis de Jo

   - 7 Suburis de Ken

   - 9 Jo dori y Tachi dori

   - Kokyunage, Omote y Ura

   - Ikkyo, Omote y Ura

   - Shihonage, Omote y Ura

   - Iriminage, Omote y Ura

   - Tenchinage, Omote y Ura

   - Katatedori Gyaku hanmi

   - Katatedori Aihamni

   - Ryotemochi ryotedori

   - Katadori

   - Shomenuchi

   - Yokomenuchi

   229   Horas en total

   57   Elementos en total

        La integración de estos 57 elementos a nivel de base se tendría que conseguir en 1 año de práctica continuada o lo que es lo mismo, en 229h. y con el apoyo de 15 min. de práctica personal después de clase. Es un buen tiempo para conseguir aprender, distinguir y realizar cada elemento de forma básica, con un nivel de desarrollo de ó de 5º Kyu según la exigencia de nuestro plan de estudios.

        En el caso de los desplazamientos y de los Ukemis, se deben de ejecutar de forma básica en los primeros 6 meses (o lo que es lo mismo, en 114 horas de práctica continuada), recordemos que es el cuello de botella del Aikido.

        Para realizar eso hay que ser constante en las clases, voluntarioso y no aprender y olvidar rápidamente, porque entonces no hay manera de progresar y de iniciarse en el Aikido.

        El proceso de Shu.- Es el procedimiento tradicional para iniciarse en el aprendizaje, si se sigue Shu en el plan de estudios del Dojo y se aborda de forma correlativa y acompañado con los valores del empeño, las ganas y la asimilación de forma consciente, todo va a ir sobre ruedas, lo contrario, es tirar de un trineo en un mar de arenas movedizas o montarse en una montaña rusa de sensaciones sin contenido ni evolución.

        Si no hay cambio no hay progreso, la transformación supone un acto volitivo consciente de querer algo distinto de lo que se tiene en la actualidad, pero eso implica valor y coraje para afrontar situaciones a las que le tenemos temor, ese es el desafío del Budo, hacia uno mismo y con uno mismo.

“Mejorar es cambiar; para ser perfecto, necesitas cambiar continuamente.”

Winston Churchill.    

Ishana Pérez, Septiembre de 2019.

    ¿Qué logros has conseguido en un año de práctica?

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El valor para cambiar

"No se equivoca quien prueba diferentes Caminos para alcanzar sus objetivos; se equivoca, el que por miedo a equivocarse no camina."

Anónimo.    

        Últimamente nos llegan personas a nuestro Dojo después de recorrer un largo periplo dentro del Aikido, y lo hacen buscando un nuevo horizonte para su práctica por diferentes y variados motivos personales. Lo que tienen en común todos, es que les atrae “nuestro” Aikido, también debo decir que arriban a nuestra casa con muy mala base, aún viniendo de diferentes y variados entornos de Aikido practicado en España.

        Pasar de un entorno de formación a otro y encontrarse con un Aikido más sutil, más estructurado y de más nivel, supone la enorme empresa de afrontar un reciclaje en la formación, y no todas las mentes ni todos los corazones pueden soportar ese trabajo.

        En una travesía de este tipo, pocos son los estudiantes que la consiguen realizar, bien sea con nosotros o en otros entornos donde haya una exigencia en la formación, la razón es muy simple, porque hay que adaptarse y entregarse para que su cuerpo pueda asimilar los principios de base de los cuales carecían cuando llegaron, porque ya traen el vaso lleno, y en su mayoría, no lo quieren vaciar para volverlo a llenar, y así es imposible encausar a un estudiante en una nueva vida en el Aikido.

        Otra cosa que va a influir mucho, es en qué momento pilla al alumno ese cambio, por ejemplo, si un estudiante lleva 1 ó 2 años de práctica, tiene muchas posibilidades de salir exitoso y realizar su nueva transformación, -tenemos varios casos así y con buenos resultados-. En cambio, los practicantes que llevan entre 3 y 10 años o más, ahí ya la cosa se complica mucho, porque es muy difícil desmontar todos esos vicios que no se ajustan a los principios fundamentales del Aikido, me voy a explicar.

        Si una persona lleva 3 años practicando y todavía no tiene asimilada la base elemental del Kamae, va a ser muy difícil poder construir Waza encima de esas arenas movedizas.

        Si un estudiante después de 5 años de práctica no domina el Ukemi, como vamos a poder trabajar con él con contenido, está claro que en un entorno donde se trabaje sólidamente va a sufrir un accidente por su carencia, tampoco se le va a poder explicar trabajos más sutiles porque no va a ser capaz de recepcionar y de reaccionar bien en la acción.

        Si un alumno después de 7 años de práctica no ha entendido el contacto o el Ateri, o si se prefiere llamar, la extensión de la energía a través de sus brazos y manos con contenido y sensibilidad, no va a poder comprender trabajos más sutiles y sensibles del Aikido.

        Y ya en el peor de los casos, es si un alumno después de 9 años de práctica vienen de un Aikido coreográfico y no tienen sentido del Ma – Ai (la correcta distancia), del ataque con contenido, del Time (el instante preciso y el ritmo), de la adherencia, del contacto, de la acción – reacción, etc., en estos casos es casi imposible reciclarlo.

        Otra cosa común a todos, es la poca educación física con la que nos llegan, eso significa que no saben respirar correctamente, con todo lo que eso implica; carecen de un contacto sensible con la tierra, es decir, no saben situar su centro de gravedad, y por lo tanto, tienen muy mal equilibrio a la hora de moverse por el espacio; no saben utilizar su estructura corporal, hablo de cosas tan simple como los miembros y las articulaciones simplemente; tienen una alta rigidez en su cuerpo, aún siendo personas jóvenes y que llevan un largo tiempo practicando; no tienen sentido de la alineación estructural de su anatomía, bien sea, sentados o en movimiento, y voy a parar aquí para no hacerlo tedioso.

        No sé que se enseña por ahí, pero esto demuestra que no es cuestión después de un tiempo de práctica y de sacarse unos cuantos Danes, ponerse delante de un grupo de personas para enseñarles a hacer figuras o movimientos con el cuerpo en el espacio, el Arte y la educación en el Aikido incluye otras muchas más cosas que un formador responsable en primer lugar, debería conocer y dominar, y en segundo lugar, debe de tener en cuenta a la hora de enseñar a esas personas que depositan su confianza en él.

       En el apartado de la Waza, no me importa que traigan formas distintas a las de nuestro Kihon para afrontar la realización de una técnica, -todo lo contrario, siempre les digo: ¡ahora ya sabes 2, la que traes + la que te enseño!-, pero ese hacer siempre se debe ajustar a los principios fundamentales, lo cual en el 99 % de casos no es así, me explico para que todo quede claro.

        Si a la hora de posicionarte en Kamae tienes la solidez de un flan de caramelo bamboleándose sin raíz de un lado a otro, para mí eso no es correcto.

        Si en el paso de Ikkyo a Nikkyo o Sankyo, no hay un contacto con adherencia y un control sobre el Uke para aplicar dichas técnicas, para mí esa forma no es correcta.

        Si al realizar Kotegaeshi, no sabes cabalgar y conducir al Uke, no se está dominando la situación, tampoco para mí eso está bien hecho.

        Si al desplazarte no sabes realizar los desplazamientos para desequilibrar al Uke, es una ficción por tú parte el aplicarle una técnica, por lo tanto, todo lo que se construya sin desequilibrio no es correcto.

        Si a la hora de atacar en Shomenuchi o Yokomenuchi lo haces totalmente abierto exponiendo la cara, para mí ese ataque no es correcto, y ya el colmo del caso, es si el brazo (la Tegatana) no tiene contenido, -siempre adecuado al nivel del Tori-, o paras el ataque a mitad del recorrido, es decir, no hay una realidad - contenido en ese ataque. Esto también es aplicable a los ataques con los agarres, quiero decir, el Uke a través de la sujeción debe de ir a dominar el centro del Tori, hacer un agarre sin contenido es otra ficción. Otro de los fallos garrafales en ambos casos, es que se ataque y se defienda a la vez, para mí todo eso es incorrecto.

        Dentro del aspecto mental, también hay que contar con la implicación emocional que aún queda con el pasado reciente, entiendo que es difícil dejar el apoyo afectivo que se tenía, -aún cuando a nivel consciente se haya decidido cambiar-, para dar una oportunidad a una confianza nueva, pero normalmente el inconsciente siempre traiciona, y es muy típico oír a los recién llegados hacer comparaciones y comentarios, o verles que aunque les expliques un principio de determinada manera con el soporte en los principios fundamentales, ellos no se esfuerzan en adquirir la nueva forma, siguen esclavos, anclados y encerrados mentalmente en sus viejos patrones y no son capaces de hacer un salto de fe a ver que contiene y si funciona tal y como nos dicen.

        Esa dualidad mental es muy difícil de superar, y yo diría, que es más difícil que la física-técnica, de hecho, los que no superan la fase de la implicación emocional con su pasado, hasta el día de hoy terminan marchando de nuestro Dojo en un corto período de tiempo, que suele oscilar entre 1 y 8 meses para seguir en su periplo de “Ronin” en el Aikido, yo les recordaría lo que comenta el maestro Shunryu Suzuki en su libro Mente Zen, Mente de Principiante cuando dice: "Recoger retazos de información de diversas fuentes, con la persuasión de que así podemos incrementar nuestro conocimientos. En realidad, cuando se consigue ese camino se acaba por no saber nada en absoluto." Siempre es mejor buscar un entorno de su gusto, donde se sientan cómodos y con un buen hacer en Aikido, para después con absoluta determinación formarse muy bien en esa escuela, en vez de errar de lugar en lugar.

        Pero lo que ocurre en un alto porcentaje, es que suelen terminar abandonando la práctica del Aikido porque no encuentran su Shangri - La, ¡toda una lástima! Esto es consecuencia de no tener un gran anhelo por el Arte, y de no haberse formado correctamente desde sus inicios. Muchos me han comentado que se sienten frustrados, engañados y defraudados después de tanta implicación y de tantos esfuerzos empleados, algo por otro lado que comparto completamente, pero si no se tiene el valor y el coraje de dejar atrás las ataduras mentales-emocionales del pasado reciente, para ir hacia el nuevo horizonte que se abre ante ellos, va a ser muy difícil remontar en cualquier sitio al que vayan.

        Hace poco vino un visitante al Dojo y al hablar con él me comentó que hacia Judo, y le pregunté que si seguía practicando, y me dijo que no, que ya lo había dejado. Le comenté que cuando uno se inicia en un Budo, ya no hay vuelta atrás, es para toda la vida, lo podemos complementar con otro Budo o podemos realizar una práctica personal en complicidad con un compañero, pero para nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón no es bueno abandonar, la Vía discurre a veces por desfiladeros escarpados y peligrosos, y otras veces por valles frondosos y floridos, pero independientemente por donde fluya el Camino, no hay que abandonarlo.

“Abandonar puede tener justificación; abandonarse, no la tiene jamás.”

Emerson.    

Ishana Pérez, Agosto de 2019.

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La presencia

        Cuando Yagyu Munenori en su libro La Espada Mortal, describe el ánimo y la voluntad dice lo siguiente:

“La mente que tiene una específica actitud hacia el interior y una intensa concentración de pensamiento se llama voluntad. Siendo la voluntad interior, lo que emana hacia el exterior es el estado de ánimo.”

        Por lo tanto, la persona que irradia un estado de Ser Aquí y Ahora, que se manifiesta por la disposición del cuerpo y una resolución inquebrantable en su mente, tiene presencia en cualquier situación en la que se encuentre.

        La presencia que se encuentra latente, se manifiesta después de educarla, y es natural, no podemos envolverla con cosas para que de una determinada imagen, porque entonces no es real, y tiene que ser nuestra imagen auténtica. Bien es verdad, que todo el trabajo que se realiza tanto interno como externo con nuestras disciplinas, va formando nuestra presencia y potenciando nuestra figura externa, que es lo que perciben los demás, y a su vez, está animada por “algo” que es lo que le da ese carácter cautivador.

        La presencia en el Budo está ligada íntimamente al principio de Zanshin, porque es un estado de consciencia en alerta y presto a actuar, pero sin crispación, de ahí ese halo de seducción que nos atrapa.

        La diferencia entre presencia y actitud, es que la presencia es estar y la actitud es predisposición, y las dos juntos forman el carácter hacedor del budoka.

        Ahora la pregunta es, ¿cómo se desarrolla la presencia?

        Durante muchos años terminaba mis clases, sentado en Seiza, antes del Rei final, e invitaba a los estudiantes a que hicieran un pequeño ejercicio de introspección y de cimentación de lo que habían aprehendido en esa clase, curso o intensivo, el tiempo para ello es de uno o dos minutos, con el objetivo de desarrollar las siguientes cuatro actitudes: presencia, alineación, soltar o relajar y centralizar, esto es:

        Lo primero es desarrollar presencia, y se hace al prestar atención a la actitud, esto es sentarse correctamente en Seiza, para desprender y adoptar una postura que debe de emanar serenidad y tranquilidad al estar sentado en reposo con atención en el Aquí y Ahora.

        Lo siguiente que se indicaba es alinear la estructura, en este caso hay que tener en cuenta buscar la verticalidad con la columna vertebral, la nuca, las orejas en línea con los hombros, la nariz con el ombligo y la coronilla con el perineo (es el espacio que se encuentra entre el ano y el sexo).

        Después, soltar o relajar, y se comenzaba por la frente, el entrecejo, los ojos, las orejas, los pómulos, la mandíbula, la lengua (que debe de tocar el paladar), la nuca, el pecho, el abdomen, los hombros que deben de estar bajos y relajados, los codos, los antebrazos, las manos (que reposan sobre los muslos sin abrir los dedos), los omoplatos, la zona lumbar sin que caiga la pelvis, las piernas y los pies.

       Y por último, centrarse en el bajo vientre (Hara) concentrándose en el ritmo de la respiración, -que debe de ser abdominal, baja, profunda y suave, manteniendo la verticalidad de la columna-; llegados aquí, hay que dejar que el trabajo realizado llene todo el Ser, sin que medie el intelecto por medio ni que divague la mente de un lugar a otro, luego hay que dejarse inundar por la Waza (la técnica) a través de la respiración -Kokyu-.

        Últimamente lo resumo y condenso todo lo anterior en decir solo presencia.

        Éste proceso se debe de hacer también cuando se comienza la clase para aunarse para el trabajo, y con tal predisposición, el enfoque de la práctica y el de nuestra mente es distinto en contraposición a sentarse sin más en Seiza, que es lo que suele hacer la mayoría. Es obvio que el rendimiento va ser muy diferente con esta predisposición inicial del ánimo.

        Éste simple ejercicio no solo se obtiene un beneficio en el Dojo, sino cuando salimos de él y retomamos nuestra vida cotidiana, que se llega con una mente fresca, lúcida y presta a actuar con eficacia.

        Vamos a seguir enumerando aspectos muy simples que van a mejorar nuestra presencia cada vez que estamos en la escuela que nos forma.

        Al entrar en el Dojo.- Insisto mucho en éste aspecto porque de comienzo en la educación como aikidoka o como budoka, es vital, desconectar de los quehaceres del día y centrarnos en lo que va a ocurrir sobre el tatami. Por lo tanto, debe de haber una antes y un después para prepararnos con la actitud adecuada para la práctica.

        Al entrar al tatami.- Como mencioné más atrás, ahora es de obligado cumplimiento aunarse si uno se quiere desarrollar bien en la disciplina, y antes hice un guión tipo, que lo único que habría que cambiar con respecto al final, es que en vez de cimentar, es predisponerse con atención – concentración para el Keiko.

        También aquí hay que contemplar el llevar la ropa de práctica correctamente puesta y limpia (esto incluye el aseo previo antes de la clase), con ese gesto ya se irradia o no una presencia, y al mismo tiempo se da ejemplo a los demás para generar una atmósfera de pulcritud sobre el tatami.

        Al caminar.- Aspecto clave en cualquier disciplina que implique el movimiento, sin saber caminar no se va a poder progresar ni se va a saber utilizar el espacio. Tenemos que tener varias cosas en cuenta: saber pisar, aquí están contenidas muchas cosas, como son la disposición del peso en las piernas al igual que en el pie; el arraigo, que nos hace tener contacto con la tierra; el uso correcto de los apoyos, y entre éstos el metatarso; el correcto uso de tobillos y rodillas, éstas últimas como no estén sueltas y flexibles seremos lentos, rígidos y arrítmicos. La determinación, muchas personas son indecisas o dubitativas a la hora de moverse sobre el tatami, no proyectan sus cuerpos con una intensión clara en el espacio y eso es un gran problema para después desplazarse y encontrarse con el compañero de práctica (De - ai), en nuestro Dojo educamos el caminar desde la limpieza del tatami, al igual que con las armas como a mano vacía con ejercicios específicos para tal fin, o trabajando los desplazamientos específicos para el Aikido. La proyección mental, se relaciona con lo que acabo de decir. Es importante que nuestra mente se oriente de forma lineal cada vez que se afronte una dirección en el espacio, eso se ve muy bien al hacer Kin Hin en el Za Zen, que es otra forma de aprenderlo.

        El ritmo en el trabajo.- Cuando veo a los estudiantes practicando sé la predisposición y la presencia que tienen por cómo se mueven en el tatami, independientemente de su nivel. Otra cosa que delata la presencia o no, es el compas a la hora de realizar las técnicas, cuanto más acompasado y más armónico sea su movimiento, más presencia tiene en la acción.

        En la posición de Uke y de Tori.- Aquí la responsabilidad de estar presente es del 50% para cada uno, porque el que deje la apertura de la intermitencia, y por lo tanto, no tiene presencia, corre el riesgo de que el compañero le realice una contra.

        Dicho esto, siempre se demanda del Uke que tenga presencia en su ataque para que el Tori pueda hacer e investigar en la Waza, si el Uke no realiza una embestida con ánimo en su ataque y en sus respuestas hacia el Tori (siempre adaptándose al nivel del compañero y con sensibilidad), lo que se haga está dentro de lo coreográfico, pero no dentro de lo marcial.

        En el cuerpo.- Si ya tenemos una presencia mental con nuestra predisposición, esa energía hay que hacerla extensible inicialmente a los brazos y manos (Ateru o Ateri, unir, coincidir, juntar), para posteriormente extenderla al resto del cuerpo, es decir, debemos rezumar sensación y sensibilidad cada vez que trabajemos con el compañero para mezclarnos y unirnos a él con cualquier ataque y en cualquier distancia.

        Para no hacerlo muy largo y dar detalles a grosso modo, dividimos el cuerpo en dos:

        Parte inferior o piernas, rodillas, cintura y demás, esto tiene una relación directa con la colocación del cuerpo y el Kamae, y éste campo puede ir desde colocar los pies bien de forma triangular, flexionar las piernas, que estén tonificadas para que puedan dar respuesta a los desplazamientos y la Waza, etc.

        Si no hay una presencia en todos estos aspectos como en otros más, es muy difícil construir la práctica desde abajo, porque siempre estaremos en déficit para conseguir nuestros objetivos.

        Parte superior o brazos, manos y demás, es el otro lado complementario y en apariencia es el más tangible porque son las partes que tienen más contacto con los compañeros, que son de igual de importantes que la raíz que está en la parte baja y que a su vez sustenta a la alta.

        Cuando antes hablaba de rezumar, mezclar, unir, etc., es lo que tenemos que hacer con nuestra presencia y la del compañero, esas dos juntas y cada uno en su rol, es lo que da un Aikido con contenido, sutil, practico, dinámico y sensitivo.

        Una de las maneras que tenemos en nuestro Dojo de incrementar la presencia tanto en la parte superior como inferior de nuestro cuerpo, es cuando trabajamos la forma de Chi – Kung Zhan Zhuang en nuestras clases, seminarios o intensivos, es un modo de encararnos con nuestro cuerpo y mente sosteniendo una presencia continua para que circule nuestro Ki por todo él, al igual que liberar a la estructura de tensiones y bloqueos energéticos.

        La dirección en el espacio.- Lo que suele pasar con éste aspecto es ver estudiantes que agachan la cabeza cada vez que practican, y eso es un gran problema con la visión.

        Siempre les digo a mis estudiantes que hay que afrontar las direcciones en el espacio como la relación con el compañero de forma lineal, es decir, enfocando los dos centros que tenemos, el entrecejo y el bajo vientre, en línea recta con los del compañero y si fuera en el espacio, con la dirección en la que nos vamos a mover.

        Parece algo obvio y fácil, pero tiene su educación y su trabajo, y cuando se comienza a desarrollar, comprobaremos que está íntimamente relacionado con la unificación estructural al movernos.

        En la mirada.- Esto tiene una importancia tal relevante, que en mi obra: La Planificación en Aikido a Través de los Cuadernos Técnicos, en su página 193 cuando describo los Elementos de Aprendizaje de 6º Kyu en el apartado del Kamae, en el punto: “La mirada debe estar siempre dirigida al frente, no hay que bajarla al suelo ni elevarla al cielo,” enumero 8 formas de trabajar la mirada que hay que ir integrando en cada uno de los Kyus, y son las siguientes:

         Ejercicios oculares.

         Agudeza visual en estático.

         Visión concéntrica.

         Visión periférica.

         Coordinación óculo-corporal.

         Agudeza visual dinámico.

         Reconocimiento inmediato.

         Observación con Zanshin.

        Cada una de ellas hay que trabajarla 1 año completo cuando los estudiantes están en periodos de formación en los grados, o si siguen el proceso de formación en los niveles de aprendizaje, (la y la se trabajan en 6º Kyu, y la toda la vida), para así desarrollar los distintos tipos visión que es un complemento del aprendizaje del aikidoka, piénsese, que en las explicaciones centrales se muestra lo que hay que realizar, y por lo tanto, la formación.

        Por eso dije al comienzo de este apartado, que era una asignatura destacada en la formación del curriculum de aprendizaje del estudiante en nuestro Dojo.

        Otra de las formas de desarrollar presencia es con la meditación, y si queremos una muestra de ello, observemos cualquier estatua del Buda Gautama. Al practicar la meditación están contenidos todos los elementos que acabo de enumerar: recogimiento interno, intensa concentración, lo que se emana al exterior, saber sentarse, la alineación corporal, la posición del cuerpo, la mirada, la estabilidad estructural, etc.

        Si tiramos de la etimología también es reveladora, la palabra viene del latín “presentia”, que significa “cualidad de estar delante” y que se compone de tres partes diferenciadas:

        El prefijo “pre-“, que puede traducirse como “antes”.

        El verbo “esse”, que es sinónimo de “estar”.

        El sufijo “-ia”, que se usa para indicar “cualidad”.

        Cultivemos presencia para elevar nuestra práctica y nuestro Aikido a otra dimensión.

Ishana Pérez, Julio de 2019.

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¿Niveles o no niveles en la educación en Aikido?

"Enseñar a quien no tiene curiosidad por aprender es sembrar un campo sin ararlo".

Richard Whately.    

        Personalmente soy partidario de la enseñanza por niveles en Aikido. Eso de meter en el mismo saco a todos para formarse no me parece adecuado ni pedagógico, y hay una razón muy simple, unos estudiantes van a frenar a otros, por lo tanto, el conjunto del Dojo se verá retrasado. Pensemos en un ejemplo muy simple como son los Ukemis, los alumnos novatos tienen que tener un desarrollo más elemental que los que ya han asimilado la base mínima, entre otras cosas por su seguridad, por otro lado, los que ya han asimilado lo elemental, también retrasarían a los avanzados, porque no podrían afrontar trabajos técnicos superiores que éstos realizan porque lo reclama la técnica, por ejemplo en Morotedori, Udegarami Jujinage.

        También quiero hacer una precisión, cuando me refiero a niveles no me estoy refiriendo a grados en Aikido (bien sean de Kyus o de Dan), sino a estados de comprensión en el aprendizaje, eso quiere decir, entender o alcanzar algo en las sucesiva etapas que hay en la formación, que a su vez son las fases por los que pasa el cuerpo y la mente del alumno en su evolución en el Arte, y para ello bajo nuestra metodología, he utilizado los elementos que componen nuestros grados de Kyus para la formación en nuestro Dojo.

        El quid de la cuestión y que va a condicionar toda la educación, el plan de estudios y la evolución de los alumnos, es dónde se establecen los cortes de los distintos niveles del aprendizaje, es un tema que cada Sensei se lo debe pensar muy bien cuando confeccione su enseñanza, y por propia experiencia, les aseguro que hay que darle muchas vueltas antes de establecerlos.

        Cuando diseñé nuestra metodología, establecí 3 niveles de aprendizaje: el primero es de a 4º Kyu, el segundo de a 1º Kyu y por último, el tercero que serían los Yudanshas.

        Esta división es aplicable a todos los campos de la enseñanza: armas, mano vacía, elementos básicos, principios técnicos, ejercicios, elementos de aprendizaje, Ukemis, etc., pero ¿cuáles son las razones de ese planteamiento?

        Las razones son cinco: la primera para hacer el Kihon didáctico; la segunda, para hacer una progresión de menor a mayor dificultad, y por lo tanto favorecer el aprendizaje de los alumnos; la tercera, por la propia seguridad del alumno novel que llega y no tiene idea de nada, y debe de ir avanzando con confianza en el proceso educativo; la cuarta, por motivación para el estudiante, al ir estableciendo pequeñas metas a corto plazo y que son de fácil logro para él, le va a estimular en su avance y va a obtener satisfacción con su trabajo; y la quinta, que la progresión vaya acorde al nivel de comprensión que el alumno va adquiriendo al desarrollarse.

        La clave está en éste último punto de la comprensión, recordemos que es la capacidad de penetrar las cosas, sin ella no podremos evolucionar en el Arte, porque “Lo que no comprendemos no lo poseemos” Goethe, que por otro lado, ya conocemos la paradoja en el Budo, primero hay que poseer para integrar, y después, hay que renunciar a lo que se ha poseído para avanzar.

        Luego, por cribar en función del compromiso de cada practicante, por ejemplo, alumnos que vengan a estudiar por un acondicionamiento físico, por relacionarse socialmente, etc., con el primer nivel van bien, porque obtienen lo que buscan en un corto periodo de tiempo sin más implicación. En el otro lado, están los que realmente quieren evolucionar y formarse con rigor, para éstos, se encuentran de antemano que todo está estructurado, no solo los contenidos, sino los niveles de desarrollo, y enlazando con lo de antes, se les asegura que nadie les va a frenar en su progreso, y esto es especialmente significativo en este caso, porque van a estar en un mismo nivel todos los de ese rango, a si que, el interés, la complicidad, la motivación y la colaboración para saltar al siguiente peldaño se va a estimular entre ellos.

        Aquí también hay que tener en cuenta una menor carga para el docente, lo cual se agradece mucho y puede orientar esa energía para otros usos.

       Otra de las cosas que debe tener presente el Sensei y respetar a raja tabla, es cuidar la calidad en su centro de enseñanza, esto se manifiesta en que un alumno no puede pasar de un nivel inferior a otro superior si no posee, no domina, y no tiene en su cuerpo las exigencias del nivel en el cual está, y me remito otra vez al ejemplo que puse al comienzo con los Ukemis para justificar este proceder.

        Otra pregunta clave es, ¿cuántos alumnos se necesitan para hacer unas clases por niveles?

        Según mi experiencia, los estudiantes mínimos para confeccionar los grupos serían 10, y el tope 20, con esas cantidades se puede dar unas buenas dinámicas y la posibilidad de una atención muy personalizada, otra de las razones es que esos números ayudan a crear atmósferas de trabajo apasionantes. Por otro lado, favorece mucho los planteamientos de la planificación por parte del Sensei, tanto en creativos como en el logro de objetivos a corto, medio o largo plazo.

        La cosa se complica cuando no se llega al número mínimo que serían 10 estudiantes, ¿qué hacer en esos caso?

        La primera opción, es que se podría unificar todos los niveles con unos contenidos estándar, donde de forma lenta vayan avanzando todos los estudiantes. Con éste planteamiento es bueno de vez en cuando introducir trabajos muy creativos, de más nivel o de una dificultad más compleja, para que no haga aparición el tedio y estimular la motivación.

        La segunda opción, es realizar una planificación donde se dé respuesta a cada uno de los niveles de los estudiantes, por ejemplo, en mi caso en concreto, muchas veces he dado clases con 6 alumnos, y he tenido 3 niveles de trabajo en esa sesión, en circunstancias así es imprescindible (y siempre recomendable) la ficha de planificación de la sesiones, (ver las pág. 146 y 147 del texto Metodología para la Formación en el Arte del Aikido un modelo de dicha ficha tanto para armas como para mano vacía), para especificar los elementos que cada uno tiene que realizar en su nivel, y así, ir con una progresión ascendente de los tres niveles a la vez. Es importante tomar consciencia de que un elemento del Kihon tiene diferentes ejecuciones en función del desarrollo del alumno, por ejemplo, en nuestro caso con los desplazamientos, tenemos 11 formas básicas de trabajarlos, eso quiere decir que en una misma sesión cuando toque hacer los desplazamientos, los 3 grupos los están haciendo a la vez, pero con niveles de trabajo distintos, y así no se rompe la dinámica de la sesión. Estos planteamientos permiten una gran flexibilidad a la hora de realizar la planificación de la sesión, teniendo como objetivo adaptarnos a las distintas circunstancias de los alumnos.

        También ocurre lo mismo con las técnicas, quiero decir, no es el mismo para un alumno nuevo hacer Ikkyo con el nivel de 6º Kyu, que uno más veterano hacerlo con el nivel de 1º Kyu, los elementos que tienen uno u otro en cuenta para practicar son los mismos: Ma - ai, ataque, desplazamiento, De - ai, desequilibrio, contacto, forma, ritmo, etc., pero los matices de la ejecución para uno u otro nivel son muy, muy diferente. Esto también es aplicable con el trabajo del Atemi, en definitiva, que recursos para programar las clases hay muchos en manos de un formador riguroso y preocupado por la evolución de sus alumnos.

        Y la tercera opción, pero con mucho trabajo para el Sensei, es realizar una planificación de la sesión personalizada para cada estudiante (en el caso de que sean 2, 4 ó 6) acorde al nivel de comprensión de cada uno. Esto es un caso extremo (en especial con 2 ó 4 alumnos) y con un trabajo muy personalizado, que yo solo recomiendo hacerlo con personas muy comprometidas con la disciplina, porque no es cuestión de estar malgastando los conocimientos, el tiempo y la energía si no va a dar buenos resultados, de ahí la cita del comienzo de la editorial. En los casos donde no haya un compromiso serio y constante, es mejor aplicar la primera opción.

        Todo esto por la parte baja, es decir, cuando hay pocos estudiantes, pero qué pasa cuando se supera el número de 20 alumnos, ¿qué se hace es esos casos?

        Lo primero que hay que decir que para cuidar la calidad en un Dojo, es tan malo tener pocos como tener muchos alumnos, porque con pocos cuesta mucho progresar, -y en especial si flaquea el compromiso y la constancia en las clases-, y con muchos se corre el riesgo de no poder atender a todos como se debiera, así que hay que buscar un equilibrio para que exista una armonía que favorezca el trabajo del Sensei y la evolución de los alumnos.

        En primer lugar, lo más simple es hacer 2 clases con 2 niveles, por ejemplo si hubiera 30 alumnos, lo mejor es dividirlos en dos grupos de 15, que el número impar cuando se dé es muy interesante, porque habrá un trío, es decir, se puede realizar Ni nin dori, que bien orientado es una práctica muy interesante para los estudiantes, aunque no estén en el nivel de hacerla, pero van desarrollando con dos Ukes: atención, ritmo, Zanshin, no pensar, que es un aspecto muy importante irlo integrando, etc.

        En estos dos grupos establecer 2 niveles claramente diferenciados, uno muy básico y otro más avanzado, he ir trasvasando alumnos de un nivel a otro, quiero decir, si en el plazo de 1 año un estudiante del primer nivel se establece en ese estadio, pasa inmediatamente al nivel superior, y viceversa, eso hace mantener una “tensión” justa del aprendizaje y estimular la evolución para que los alumnos no se apalanquen en un determinado momento del aprendizaje. Voy a poner un ejemplo con nuestro primer nivel: se hace un grupo con los contenidos de y 5º Kyu, y otro con los de 4º Kyu, y en función de la evolución los alumnos se mueven arriba y abajo. Esto también muestra que dentro de un determinado bloque puede haber subdivisiones, todo va a depender de la comprensión que haya por parte de los estudiantes de un Dojo. Lo importante siempre es hacer estructuras móviles, flexibles y adaptables (Musubi) con el objetivo de obtener los mejores resultados para los alumnos.

        El segundo caso, es elegir entre 25 estudiantes un grupo reducido de 6, que serían los más comprometidos y los que posean más conocimiento, y con ese grupo hacer una élite, que aquí sí se podría aplicar la opción tres anterior. Obsérvese que he puesto la palabra “comprometido” antes de la de “conocimiento,” porque sin compromiso no va a funcionar por las razones que comenté antes.

        Este último planteamiento es una actuación muy revulsiva en un Dojo, porque digamos que ésta minoría selecta actúa como liebre para el resto de componentes de la escuela, y cuando los otros les vean practicar, ellos querrán estar en ese grupo y hacer lo que ellos hacen, por lo tanto, los demás estudiantes van a afinar su compromiso, su dedicación y a concentrarse más en lo que hacen para acceder a ese nivel de trabajo superior que les gusta y les atrae.

        En todos los casos expuestos, hay que cuidar mucho, pero mucho, no establecer los niveles como una competición, sino como un reconocimiento–premio a los estudiantes más aplicados y más comprometidos para evolucionar, y siempre como elemento de cohesión para todos la colaboración, porque caer en lo competitivo, o en la discriminación por estar en un nivel superior, eso trae nefastas consecuencias para un Dojo, sin mencionar que estamos volando por los aires la filosofía básica del Aikido.

        Otras de las cosas que hay que cuidar, es que cada Dojo tenga una ceremonia sencilla para premiar y reconocer el avance de sus alumnos de un nivel a otro, eso ayuda mucho, da reconocimiento y motiva al estudiante.

        Puede pasar por la mente de alguno que quiera encontrar pelos en un huevo de gallina, que esto es una estructura segregacionista, porque siempre los alumnos están separados y nunca se juntan, por lo tanto, ¿cuándo y dónde se unen todos los alumnos?

        El marco para el encuentro de todos los alumnos y de todos los niveles está en las clases especiales que pueda haber en el Dojo, en el aniversario de O Sensei, en los seminarios o en los intensivos de Aikido. Ahí es el punto de confluencia para todos, y es responsabilidad del Sensei planificar contenidos para el conjunto. Para los de menos nivel poner cosas de más nivel para que las prueben, y para los de un nivel superior, ponerles cosas más básicas con diferentes enfoques (el trabajo con los implementos siempre es un buen recurso en estos casos), que siempre son importantes que se repasen y se practiquen, luego, siempre debe de haber cosas que superen el nivel de todos, así verán que hay aspectos aún más complejos y lejanos que hay que alcanzar por parte de todo el conjunto.

        Estos encuentros son muy fructíferos y estimulantes para el conjunto, tanto desde una perspectiva técnica, como de la creación de una atmósfera positiva y de la convivencia conjunta de todos los alumnos, porque estrecha lazos y hace escuela, aspecto clave para la buena marcha de todo el Dojo.

        Lo expuesto es una breve muestra de cómo enfocamos los niveles y de cómo los tratamos con nuestra metodología, que a nosotros nos da muy buenos resultados, tanto a mí como formador, como a los alumnos que estudian en nuestro centro de enseñanza, y el producto de estas formas de actuar se ve en un corto periodo de tiempo.

        Éste sistema de niveles es muy recomendable para los alumnos que no quieran someterse al proceso de los grados, porque puede ser un método muy práctico, estructurado y progresivo de formarse en Aikido, y a largo plazo pueden tener un nivel igual a estudiantes que se sometan al proceso de los grados. Siempre es bueno que en un Dojo existan diferentes formas de enfocar el progreso de los estudiantes, eso lo hace más rico y versátil.

        Desde aquí, animo a otros Senseis que hagan pruebas bajo sus métodos y planes de estudio, y verán como en un corto periodo de tiempo (en 1 año) la evolución de sus alumnos cambia radicalmente para mejor.

“El cambio es siempre el resultado final de todo verdadero aprendizaje.”

Leo Buscaglia.    

Ishana Pérez, junio de 2019.

    ¿El Grado, en el Cuerpo o en el Papel?

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¿Por qué hay que venir a clase todos los días?

“El éxito es el resultado de la perfección, el trabajo duro, aprender de los fracasos, la lealtad y la persistencia.”

Colin Powell.    

        A mi modo de ver esta editorial sobraría, porque la pregunta se contesta por sí sola, o simplemente con la cita del Sr. D. Colin Powell, pero vamos a dar una serie de razones por las cuales habría que practicar todos los días.

        Básicamente hay dos formas de afrontar las clases habituales: la primera es haciendo 3 sesiones semanales, es la más usual y también hay que decir, que es el compromiso mínimo para que haya algo de fruto; la segunda, menos común, es hacer 5 sesiones por semana, que es lo ideal para que haya progreso.

        Aquí tengo que llamar la atención que si tu Dojo solo hace 3 sesiones a la semana, no es disculpa el no completar las otras 2 sesiones que quedan para realizar las cinco, porque hay una cosa que se llama práctica personal, que se puede realizar a nivel particular y te permitirá una mejor evolución.

        Si al año no se hacen como mínimo 200h. de práctica, las cosas no van a funcionar, si se baja de esas horas se está realizando un “Aikido de salón”.

        No está mal, pero el progreso no es lo mismo, y tampoco tiene el mismo calado en tu cuerpo y en tu persona, más que nada es un divertimento, un pasatiempo lúdico - marcial.

        En los Dojos hay un plan de estudios que hay que seguir, la razón es que las personas se tienen que formar, y deben de hacerlo sólidamente y no a trompicones o con lagunas en su aprendizaje.

        Los planes de estudio están compuesto por la finalidad que persigue el Sensei responsable de cada Dojo; la/s metodología/s que va a aplicar para que los planes sean efectivos y se puedan ejecutar; la duración del mismo que hace concretar las metas en un tiempo determinado; la organización de los contenidos por sesiones, que es la unidad más básica para el progreso; la progresión mensual, trimestral, semestral y anual, que tiene su base en la planificaciones de las sesiones; el enfoque de cómo trabajar la estructuración de las técnicas, la preparación física, los ejercicios, etc., que son el cimiento para poder edificar todo lo demás; los objetivos tanto generales como por niveles, también hay que contemplar los personales de cada alumno; el número de horas que se necesitan para completarlo; lo que es de obligado cumplimiento y lo que es opcional, y por último, los requisitos que se precisan para acceder a los distintos niveles de progreso, que sin tenerlos en cuenta solo estamos construyendo un castillo de naipes.

        Si un alumno no es constante en su práctica, pregunto yo:

        ¿Cómo un docente puede llevar a cabo una empresa de éste calibre?

       Luego, ¿cómo va a evolucionar un estudiante si es intermitente en su asistencia a clase?

        También hay otra razón más de peso, y es para que el cuerpo no olvide, por eso la pregunta es obligada, ¿qué es la memoria corporal?

        La “memoria significa en este caso la actualización, la repetición de una secuencia de movimientos que nos permite actuar en el mundo, y que constituye en gran parte la base de nuestros hábitos” (Alarcón, 2009, p.6), en nuestro caso nos referimos a los hábitos en el aprendizajes de la forma, que nos permitirá desarrollar ciertas habilidades técnicas que debemos integrar y también llevar a la cotidianidad, estas destrezas inicialmente están asociadas a lo somático, “… el aprendizaje corporal significa olvidar lo que hemos aprendido o hecho de manera explícita y permitir que caiga en un saber implícito, inconsciente.” (Fuchs 2003, p. 3), lo mismo visto desde un enfoque clásico en el Budo lo podemos encontrar, “Cuando lo que has estudiado deja la mente, y la práctica también desaparece, entonces practicando tu arte, logras fácilmente la técnica sin preocuparte por lo que has aprendido, y al mismo tiempo no te desvías de ello. Esto es adecuar espontáneamente a lo aprendido sin darte cuenta conscientemente de que lo estás haciendo.” (Yagyu Munenori 1994, p. 23). También hay que contemplar el desarrollo de las capacidades internas (respiración, atención, concentración, meditación…), en realidad deben de ir de la mano unas y otras, en nuestro caso no hacemos la diferencia cartesiana de mente y cuerpo por separado, sino que vemos todo como una unidad inseparable e indivisible para afrontar el aprendizaje.

        De ahí lo de la constancia y el tesón en la práctica para establecernos en los distintos niveles de progreso, y para hacerlo hay muchas maneras de afrontarlo, por ejemplo:

        Los grados de Kuys y de Danes, es un proceso más cerrado, estructurado y guiado en todo momento, donde los contenidos del aprendizaje se estructuran en un tiempo y en niveles concretos, para alcanzar tanto la forma de base como el refinamiento.

        Luego están los estadios en la práctica (dejarse llevar, sólido, flexible o fluido…), que es un procedimiento más abierto, no está tan sistematizado, la guía es más flexible y la concreción de tiempo tampoco es tan acotada.

        Por otro lado están los métodos de práctica (Hitori Kiko, Ippan Keiko, Futsu Keiko…), que también son formas de afrontar el aprendizaje para testar y desarrollar a los estudiantes, y tiene el mismo proceso que acabo de describir con los estadios en la práctica.

        La practica personal por motu proprio, que se puede hacer después de clase, en el tiempo libre del que se disponga, etc. Es un tipo de formación por libre, donde el alumno se hace responsable de su propia evolución, siempre contando con su Sensei, por su puesto.

        Hay muchas formas de afrontar la formación, pero todas tienen los denominadores comunes que son: el empeño, la insistencia y la paciencia.

        Otro enfoque no tan técnico y más relacionado con los valores, es el compromiso, que tiene muchas dimensiones y a las cuales deberíamos atender para no mentirnos a nosotros mismos, algo por otra parte, muy usual.

        Una de las preguntas que hago cuando las personas ingresan en nuestra escuela, es cómo van a afrontar las clases, si lo van a hacer de forma continuada sin faltar (se sobreentiende que cuando es por causas de fuerza mayor es comprensible) o discontinuamente, la mayoría contestan de forma continuada sin faltar, pero pocos cumplen con su propio compromiso, siempre hay algo en los días que hay clase que sale a su encuentro para no venir.

        Si se tiene una actitud de compromiso con la práctica del Aikido, también se va a aplicar a cualquier otro campo de la existencia: en lo familiar, en lo laboral, en lo personal, en lo social, etc., y a buen seguro que el enriquecimiento personal va a ser grande.

“Todos tenemos un espíritu que puede ser refinado, un cuerpo que puede ser adiestrado de cierta manera, un sendero conveniente para seguir. Estás aquí con el sólo propósito de darte cuenta de tu divinidad interior y manifestar tu iluminación innata. Alimenta la paz en tu propia vida y luego aplica el arte a todo lo que encuentres.”

Morihei Ueshiba.    

Ishana Pérez, Mayo de 2019.

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El sentido del ejercicio

“Aprender sin reflexionar es malgastar la energía.”

Confucio.    

        El otro día hablando con una alumna sobre un problema en concreto que tenía, le comentaba que si no aplicaba en su vida lo que se enseña en el Dojo estaba perdiendo el tiempo, la razón de mi comentario es que me decía que iba al Dojo a relajarse, distraerse y pasarlo bien.

        Cuando me dijo eso tres conceptos, me di cuenta de que no entiende el sentido del ejercicio que se desarrolla en el Dojo, y eso sin duda es por mi culpa, por no ser capaz de hacérselo ver, por eso le voy a escribir ésta editorial a ver si consigo que lo comprenda.

        Karlfried Graf Dürckheim en su libro, “Hara el Centro Vital del Hombre,” en su capítulo IV en el apartado, “Condiciones de base de toda práctica,” (a lo largo del escrito introduciré algunas anotaciones de éste apartado, en color verde) pág. 120, describe 5 puntos indispensables para abordar cualquier ejercicio trascendente, los cuales son: tener un gran anhelo, tener un cierto estado de espíritu, hacer gala de una voluntad firme, disponer de un compromiso total y la capacidad de guardar silencio.

        Vamos a desgranar cada uno de ellos.

        Tener un gran anhelo.- Es la chispa que hace detonar la búsqueda, y aquí las razones son tan variadas como las inquietudes que asaltan a las personas, así que no tiene sentido enumerarlas porque sería una posición subjetiva mía. Pero lo que sí hay en común a todos es un desasosiego que se manifiesta en una insatisfacción con el presente actual, pero hay que ser consciente que “…Sin este anhelo, no puede nacer nada nuevo.” Otra de las cosas comunes es la necesidad de un cambio, porque no se está bien con la actual condición, esto supone un gesto de valentía y arrojo que normalmente se acompaña de una gran reflexión o de un gran dolor, que muchas veces se pasa por alto ese coraje, porque no todo el mundo tiene la intrepidez de saltar, la mayoría quiere seguir en la zona de confort, pero ya lo decía Buda, “La reflexión es el camino hacia la inmortalidad; la falta de reflexión, el camino hacia la muerte”.

        Cuando el dolor o la insatisfacción nos hacen pararnos en nuestra vida y revisarla, es que nuestra capacidad de estar vivos aún está despierta, nuestra llama interior no se ha apagado por el consumismo, por los apegos, por los deseos desbocados o un estado de embrutecimiento de una mente aletargada, en términos de la Yoga, sería una mente Tamasica. Si no hay un anhelo ferviente no se puede dar la transformación ni se puede evolucionar.

        Ya el hecho de iniciar esa exploración tanto interior (la idea de encontrar una armonía consigo mismo), como exterior (la búsqueda de herramientas que hagan posible ese cambio), nos va llevando a.

        Tener un cierto estado de espíritu.- Aquí de lo que se trata es de “…No buscar en el ejercicio el éxito material, o un poder, sino únicamente una ganancia interior, es decir, progresar en el camino interior.” Esa es una de las razones de acercarse a un Dojo, recordemos que su significado es el de “lugar del despertar.”

        Ésta actitud inicial hay que irla ampliando con el ejercicio bien encaminado, al hacerlo las disciplinas van dotando al alumno de un poder sobre sí, el cual hay que ejercitarlo en la buena dirección sin desvíos a zonas que pueden hacer caer al discípulo o encaminarse por senderos oscuros, “…Y puede incluso suceder que las fuerzas adquiridas ilegítimamente por el hombre, se vuelvan contra él.” Esto puede pasar por el empoderamiento que se ha conseguido a través del ejercicio y hacer un mal uso de ese poder. Viéndolo desde otro ángulo, se van abandonando los viejos patrones mentales que esclavizaban y van naciendo otros que liberan, y como consecuencia “le resulta, además, más fácil mantener este estado de espíritu” que le guían en la buena dirección.

       El secreto radica en sostener esa condición según nos desarrollamos, porque a su vez el anhelo crece más y más hasta llegar a Ser sin más.

        Hacer gala de una voluntad firme.- Eso se relaciona con tener una gran determinación, porque “…Aquel que no disponga de la fuerza de carácter que requiere mantenerse en una decisión, ha de evitar comprometerse en el camino del ejercicio.” Por eso siempre distingo entre la “cultura” del gimnasio y pertenecer a un Dojo con una enseñanza tradicional, mucha gente confunde las cosas o entra en estancias que le quedan grande, también puede ocurrir que no es su momento, por carecer de un compromiso real sobre el sentido del ejercicio, es importante remarcar, que después de tener esa determinación de adentrarse, no hay vuelta atrás, porque “…Aquel que, mediante el ejercicio, haya entrevisto, aunque sólo sea por espacio de un instante, el fulgor de la Gran Luz, al dejar después la práctica, vuelve a caer en tinieblas aún más negras, arrastrando a lo largo de su vida un profundo sentimiento de culpabilidad.”

        Si no se ha llegado a vislumbrar nada en un tiempo prudencial, entonces sí que ha sido un pasatiempo momentáneo sin más transcendencia y también es síntoma de no haber tenido un anhelo sincero, ni haber realizado la práctica con el verdadero sentido, aunque te lo hayan mostrado un millar de veces.

        Fuera de las modas o las tendencias comerciales del momento, la Vía no es un juego, es algo muy serio y está testado que lleva milenios transformando a las personas, lo cual mucha gente no llega a comprender y se deja arrastrar por esos sentimientos de lo lúdico o intrascendente.

        Tener un compromiso total.- Este punto está unido al anterior, porque no se puede tener un compromiso serio si no hay una determinación clara con una voluntad firme, porque “…Solo avanzará, sin reparar en obstáculos, aquel que sea capaz de comprometer su vida, toda ella, sometiéndola a la ley del ejercicio,” bien esté o no estudiando en el Dojo, porque hay que hacer “…Que la vida cotidiana, en sí misma, sea el campo del ejercicio, porque si no, éste no dará ningún resultado,” de ahí mi comentario a mi alumna del comienzo de la editorial.

        Entiendo que hoy en día el compromiso no esté de moda, pero en el tema que nos ocupa, si no hay un compromiso serio, no estaremos en un Dojo ni tampoco nos ejercitaremos en el Camino, haremos otras cosas, que puede que estén disfrazadas y maquilladas con los principios que rigen la transformación, pero no nos llevemos a engaño, son solo disfraces y maquillaje, a la mínima brisa sale a relucir su falsedad y su mentira.

        La capacidad de guardar silencio.- “Es normal que el principiante sienta el deseo de hablar de lo que vive en el ejercicio, y de las maravillosas experiencias que de este modo le es dado vivir. Pero haciendo esto, lo destruye todo.” Es decir, toda la fuerza se la va por la boca, y hoy en día es un síndrome muy común, porque las personas que se inician en un Camino lo radian en redes sociales, blog, etc., en realidad, cuando pasa esto tampoco han entendido el sentido real del ejercicio, y yo tengo serias dudas de que sigan un Camino serio en un entorno también serio, lo más probable es que se den un chute de “espiritualidad” momentánea acorde a la moda del momento.

        “Con el ejercicio, crece el silencio en lo más profundo de uno mismo, un nuevo cuerpo interior que no admite el discurso. Este cuerpo nuevo sólo puede desarrollarse en el silencio. En ese espacio interior sólo cabe el intercambio con el maestro.” Tan importante es el desarrollo del correcto sentido del ejercicio, como del entorno donde nos formamos.

        Cuando con una mente ordinaria uno va a un Dojo a relajarse, distraerse y pasarlo bien, yo creo que está malgastando su existencia, la impronta puede ser buena para una nueva reencarnación, o en esta misma vida, cuando su mente se haya purificado y el anhelo sea realmente serio.

        Creo que cuando uno está en un Dojo en vez de venir a relajarse, distraerse y pasarlo bien, lo debería sustituir por ir desarrollando una consciencia de Ser, profundizar en el Conocimiento que el ejercicio le aporta para llegar a experimentar una Felicidad personal, con el objetivo de tener una vida más plena.

        Es obvio que un enfoque u otro es distinto, yo puedo aceptar que haya personas que lleguen de entrada al Dojo para tranquilizarse, entretenerse y desahogarse, siempre y cuando respeten a los que seriamente se están trasformando y no perturben la atmosfera de crecimiento que reina en la escuela, quizás en un corto periodo de tiempo, lleguemos a contagiarles nuestros anhelos y cambien su visión para afrontar el sentido real del ejercicio.

“Quien pretende una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios.”

Confucio.    

Ishana Pérez, Abril de 2019.

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Si dejas de practicar, el cuerpo deja de aprender

“El continuo esfuerzo -no la fuerza o inteligencia- es la clave para mostrar todo tu potencial.”

Winston S. Churchill.    

        No sé quién saco, ni de dónde, que con solo estar presente en un tatami se aprende y se evoluciona, o que con un mínimo de esfuerzo se aprende una disciplina.

        Quizás son los lemas de los holgazanes, perezosos y vendedores de humo, porque no se ajusta en nada a la realizad del Budo.

        Hay un Makemono (que es un escrito con una bella caligrafía donde se comunica una sentencia sobre el Arte) que suele estar en muchos Dojos, y es: “La unión del corazón, la técnica y el cuerpo,” más literalmente “Espíritu y técnica en un solo cuerpo,” esto es:

        Shin, corazón, sentimiento o espíritu.

        Gi, la habilidad, que se convierte en técnica, que también puede significar, hacer algo con la mano diez veces.

        Ichi, uno, la unidad.

        Y por último.

        Tai, que significa cuerpo, literalmente es el fundamento o la base.

        Son unos Kanjis muy interesante y bien aplicados hace evolucionar por un camino seguro a cualquier estudiante de Budo.

       Una de las cosas que siempre me ha llamado la atención cada vez que estudio y reflexiono sobre los Kanjis, es que comienza con el corazón o con el espíritu (Shin), por eso siempre me hago la misma pregunta, ¿cómo se va a poder realizar algo si en el punto de partida no se ama?

        Por otro lado, marca un sentimiento de determinación claro por avanzar y profundizar en el Arte, y todo ello animado con un espíritu de búsqueda incansable.

        Si de entrada no tenemos esa predisposición, aún en nuestra ignorancia, porque es obvio que desconocemos el sendero a recorrer, pero está claro que no nos puede faltar el valor y el arrojo para lograr nuestro propósito.

“No puedes nadar por nuevos horizontes hasta que tengas el coraje de perder de vista la orilla.”

William Faulkner    

        Con esa actitud, tenemos el combustible para nuestro recorrido, como lo que nos empuja a ir a clase asiduamente; realizar viajes de formación; hacer cursos de perfeccionamiento; centrarnos en nuestro trabajo del momento, en función del estadio de práctica en el que nos encontremos; asumir retos para progresar; superar el cansancio y el dolor en el Keiko; no derrumbarnos antes las dificultades, -que van a aparecer, ¡seguro!-, etc. Si por un casual perdemos esa energía transformadora que sale de nuestro corazón, entonces, justo en ese momento, se acabó todo en ese campo para quien sea.

        Gi, es el desarrollo de nuestras habilidades como ser humano integral y va asociado a la repetición de la acción, que consta de varios elementos: capacidad, disposición, gracia, destreza y efectividad.

        Las capacidades se pueden tener innatas, lo cual facilita mucho las cosas, o se tienen que desarrollar, en éste caso, hay que hacer un trabajo profundo con pico y pala.

        La disposición es afrontar adecuadamente el trabajo, eso es orden en un sentido general, que a su vez se manifiesta y se concreta en: disciplina, método, planificación, etc.

        La gracias es el dominio del cuerpo y de la técnica para hacerlo todo fácil y natural, por esa razón el resultado siempre es bello.

        La destreza es la habilidad y la propiedad con que se hace el Arte.

        Otras de las cualidades de Gi, es la efectividad, el hecho de repetir y asimilar la técnica va dotando de eficacia y refinamiento al estudiante.

        Luego viene Ichi, uno, la unidad. Es una declaración rotunda de que solo existe la Unidad, y que debemos de ver los Kanjis como uno e indivisible.

        Esto es un concepto muy amplio, unidad en nuestro corazón; unión entre el cuerpo, la técnica y la acción; unión entre el interior y el exterior, para no hacerlo largo, unificar y armonizar todos los opuestos, porque la idea – percepción de la pluralidad, es un espejismo producido por la ignorancia de nuestra comprensión.

        Tai es el cuerpo o la base, otra de las cosas que me llama la atención del Kanji, es que representa a una persona y la raíz de un árbol, llamando nuestra atención a que la base de un ser humano está en su raíz, cosa que nos debe dar que pensar y reflexionar profundamente.

        Para comenzar hay que preguntarse, ¿cuál es nuestra raíz?

        Luego, ¿qué sustenta esa raíz?

        Seguimos, ¿de qué se nutre esa raíz?

        Sin el cuerpo no se puede realizar nada, de ahí lo de base, porque es donde edificamos toda la existencia y nuestra realización, sin ese vehículo no podemos tener nada de lo anterior.

        Muchas veces cuando las personas me dicen que su planteamiento para formarse es el de realizar una o dos sesiones por semana, yo me pregunto, ¿cuáles serán sus motivaciones reales? Porque está claro que con dicho plan poco o casi nada se va a realizar.

        Pero bien, es poco, ¡pero seamos positivos! Si se mantiene de forma continuada, aún así hay una luz que parpadea muy a lo lejos y nos da ánimos que en un largo periodo de tiempo puede haber logro si hay persistencia para alcanzar el objetivo.

        Pero si a lo anterior, -lo poco invertido-, se añade un elemento más que aumenta el desequilibrio, como puede ser la intermitencia o inconstancia, en mi opinión, ahí ya no hay posibilidad de enmienda, esa es la rozón del título de ésta editorial.

        Voy a argumentarlo, vamos a imaginar que en un determinado tiempo de continuidad en la práctica se adquiere un logro sobre el Kamae, luego dejas de ejercitarte -por la intermitencia-, es obvio que lo conseguido se va a diluir como un azucarillo, porque aún no estaba asimilado e integrado en la memoria corporal, por lo tanto, toda esa ganancia adquirida se desvanece y cuando reanudes la práctica sobre ese aspecto, y casi seguro, que tienen que comenzar de nuevo, o incluso, más atrás de donde iniciaste el trabajo en un comienzo.

        Nadie está libre de éste problema, cualquiera de nosotros que deje de ejercitarse, inmediatamente irá perdiendo la forma corporal, la habilidad de la técnica, la energía del corazón y aumentará su dualidad. Si se lleva muchos años de práctica puede que se tenga una cuenta de ahorro guardada, que se irá debilitando al no añadir nuevas riquezas producto de no transitar por nuevos horizontes.

“Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ya ha alcanzado, sino en lo que aspira alcanzar.”

Kahlil Gibran.    

Ishana Pérez, Marzo de 2019.

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El gran problema de no dejarse llevar en Aikido

“Uno de los grandes secretos de la vida, es dejarse llevar por el momento.”

   La cita anterior refleja una de las esencias del Aikido, porque sintetiza muchas cosas: el De –ai (el encuentro), el Musubi (la unión, el nacimiento de algo), el Time (el instante preciso), la toma de Ukemi (recibir y fluir con la acción del otro)…

        ¿Qué significa dejarse llevar en Aikido?

        Cuando se comienza a estudiar Aikido hay determinadas dificultades iníciales que impiden a las personas disfrutar de él inmediatamente, por eso es muy importante prestarle mucha atención y algo de paciencia al comienzo, a grosso modo, los inconvenientes iníciales se manifiestan en tres bloques concretos, que son los siguientes:

        Los desplazamientos.- El estudiante novel debe aprender a utilizar el espacio circundante a él, al igual que el que está entre él y su compañero moviéndose como una unidad. Para ello lo primero es distinguir las diferentes formar de desplazarse, porque cada una contiene ingredientes tanto para el encuentro de ambos (recordemos que la práctica se hace por parejas), como para la ejecución técnica.

        Después de ese paso es irlos distinguiendo dentro del contexto técnico, y básicamente es aplicar la regla mnemotécnica de: “El 90 % de los problemas en Aikido se solucionan caminando,” eso nos libera del pensamiento limitante, ¡ahora tengo que hacer esto, ahora lo otro!

        Ya en ésta fase, -si se hace, claro-, hay cierto disfrute porque uno acompaña la acción del otro.

        Lo siguiente son los Ukemis.- Son importantes porque hay que recibir la/s acción/nes del compañero, y hay que recepcionarlas bien para poder responder adecuadamente, porque si no, el dialogo de los cuerpos se rompe y no se puede continuar con la comunicación, -más abajo amplio éste concepto-.

        Para que no pase esa situación poco deseable, es muy simple lo que hay que hacer: “tienes que olvidarte de ti y seguir al otro,” de ésta manera el intercambio nunca cesa y es creativo para ambas partes.

       Y por último, dejarse llevar.- La anterior frase es el comienzo de ésta acción, que es acompañar y fluir con el compañero allí donde él vaya.

        Dejarse llevar no se realiza porque interviene el pensamiento y nuestras resistencias, también por la división cuerpo-mente, la mente puede llegar a aceptar, pero el cuerpo se resiste, o viceversa.

        Muchas veces les digo a mis estudiantes que hemos olvidado la niñez, porque cuando nuestros progenitores-educadores nos llevaban de la mano, nosotros íbamos confiados allí donde nos conducían. Bien, en esta parte de la educación en el Aikido se retorna a esa niñez perdida, porque se confía y nos abandonamos en las manos del otro, y la razón de ello es que se parte de un acuerdo tácito de cuidarle, porque es el medio para evolucionar y transformarnos.

        ¿Cuánto dura ese tránsito inicial para disfrutar del Aikido?

        En líneas generales y en base a las experiencias en nuestro Dojo con una trayectoria de 36 años de docencia y aplicando nuestra metodología, hay una horquilla que va de 6 mese a 1 año, dependiendo del estudiante y el tiempo que dedique a la práctica, tanto en asistir a las clases oficiales, seminarios, intensivos como el realizar una mínima práctica personal después de clase.

        En ese tiempo se puede adquirir una base aceptable para disfrutar con la práctica del Aikido y catapultarse a estadios superiores.

        Veamos ahora ejemplos concretos por los cuales no nos dejamos llevar:

        No se aprende el rol de ser Uke.- Hay un concepto erróneo sobre en recibir el Ukemi, y es que se piensa que el trabajo de Ukemi es solo rodar, tanto hacia adelante como hacia atrás, esto es solo parte de la verdad, porque Ukemi también es aceptar, moverse, seguir, conectar, ceder, fluir, caminar… es algo muy amplio, que siempre termina al concluir la técnica rodando hacia adelante como hacia atrás, quizás por eso que se ve a simple vista se tiene esa idea tan limitada de él.

        Lo primero que tiene que hacer el novicio, -yo diría en el primer trimestre-, es consagrarse a aprender la técnica de esos dos rodamientos básicos, -que son para las técnicas de proyección-, junto con el Ukemi para las técnicas de control, porque son los que se van a utilizar cuando el compañero aplique el principio que ha explicado el Sensei.

        Esto tiene dos dimensiones:

        a) Hacerlo solo.

        b) Irlo integrando en la relación con el compañero.

        Son muy importantes estos dos aspectos y con ese orden de progresión, porque es muy usual que un alumno los haga bien solo, pero cuando práctica con el compañero tenga dificultad para aplicarlo.

        Como se puede ver, dentro de éste apartado hay una traba añadida cuando se pasa el primer estadio inicial.

        No liberar el cuerpo de tensiones innecesarias.- Por la carencia de técnica, por los miedos y por oponernos al compañero, creamos resistencia que nos impiden practicar con armonía, tanto propia como con nuestro colega.

        La primera manifestación de la rigidez es por nuestra propia condición física, de ahí que se planteen calentamientos que favorezcan la flexibilidad, cosa que muchas veces no se hace y eso va en detrimento del propio estudiante como de la técnica del Aikido.

        El siguiente paso es movernos con ductilidad en el espacio. En un gran número de veces nuestro movimiento es tosco y rígido porque es como si intentáramos empujar nuestro entorno en vez de unirnos a él y ser parte de él.

        Los miedos merecen un trato especial, porque no liberarse de ellos es un gran problema para dejarse llevar, vemos algunos ejemplos:

        No mover los pies, ya se vio más atrás que es un gran escollo, que a su vez se relaciona con otros elementos como pueden ser los Ukemis o los desplazamientos.

        Es la resistencia más típica cuando vemos a estudiantes noveles practicando, es su signo representativo.

        Inseguridad a la hora de hacer algo, da igual que sea un movimiento o una técnica. Siempre digo a mis alumnos que es preferible equivocarse pero tener resolución en la acción, -¡siempre con sensibilidad!-, porque actuar de forma dubitativa no ayuda al progreso.

        Por otro lado, estamos descuidando los aspectos internos de la disciplina y el fundamento de Nen (concentración, pensamiento-momento y unidireccionalidad de la mente) en Aikido.

        La aceptación del dolor a través de la respiración, el aliento es la base del Aikido y de la práctica, y tiene muchas dimensiones. La que nos ocupa ahora es cuando nos aplican una técnica de proyección o nos someten con las de control, si no se exhala se sufre mucho y nos podemos causar daño nosotros mismo. Ésta parte hay que trabajarla cuando se comience con los Ukemis, tanto en solitario como cuando los estamos integrando con el compañero.

        Luego, tanto el retenerla como no usarla adecuadamente nos crea resistencias y tensión en nuestro cuerpo como se vio más arriba, porque bloquea y dificulta el desenvolvimiento de nuestra anatomía. En nuestro Dojo lo primero que se aprende al entran en el Tatami es a respirar, porque se hace cuando se le explica al novicio el Rei inicial (el saludo para acceder y salir del tatami) para realizar el Keiko, a partir de ahí, todo es respiración: en el calentamiento, en los ejercicios preliminares, en la Waza (la técnica), en los ejercicios de vuelta a la calma como los del final, como por ejemplo Kokyu Ho (ejercicio del poder respiratorio) y Haishin Undo (distensión de la columna vertebral al finalizar la práctica del día para relajarla).

        No mejorar la coordinación corporal, el Aikido es un Arte excelente para desarrollar una gran coordinación corporal, porque está implícito en todos los elementos que componen su técnica de base o Kihon, como en sus estadios más avanzados, bien sean a mano vacía o con armas.

        El reto para el estudiante es utilizar su cuerpo siempre con cohesión, teniendo su centro de gravedad bien establecido, tanto en estático como en movimiento, de ahí que la educación física sea de vital importancia y ésta tenga su punto de partida en el calentamiento, para luego llegar a cada rincón del global de la educación que el Aikido ofrece.

        El Aikido de muchos practicantes bien merma, baja de calidad, o no se desarrolla por no tener una buena educación con su cuerpo. Se ve mucho en todos los entornos e independientemente del Aikido que realice, que la técnica no encaja por las carencias físicas de quien la ejecuta.

        Los movimientos sincopados son fáciles de observar y eso está íntimamente relacionado con no tener una buena coordinación corporal bajo un centro estable.

        El estadio de dejarse llevar es el primero que se tiene que alcanzar en nuestro Dojo nada más llegar el alumno, sin éste primer peldaño no se pueden realizar los otros: sólido, flexible o fluido, líquido y gaseoso.

        Es importante para el alumno novel, ver la importancia de ésta fase nada más comenzar, porque si no se cultiva y se realiza, después no se podrá comprender otras cosas superiores que contiene el Arte.

Ishana Pérez, Febrero de 2019.

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Los pequeños compromisos

“Los ladrillos de la construcción de un Dojo, son los pequeños compromisos de los estudiantes.”

        Hay muchas formas de contraer pequeñas responsabilidades que nos van a ayudar a construir nuestra formación en Aikido, la actitud es la misma que la del levantador de pesas, comenzando por pocos kilos para llegar a levantar un gran peso.

        Por otro lado está el disciplinarse, comenzar a dar orden a tu progreso, esto se relaciona con la responsabilidad porque de lo que se trata aquí es de cambiar actitudes, disponer de un espíritu emprendedor, generar o sumarse a sinergias constructivas, integrarse en un equipo de trabajo con ganas de superación y articular esfuerzos para lograr objetivos particulares y comunes, por lo tanto, si se quiere tomar la práctica del Aikido en serio, el compromiso en cualquiera de sus dimensiones se hace indispensable.

        Un estudiante comprometido consigo mismo denota confianza, seguridad, entereza y credibilidad, por lo tanto, refleja ante los demás una imagen de responsabilidad. Los pequeños compromisos no son solo el motor, sino también el combustible para nuestro arranque y avance hasta afianzarse en la práctica.

        Pero, ¿cuáles son esos pequeños compromisos que me van a ayudar a comenzar mi estudio en el Aikido?

        Voy a enumerar los más simples:

        Acotar el tiempo para venir a clase.- Es el primer paso ya perteneciendo al Dojo. Si uno decide hacer tres sesiones por semana, que es lo mínimo para que haya progreso, el llevar a cabo esa responsabilidad supone delimitar ese tiempo en la vida diaria, porque seguro, segurísimo, que si no lo hacemos, siempre nos van a salir al encuentro cosas que hacer para no ir a la práctica. Solo se podría faltar por una causa de fuerza mayor, y aún así, habría que tener en mente recuperar esa clase a la que no se pudo asistir por imperativo.

        Una forma de ver la responsabilidad de un estudiante, -también de recuperar lo impartido en la sesión que no vino-, es si pregunta o no a sus compañeros los contenidos dados en la sesión a la que no pudo asistir, y si hay una cosa relevante para su progreso, y de haberla, si la hace en su práctica personal de ese día.

        Ser puntuales a la hora de llegar al Dojo para realizar las clases.- Es el segundo reto a lograr, si por sistema llegas tarde, no tienes tu tiempo organizado, eso también nos lleva a que no tienes un espacio en tu vida acotado para tu práctica, y vas con estrés a todos lados.

       La puntualidad es en primer lugar disciplina y autorresponsabilidad para sí mismo, en segundo lugar, respeto hacia los demás.

        Ser constante en las clases.- El tercer desafío es ser persistente en las clases. Con la inconstancia o intermitencia es imposible avanzar por muy talentoso que seas, más que nada porque no tienes una progresión en el desarrollo del programa de estudios que se va impartiendo sesión a sesión.

        Por otro lado, tu motivación funciona en picos altos y bajos, y eso no te va a dar centro, todo lo contrario, estarás como una veleta movida por el viento de tu inestabilidad personal.

        El aseo previo y al finalizar las sesiones.- La higiene personal es otra forma de disciplina. El realizarla al comienzo te va desconectando de la actividad que has tenido durante el día, y te va encauzando para tener un mejor Keiko.

        También por respeto a los demás, no puedes indisponer a los compañeros a que no practiquen contigo por ser un guarro.

        La higiene del final es un gesto de sensibilidad, porque cuidas tu cuerpo después del esfuerzo, también denota públicamente tu predisposición para el aseo de tu persona. Nunca entenderé la “sensibilidad” de esos estudiantes que sudan practicando, terminan la sesión del día, llegan al vestuario y se poner la misma ropa con la que llegaron al Dojo sin haberse duchado.

        Hacer una mínima práctica personal de 10 ó 15 minutos después de las clases.- Es otra forma de autorresponsabilidad con tú compromiso en la formación. Por otro lado, llamas la atención del Sensei para que confíe en tu seriedad y te permita avanzar en la formación. Siempre y cuando seas capaz de seguir sus consejos al pie de la letra, porque de lo contario, te dará largas si no ve un interés real y acredites una buena actitud.

        Este tema está bien desarrollado en el artículo: Importancia y Beneficios de la Práctica Personal, disponible en nuestra Web.

aiki_publis_practica_personal.html

        Lo que sí quiero apuntar aquí, es que un pequeño esfuerzo como ese que se hace después de clase cada día, lleva a adquirir otros superiores, como por ejemplo: ampliar el Keiko a 30 min. o 1h. de estudio, el reto de afrontar un grado, establecerse en un nivel de desarrollo determinado, ver la importancia de los seminarios o intensivos, etc.

        Es interesante pararnos un momento en la definición de Keiko, que normalmente se traduce como entrenamiento, pero esa definición está en las antípodas de su significado real. Keiko contiene en si Renshu, Tan ren y Remma.

        REN significa modelar, trabajar la materia, en este caso nuestro cuerpo y mente, que son el medio tanto para la existencia como para la superación en el Arte. SHU: es aprender, de ahí que el Aikido como cualquier otro Budo no es un deporte, ni un pasatiempo, sino un proceso educativo de transformación, por lo tanto, según vamos aprendiendo nos modelamos constantemente e incansablemente. TAN: para el herrero es batir, martillar el hierro y templarlo, es decir, forjamos nuestro espíritu y nuestra técnica con nuestro trabajo y nuestro sudor, que en ello está implícito la honestidad y la determinación a la hora de afrontar nuestra práctica. Y por último REMMA, MA: es como pulir un diamante, darle brillo, ser esplendoroso. En el crisol de la práctica cotidiana reflexionamos, repasamos el pasado para pasar de un estado burdo a uno sutil o diamantino, y eso solo se puede hacer cuando se comprende y se realiza con el cuerpo.

“Agreguemos a Tanren y Remma esta noción que nos empuja a hacer cien veces lo que otra persona hace diez y mil veces lo que otra hace cien.”

Tamura Sensei.    

        Aceptar alguna responsabilidad en la administración del Dojo.- Si todos los estudiantes sacan provecho del Dojo para sus cuerpos, mentes y espíritu, es de bien nacidos corresponder en entregar algo a cambio, y que mejor cosa que las distintas capacidades o habilidades que se posean para el beneficio común.

        La gente quiere pertenecer a un Dojo tradicional, pero en la mayoría de los casos no están dispuestos a pagar el precio que eso supone, -y no me refiero a algo económico-, si no al compromiso con la comunidad, todos trabajando y funcionando en un proyecto común y cada uno aportando según sepa y pueda.

        Aquí habría que llamar la atención sobre la necesidad de ser proactivo en la comunicación interna del Dojo, eso facilita el trabajo y la organización por parte de los responsables en cualquier actividad, bien sea ésta de enseñanza, coordinativa o lúdica.

        Coordinar una actividad lúdica.- ¿A quién no le gusta la fiesta?

        El hacer una empresa de este tipo, es una buena forma de comenzar a adquirir responsabilidades fáciles en un Dojo y ver su mecánica organizativa. También tomar consciencia de que todo cuesta trabajo y esfuerzo, aunque no se vea a simple vista, es decir, el Ura de las cosas.

        Esto trae como consecuencia el valorar el trabajo que otros hacen para ti, y a buen seguro, cuando experimentes el esfuerzo que supone realizarlo, la actitud va cambiando para arrimar el hombro cada vez que se precise.

        Ayudar en la organización de un seminario, intensivo, viaje de estudio…- Aquí ya es una empresa más grande y hay que tener un rodaje previo porque son muchos los campos a cubrir.

        También es importante aprender de la experiencia de los más veteranos, porque nos van a revelar posibles zanjas donde no debemos caer en la organización de un evento de esta categoría.

        Las tareas a abarcar en este apartado son numerosas, para ello se puede consultar la obra: Metodología para la Formación en el Arte del Aikido, donde se dan detalles a la hora de organizar eventos en un Dojo.

        Ya lo dice el proverbio de Lao Tse:

“Un viaje de mil millas comienza con el primer paso."

        Y éste otro de Paulo Coelho que dice:

“Incluso un camino sinuoso, difícil, nos puede conducir a la meta, si no lo abandonamos hasta el final.”

        Si hay algo sinuoso de andar es la Vía del Budo, y en nuestro caso del Aikido, pero el secreto radica en seguir, es decir, tener Irimi. Son muchas las veces que me quejo a mis estudiantes de que en determinadas situaciones no tienen Irimi (y no son situaciones técnicas, puede ser decir: sí, no, voy, no voy, lo hago, no lo hago, etc.), generalmente las personas creen que la actitud de penetrar-avanzar solo se hace en la Waza (la técnica), indudablemente esto solo pasa por ser novel en el Arte del Aikido, o si se es veterano, no haber comprendido bien el sentido de Irimi.

“No temas ir despacio, solo teme no avanzar.”

Anónimo.    

Ishana Pérez, Enero de 2019.

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