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Índice de Editoriales 2020.

Ser capaz de salir del rebaño Practicar, leer y reflexionar La decadencia del alumno veterano La chispa    
La descarga emocional ¿Cuándo me divierto en Aikido? El descubrimiento Los diferentes enfoques de Ippan Keiko ¿Pensar o sentir – percibir? Las distintas dimensiones



Índice de Editoriales 2019.
Los compañeros Evolución y emoción Las contradicciones ¡Tú te tienes que adaptar a él! El valor para cambiar La presencia
¿Niveles o no niveles en la educación en Aikido? ¿Por qué hay que venir a clase todos los días? El sentido del ejercicio. Si dejas de practicar, el cuerpo deja de aprender. El gran problema de no dejarse llevar en Aikido. Los pequeños compromisos.





EDITORIALES 2020Editoriales 2020   

        

Ser capaz de salir del rebaño

“El que ha superado sus miedos será verdaderamente libre.”

Aristóteles.    

        Para salir del rebaño y ser libre es imprescindible perder el miedo, porque “La libertad es absolutamente necesaria para el progreso en la ciencia y en las artes liberales.” Baruch Spinoza, entonces, ¿cuál es ese miedo que tienen muchos aikidokas para ser independientes y autónomos en sus Dojos?

        La pregunta tiene varias respuestas, en función de la posición en que se encuentre un aikidoka, y solo hay dos condiciones:

        La del formador, que en ese caso:

        Tiene miedo a dar el salto para emanciparse e incorporar la independencia en su vida como docente responsable, porque “La verdadera libertad es imposible sin una mente liberada por la disciplina.” Mortimer J. Adler. Cuando se tiene ese temor, significa que su formación técnica ha sido deficiente, que la ha ignorado, no la ha practicado o no se ha preocupado de cultivar los valores que el Aikido le ofrece.

        Miedo por estar mal formado como docente y no poseer los recursos y los conocimientos suficientes como educador para conducir a sus alumnos.

        Miedo por no tener contenido y dar más prioridad a la imagen, es decir, prefiere presumir de ser miembro de una organización cualquiera y le da igual que sea mala, pero lo que realmente persigue es la obtención de los grados de dicha organización, en vez de tomar la responsabilidad que le corresponde como formador consecuente para afrontar y reconocer él mismo las cualificaciones y los niveles de sus alumnos.

        Miedo por no ser capaz de crear una estructura que avale los conocimientos que transmite, prefiere que otros extraños valoren y certifiquen su trabajo, -en la mayoría de los casos sin conocerlo-, pero debe saber que “La libertad es la voluntad de ser responsables con nosotros mismos.” Friedrich Nietzsche. Muchas veces, -yo diría casi siempre-, se sigue la estructura de una organización con la cual no se está de acuerdo, como por ejemplo: con la administración que posee, el pases de los grados, el trabajo técnico, que se vea a simple vista que no es buena y que no funciona, o también puede pasar, que sea un negocio puro y duro totalmente ausente de Do, pero se carece del coraje para crear una estructura organizacional propia de calidad, es decir, se opta por abandonarse por completo para ser un vago integral, pero “El ser vago es una postura ante la vida que siempre acaba teniendo fatales consecuencias.”

        Miedo al reto de la superación continúa, porque siempre es más cómodo depender de otros aunque te instruyan mal, aunque no atiendan tus necesidades, tampoco se molestan en asesorarte para que funciones mejor, no te visitan para ver y comprobar tu realidad, no se relacionan contigo, etc.

        La superación implica un compromiso sólido con el Arte y con la Vía, y no todo el mundo quiere y/o puede asumir esa responsabilidad, porque en el caso de un formador cumplidor es tener una práctica personal que vaya aumentado su caudal de conocimientos cada día, una revalidad constante en los contenidos que imparte, una mejora de su/s método/s y procedimiento/s para transmitir los conocimientos del Arte y un refinamiento continuo de su técnica tanto externa como internamente. Todos estos apartados implican tener una alta responsabilidad avalada por un progreso continuo de superación, y los que toman consciencia de la empresa en la que se han metido, en una gran mayoría optan por el miedo inmovilizador en vez de inclinarse por aceptar el reto para superarse.

        Miedo pusilánime a las responsabilidades, quiero decir, no se posee un compromiso serio para dirigir un Dojo con todas sus implicaciones, lo que suele pasar con la mayoría, es que reducen su obligación en ponerse delante de las personas que han depositado la confianza en él para hacer figuras en el espacio día tras día sin aportar una verdadera educación, así que desconoce que “Debemos estar dispuestos a pagar un precio por la libertad,” H. L. Mencken, que en éste caso, es tener la predisposición, el tiempo y los conocimientos, para trabajar muchísimo para los alumnos mejorando constantemente su nivel, como la estructura de su escuela para caminar hacia la excelencia.

         La segunda posición es la de alumno practicante, en ese caso:

        Miedo a salir de la zona de confort que controla y en la cual está muy cómodo, pero no es capaz de percibir que “Los que no se mueven, no se dan cuenta de sus cadenas,” Rosa Luxemburgo, por eso siguen dependientes, inmovilizados y esposados a entornos que no les permiten crecer, y eso pasa simple y llanamente porque no se molestan en conocer lo que hay a su alrededor.

        Miedo para asumir retos para formarse correctamente, ya no solo por apatía propia, también habría que sumar las mínimas exigencias de donde estudia, la suma de las dos está claro que certifica una educación bastante desastrosa como vemos actualmente en una inmensa mayoría de aikidokas.

        Miedo a ser responsable de sus actos, y por lo tanto, no ser capaz de empoderarse en su educación.

        Miedo a perder la complacencia del grupo, aunque éste tenga un trabajo y una organización pésima y deplorable. También la poca predisposición y la nula curiosidad para visitar otros entornos rigurosos donde se forman sólidamente a los estudiantes, también habría que añadir, que aun conociendo esas escuelas, su incapacidad de dar el salto para formarse con ellos, así que desconoce que “Nuestra libertad se puede medir por el número de cosas de las que podemos huir,” Vernon Howard, y hoy en día nadie puede decir que no tiene información de lugares para formarse y practicar de forma rigurosa, dados los medios disponibles en la red.

        Todos estos miedos y muchos más, conducen a las personas a pertenecer a organizaciones con la presunción de ser practicantes libres, y que a priori van a “resolver” todas sus carencias en su educación, o que les van a formar bien. Las personas que deciden pertenecen a una asociación sin haber reflexionado sobre ella y haberse planteado y replanteado sus postulados, están sometidos a una fuerte presión porque no disponen de información que avale su decisión de forma consciente y libre, convirtiéndose con el tiempo en un ente diminuto y productivo para el rebaño, y muy abocado a la mediocridad, porque su única finalidad termina siendo la de complacer a los dirigentes del rebaño y anulando consciente o inconscientemente sus potencialidades como persona y como aikidoka, es decir, ¡ser un esclavo voluntario de dichas corporaciones! Pero lo que no saben es que “Nadie está más esclavizado que aquellos que falsamente creen que son libres,” Johann Wolfgang von Goethe, por pertenecer a dichas congregaciones sin realizar previamente un análisis de las condiciones para formarse en ellas.

        Dentro del mundo del Aikido digamos que en líneas generales hay 2 tipos de perfiles, los aikidokas superiores, y los aikidokas del rebaño, éstos últimos son los más que abundan desgraciadamente.

        ¿Quiénes son los aikidokas superiores y quiénes son los aikidokas del rebaño?

        Los aikidokas superiores son todos los que:

        Tienen una alta capacidad de control sobre sí y sobre sus decisiones, y buscan evolucionar a través de la práctica sincera y constante.

        Le gusta profundizar en el Arte a través de la investigación y de la exploración perseverante para adquirir el conocimiento.

        Tiene un proyecto de vida, -me refiero en el ámbito del Aikido- sólido, -porque hay un sistema ordenado y estructurado para evolucionar que da soporte y reconoce su esfuerzo-, unificador, -porque los beneficios son siempre comunitarios y circulares: Sensei-alumnos-compañeros-simpatizantes-Dojo-entorno y creativo, -porque se promueve y se realiza una educación holística-.

        Siempre tienen objetivos marcados para avanzar en su proceso de transformación, y eso avala y refuerza su compromiso y su motivación.

        No buscan una gratificación instantánea, sino que todo su hacer está volcado a largo plazo, con un sentido de sumar y de aumentar el caudal de conocimientos para el beneficio de toda la comunidad de aikidokas.

        Buscan la soledad transformadora, porque comprenden que la única forma de avanzar es realizando primeramente un cambio propio, porque “La excelencia implica pasar tiempo en la soledad para cultivar las dotes intelectuales y espirituales que el rebaño desecho de antemano. Además la soledad aporta un componente tan indispensable como virtuoso: la autonomía.” Nietzsche.

        La independencia es su bandera, descartando cualquier crítica banal, sin fundamento y máxime si es realizada por alguien que carece de autoridad en la materia, que en Aikido abundan muchos personajes así aunque lo “practiquen”.

        El querer ser un aikidoka superior, no significa que se quiera ser el único y el mejor del mundo, lo que se persigue es pertenecer a esa comunidad de practicantes que destacan por su buen hacer, por su rigor y por sus aportaciones constructivas allá donde estén, porque “Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos,” Juan Donoso Cortés, ¡que no es creando una nueva organización! Porque seguro que terminará degenerando como las actuales. De lo que se trataría es que cada cual en su parcela realice una labor muy rigurosa en su Dojo y con su enseñanza, es decir, “es la actitud constructiva que proyecta un individuo en favor de un colectivo,” luego, todo se expande exponencialmente solo. Este mismo proceso pero al revés, es lo que ha pasado con los que han desvirtuado el Aikidos actualmente, así que lo que tenemos que hacer es revertir el sistema utilizando la misma técnica pero con un enfoque más cabal y en positivo, porque son tiempos donde somos minoría, por eso es importante alejarse de los que solo tienen fachada y proyectan cortinas de humo para embaucar a las personas, por muy buena maquinaria publicitaría que tengan detrás o remonten sus orígenes a un periodo de tiempo ancestral.

        No importa que se tenga un Dojo pequeño, humilde y con pocos estudiantes, lo que realmente cuenta es cómo lo diriges, el tiempo que le dedicas, cómo lo tienes estructurado, la calidad con la que impartes tus enseñanzas, la transparencia que tengas en la misma, el nivel organizativo que poseas, los valores que tienes y a los que aspiras, el nivel de desarrollo que se quiere conseguir a corto, medio y largo plazo…, eso es lo que realmente vale y valora un aikidoka superior, en cualquiera de las dos posiciones, en la de formador responsable y en la de estudiante comprometido.

        Todos estos aspectos son muy satisfactorios, porque en cualquier momento que se haga balance, se sentirá una gran serenidad porque la consciencia está tranquila, una firmeza con reafirmación en lo que se hace, un orgullo y satisfacción por lo producido hasta el momento, y siempre con miras y motivación para afrontar un futuro más prometedor, independientemente de las dificultades que puedan salir al encuentro, eso es superable simple y llanamente porque eres libre para actuar y mejorar constantemente sin depender de otros, porque “La educación es la llave para abrir la puerta de oro de la libertad.” George Washington Carter.

         Los aikidokas del rebaño son:

        Un tipo de individuo muy mediocre en todo lo que hace, y con unas altas dosis de egoísmo, solo piensa en él y en su beneficio.

        Su concepción del tiempo es corta, todo lo quiere para anteayer.

        Su estructura mental es perezosa y muy conformista porque nunca sale de su zona de confort.

        No es nada creativo, sigue la corriente establecida por el rebaño, porque implica no esforzarse para alcanzar logros en su “educación,” porque sabe que van a venir con el tiempo, -normalmente los tiempos son cortos para recaudar más en el negocio y tener muchos más miembros en el rebaño,- también porque sabe de antemano que por el hecho de pertenecer a tal o cual organización las cosas llegan dadas. Éste tipo de comportamientos es la clase de narcótico que utilizan esas corporaciones con el objetivo de lucrarse y exprimir a sus miembros.

        No cultiva valores positivos que moldeen y enriquezcan el carácter, todo lo contrario, los que cultiva son los que le hacen ser más espeso y más negativo o completamente indiferente.

        Los 5 puntos anteriores muestran un primer perfil dentro del rebaño, que a su vez, da pie a otro espécimen curioso, y es el que desarrolla un comportamiento de esclavo, que se caracteriza por comportarse como un ser débil, adulador, pelotero, enfermizo mentalmente y pesimista, “Hay entre todos los hombres, como en el resto de las especies del reino animal, un exceso de sujetos enfermizos, degenerados y fracasados que cuyo único destino posible es el sufrimiento. Los casos de éxito son la excepción, no la norma.” Nietzsche.

        Otro de sus “valores” es envidiar a todos los que no están atados como él (que no pertenecen a su organización), esos resentimientos le llevan a usar su “poder” para boicotear y sabotear a los que son libres, porque se quiera o no, siempre se va a coincidir en un marco, bien sea local, regional, nacional o internacional.

        Otro rasgo distintivos de los esclavos, es que se asocian en comunas de poder (asociaciones regionales o nacionales), con la presunción de derribar a los que son libres y autónomos, pero lo que no saben ¡porque no dan para más!, es que lo que van a generar en ellos es más esclavitud y más ruina personal, por su rabia, por su impotencia, por su insignificancia e ineptitud, que encubren antes sus acólitos con mensajes decadentes, limitantes y debilitantes, los cuales inoculan constantemente a sus miembros camuflados como altos principios, “No existe moral más perniciosa que aquella que despoja al hombre de sí mismo obligándole a convertirse en un ser decadente.” Nietzsche.

        La frustración del esclavo le lleva a desacreditar a otros constantemente, con el único fin de sentirse mejor consigo mismo, es tan miserable que se regodea dentro de su propia basura para “ser algo” y sentir que es “alguien,” algo totalmente alejado de los principios, de la educación y de la filosofía que avala al Aikido.

        Un disfraz que suelen ponerse muchos estos esclavos, es el de “instructor” que otorga con voluntad divina los dones de los grados, en los cuales él mismo es un completo inepto, porque en el 99 % de los casos, los ha adquirido por recomendación política y/o por ser un tiralevitas sin hacer meritos que demuestre su dominio y conocimientos sobre ellos. Otra prueba que suele ser determinante de su incompetencia, es cuando hacen el paripé de realizar un seminario de fin de semana para “instruir” cómo se debería hacer las técnicas para el pase de grado, -¡según su criterio adulterado, claro está!- Antes de examinar a sus alumnos que da vergüenza ajena verle trabajar y llamarle aikidoka, porque la práctica - estudio de los mismos es inexistente para los miembros del rebaño.

        Cuando se ven comportamientos de este tipo, está claro que vamos a la ruina y a una muerte segura del Aikido, quiero decir, lo que recibió ese personaje ya estaba mal, y no se ha molestado en mejorarlo, así que lo que hace es impartirlo peor de lo que él lo recibió, porque “Por sí mismas, las cosas tienden a ir de mal en peor,” 5º Ley de Murphy, y las nuevas generaciones que son depositarias de esos “conocimientos” ya los absorben adulterados y corrompidos, está claro que solo hay una dirección posible trabajando de esa manera, y es la extinción y la desaparición de la disciplina al hacer mal el proceso para mejorarla y refinarla, porque hay que recordar que “En lo que piensas, te conviertes. Lo que sientes, lo atraes. Lo que imaginas, lo creas.” Buda.

        El esclavo es un inadaptado al mundo del Aikido, -aunque se llame aikidokas-, más que nada porque es un universo que no puede y no alcanza a comprender por su miserias y su baja vibración mental, es decir, no llega, le queda muy grande, está en él por una serie de coyunturas y avatares, -normalmente relacionados con la política y con el mercantilismo-, en vez de haberse introducido por un impulso vital en la búsqueda de un Do y de una mejora personal.

        La mentalidad del rebaño es muy peligrosa, -y me remito a lo que hay hoy en día en el mundo del Aikido mayoritariamente-, porque posee un ingrediente que se usa hasta la saciedad y que funciona muy bien, y es la alta capacidad de persuasión para seducir a personas de buena fe y que realmente están interesadas en desarrollarse tanto en la filosofía, en la técnica, como en los valores que el Aikido les puede aportar a su vida. Por otro lado, los que dirigen el rebaño andan detrás de estas personas valiosas con capacidades altamente desarrolladas, para que sirvan a sus intereses expansivos y que sigan engrosando sus pingües beneficios para ellos.

        En la congregación del rebaño se huye y se rehúyen los valores de la excelencia: respeto, integridad, justicia, comunicación, transparencia, cooperación, creatividad, determinación, planificación, orden, pensamiento crítico, pensamiento positivo, etc., no tienen cabida esos valores en su funcionamiento, y de hecho, es a lo que más temen, porque los que los ejercitan desmontan de un plumazo toda su estructura construida a base de humo, es como si entrara un huracán en una habitación llena de humo, la barrería por completo en un instante, porque las cualidades que ellos esgrimen es el conformismo, la mediocridad y el adocenamiento, de ésta manera truncan a cualquier persona para que alcance una versión autentica de sí misma a través del Aikido.

        Una manera de comprobar cómo quieren alienar los componentes del rebaño a los que se acercan a ellos, es mirando las exigencias que piden para el crecimiento en la disciplina que ellos imparten, yo las llamo las exigencias del supermercado, porque son a gusto del consumidor, al alcance de la mano, donde todo es fácil de lograr sin que haya rigor, completamente ausente de esfuerzo, y donde hay un amplio surtido de grados siempre a precios rebajados para sus satélites, pero eso es construir una “Sociedad (de aikidokas) que está decayendo hacia un prototipo de personas más cómodas, conformista, indiferente, ignorante, endebles, miedosa y mediocre. Esta es la mayor de las fatalidades.” Parece como si Nietzsche fuera un aikidoka despierto y estuviera analizando y describiendo a una organización actual de Aikido.

Ishana Pérez, Octubre de 2020.

 Editoriales, artículo y libro relacionado con la editorial:

        

    ¿Quién da el grado en Aikido?

    ¿Niveles o no niveles en la educación en Aikido?

        

    ¿El grado, en el cuerpo o en el papel?

        

    Genealogía de la Moral de Friedrich Nietzsche.

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Practicar, leer y reflexionar

“La lectura es a la mente lo que el ejercicio es al cuerpo.”

Joseph Addison.    

        Cuando un estudiante es aceptado en nuestro Dojo para que inicie su educación-formación en Aikido, dentro del protocolo de integración que se le hace entrega, siempre va acompañada de una recomendación: “Debes dedicar un tiempo (el cual es a elección por el alumno), bien a la semana o al mes para leer y reflexionar sobre el Aikido.”

        Por otro lado, si son aceptados para formarse en los grados de Kyus como en los Dan, en el caso de los primeros tienen una lectura obligada en cada nivel, que aparte de realizarla, antes de proceder al examen técnico deben de hacer un trabajo sobre lo leído, el cual se le puntúa como el realizar un principio técnico correcto en su nivel.

        Pero, ¿Por qué es importante que se lea sobre el Budo y el Aikido en particular?

        La pregunta se contesta por sí sola con la cita del comienzo, pero aún así, lo voy argumentar con quince razones de peso:

         Para conocer la tradición que ha precedido en Aikido.- Uno de los problemas en líneas generales de muchos aikidokas, es que leen poco y reflexionan menos, lo cual no es bueno para su evolución, porque fácilmente se convierten en aquello que siempre digo de ser un analfabeto funcional.

        Es de obligado cumplimiento ético conocer los escritos de la tradición, por ejemplo, un aikidoka que no conozca la biografía de O Sensei es una gran falta y una enorme fisura en su formación, porque desconoce el origen del Arte que practica.

        Por otro lado, están los textos técnicos de su corriente de Aikido, que aquí se tiene que incluir los metodológicos y los de planificación de todos los contenidos didácticos que se imparten en su Dojo, y no está demás, que se lean las ajenas, eso da unas miras y un enriquecimiento mucho mayor.

        Un capítulo especial son los clásicos de la tradición, que sí o sí hay que leerlos y reflexionarlos, por ejemplo: Sun Tzu, Yagyu Munenori, Miyamoto Musashi, Takuan Soho, Hagakure, Tao Te King, etc.

         Para promover la curiosidad de conocimiento.- La curiosidad es uno de los elementos esenciales cuando se aborda el proceso de Ha , que es un complemento a la práctica-investigación sobre la Waza, la lectura es un elemento fundamental para apuntalar dicha investigación.

        A veces con la lectura se importan cosas al trabajo técnico, y en otros casos, la técnica provoca que tengamos que leer para descubrir, aclarar o concretar “eso” que nos faltaba para comprenderlo mejor.

         Para estar informados.- No poseemos toda la verdad, el documentarnos con otras aportaciones y visiones es muy importante para afianzarnos en nuestros conocimientos, para enriquecernos, para resolver un problema concreto, ver otras formas de afrontar lo mismo que estamos desarrollando, o también, como aportación al bagaje ya existente del conjunto de bibliografías publicadas sobre el Aikido, todo esto crea cultura en la disciplina.

        Hay que llamar la atención con tener mucho cuidado con la desinformación, -que hay mucha en Aikido desgraciadamente-, más que nada porque hay cosas que no se hacen bien por carecer de un conocimiento cabal, de experiencia testada o de rigor al investigar.

         Para estimular la imaginación.- La imaginación es el elemento de la creación y de la mejora en el Arte, tanto en periodo de formación, como cuando ya se esté afianzado en ella y toque transmitir lo heredado, en estos casos se hace prioritario haberla cultivado, por ejemplo, cuando hay que diseñar la estructura y la dinámica para planificar las clases, los seminarios, los intensivos o tú práctica personal; abordar un trabajo técnico desde distintas perspectivas para ver sus relaciones y sus cosas comunes; el presentar diferentes enfoques de un mismo principio para tener una visión de conjunto más amplia; adentrarse en desgranar los aspectos filosóficos y como se llevan a las técnicas para hacerlas practicas o efectivas, etc.

        Para que sea rentable y rigurosa, tiene que estar avalada por una buena formación, y una parte de ésta es la lectura.

         Alimenta la inspiración y hace que surjan ideas o asociaciones.- Muchas veces uno está leyendo tal o cual cosa, y salta la chispa de: “¡Jooo! Puedo hacer esto de ésta o de ésta otra manera,” en otros casos, uno se da cuenta del vínculo entre esto y lo otro, etc.

        Por otro lado, está el entusiasmo que puede producir la lectura y que va alimentar nuestra motivación, que es un carburante muy importante para la formación y la superación en la disciplina.

         Desarrolla la identificación.- Cuando lees sobre alguien o algo que te inspira, tú quiere ser igual que eso que te ilumina, es un poder de la mente para avanzar en la educación, dado que se aspira a poseer y a fundirse con lo que se desea.

        La identificación dentro de la práctica se asocia con observar, copiar, imitar y repetir, que es el fundamento del Keiko, y es completamente aplicable a cuando leemos algo para luego aplicarlo en nuestro hacer.

         Activa nuestro cerebro, por lo tanto, despierta vías neuronales.- Es un hecho comprobado que la lectura estimula la actividad cerebral y fortalece las conexiones neuronales, a si que conecta y refuerza la comunicación entre neuronas. La sinapsis no solo se activa con el movimiento corporal, también se hace con la lectura y la imaginación de lo leído para luego ponerlo en práctica.

         Nos hace conocer, recordar y aprender.- Un ejemplo de eso es leer sobre el proceso de un grado que se quiere afrontar, porque primero hay que informarse sobre la metodología y la planificación que se va aplicar en dicho proceso, luego, recordar lo que se leyó, para finalmente aprender a desarrollar el programa de estudios. Voy a poner parte del listado de los contenidos de los que constan nuestros cuadernos de estudios en los grados de Kyus, para que se comprenda bien lo que quiero decir:

        Las partes de las que constan la clase de estudios, las partes de la que se compone el estudio, las condiciones para coger los apuntes, los apuntes se deben de componer de…, las condiciones para estudiar correctamente, los valores que se desarrollan en el estudio, los pasos para el estudio, las condiciones para mejorar la concentración, la estrategia ante los exámenes, los estadios en el estudio, la estructura de la planificación del estudio, las sesiones de estudio, etc.

        Todos estos apartados cumplen con: conocer, recordar y aprender para superarse en la formación con cada nivel logrado.

         Nos permite conocer nuevos enfoques y descubrir mejores formas de evolucionar.- Como apunté antes en estar informados, es importante ver otras visiones, otras formas de afrontar las mismas dificultades, eso es un enriquecimiento como aikidokas tremendo, también nos puede llevar a mejorar nuestra técnica, nuestro método y nuestras planificaciones, porque hay que tener una idea clara si se es un formador responsable, como si se es un alumno aplicado, ¡constantemente hay que buscar la excelencia! Y esa búsqueda es lo que da respetabilidad al aikidoka y al Aikido.

        10ª Nos ayuda a conocernos mejor.- La lectura nos hace ser reflexivos sobre nuestras actitudes, sobre nuestros comportamientos, de cómo enfocamos la práctica, de nuestros valores, etc., eso promueve un autoconocimiento que sin duda ninguna nos proyecta a un futuro de logros continuos.

        Muchas veces llamo la atención sobre la acción sin consciencia en la práctica, con el aspecto de la lectura es igual, porque si aquello que se lee no deja una impresión en nuestro interior, que a su vez va a estimular otra serie de cosas en la evolución, la lectura no es rentable al igual que tampoco lo sería la práctica. Hay que tener en cuenta, que a veces hay que releer lo mismo varias veces, -porque quizás de entrada uno no se impregno de lo que se quería expresar-, como en distinto momento de la evolución, porque el entendimiento cambia y es más profundo con la experiencia, muchas veces uno no ve cosas más sutiles porque no ha llegado el momento de maduración.

        11ª Hace que podamos compartir, recomendar e interactuar con otros.- Los tiempos en los que vivimos es ideal para compartir, recomendar e interactuar por todos los medios de los que disponemos, eso es una gran riqueza y una ayuda inestimable para ayudar a los que tienen dificultad en un determinado campo, como a los que tienen menos conocimientos.

        Lo audiovisual es maravilloso, pero no tiene la penetración de la explicación del texto escrito, es como la comunicación con los jeroglíficos, nos llega el impacto visual de la figura, del símbolo, que está bien, pero donde esté un abecedario que da paso a un lenguaje rico y prolífico en matices, que a su vez estimule nuestra imaginación, no tiene comparación.

        12ª Ayuda a comprender mejor el vocabulario y los términos de la disciplina.- Lo he dicho muchas veces y seguiré insistiendo en ello, si no se controla la terminología del Arte, la formación no se realiza de forma correcta, y para que se haga de la forma apropiada, la parte teórica es importante, que a su vez se complementa con la práctica.

        13ª Ayuda a trabajar los aspectos internos de la disciplina.- Los aspectos internos del Arte son el 50% de la formación de base, y la lectura contribuye a su desarrollo, veamos los más significativos:

        Aumenta la concentración que nos va a ayudar en todo lo demás que hagamos, porque es un aspecto importante para la práctica.

        Aumenta la abstracción, dado que es importante porque ayuda a focalizarnos en un determinado aspecto, bien sea porque haya que desarrollarlo o porque haya que corregirlo, por otro lado, nos ayuda para el refinamiento de los sentidos y el dominio sobre los mismos.

        Mejora la atención, y eso hace que desarrollemos más la capacidad de concentración para aplicarla en otras facetas cuando nos estemos ejercitando, analizando o estudiando un tema concreto.

        Mejora la capacidad de escucha, lo cual se correlaciona, -entre otros aspectos-, con la captación en la explicación central, o cuando el Sensei nos instruya personalmente.

        Mejora la memoria, que es importante para que haya una formación más completa, porque hay que recordar muchos aspectos de la disciplina para aplicarlos.

        Mejora el razonamiento, porque ayuda a ordenar y relacionar los distintos aspectos del Arte y del Budo, lo cual nos lleva a poseer razones y argumentos para establecernos en el Aikido con más propiedad.

        Desarrolla la constancia y el hábito, aspectos importantes para evolucionar y superarse constantemente.

        14ª Es el germen de futuras investigaciones.- Cuanto más se lea mejor se escribirá en tiempos venideros sobre el Arte con autoridad y con rigor. Por otro lado, ayuda muchísimo a ser sistemático y experimental.

        15ª Nos permite crecer como personas y como aikidokas.- No se puede ser un paleto en el Arte, hay que aspirar a educarse de forma refinada y culta, el hecho de leer va puliendo todas esas aristas rudas que el estudiante posee, adentrándose en otra dimensión más humana.

        El significado de Keiko es “reflexionar, repasar el pasado,” revisar el pasado no es solo recapacitar sobre lo que se ha leído para extraer conclusiones que impulsen nuestro progreso, sino también meditar profundamente sobre lo que se ha realizado en la práctica, en sus dos vertientes, la que se hace con un compañero y la que se hace individualmente, ese es el verdadero significado para ejercitarnos en el Keiko.

        La lectura es un gran compañero de viaje para el budoka, del cual no nos debemos nunca separar, y debemos esmerarnos el cultivar ese vínculo tan benefactor para el practicante.

        Una de las primeras cosas que se instauró en nuestro Dojo fue la biblioteca, que está siempre a disposición de todos los estudiantes de la escuela, porque la consideramos una parte tan importante como podría ser el plan de estudio técnico.

        Como decía Epicteto de Frigia, “Sólo el hombre culto es libre,” así que no solo hay que ser libre de la técnica cuando llegue ese momento, sino también con nuestro pensamiento cultivado.

Ishana Pérez, Septiembre de 2020.

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La decadencia del alumno veterano

“La decadencia no implica una vuelta al pasado; implica una condena al presente.”

Santiago Kovadloff.    

        Las ventajas de la veteranía son muchas y muy importantes en un Dojo, de hecho, marca la madurez del mismo por el número de alumnos veteranos que haya practicando.

        No todos los alumnos quieren y sirven para la docencia del Aikido, muchos solo les apetece ejercitarse en él sin más y seguir perteneciendo al Dojo que les formó, de éstos es de donde se nutre una escuela de alumnos maduros en la disciplina.

        Un alumno experto es una pieza de gran valor y apoyo para los Sempais asistentes de un Sensei, ya que con su bagaje siempre puede ayudar y dar sostén en muchas áreas, lo cual es un comodín excepcional para cualquier empresa que se realice y para que tenga éxito.

        Una de las funciones de los veteranos es la de hacer de guía de los estudiantes nuevos, darles sustentación e integración en la escuela para que su aprendizaje se realice con las mejores garantías de calidad y de éxito posible.

        Otro de los cometidos es velar por el orden y la organización del Dojo, es decir, participar en su administración, por lo tanto son ideales para los cargos de responsabilidad por su experiencia a lo largo del tiempo y ser conocedores de todos los entresijos en base a las experiencias vividas a lo largo del tiempo.

Cualidades que debe poseer un alumno veterano:

        Ser leal a su Sensei.

        Es obvio que sin ese principio se está predispuesto siempre a ser disruptivo, lo cual en vez de ser un beneficio, va a ser un gran perjuicio para toda la comunidad.

        Ser estimado y respetado entre sus compañeros.

        La clave para ello es ser empático, por lo tanto, el respeto y la estima se consigue con la generosidad y la predisposición para ayudar a los demás a progresar.

        Demostrar constantemente un alto interés por el Arte y por la superación en el mismo.

        Lo que realmente cuenta y da inspiración a los que nos miran, es el ejemplo que se da con nuestras acciones, porque predicar solo con la palabra sin la acción coherente es un descrédito constante.

        Que sea firme en su compromiso, para dar ejemplo a los alumnos noveles.

        Si uno les dice a los demás que hay que ser constante para progresar, lo primero que hay que hacer es dar ejemplo de eso, tanto de constancia como de progreso, porque si no, no vamos a ser creíbles.

        Que respete al Sensei, a los Sempais y a los estudiantes nuevos.

        La palabra respeto viene del latín respectus y significa “atención” o “consideración”, y a su vez incluye miramiento y deferencia, cualidades indispensables para, primero, crear una buena actitud interior, y segundo, para generar una atmosfera que posibilite una buena relación con los demás.

        Que respete a la tradición que representa.

        No solo hay que tener en cuenta a los presentes, también hay que contar con los ausentes, porque por sus acciones nos encontramos en el actual presente. El no respetar y honrar la tradición es otro avocamiento a ser disruptivo y por lo tanto, mal agradecido.

        Que posea habilidad y conocimientos para ayudar a sus compañeros con la técnica.

        Da mucha lástima ver a un veterano que con el paso del tiempo en vez de haber, perfeccionado, refinado y sublimado su técnica, lo que han hecho, -por su dejadez-, es dejarle dudas, mucha incertidumbre, y poca sensibilidad junto con unas grandes dosis de ser chusquero. Está claro que esto es una forma muy fácil de que sus compañeros noveles no le valoren, y de que su Sensei se pregunte, ¿éste es el resultado después de tanto tiempo y de tantos esfuerzos puesto en esta persona?

        Los alumnos veteranos son una gran ayuda para el Sensei a la hora de que los novatos progresen, y se agradece mucho porque se multiplica los resultados y las metas en función del número de veteranos que haya en una clase practicando. Otro aspecto a resaltar, es que cuenta mucho en las dinámicas en una clase o en el transcurso de un curso, eso se comprueba cuando hay más alumnos experimentados practicando, que cuando los principiantes superan a los estudiantes experimentados, en el primer caso hay mucha fluidez y el ambiente es muy estimulante, en contraposición al segundo caso, que los novicios hacen que se retrasen mucho más las dinámicas, cosa por otro lado normal porque sus conocimientos de momento no dan para más.

        Pero, ¿por qué se degenera un alumno veterano?

        La decadencia es el declive o el principio de la ruina de alguien que pierde el interés y las ganas por evolucionar, y se puede manifestar tanto en los aspectos físicos como mentales de los alumnos experimentados, veamos unas posibles causas:

        Porque como controla todos los aspectos del Dojo, se desentiende con indiferencia de sus responsabilidades.

        Es cuando hace aparición la apatía y la desga. Esto también tiene que ver con la falta de creatividad y el abandono de la colaboración, es decir, no se es proactivo.

        Porque cree que ya lo sabe todo.

        Éste es un aspecto crítico, conoce el Kihon porque lo ha realizado muchas veces, pero se le ha pasado por alto el pulimiento y el refinamiento de la técnica. Otra de las causas es que siendo una de las personas más experimentadas de su Dojo no viaja, y por lo tanto, nunca se enfrenta con personas y situaciones técnicas donde le lleven a su límite al no salir de su zona de confort.

        Porque no se supera y está atado en un nivel dando vueltas constantemente.

        Es otra de las razones con un matiz distinto a la anterior situación, ha llegado a un desarrollo, -que no quiere decir que sea malo-, pero no va más allá, y sigue día tras día frenado y esclavo de ese estado en el cual se siente cómodo.

        Ha perdido la ilusión y la curiosidad por aprender.

        Esto ya es una situación muy crítica que hace que se vaya a la deriva un día sí y otro también, es como una droga que le quita la voluntad y flota en un estado de ensueño. Normalmente se evoca y se está esposado mentalmente a un pasado lejano, donde se han conseguidos buenos logros en la disciplina, pero se carece de voluntad y coraje para salir de ahí y conquistar nuevos horizontes.

        Por tener una mente embotada (Tamásica).

        Aquí es donde se comprueba que la disciplina, -a pesar del tiempo transcurrido y el esfuerzo empleado-, no ha sido efectiva en él, y en vez de refinar sus sentidos, agudizar su mente y abrir su corazón, lo que él mismo se ha hecho es embrutecerse, ¿por qué suele pasar esto? Básicamente por no seguir los consejos de la tradición y de su Sensei.

        Se da mucho este estado en estudiantes poco cultos, y por lo tanto, que no hacen muchas preguntas sobre su proceso y tampoco bucean y estudian la tradición.

        Por desvincularse de la dinámica del Dojo.

        Es una de las primeras manifestaciones de la decadencia de un estudiante experimentado. Es cuando practica y se pone en las esquina como para pasar desapercibido; en lo administrativo, es cuando no se implica, no participa y no colabora en nada. Otra de sus manifestaciones, es que no opina y siempre guarda silencio como diciendo, “esto no va con migo.”

        No se ha formado bien y arrastra carencias técnicas que constantemente le dejan en evidencia antes sus compañeros nuevos.

        Esto es un aspecto de imagen: sale al centro para ayudar en la explicación central y tiene fallos de principiante; cuando ayuda a sus compañeros no les trasmite la forma correctamente, y en un comienzo, sus compañeros noveles no se dan cuenta, pero al pasar el tiempo los estudiantes novatos van percibiendo sus fisuras; tiene mucha inseguridad y no concreta cómo se tiene que hacer lo que se explicó en el centro, etc.

        Por no superar sus miedos.

        Se relaciona con lo de una mente embotada. La no superación de los miedos se da cuando un estudiante siempre pospone para el futuro el enfrentarse con sus dificultades en el aprendizaje, eso hace que vaya arrastrando un lastre cada vez más pesado, que a la larga le perjudica a él en primer lugar y después a todo su entorno.

        Por transmitir inseguridad.

        Una de las cosas que da la disciplina en muy poco tiempo es firmeza y autoconfianza cuando uno sigue los pasos establecidos por la tradición, que según se va progresando se va ampliando.

        Una persona insegura es muy contagiosa en un entorno, y más si es referencia para otros recién llegados. Por otro lado, cualquier empresa que se quiera llevar a cabo, ya sabemos de antemano dónde va a estar el freno en la misma salida.

        Y donde hay que tener mucho cuidado, es en el aspecto técnico, tanto cuando realiza una técnica que puede dañar a su compañero al ejecutarla mal, como por la inseguridad que le trasmite al proyectarle en el Ukemi, en un alto porcentaje es accidente seguro.

        No adquiere responsabilidades administrativas.

        Es otras de las manifestaciones iníciales del declive de un alumno veterano, es un estar, pero no querer estar, pero tampoco tiene el valor de marchar ni de cambiar, es querer permanecer en un limbo indefinidamente.

        Cuando un alumno veterano comienza con su decadencia, no solo implica una condena del presente, -como dice la cita del comienzo-, yo también añadiría que colapsa el futuro, tanto propio como del colectivo donde está.

        ¿Cuál sería la solución?

        Yo apostaría por la comunicación inicialmente, después por plantearle retos y responsabilidades, tanto técnicos como administrativos, la tercera parte sería darle un tiempo alejado del entorno del Dojo para que reflexionara y valorara su permanencia en él, y por último, sino se ha podido conseguir nada, lo mejor es invitarle a que abandone la escuela, porque “no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado.”

Ishana Pérez, Agosto de 2020.

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La chispa

“Era preciso que cayera sobre mí una chispa para hacer brotar el fuego.”

Pierre Teilhard De Chardin.    

        Hay una máxima en el aprendizaje que dice: “El Sensei solo enseña el 20% del Arte, el otro 80% lo debe descubrir el alumno.”

        Por lo tanto, es responsabilidad del estudiante alimentar el fuego de su evolución una vez que lo ha encendido. Previo a eso, la chispa que prende el iniciarse en la disciplina del Aikido puede ser una palabra, una imagen, un encuentro, un sonido e incluso, una intuición que hace aparecer la curiosidad. Y ya cuando se está inmerso en ese incendio del 80%, hay que estar atento a los destellos que avivan y alimentar la llama para la adquisición del conocimiento en base a la comprehensión.

        En el sentido en el que me estoy expresando, también nos vale lo que nos dice Takuan Sôhò en su libro: “El Registro Misterioso de la Sabiduría Inmóvil,” cuando comenta: “Hay algo que es la acción de la chispa y de la piedra y se trata de lo siguiente: Cuando golpeas la piedra, aparece la luz.

        Puesto que la luz aparece precisamente cuando golpeas la piedra, no hay ni un intervalo, ni un intersticio.”

        En el caso que nos ocupa, la piedra es el esfuerzo con continuidad y la chispa – luz sería la comprehensión al instante. Otro ejemplo clásico que nos vale en este mismo sentido, es la acción de hervir el agua, porque para ello se necesita energía + tiempo, esa energía sensible inicial, -que es cuando en los comienzos se ponen las bases-, es prioritaria para que posteriormente llegue la energía latente, -que es cuando ya con muy poca energía se mantiene el agua en ebullición, y en nuestro caso, aparece la naturalidad en la acción de Waza sin pensar-. Todo esto está regido por el tiempo y la perseverancia, y si se es capaz de hacerlo, es cuando aparecen los resultados palpables.

        Otras de las cosas con las dos formas explicadas antes, es que la primera -la piedra - chispa-, es un estado percepción en la inmediatez, la segunda -el tiempo + energía-, es una captación más reposada, más reflexionada y meditada en el tiempo. En mi opinión las dos son totalmente válidas, el que se manifieste de una u otra manera va a depender del momento evolutivo y del estado mental en que se encuentre el estudiante.

        Para poder ver la chispa es necesario que se desarrollen y se refinen los sentidos, al igual que las capacidades internas para poder conocer y experimentar, luego, la curiosidad nos guía, eso básicamente es estar alerta de todo nuestro acontecer, y con esto no solo me estoy refiriendo a cuando estamos en el Dojo, quizás el sentir la ternura de alguien nos hace comprender mejor el contacto sensitivo en Aikido, de ahí que muchas veces las asociaciones nos llevan a comprender otra realidad que concierne a lo que acontece sobre el tatami.

        El otro día veía un reportaje muy interesante sobre Vogue, se trata de todo lo que hay detrás al realizar el número especial de septiembre en la edición americana. Me llamó la atención una sugerencia que le había dado un fotógrafo a la directora creativa de la edición de ese momento (Grace Coddington) cuando la llevaban de un lugar a otro en coche: “No duermas cuando vayas en el coche, porque la inspiración la puedes encontrar en cualquier lugar.”

        Es un consejo totalmente aplicable a nuestro mundo marcial, la relación, la inspiración, la comprehensión, es decir, la chispa, se nos puede aparecer en el sitio o realizando la actividad que menos creemos que puede tener relación con el Aikido y es completamente aplicable a la disciplina.

        En una mente dormida (Tamasica) no puede saltar ninguna chispa, porque su dispersión y su desorden es muy grande, por otro lado, no está en una buena sintonía con sensibilidad para comprehender en base a los estímulos bien sean internos o externos. Cuando se está tan aletargado, ni siquiera se es capaz de comprender con el dolor que pueden producir las técnicas, y se sufre por esa modorra que no deja ver ni siquiera el cómo reaccionar correctamente cuando se las aplican. Si se quiere ampliar más la información sobre el perfil de éste tipo de estudiante, me remito al apartado 2.4 “Tipos de estudiantes” en la página 96, del texto: Metodología para la Formación en el Arte del Aikido.

        Siempre les digo a mis alumnos que hay que mantenerse despierto, y esto no solo se refiere a abrir los ojos por la mañana al levantarnos, sino nuestra capacidad de desarrollar el discernimiento en base a nuestras vivencias cotidianas, luego, tener la capacidad para encontrarles relación aunque inicialmente sea cosas que parecen opuestas o que no tienen nada que ver con la práctica. Esto es bidireccional, porque también suele pasar que aspectos del Arte, tanto técnicos como filosóficos, son totalmente aplicables al acontecer diario.

        Por eso insisto mucho en que en un tiempo prudencial y siguiendo una metodología impregnada con los principios del Aikido, se deben de producir en el cuerpo y en la mente del estudiante cambios significativos relacionados con estar lúcido.

        Si eso no es así, entonces nos estamos desarrollando mal, porque no conseguimos elevar nuestra vibración a la onda en la que vibra el Aikido, ¿por qué se puede producir eso? Básicamente porque no lo afrontamos con la actitud adecuada, porque con el mismo proceso otros ascienden y se perfeccionan, así que el problema no es del Aikido ni de sus principios, si no de nuestra mala predisposición para integrarlos.

        También debo decir que la acción de la chispa no es una mascletá de fuegos artificiales, se deben de comprender como momentos de entender, de penetrar y de alcanzar algo por lo se lleva tiempo trabajando.

        Un dato muy esclarecedor es, en 1 año de práctica, ¿cuántas veces ha llegado esos momentos de claridad reveladora?, esto también demuestra el grado de impregnación y de compromiso con la disciplina, porque si en el transcurso de un año ni siquiera has tenido un destello, -y da igual que seas novicio o veterano, todos tienen cosas que comprehender a su nivel-, entonces estas adormecido en la disciplina y el tiempo pasa en tu contra.

        Despertemos a la realidad que el Aikido nos ofrece con sus valores y capacidades, porque es otra visión del mundo completamente diferente a la que lidiamos habitualmente, por ejemplo, cuando se entiende su funcionamiento de base, que es la colaboración para el beneficio común, donde todos salen ganando, satisfechos y nadie pierde, eso ya es otra nueva manera de concebir el universo que nos rodea, por lo tanto, golpeemos la piedra (cuerpo) insistentemente hasta que salga la chispa (el entendimiento iluminado) que produzca el incendio transformador.

Ishana Pérez, Julio de 2020.

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La descarga emocional

“La emoción en sí no nos causa dolor, es la resistencia a ella o el atrincherarla en nuestro interior lo que nos hace sufrir.”

        Cualquier Budo y concretamente el Aikido tiene una influencia en nosotros más de lo que nos imaginamos desde el momento que lo abordamos con un cierto interés y con un mínimo de rigor, quiero decir, que nos afecta a un nivel emocional (entre otros muchos aspectos) más que lo que nos imaginamos.

        Siempre les digo a mis estudiantes que desde el momento que comenzamos a excavar como arqueólogos emocionales en nuestro cuerpo y en nuestra mente, afloran muchas cosas que estaban sepultadas dentro y que en la mayoría de los casos no éramos conscientes que las teníamos enterradas.

        Los principios, las técnicas y los movimientos en Aikido hacen aflorar muchas emociones que en lo cotidiano no se manifestaban por nuestra represión contenida, por el corre - corre o por las normas sociales. No es la primera vez que durante cualquier momento de la práctica, algunos alumnos rompan a llorar o se tienen que parar, por sentir una emoción muy fuerte que surge desde su interior donde estaba blindada por sus resistencias.

        Es muy común que las personas psicomatizen las emociones de los diferentes campos de sus vidas: personal, laboral, de amistad, etc., al encerarse dentro de sí y al no saber gestionarlas van tomando posesión de nuestro cuerpo de muy variadas formas, como por ejemplo: dolor de espalda, mareos, vértigos, dolor en las extremidades, gases en el estómago, dificultad al respirar, palpitaciones, taquicardia, dolor en las articulaciones, dolor en el pecho, náuseas, dolor de cabeza, agarrotamiento muscular, etc.

        Desde que comenzamos a manipular nuestro cuerpo y a equilibrar nuestra mente con la dinámica del universo, rompemos esas barreras que las contenían y se manifiestan exteriormente de muchas formas acorde a la personalidad del alumno. Muchas veces he tenido estudiantes que han salido corriendo del tatami de forma inesperada porque en un determinado momento algo hizo implosión y hubo una reacción exterior, en éste caso, salir corriendo para poder hacer frente a ese desbloqueo emocional.

        Un trabajo dentro del Aikido que favorece el derribar muros emocionales bloqueados, es el trabajo técnico con movimientos en espiral y en esfericidad, es un verdadero revulsivo sanador para que desaparezcan nuestros bloqueos y para que aprendamos a gestionarlos.

        Otro tipo de trabajo que favorece esos resultados es trabajar con mucha sensibilidad, o lo que sería en el lenguaje aikidokil, con Ki. El trabajo con la sensación es altamente terapéutico, porque es un intercambio constante de energía con el compañero, y como tenemos la sensibilidad como campo de acción, es muy fácil el detectar el bloqueo en nuestro cuerpo, para acto seguido corregir la emoción que lo sostiene para sanar nuestro cuerpo.

       Una de las sensaciones que invade a un aikidoka cuando ha practicado bajo los principios del universo, es la del bienestar, es como si el cuerpo flotara, puedes estar cansado, algo molido, pero hay una huella en él dejada por el Aikido de una libertad relajada con una lucidez diamantina.

        Eso significa que nos hemos acercado o hemos entrado en el pulsar del universo, hemos unido nuestra energía particular con la cósmica a través de los movimientos y de las técnicas del Aikido, actuando con atención acompañada con la inhalación, con la exhalación, con la fluidez, con la flexibilidad y con la continuidad de la acción en todo momento.

        Ya sé que hablando en éstos términos alguien puede pensar que a pesar de que no fumo nada, me haya fumado algo para expresarme de esta manera, pero yo entonces le preguntaría a los que piensan así: ¿eres consciente de lo que produce el Aikido en ti cuando prácticas? Porque aquel que mínimamente tenga autoescucha o haya alcanzado un desarrollo muy básico de su sensibilidad a través del Aikido, compartirá lo expresado y me entenderá perfectamente.

        Con el planteamiento que hacemos con nuestra metodología aplicada a las sesiones, bien sean en las clases, en los seminarios o en los intensivos, van encaminadas a descubrir, tomar consciencia y sanar los bloqueos emocionales si al practicar se actúa con energía consciente mientras se ejercita. Voy a utilizar la lista que puse antes de los síntomas más comunes que afloran en nuestro cuerpo por la psicomatización, y voy a poner ejemplos concretos que ilustran el poder sanador de las actividades que se imparten en nuestro Dojo:

        Dolor de espalda.- Es una dolencia que merma mucho la calidad de vida de las personas, y una de las razones es porque también influye en dormir mal; dentro de nuestra sesión de Hatha-Yoga hay varias posturas que van a ayudar a descongestionarla y a liberarla de todos esos bloqueos, por ejemplo el Asana la nº 6 Parivrttamarichyasana, torsión Marichya, la nº 7 Halasana, el arado y la nº 20 Upavistha Konasana de frente, el ángulo.

        Dentro del Aikido, los rodamientos hacia adelante y hacia atrás son un excelente ejercicio de masaje para desbloquear y descongestionar nuestra espalda.

        Mareos.- Antes que nada decir, que si los mareos son recurrentes es mejor dejar de practicar y consultar al médico de cabecera, porque pueden estar producidos por otras causas más graves.

        Todas las posturas de Hatha-Yoga que se hagan de pie, nos van a ayudar a corregir nuestros mareos, porque una de las cosas a la que están orientadas, es a situar nuestro centro de gravedad y aumentar nuestra raíz con la tierra.

        En la meditación, al concentrarnos en la respiración abdominal baja y profunda vamos tomando consciencia del aplomo estructural, que ayuda mucho el estar sentado, lo cual contribuye a corregir los mareos.

        Todo el trabajando en rotación en Aikido es otra de las maneras de ayudar a estabilizarnos y a no marearnos.

        Vértigos.- Se conoce como vértigo a la sensación propia de un movimiento, giro o desequilibrio, bien sea entorno a uno mismo o cuando tenemos la sensación de irnos al vacío, lo cual suele acarrear un gran malestar.

        Las posturas de pie nos ayudarán a que desaparezcan los vértigos causados por psicomatización, al igual que todo el trabajo de Aikido en rotación.

        En la Hatha-Yoga, por ejemplo, las posturas nº 21 variación de Adho Mukha Svanasana, el perro doblándose sobre sí mismo teniendo de apoyo un solo pie, el otro sigue la línea de la columna, la nº 26 Natarajasana, el Señor danzante, la nº 27 Ardka Baddha Padmottanasana, sostenido sobre un solo pie realizando medio loto con flexión adelante, o Urdhva Prasarita Ekapadasana, sostenerse sobre una sola pierna.

        Dolor en las extremidades.- Es un síntoma muy característico de la psicomatización, la tensión emocional se transforma en tensión muscular causando gran malestar en nuestras extremidades.

        También se puede producir por adoptar malas posturas al dormir, malas posiciones en el trabajo o no tener mobiliario ergonómico para poder realizar la labor eficientemente, también por realizar malos gestos técnicos al practicar.

        Todo esto puede provocar en los brazos y manos entumecimiento, pérdida de fuerza, calambres, etc., en las piernas, dolor de piernas, entumecimiento, calambres, pesadez, etc.

        Para las manos un ejercicio maravilloso para tonificarlas, flexibilizarlas y descongestionarlas es el nº 14 el Tekubi, trabajo de las muñecas, para los brazos, la nº 10 Urdhvamukhasvanasana, postura del perro mirando hacia arriba, la nº 11 Chaturangadandasana, el cocodrilo y la nº 15 Ardhapurvottanasana, postura medio abierta. Para las piernas todas las posturas que van de la nº 18 a la número 28.

        En Aikido el trabajo del Te Sabaki (trabajo de manos) desde el punto de vista del Tori (el que recibe el ataque) y visto desde el Uke, los diferentes ataques tanto en distancias cortas, -agarres-, como en distancias largas, son un excelente ejercicio para brazos y manos.

        También hay que destacar los controles en las técnicas de Katame Waza (las técnicas de control) que son maravillosos para descongestionar y flexibilizar brazos, manos, cuello y hombros.

        Gases en el estómago.- Cuando hay estrés las personas no mastican bien la comida y comen muy rápido, por lo tanto, ya se comienza mal la digestión, y es la primera razón para producir gases, y si a eso le añadimos la psicomatización está claro que nos hincharemos como globos.

        Se puede sentir dolor cuando los gases están atrapados o no se mueven con facilidad por el sistema digestivo.

        Todas las posturas (Asanas) que trabajen sobre el abdomen, una de sus misiones es el eliminar los gases molestos, por ejemplo la nº 4 Parivrttaikapadasana, postura lateral de la pierna levantada en torsión o la nº 6 Parivrttamarichyasana, torsión Marichya.

        Dificultad al respirar.- Cuando la respiración está alterada es uno de los primeros síntomas del bloqueo emocional, de hecho, la correcta respiración es el primer elemento que hay que tener en cuenta para mejorar cualquier mal de los que se describen. El control y la regulación de la respiración puede eliminar casi todos los problemas relacionados con los bloqueos emocionales, porque serena nuestra mente, desarrolla la fuerza y la salud de los pulmones, incrementa el número de glóbulos rojos en nuestro cuerpo, mejora la capacidad del cuerpo para asimilar los alimentos, favorece y tonifica el sistema nervioso, regula nuestra glándula pituitaria, aumenta y fortalece la vitalidad del corazón.

        Lo primero que tenemos que hacer es ayudar a expandir y flexibilizar la anatomía que interviene en la respiración, como por ejemplo en las posturas nº 15 Ardhapurvottanasana, postura medio abierta, y la nº 18 Urdhvakonasana, el ángulo de partida.

        Luego hay saber llenar y vaciar los pulmones adecuadamente, por eso siempre las clases de Aikido comienzan con ejercicios de respiración; en la Hatha-Yoga, el trabajo con el Pranayama adecuado al nivel de desarrollo del alumno, es una medicina muy restauradora.

        Otra dimensión de la respiración es en los Ukemis (los rodamientos), que para realizarlos correctamente es indispensable tener el correcto ritmo con la exhalación y la inhalación, es un purgante emocional muy enriquecedor.

        Palpitaciones.- Las palpitaciones producto de las emociones reprimidas pueden producir el síntoma de que el corazón lata con fuerza en nuestro pecho, lo que puede causar dolor o un leve malestar, también puede ocurrir que se altere el ritmo cardiaco de manera irregular.

        Como dije en el punto anterior, a lo primero que se puede recurrir es a los ejercicios de respiración para estabilizar el ritmo natural del corazón. La meditación es otro elemento muy equilibrador para recuperarse de las palpitaciones y volver a un equilibrio normal.

        La relajación de la Hatha-Yoga es una buena medicina tanto preventiva como curativa para las palpitaciones. Los ejercicios de Chi-Kung también pueden ser muy terapéuticos.

        Dolor en articulaciones.- Es un síntoma bastante molesto que se puede manifestarse en hombros, codos, muñecas, dedos, rodillas, tobillos, etc., se puede manifestar porque se eleva la temperatura de dichas zonas, también al tener mucha sensibilidad, enrojecimiento, dolor al movimiento, pinchazos, rigidez e inflamación, éstos síntomas a veces son suaves y otras agudos, aparte de lo molestos que pueden ser, nos afectan para tener una buena calidad de vida, porque también son culpables de no tener un sueño reparador.

        En Aikido los controles de las técnicas de inmovilización son de gran ayuda para mejorar el estado de nuestras articulaciones, y una de las cosas que les recalco a los alumnos cuando las reciben, es utilizar la exhalación para soltar las articulaciones, porque si al recibir el control retenemos o no respiramos, eso contribuye a blindar más la emoción contenida en el interior.

        Las distintas series de la Hatha-Yoga, -cualquiera de las que hacemos-, son muy reparadoras para todas las articulaciones de nuestro cuerpo.

        Dolor en el pecho.- Junto con el nudo en el estómago y el bloque del trapecio son las primeras manifestaciones donde atacan los bloqueos emociones, todo va a depender de la psicología de la persona para psicomatizar en uno u otro lado.

        Todo lo que implique descongestionar la zona, bien sea con posturas de Hatha-Yoga como se vio más atrás en el apartado de dificulta para respirar es muy beneficioso. Otro aspecto es el trabajo técnico en Aikido donde esté presente el uso del pecho, como por ejemplo en Kata o Munedori, dado que son ejercicios muy prácticos para liberar esta área.

        Náuseas.- Son producto de la tensión y la ansiedad almacenada, y en la mayoría de las veces suelen estar acompañadas por el vómito. La señal para activar el vomitar procede del bulbo raquídeo, que ordena a la musculatura abdominal que se contraiga y abre la válvula que separa el estómago del esófago produciendo éste.

        Todo lo que sea serenar nuestra mente ayuda mucho a evitarlas, como puede ser meditar, al hacer la sesión de Hatha-Yoga concentrarse en el ritmo respiratorio (Vinyasa) al realizar las diferentes posturas es muy calmante, y se debe de tener en cuenta el ejercicio de Nauli para descongestionar la zona abdominal, ejercicio altamente terapéutico para dicha zona.

        La práctica habitual del Aikido también ayuda, porque centra nuestra atención y relaja nuestro cuerpo, olvidándonos de las desagradables nauseas.

        Dolor de cabeza.- Aparte de lo molesto, merma mucho la calidad de vida; si es persistente y continúo hay que ir a nuestro médico de cabecera.

        Cuando hay tensión en nuestros hombros, cuello y mandíbula, son factores que van a favorecer el dolor de cabeza. Por lo tanto, hay que realizar ejercicios que ayuden a relajar estas zonas, por ejemplo las 5 posturas básicas de Chi-Kung Zhan Zhuang, o los ejercicios para el cuello puesto en el comienzo del calentamiento.

        Sentarse a realizar meditación diariamente ahuyenta toda crispación de nuestra vida en éstas zonas.

        La postura de Hatha-Yoga7 Halasana, el arado, los ejercicios de respiración al comienzo de la clase son bastante buenos para este malestar.

        También mantener el correcto ritmo respiratorio cuando se practique en Aikido.

        El agarrotamiento muscular.- Los espasmos musculares son un rasgo muy distintivo de la tensión almacenada en nuestro cuerpo, que se manifiestan como un gato que eriza su pelo ante el peligro.

        Si a la tensión que se padece por psicomatizar nuestras emociones, se le suma el no realizar un buen acondicionamiento previo para la práctica, es un elemento añadido que va a potenciar mucho el agarrotamiento muscular.

        Toda la serie de Hatha-Yoga y de Chi-Kung es ideal para soltar, relajar y estirar todo nuestro cuerpo para prevenir que se bloquee por los espasmos musculares.

        La relajación que se hace al final de todas las posturas de Hatha-Yoga es una medicina maravillosa para el dominio mental sobre nuestra musculatura, porque se recorre todo el cuerpo mentalmente descongestionando cada grupo muscular.

        En la práctica del Aikido hay que esmerarse mucho en el desbloqueo del trapecio, porque va a condicionar la columna, cuello, cabeza y los hombros, porque como dije antes, son partes donde se manifiesta la psicomatización, por otro lado, va a restringir toda nuestra practica y nuestro movimiento.

        De la misma manera que la emoción bloqueada afecta al cuerpo manifestándose con sus diferentes síntomas, también podemos utilizar el mismo cuerpo para prevenir, curar y restaurar el equilibrio psicofísico, eso se consigue con el uso correcto de él y activando todas sus potencialidades.

        El trabajo del Haragei (el Arte del vientre) es una medicina maravillosa para contrarrestar y sanar todos los problemas relacionados con la psicomatización.

        Otro aliado importante como dije más atrás es la respiración, es prioritario el adiestrarnos en el Arte de respirar, porque está vinculado con todo, y es el mejor tónico para que expulsemos las emociones bloqueadas en nuestro interior.

        Cuando el cuerpo nos llama la atención con los síntomas descritos, es que no somos capaces de oírnos, por eso psicomatizamos y transformamos nuestros problemas psíquicos-emocionales en síntomas fisiológicos que nos dificultan nuestra vida cotidiana.

        Si se analiza el orden de la sesión de Aikido, se verá que está estructurada de una forma progresiva para ir adentrándonos en la práctica de una manera gradual: comenzamos con el ejercicio de unificación mental en el saludo inicial para afrontar el trabajo que se va a realizar, a continuación, los ejercicios de respiración, luego, la serie de Asanas que las utilizamos como acondicionamiento para los diferentes sistemas, después, los ejercicios de Chi-Kung, lo siguiente para ir entrando en acción, los desplazamientos, le siguen, los Ukemis, llegamos al clímax con el trabajo técnico, comenzamos a descender con los ejercicios de respiración propios del Aikido (Kokyu-Ho), y antes de volver a la calma, se relaja y se distiende la columna vertebral (Haishin-Undo), para acabar con el saludo final y volver a la calma con el ejercicio de meditación. Como se puede apreciar, está pensado y estructurado para soltar y liberar nuestro cuerpo y nuestra mente de cualquier emoción que lo bloquee si actuamos con atención-concentración en todo el proceso, si lo vemos desde un punto de vista de tiempo, sería sostener ésta durante 1 hora con escenarios cambiantes que favorecen que la mente no se embote.

        Cualquiera de las disciplinas que practicamos en nuestro Dojo (Aikido, Hatha-Yoga, Meditación y Chi-Kung) si se realizan movilizando energía consciente, son una excelente medicina preventiva para que no aparezcan en nuestra existencia los bloqueos emocionales.

Ishana Pérez, Junio de 2020.

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¿Cuándo me divierto en Aikido?

“La pasión y la diversión son las fuerzas más poderosas a la hora de conseguir cosas.”

Rafael Santandreu.    

        Muchas personas cuando nos observan en el Dojo siendo tan estrictos en las formas, piensan que carecemos por completo de diversión y alegría, algo nada más lejos del carácter del aikidoka.

        Por otro lado están los que tienen un interés en la disciplina, y se acercan al Aikido para divertirse y pasarlo bien, ¿pero saben exactamente lo que implica eso?

        Voy a hacer un paralelismo con un Arte con el cual tenemos mucho en común los aikidokas, como es la música, y ahora la pregunta clave es, ¿cuándo se divierte un músico?

        No es vedad que un músico se recrea cuando aprende solfeo, tiene sentido del ritmo, de la melodía, de la armonía, domina su instrumento a nivel de base, y dentro de eso, comienza haciendo muchas escalas para avanzar en el dominio y el conocimiento sobre su instrumento y sobre los elementos musicales.

        Quiero decir, a menos que seas un Mozart del Aikido, antes de divertirte y pasarlo bien, debes de aprender mínimamente las bases del Kihon (aprender solfeo), conocer las notas musicales (las técnicas), saber utilizar tu instrumento (el cuerpo), tener sentido del ritmo (saber usar el espacio y el movimiento), saber utilizar la melodía (los roles de Uke y Tori), iniciarte en la armonía (el conocimiento de tu mente), y hacer muchas, pero muchas escalas (practicar mucho de forma continuada), y así puedes llegar a componer, crear, improvisar y disfrutar hasta obtener el éxtasis practicando.

        Pero entonces, ¿hay o no hay divertimento en Aikido?

        ¡Claro que lo hay, y mucho!

       Pero el problema se plantea cuando “Todo el mundo quiere comenzar por el final,” como decía Tamura Sensei, es decir, todo eso que se ve en los vídeos de mucha acción, mucho movimiento, mucha sensibilidad, rodamientos espectaculares, técnicas contundentes, etc., se quiere hacer nada más llegar al Dojo, eso es comparable a ir a la tienda, compramos el instrumento que nos gusta, y llegar a casa con la intensión de dar un concierto como virtuoso del instrumento recién adquirido.

        La pasión nos puede embargar por algo que nos atrae y que conlleve el esfuerzo, -los músicos emplean mucho esfuerzo en aprender, si no, que le pregunten a un pianista cuántas horas toca al día para dominar todo lo que se comentó más atrás-, pero es nuestra actitud la que hace que sea una tortura o un divertimento el proceso de aprendizaje, ¡así de simple! Porque aparte de pasarlo bien ejercitándote, debes de acompañar tu práctica con la energía consciente, o lo que es lo mismo, realizarla con atención-concentración, sin división mental y con todo tu potencial fusionado.

        Algo divertido implica recreación, entretenimiento e induce a la persona a experimentar un estado de alegría, de regocijo, de disfrute. Recrear aparte de alegrar y deleitar, implica crear o producir algo nuevo, que es lo que hacemos cada vez que practicamos, -aunque estemos repitiendo la misma técnica o el mismo ejercicio durante una hora-, eso se entiende muy bien cuando nos adentramos en el principio de Shoshin, muy repetido pero nada comprendido; la práctica conlleva divertirse jugando, que es la manera más efectiva de avanzar en el Aikido.

        Soy muy partidario del empleo del juego como divertimento para progresar en el proceso de formación, bien usando el cuerpo, los elementos técnicos, los implementos o cualquier otro recurso que haga evolucionar al estudiante con satisfacción, aún estando presente la exigencia y el rigor.

        Por ejemplo, el aspecto relacionado con el contacto, con la sensación (el Kanjiru, y el Kimochi avalado por el Ateri) entre los practicantes, es tremendamente lúdico, creativo y con posibilidades infinitas. Pero hay que tener presente que el divertimento sin progreso es una satisfacción muy efímera dentro del Aikido, porque no hay productividad, y si no hay rendimiento no hay divertimento.

        A través del juego facilitamos un contexto único donde desarrollamos la empatía y trabajamos la cooperación, ¡y ya sabemos que es la esencia del Aikido! Eso también implica conchabarnos con el compañero con el propósito mutuo de pasarlo bien y aprender compartiendo, aunque no nos demos cuenta, mientras practicamos-jugamos hacemos grandes progresos, porque es otras de las características del juego, libera a la mente de las barreras del pensamiento racional condicionante. Porque está más que comprobado que formar parte de una comunidad que lo pasa bien fortalece lazos, estimula la honestidad, establece la disciplina, motiva a la responsabilidad y genera compromiso, todos estos valores son indispensables para evolucionar en el Aikido.

        Pero, ¿cuáles son los beneficios del juego en el Aikido?

        Desarrolla la creatividad.- Es muy común que el estudiante tome más consciencia de los detalles para su educación al desarrollar su creatividad jugando, en contraposición a planteamientos pedagógicos y didácticos rígidos y obsoletos del pasado, donde no se tenía muy en cuenta las motivaciones psicológicas del alumno, la buena pedagogía y la estimulación necesaria para alcanzar los objetivos.

        Pero, ¿cómo se motiva la creatividad en Aikido?

        ¡Es muy fácil! Lo primero es aprender la forma, luego, podemos emplear la sensación y el uso del contacto para interactuar con el compañero. Eso es muy creativo y muy divertido, porque respondemos a las acciones del otro con una comunicación háptica, la cual está llena de sensaciones y de ricos matices a la hora de desarrollar los distintos principios dentro del contexto técnico del Aikido.

        Otro aspecto muy lúdico es ver cómo afecta la aplicación de las técnicas a la mecánica corporal, por ejemplo, la relación del codo con el centro, bien para conducir, controlar o desequilibrar. Otros de los casos dentro de éste apartado son los innumerables matices para afrontar una técnica, bien sea por la realización de diferentes ataques, por variaciones del mismo principio o por el uso de los desplazamientos. Todos estos aspectos son muy divertidos, entretenidos y educativos.

        Favorece emociones positivas.- No hay mejor refuerzo para fijar conceptos que las emociones positivas, eso se grava a fuego en nuestra memoria. También hay que contar que el estado mental del estudiante va a influir mucho en su rendimiento, por eso es tan importante reforzar las emociones positivas-cooperativas en el aprendizaje.

        ¿Cómo se desarrollan las emociones positivas?

        Cultivando los valores y las capacidades del Arte, si hubiera que sintetizarlo en una, sería ser siempre positivo, por ejemplo, -visto desde un punto de vista puramente técnico-, no es lo mismo afrontar el ataque de Shomenuchi para hacer Ikkyo en negativo, -esto es, esperar que el ataque llegue a nosotros y luego nos movemos para realizarlo-, que en positivo, -esto es, ir al encuentro del ataque, no esperar que éste llegue a nosotros-. Con acciones multiformes de éstas características se construyen las emociones positivas a la hora de practicar dentro del contexto técnico. Desde un punto de vista de relación es ser colaborativo, eso genera mucha empatía, lo cual favorece el crecimiento en todos los sentidos en reciprocidad.

        Reduce los conflictos y ayuda a relacionarse mejor.- Es reconocidos por todos que cuando se está predispuesto a la armonía, los enfrentamientos se reducen o no existen, y al no existir tensiones, competiciones, hostilidades, etc., está claro que todo el potencial por ambas partes se vuelca en crear o producir para el beneficio mutuo.

        Facilita la expresión de sentimientos y la comunicación.- Cuando el caldo de cultivo es propicio (la atmosfera del Dojo) está claro que allana las dificultades y propicia el compartir y poner en común para avanzar en el logro de las metas generales. El otro aspecto es que mejora y posibilita la comunicación en todos los sentidos, hay que partir de la base que constantemente nos estamos comunicando a través de muchos sentidos y teniendo como vehículos el cuerpo y la práctica.

        Otro aspecto a resaltar, es que al expresarnos con independencia es una liberación de sentimientos y de emociones tensas contenidas, por ejemplo, llegas al Dojo con muchas preocupaciones, tensiones y rigidez a causa de tu trabajo, pero después de aportar y de compartir en la clase, sales de él muy relajado y con otra visión o con la solución al problema con el que llegaste.

        Aporta una herramienta de aprendizaje muy valiosa.- El juego al ser lúdico y según la neurociencia, libera en nuestro cerebro la dopamina, la oxitocina, la serotonina y las endorfinas, todas ellas responsables de la felicidad y de la alegría.

        ¿Cómo enriquecemos las clases día a día a través del juego?

        Hay una serie de pautas que pueden seguir los formadores para afrontar o potencian de manera natural situaciones lúdicas orientadas a favorecer el aprendizaje, por ejemplo:

        La diversión.- Es la primera regla a aplicar en todos los ejercicios propuestos en una sesión, tanto en la ejecución de los mismos como en la interacción de los participantes. Aquí debo llamar la atención que no es necesario hacer ruido, gritar o establecer un diálogo entre los participantes, dado que hay que relacionarse con el cuerpo, con el movimiento y con la sensación.

        Presenta los juegos como grandes retos.- Es la clave para que el alumno afronte la tarea con interés y superación propia, porque si se impone como una obligación está claro que ya prescindimos del aspecto lúdico.

        Permitir y fomentar la exploración de las diferentes posibilidades del juego.- Esta es la parte del fomento de la creatividad, por ejemplo, se hacen los desplazamientos aisladamente, luego, una posible exploración es que el estudiante los vaya distinguiendo dentro de la técnica que se está realizando.

        Otro caso es cuando se utiliza un implemento como la plataforma de equilibrio para tomar consciencia del centro de gravedad (Tanden) y el uso del metatarso, luego, la exploración sería en el Kamae, ver, descubrir e investigar cuándo y cómo intervienen lo que hemos sentido y practicado en la plataforma de equilibrio con el uso del Kamae realizando cualquier ejercicio o técnica.

        También es posible que de un determinado juego tradicional y conocidos por todos, buscarle la relación y el aprovechamiento para el rendimiento técnico, por ejemplo, el juego de la silla que es tan típico y tan divertido, donde lo podemos orientar hacia los desplazamientos, hacia el Zanshin, a la velocidad de la acción-reacción, a la atención sobre el espacio, etc.

        Son muchos los juegos que se les puede sacar mucho beneficio adaptándolos, pero es obvio que necesita por parte del formador realizar una investigación y una adaptación previa antes de presentárselo a los alumnos.

        Fomentar la espontaneidad y la creatividad.- El Sensei da unas bases dentro de la forma, -en cualquiera de sus ámbitos-, luego, es el alumno quien debe seguir abriéndola para ver que contiene y que posibilidades le ofrece, la emoción es comparable a la atención que tenemos cuando abrimos un regalo. Esto es muy típico que pase cuando uno se adentra dentro del proceso de Ha para la perfección técnica.

        A un nivel de base, es ir encontrando todos los detalles y matices para la correcta ejecución, es una exploración equiparable en sensaciones a la búsqueda de un tesoro.

        Utilizar un lenguaje sencillo para favorecer la comprensión del alumnado.- El estudiante debe de esforzarse en aprender la terminología del Arte, pero el Sensei debe de comunicar de una forma simple, directa y muy diáfana para que el alumnado pueda comprender bien.

        Permitir que se explore, se conozcan y se disfruten las capacidades motrices.- Es un aspecto clave tanto para el conocimiento de la mente como del propio cuerpo y sus posibilidades, me suelo referir a ello cuando digo que hay que ser libre dentro de la técnica, uno está suelto y relajado para moverse, ejecutarla y sentirla con mucha libertad de acción, y tengo que aclarar que para que pase eso, no se necesita ser un experto, se puede conseguir desde que se perfile la técnica, o lo que es lo mismo, siendo novicio.

        Éste aspecto, es más que divertido, porque como he dicho otras veces, es adictivo, y si no lo has vivido aún, es que todavía no has practicado Aikido de una manera genuina por muchos años que lleves yendo a clase o realizando cursos.

        Fomentar la reflexión sobre los aprendizajes creados con el juego.- Esto es un aspecto clave, porque cuando se produce la reflexión, es cuando el alumno comienza a ser libre y va camino de la emancipación, o lo que es lo mismo, la no dependencia de su Sensei, que es un punto muy importante para su crecimiento y su realización dentro del Arte.

        Premiar las ideas y los esfuerzos por muy pequeños que sean.- El reconocimiento es la base de la evolución y de la motivación, y eso se basa en la comunicación con franqueza.

        Nunca sabemos dónde está el arranque para la superación de un alumno, a veces está en las cosas más simples o nimias, que normalmente para uno no son trascendentes, pero para otros son capitales, por esa razón la atención del formador a las cosas pequeñas de sus estudiantes es importante para empujar a su alumno a la superación y al continuo avance.

        Los adultos solemos abandonar el juego después de la infancia, pero sabiéndolo valorar y contextualizándolo adecuadamente, es una herramienta poderosísima que repercute en muchos aspectos del aprendizaje.

        Donde se hace imprescindible el juego como elemento educativo en Aikido es en las clases para niños. Es un trabajo muy arduo y muy grande para crear contenidos basados en el juego, con el objetivo de cubrir las diferentes áreas de la formación, como pueden ser en los Ukemis, los desplazamientos, las técnicas, etc., porque como sabemos los que damos clases a niños, su atención no es muy grande y varía según su edad, por esa razón hay que crear dinámicas variadas y continuas para mantener su interés y su curiosidad siempre activas, con el fin de que se diviertan aprendiendo las bases del Arte.

        En su gran mayoría los progenitores-educadores no suelen valorar mucho éstos esfuerzos que realizan los Sensei responsables de la educación complementaría para sus hijos en un sentido marcial, y la razón es muy simple, porque piensan que el Dojo es una guardería marcial en vez de un centro de enseñanza.

        Tanto en adultos como en niños, es responsabilidad del Sensei la de encontrar y adaptar el juego para rentabilizar la disciplina y mejorar la enseñanza para todos los alumnos.

“Los juegos son la forma más elevada de la investigación.” Albert Einstein.

Ishana Pérez, Mayo de 2020.

        Artículo relacionado con la editorial:

    Guarderías Marciales.

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El descubrimiento

“Ningún descubrimiento se haría ya, si nos contentáramos con lo que sabemos.”

Séneca.    

        Cuando el alumno se toma la práctica en serio, (digo esto porque muchas veces se entra en la deriva de estar pero sin estar sobre el tatami), comienza a imaginar, ver e intuir cosas sobre lo que se le dice, sobre lo que se le orienta o se le recomienda para su bien. Es un momento de mutación - adaptación, porque hay “algo” que le ha hecho cambiar de actitud, y éste nuevo enfoque es lo que le empuja para querer evolucionar.

        Ya teniendo esa predisposición inicial, el alumno pasa por una serie de fases, veámoslas:

        1º Hay que tener fe ciega en lo que te dicen al comienzo.- Tengo una alumna que llevo mucho tiempo diciéndole lo importante que es el principio de extensión, pero no me hace mucho caso. El otro día quiso regalarme unos aguacates de su aguacatero, al parecer estaban altos y utilizo un recolector telescópico donde al final tenía una especie de dispositivo como una mano para sujetar el aguacate para poderlo agarrar, según me dijo, hizo varios intentos pero aquello no le funcionaba, hasta que, ¡Eureka! Se acordó de cuando le digo que tenga extensión bien a través de Ken o del Jo, y de esa manera pudo coger los aguacates sin dificultad.

        Hizo uso de su memoria asociativa y le fue muy rentable al aplicar un principio del Aikido a su cotidianidad, esto es volver el Arte práctico y cotidiano, que es cuando comienza a ser productivo tanto fuera como dentro del tatami.

        Sé que en los tiempos que estamos se hace difícil depositar la confianza en alguien o en algo, pero si uno está en un entorno de práctica serio y seguro es primordial hacerlo para no perder el tiempo.

        Pero, ¿por qué tengo que tener una fe ciega en lo que me dicen en el tatami?

        Por varias razones:

        a) La primera, porque inicialmente el cuerpo no puede acompañar a la técnica porque no tiene la condición adecuada, por esa razón hay que hacer caso cuando te dicen cómo usarlo para ir adaptándote a los patrones motores del Aikido.

        b) Por tú desconocimiento tanto del principio que practicas como del Camino a recorrer. En cualquier campo que uno llega como novato hay que hacer caso a los que tienen más experiencia y quieren guiarte.

        c) Por tú interés en evolucionar, dado que se precisa los consejos que nos dan los que ya se han adentrado en el Camino para avanzar.

        d) También para saber tú posición dentro de la comunidad.

        Los problemas en este apartado aparecen cuando se cuestiona la autoridad, el conocimiento dado o hacen aparición los problemas psicológicos particulares de los estudiantes, y es cuando se carece de fe, por eso lo de estar sin realmente estar presente en el tatami malgastando el potencial que se tiene.

        2º Hay que tener curiosidad para comprobar lo que te dicen.- Siempre hay un punto de cierta inquietud de querer verificar si es o no verdad lo que te comentan aunque de entrada no se confié o se tengan resistencias. Y es esa inclinación a conocer lo que despierta dentro de ti el progreso, porque de esa actitud derivan varios beneficios:

        Fortalece tu compromiso, porque al constatarlo te va reafirmando en tu deseo por superarte cada día.

        Te protege de cometer muchos errores, porque no estás anclado y esclavo de una manera de ver la forma, porque cada vez que la investigas ves cosas nuevas dentro del mismo principio al irlo puliendo.

        Te ratificas en lo que vas consiguiendo, porque ya no solo tienes la opinión del Sensei, sino que compruebas por ti mismo su validez y su verdad.

        Incrementa tu interés por evolucionar, porque constatas cada día que vas progresando.

        Aprendes más fácilmente, porque el aprendizaje se hace divertido, por aquello de, ¡a ver que hay ahí detrás! Que es el combustible de la curiosidad.

        Disminuye el riesgo de perderte en un Aikido coreográfico, porque vas a ver muy rápido la diferencia entre un Aikido con contenido y sin él cuando un compañero arremete hacia ti con actitud o sin ella.

        La curiosidad es un valor inestimable en el proceso educativo, la cual nunca puede faltar dentro del plan de estudios de las capacidades internas básicas.

        3º El primer contacto con lo que te dicen es cierto.- Llevo trabajando con la alumna de los aguacates 2 años para que tengas los codos bajos y cerrados, la someto a una presión grande empujándola cada vez que le ataco o cuando hace de Uke para testar si está bien posicionada en su Kamae y esa raíz se manifiesta en un Ateri poderoso en sus brazos y manos y que no tenga perdidas en sus codos por tenerlos abiertos, pues bien, después de ese tiempo hoy ella a descubierto el poder que le da mantener los codos bajos y cerrados, ¡y lo mejor! Es capaz de detener mi empuje sin esfuerzo, ¡todo un alumbramiento para ella!

        Siempre les digo a mis estudiantes que se aferren fuertemente a situaciones como la que se acaba de comentar, porque es un hallazgo muy importante para su motivación – superación, y desde que se produzca hay que repetirlo cada vez que se practique, bien es verdad, que en algún momento habrá algún que otro fallo, pero hay que seguir arrimándose tanto a la ejecución de la forma correcta como en busca de la sensación percibida.

        Con esa predisposición y ciertas dosis de paciencia, segurísimo que llegaran más momentos reveladores como ese chispazo inicial que te aportó comprehensión.

        4º Perseguir el primer destello que se ha producido para hacerlo tuyo.- Cuando ha habido algún alumbramiento en cualquier faceta técnica relacionada con algún logro, hay que perseguirlo como un poseso para instalarlo en el cuerpo, es decir, hacerlo de uno. Es muy común que después de haber conseguido un resultado satisfactorio el alumno quede sorprendido, pero acto seguido se relaja y pierde ese ímpetu energético inicial.

        Cuando surgen situaciones así, es por la falta de tener presencia mental con continuidad en la acción, o lo que es lo mismo, una atención sostenida, porque desde el momento que haga aparición la intermitencia, ya se pierde el hallazgo conseguido, y por lo tanto, hay que volver a componerse, tanto físicamente, -en la ejecución de la forma correcta-, como mentalmente, -en la actitud interior- para volver a esa sensación de logro.

        Así que en esas circunstancias se plantea un nuevo comienzo para buscar “eso”, pero la parte negativa y que va a frenar el impulso, es que la motivación se fue, abandonó al estudiante por no mantener su mente focalizada, y por lo tanto, ha perdido la luz que le alumbraba y hay que echar mano de la voluntad para andar por la oscuridad, tentando a ver si da otra vez con la perilla para volver a encender el foco que antes le iluminó.

        Soy muy insistente con el desarrollo de las capacidades internas del Arte, pues bien, en situaciones como las que se ha comentado, es cuando se comprueba el valor de ellas, porque como no hagamos acopio de las mismas, estaremos perdidos por partida doble, por perder “eso” y por no tener capacidades que nos amparen para volverlo a revivir.

        5º El establecimiento en el descubrimiento realizado.- Aquí ya hay un dominio sobre lo logrado, por lo tanto, el alumno se ve acompañado de la satisfacción de hacer la acción según el modelo que le han mostrado y él es capaz de insuflarle vida, y lo que es mejor aún, está tan suelto en la dinámica, que durante la ejecución va viendo, se le aparecen o se encuentra con otras nuevas posibilidades.

        Son momentos de gran satisfacción y regocijo, donde se valora tanto los consejos recibidos, como el proceso realizado, y todo teniendo como origen - semilla la fe en lo que te dice el que te forma, al igual que los compañeros con más experiencia.

        6º La emancipación del Sensei porque lo descubierto es ahora de tu propiedad.- Es cuando lo que te mostraba una y otra vez ya lo dominas y lo haces tuyo, por lo tanto, ya no necesitas al Sensei para que constantemente te esté diciendo, ¡oye, presta atención a esto o a lo otro! Porque en ese nivel ya es tuyo y ahora tú como el Sensei se pueden concentrar en un logro superior dentro de esa misma pieza formativa o a lo que ella les pueda llevar.

        Si el establecimiento está lleno de gozo al lograr lo perseguido, la emancipación lo está de una gran libertad, porque dejas atrás una etapa del aprendizaje y te introduces en otra superior, y da igual que lo descubierto sea un detalle minúsculo, porque no hay que olvidar aquello de que “Los pequeños detalles hacen grandes diferencias,” y como bien sabemos todos, el Aikido está lleno de detalles.

        El problema de base surge por la carencia de fe de muchos alumnos, y he observado a lo largo de mi docencia, que la falta de la misma va muchas veces relacionada con la psicología del alumno, porque por ejemplo, revelarse contra la autoridad del Sensei en muchas ocasiones es oponerse de forma consciente o inconsciente a sus sugerencias y recomendaciones, y eso es producto por su pasado en otras facetas de su vida que nada tienen que ver con el Aikido, con el Dojo ni con su Sensei, pero ese patrón mental negativo hace aparición en entornos donde haya disciplina y pautas a seguir, y en éste caso, siendo tan perjudicial para el estudiante.

        Son obstáculos que si no se afina la percepción y la autoobservación pueden acarrear muchos problemas al discípulo, para que eso no ocurra, lo primero que tienen que hacer el alumno es tomar consciencia de su problema asociativo - negativo y tomar cartas en el asunto para afrontarlo y superarlo.

“Poca fe se otorga a los que tienen poca fe.” Lao Tsé.

Ishana Pérez, Abril de 2020.

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Los diferentes enfoques de Ippan Keiko

“El arte de la enseñanza es el arte de asistir al descubrimiento.”

Mark van Doren.    

        Hay distintos caminos que implican enfoques diversos para que el discípulo haga su descubrimiento sobre los principios del Arte, y es deber del Sensei correspondiente tenerlos preparados para aplicarlos cuando sea menester, esto se hace por varias razones:

        a) Por pedagogía.

        b) Para no caer en la rutina.

        c) Para motivar al alumno.

        d) Si con un enfoque no se consigue el objetivo de la comprensión en el alumno, se utiliza otro que puede ir más acorde con la estructura mental.

        e) Por dinamizar la enseñanza.

        f) Para ofrecer un abanico de herramientas y de posibilidades al estudiante que le van a ayudar en su evolución.

       Solo aplicar un recurso para la enseñanza es un síntoma de carecer de una buena didáctica y estar siendo esclavo de una sola herramienta pudiendo hacer uso de múltiples. Esto también demuestra la poca “profesionalidad” o formación como docente para conducir al alumnado.

        Ippan Keiko es la práctica habitual para impartir una sesión, donde el Sensei muestra en el centro un modelo teniendo en cuenta los 4 puntos cardinales, y después los alumnos lo repiten, bien sea en Omote, Omote y Ura, Ura, o tal cual lo expuso.

        Pero, ¿te has preguntado alguna vez si hay más formas de conducir a los estudiantes dentro de la estructura que ofrece Ippan Keiko? Es una pregunta que te recomiendo que te plantees, porque a buen seguro que encontrarás muchas formas que se te habían pasado desapercibidas.

        Tener diferentes opciones, significa más capacidad de adaptación para poder llegar a los alumnos y que estos hagan una buena evolución – formación. Veamos 7 formas de orientar y de rentabilizar Ippan Keiko:

        Clase con un enfoque clásico, que es como se ha expresado antes cuando se explica en el centro y los alumnos hacen según el modelo mostrado por el Sensei.

        Con este enfoque los alumnos son completamente responsables de sus acciones, que comienza con observar muy atentamente la explicación que se realizó en el medio para después calcarla, y cuanto menos se cuente con la ayuda del Sensei mejor, porque eso demuestra que has estado atento, has absorbido y captado lo que Sensei quería mostrarte y tú sin su ayuda la copias, lo imitas y la repites tal cual te la mostró.

        La comunicación oral es reducida, y si nos atenemos al modelo tradicional es inexistente, porque predomina el gesto sobre la palabra.

        Clases de retroalimentación, es un enfoque donde hay un feedback entre el Sensei y los alumnos. Eso quiere decir que el Sensei explica una técnica donde se hace hincapié sobre algún detalle concreto y los estudiantes hacen teniendo en cuenta ese matiz y donde pueden preguntar sus dudas.

        Aquí se puede enfocar de dos maneras:

        1ª Como estudio tal cual, que recordemos que es cuando ejercitamos el cuerpo junto con el entendimiento para alcanzar o comprender unas enseñanzas de forma directa y personalizada en un Dojo bajo la tutela de un Sensei, donde éste muestra una forma, los alumnos hacen y preguntan las dudas que surjan de su realización.

        2ª Como investigación o como objeto de indagación, que es un caso donde el Sensei hace énfasis sobre un modelo ideal, o los posibles problemas que los estudiantes podrían tener al practicar este u otro principio. Por otro lado, se puede contemplar también el abrir la técnica para ver lo que contiene, qué es lo que ofrece analizando cada matiz, al igual que también hay que tener en cuenta a donde nos puede llevar, bien sea por variaciones, por reacciones del Uke, por trabajos más avanzados dentro de la misma técnica o la relación con las otras.

        En ésta forma de estudio la comunicación oral es muy fluida y continua, de ahí lo del feedback, porque lo que pregunte un alumno, no solo le puede servir a él, sino que puede valer para los otros que están escuchando y observando, que también les puede beneficiar aunque no se les haya ocurrido la interrogante. Otro aspecto relevante es a lo que nos puede conducir, otra lectura es a lo que le puede dar pie al Sensei esa pregunta trabajando esa técnica concreta. Es un trabajo muy de codo con codo y muy cercano, donde se crean atmosferas muy participativas, muy esclarecedoras, y muy motivadoras, una prueba de eso, es que cuando hago sesiones con ésta orientación y se llega al final, mis estudiantes se asombran de lo rápido que ha pasado el tiempo.

        Clase sobre las dudas, es un tiempo donde se plantea una técnica y los alumnos preguntan sus dudas o dificultades para realizarla, y el Sensei solventa todas esas dificultades aclarándoselas a los alumnos.

        También puede ser al revés, los estudiantes plantean la técnica con sus dudas porque están atorados en determinados puntos y el Sensei va aclarando todos los matices de ella, para acto seguido que los alumnos la repitan teniendo en cuenta todas esas dificultades y donde se ha puesto el foco para dar luz donde antes no les iluminaba.

        Es importante aclarar que en ésta faceta las preguntas son sobre la técnica pura y dura, porque para la filosofía, para las capacidades, o para los valores del Arte existen otros marcos para aclararlos, como pueden ser las conferencias, las charlas teórico – practicas, etc., porque es muy común que haya estudiantes que se vayan por las ramas, por esa razón es importante contextualizar cada actividad formativa dentro del marco que le corresponde. Digo esto porque en las sesiones sobre las dudas se suda mucho, aunque el ritmo no sea tan vivo como con el enfoque clásico.

        Clase sobre el aspecto corrector, el Sensei enuncia una técnica y los estudiantes la realizan, se observa las deficiencias generales por parte de los alumnos y el Sensei las explica matizando donde no se debe incurrir en la ejecución que ha observado.

        Otra vertiente es cuando el Sensei muestra un modelo y los alumnos hacen, luego él va tocando - mostrando uno por uno la correcta ejecución, donde también tiene cabida la corrección personal hacia el estudiante, como la interrogante de éste si la planteara, y en un gran porcentaje, aparte de la perspectiva del Tori, también se puede enfocar sobre el correcto trabajo del Uke. Declinarse por una u otra opción, va en función del nivel que ostente el alumnado.

        Una cosa a resaltar aquí, es que el alumno con ésta dinámica obtiene una sensación, un conocimiento directo y sensitivo de una manera activa del Sensei, no como cuando es espectador atento y pasivo en la explicación central; éste concepto de vivencia directa también es aplicable a las sesiones sobre las dudas.

        Clase sobre la observación con agudeza, es un planteamiento donde el Sensei con una dinámica muy rápida ejecuta una técnica con un matiz determinado (se realiza una o dos veces y no más), que puede ser: un detalle técnico, una dinámica, un encuentro, un desequilibrio, un ritmo, una entrada con Time, etc., y luego los alumnos tiene que ser capaces de captar ese aspecto que ha realizado el Sensei de esa forma tan fugaz para seguidamente realizarlo tal cual lo mostró.

        Está claro que es un tipo de trabajo orientado para desarrollar las capacidades de percepción en la inmediatez, al igual que trabajar los aspectos de la mirada del reconocimiento inmediato y de la observación con Zanshin.

        Todos estos aspectos cultivados aquí son muy útiles, -entre otras cosas,- para cuando se esté en el rol de Uke y se quiera realizar un ataque correcto sobre el Tori.

        Clases especiales sobre determinados aspectos relevantes. Muchas veces hay que concentrar la lección sobre elementos destacados de la formación, así que se eligen esos temas sobresalientes y se planifican acotados con un determinado objetivo. El planteamiento para su desarrollo a nivel de base es con el modelo clásico, aunque también se puede echar mano de los otros modelos de desarrollo para las clases que se están comentando, pero lo que realmente destaca aquí son sus contenidos.

        Estas sesiones de Ippan Keiko son muy enriquecedoras, no solo por el planteamiento hecho, si no por su importancia para oxigenar la práctica clásica, porque aún estando realizando el modelo tradicional, lo estamos dotando de mucha creatividad y motivación para los alumnos.

        Se pueden utilizar como premio – recompensa tras conseguir una serie de objetivos que se perseguían durante un año, para mostrar una futura meta y se utiliza como muestra para encuadrar a los alumnos en el siguiente logro, otro aspecto donde se puede aplicar es para concluir un curso formativo, un aniversario, etc.

        Clases sobre el estudio del segmento, es cuando se muestra una técnica y se ven las posibles dificultades que los alumnos tienen, entonces se aísla la parte que da el/los problema/s, se desarrolla, se aclara y se practica aparte, para después volverla a incluir dentro del contexto global de la técnica para que funcione de forma correcta y los alumnos tengan una mejor comprehensión y penetración en su realización.

        Es un recurso que uso mucho, porque muchas veces los alumnos no son capaces de ver todo el conjunto porque hay muchos detalles, por ejemplo, en el control para Nikkyo y Kotegaeshi, donde los estudiantes noveles se suelen hacer un lio de brazos propios y el del compañero.

        Muchas de éstas 7 facetas que se acaban de comentar, se hacen muy someramente en una sesión normal por muchos Senseis, pero al hacerlo así, sin darle el protagonismo correcto, queda diluida y no se consigue el efecto deseado para hacerla efectiva y practica con una perspectiva pedagógica evolutiva, por el contrario, al hacerla específica es obvio que el enriquecimiento y el beneficio para el alumnado va a ser muy distinto porque está focalizado en una forma de hacer sin que haya distracciones de otro tipo. Por lo tanto, es responsabilidad del Sensei ver cuándo se precisa aplicar los diferentes enfoques de Ippan Keiko acordes a las necesidades que vayan teniendo el alumnado para fortalecerles y hacerles progresar.

        Muchos Senseis noveles hacen cosas por imitación de su referente, -que estaría muy bien si se comprendiera el verdadero alcance de lo que se hace,- pero normalmente lo que ocurre es que se desconoce el verdadero sentido de enseñar de ésta u otra manera para formar a sus alumnos, pasa como con los estados o métodos, que imitan a quien le inspira cuando explican en el centro, pero carecen de experiencia, de tiempo y de conocimientos para hacerlo con dominio propio y que esté acorde con el estado evolutivo en que se encuentra el instructor en ese momento.

        Otra cosa que hay que tener presente con todos estos enfoques, es cuando un par de compañeros se comprometen en una práctica personal, por ejemplo, durante 6 meses para alcanzar un objetivo concreto, todas estas formas que se aprenden al utilizar Ippan Keiko les van a ser muy rentables, por las siguientes razones:

        a) De entrada hay que adoptar el enfoque clásico, porque se coge la parte del Kihon acorde al objetivo planteado y se va desarrollando en cascada en base a los conocimientos que posean los dos estudiantes.

        b) Si hay alguna duda se enfoca como en la clase de retroalimentación, eso significa que se interroga uno a otro (con feedback entre ambos) para dar solución al problema con que se han tropezado.

        c) Si durante la ejecución uno ve que otro comete un error, pues se lo comenta, como se hace en una sesión correctora.

        d) Si uno de los dos no tiene claro cómo abordar tal o cual técnica, pues se ayudan mutuamente como en las clase sobre las dudas.

        e) Si entre los dos no pueden solventar algún problema porque supera sus conocimientos, al preguntar al Sensei les va a venir muy bien las capacidades desarrolladas en la observación con agudeza.

        f) Cuando se quiere trabajar sobre algún aspecto que sea importante de la forma que están estudiando, bien por carencias o por perfección, se puede recurrir a la técnica aplicada en las clases de los aspectos relevantes, porque aunque no sea un concepto especial del Arte y esté en la esfera de lo básico, para ellos que se están formando va a tener el mismo valor.

        g) Otra posible solución para aclarar las posibles dificultades que se tropiecen en el estudio de una técnica, es usar lo aprendido en las clase sobre el estudio del segmento, es un recurso muy útil para despejar cualquier duda que les pudiera surgir a ambos o perfeccionar un aspecto que anda flojo.

“Es importante enseñar a estudiar por cuenta propia, a buscar por cuenta propia, a asombrarse.”

Mario Bunge.    

        Como se ha podido ver, una herramienta como las distintas formas de enfocar Ippan Keiko puede ser muy versátil y rentable en función del contexto donde se aplique, y siempre con la visión de ayudar, de mejorar y de hacer evolucionar al estudiante.

Ishana Pérez, Marzo de 2020.

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¿Pensar o sentir – percibir?

        Es la lucha enconada del novicio hasta que comprende aquello de: observar, copiar, imitar y repetir sin añadir nada propio, es más, hasta que no dejes atrás el pensamiento alienante dentro del tatami, no vas a comenzar a practicar adecuadamente, ni se va a vivir el espíritu del Aikido.

        Expresión típica cuando digo que no se piense en el tatami:

        ¡Pero si no pienso, no puedo hacerlo!

        Hay que desechar el pensamiento racional, porque anula la capacidad de reacción, ejemplo muy simple:

        Alguien tropieza en la calle, quién es capaz de razonar en la forma que cae, cómo va esquivar un obstáculo si lo hubiera, con qué parte del cuerpo quiere impactar con el suelo, y si se cae o no.

        Por favor, si conocen a alguien que lo haga, quiero conocerlo.

        Mushin no shin, es la mente del no pensamiento, ¡y no es cualquier cosa!, vamos a intentar aclarar un poco el principio para que se comprenda.

       Mu shin no shin es ausencia de juicios emocionales basados en la atracción o la aversión, eso quiere decir que tengo que sentir y actuar de una forma ecuánime, es decir, con Fundosin. Éste proceder es tanto para la palabra, -un ejemplo de ello son los Mondo en el Zen-, como para la acción, más acorde con la dinámica en Aikido o en cualquier otro Budo.

        Cultivando ésta imperturbabilidad alejo pensamientos, deseos, juicios, esperanzas, miedos, inquietudes, etc., al hacerlo podemos tener una respuesta adecuada a la situación, -y nos volvemos a encontrar los dos campos otra vez-, tanto corporal como intelectual.

        Otras acepciones de Mushin quieren decir: “no pensamiento”, “inconscientemente”, “pensar sin pensar”, “no pensar”. Mushin es básicamente pensar sin pensar, que es otras de las expresiones típicas que se dicen en el tatami, actuar sin conciencia, volver nuestros actos conscientes en actos instintivos o inconscientes, por eso repetimos, repetimos y volvemos a repetir, para que la reacción sea natural, y nos volvemos a encontrar la otra expresión típica de los alumnos:

        ¡Pero para mí lo natural es pensar para hacer las cosas!

        Mi respuesta:

        ¿Cuántos años llevas conduciendo?

        ¡5 años!

        ¿Y con cinco años de experiencia conduciendo, aún piensas que marcha vas a poner?

        ¡No!

        Pues lo mismo deberías hacer cuando practicas.

        Otra cosa importada del Zen que nos tiene que ser muy útil es, “pensar con el cuerpo”, eso significa el estado de no mente, que se da cuando hay un flujo ininterrumpido y continuo, por ejemplo, muchas veces les digo a mis alumnos que si de Ukes entran en ritmo con la acción del Tori, uno no se cansa, solo cuando paramos la acción es cuando nos falta el aliento, pero para que eso ocurra, debe de haber presencia mental en la acción y un fluir constante, “El verdadero espíritu es como el agua y el espíritu incierto es como el hielo.” Takuan Sôhô.

        La cita de Takuan es clara y rotunda con el símil del agua y el hielo, por otro lado, con el no pensar en la acción, el gasto de energía es mínimo, el cansancio corporal también, pero la alerta mental es muy lúcida y presta a cualquier reacción.

        Esto si no se vive aunque sea un instante, no se puede comprender, y no necesariamente se puede experimentar en el tatami, puede ocurrir en un paso de peatones cuando un inconsciente no lo respeta y nos quiere atropellar, digamos que el espacio – tiempo para nuestra consciencia se paro y vemos todo muy lentamente, pudiendo reaccionar para que no nos atropellen, pero para un espectador, la acción ocurrió en una decima de segundo.

        Estoy seguro que cualquiera de nosotros en algún momento de nuestra vida habremos tenido una experiencia similar en nuestra cotidianidad, la clave es hacerlo natural y espontáneo, y ya para eso se necesita adiestramiento, por eso practicamos cada día dentro y fuera del tatami.

        ¿Y entonces, si no pienso, qué es lo que tengo que hacer?

        Se debe de comenzar por observar, copiar, imitar y repetir, después de haber desarrollado bien esos cuatro aspectos, el siguiente paso es adiestrarse en sentir – percibir al otro, Takuan también es claro en ese punto: “… Cuando percibes en un principio la espada que se mueve para golpearte, se piensa en contener a esa espada, tal y como se encuentra; tu mente se parará en la espada en esa posición exacta, tus movimientos serán anulados y tú serás abatido por tu oponente. Éste es el significado de parar.” Pero por el contrario: “Si ves la espada que se mueve para golpear y tu mente no se detiene por ella, encuentras y acompañas el ritmo de la espada que avanza y no piensas en golpear a tu oponente, ni ningún pensamiento o juicio te invade; entonces, si en el instante en que ves la espada, tu mente no se detiene ni por un instante y avanzas con determinación y le arrancas la espada al oponente; entonces, la espada del otro, ahora pasará a ser tuya y se convertirá, por el contrario, en la espada que abatirá a tu oponente.” Como se puede ver, otra vez la actitud del agua y el hielo es manifiesto y con resultados tangibles en la acción, pasa como con el ejemplo de tropezar en la calle, no hay tiempo para que intermedie el pensamiento racional.

        Está claro que para sentir o percibir al otro, la técnica y las capacidades van de la mano, ya lo dice Yagyu Munenori, “El punto decisivo radica exclusivamente en la percepción de las habilidades y las intensiones” porque de lo contrario, nunca habrá un buen desarrollo en el budoka, “Es importante lo que sucede cuando uno está muy presionado. -El primer principio- significa que te mantienes claro mentalmente, con gran atención y asegurándote de no caer en aprietos sin estar preparado.” Ibídem.

        Éste acercamiento a la propia sensibilidad no lo podemos limitar al tatami, hay que hacerlo extensible a toda nuestra persona y a todo nuestro entorno, y de esa manera afinaremos nuestra percepción.

        Ya en el Dojo, debe estar presente en todo momento, al entrar, sentir la temperatura que tiene, si las cosas se han movido de sitio, el suelo por el que se camina, al saludar a los compañeros sentir el estado de ánimo que traen, ver si sus cuerpos están relajados o tensos…, en definitiva, ser seres sensible dado que esa es nuestra naturaleza real.

        Comienza por tu cuerpo y emociones, luego, practicar en el Dojo, después en tu hogar, lo siguiente en tu trabajo y así sucesivamente, desde un círculo pequeño y que es más fácil de sentir y que uno controla, a otro mayor con más elementos cambiantes a percibir.

Ishana Pérez, Febrero de 2020.

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Las distintas dimensiones

“La felicidad consiste en poner de acuerdo tus pensamientos, tus palabras y tus hechos.”

Gandhi    

        Como dice un buen amigo mío, “La gente solo quiere hacer movimientos con el cuerpo cuando practican Aikido, pero no integrar los principios de la construcción del carácter del aikidoka que están presentes en el Arte, ¡eso ya cuesta más esfuerzo y no gusta tanto!”

        El Kamae (postura o base) tiene muchas dimensiones, que se podían resumir en una posición o actitud física, mental y espiritual en cualquier circunstancia que nos encontremos. Los estudiantes solo ven el aspecto técnico o estratégico, que sin duda es importantísimo, pero sí solo te quedas ahí, no has llegado ni a la puerta de la disciplina.

        No voy a escribir sobre el aspecto técnico relacionado con el Aikido ahora, porque ese trabajo ya lo hice en su momento, y lo desgrané hasta el último grano en la obra:

        El Kamae y los Desplazamientos en Aikido, disponible en Amazon con las siguientes opciones:

        El Kamae y los Desplazamientos en Aikido en Tapa Blanda.

        El Kamae y los Desplazamientos en Aikido en Versión Kindle.

        Si quieres ver en índice del texto, lo pueden hacer en el siguiente enlace:

kamae_desplazamientos_aikido.html#indice

       Quiero hacer referencia aquí a las actitudes y comportamientos que es el Ura del Kamae y a lo menos que se le presta atención.

        La actitud vital que se tenga para afrontar la cosa menos trascendente en nuestra vida es el cimiento o la base del Kamae, porque eso que parece sin importancia es el alma para mantener una postura en todos los demás campos de nuestra existencia.

        Dar y sostener una opinión es tener un Kamae; hay que tener Kamae para escuchar, tanto con los oídos como con el cuerpo; la actitud a la hora de afrontar un reto es otra forma de Kamae; la capacidad de adaptarnos a las vicisitudes de la vida es tener Kamae…, como podemos apreciar el concepto de Kamae cambia y ya no solo se limita a tener una guardia estratégica para aplicar una técnica en una acción de combate.

        Cuando uno indaga e investiga en los movimientos que hacemos para aprender la forma de base del Arte (el Kihon), vemos que está lleno de posiciones y actitudes en infinidad de situaciones, con la intensión de estar lo mejor posicionado posible para reaccionar. En español los sinónimos sobre el vocablo postura son bastantes: posición, actitud, colocación, situación, pose, apariencia, aire, forma, modo, presencia, figura, planta, apuesta, envite, jugada, juego, y ahora yo pregunto, ¿acaso no hacemos todas esas cosas cuando practicamos?

        Posición.- Ésta es obvia porque es la postura de partida y de finalizar las técnicas, eso se llama trabajar con Zanshin; acaso en la vida no debemos de comenzar cualquier cosa de una manera y terminarla de otra siendo nosotros mismos.

        Actitud.- Es lo que marca la diferencia entre hacerlo correctamente y con eficacia o todo lo contrario; una vida sin actitud es una vida muerta y sin contenido.

        Colocación.- De ella depende la fluidez en la Waza; ¿acaso cuando enfrentamos un asunto la buena colocación no marca la diferencia entre que las cosas sean más fáciles o más difíciles de llevar?

        Situación.- La situación marca una posición de ventaja dentro de la estrategia del combate, eso está fuera de toda duda; acaso una buena posición en nuestra ubicación, no nos permite aplicar mejor el principio del cambio cuando hay que rectificar algo en nuestra existencia.

        Pose.- Ya lo dice el proverbio, “La mejor victoria es la que se consigue sin luchar,” es la esencia del Arte de la Guerra de Sun Tzu; una buena educación con una urbanidad correcta y apropiada al momento, siempre abre más puertas que hacer lo contrario.

        Apariencia.- En la escuela Edo Yagyu Shinkage - Ryu, unas de las máximas es: “Apariencia e intensión,” es una estrategia muy beneficiosa para que no detecten nuestras verdaderas intenciones en el combate; una buena apariencia siempre es más agradable que una tosca, tóxica y con mala energía.

        Aire.- Un estadio que hay que alcanzar en Aikido es el gaseoso, “¡está, pero ya no está!”; tener un porte digno dice mucho de nosotros, porque revela al que sabe ver, hasta donde hemos buceado y nuestro estado de realización en la disciplina.

        Forma.- Sin aprender la forma y fundirnos con ella no podemos empaparnos del Arte. Podemos dibujar figuras en el espacio que no tendrán alma, porque con esa actitud no podemos llegar a su esencia como hace mucha gente; si no damos forma a nuestra realidad física, mental y espiritual, seremos hoja llevada por el viento de nuestro desorden existencial.

        Modo.- Un aikidoka tiene un talante forjado en el Keiko, y éste a su vez en los principios de la filosofía del Arte; la moderación es la esencia del equilibrio en la vida de cualquier Ser.

        Presencia.- Es la manifestación externa de la actitud interna a la hora de afrontar la acción con el otro; una presencia que emane dignidad siempre es respetada por todos en cualquier parte que estemos.

        Figura.- Hay que descubrir cada uno de los principios técnicos (las figuras, principios, técnicas o formas) de lo que consta la disciplina, porque en ellas está la esencia del Aikido; cultivar una buena forma es importante porque está en juego nuestra salud física y mental, y sin ellas nada es posible.

        Planta.- Hay que saber moverse en el espacio, de ahí la importancia de saber desplazarse bien. También hay que saber plantarse en la tierra, tener raíz para construir Waza y así tener contenido en nuestra técnica; estar bien plantado (ser cabal) significa cultivar los principios universales para vivir en armonía, y eso da paz en la existencia.

        Apuesta.- La práctica del Aikido es una apuesta constante consigo mismo, porque hay que superar muchos retos a cada instante; si no apostamos por ser felices, tener realización, amar y vivir, ¿a qué hemos venido a éste mundo entonces?

        Envite.- La disciplina siempre nos está sacudiendo con el esfuerzo para que despertemos, tanto nuestro cuerpo como nuestra mente, es un desafío continuo, el quid está en, ¿lo aceptamos o salimos huyendo?; hay que aceptar las apuestas de la vida para crecer y desarrollarnos como seres sociales, sin miedos ni limitaciones.

        Jugada.- Siempre practicamos con cuatro repeticiones cada uno, eso significa que tenemos las mismas oportunidades para poder perfeccionarnos en igualdad de condiciones, más allá de color de piel, estatus social, corpulencia física, etc.; hay que apostar siempre en la existencia por el juego limpio, eso nos dignifica como personas allí donde vayamos.

        Juego.- El Aikido es el juego de la Vida, porque vamos desarrollando la habilidad de luchar sin luchar.

        Adentrémonos en el Kamae más allá de la mera apariencia física – técnica, reflexionemos sobre nuestro hacer tanto dentro como fuera del tatami, con nuestros errores y aciertos, porque ahí estará el crecimiento en ambos campos, y nunca olvidemos que en el combate de la vida, el Kamae marca la diferencia entre la actitud que define el éxito o la derrota de nuestra existencia.

Ishana Pérez, Enero de 2020.

    El Kamae y los Desplazamientos en Aikido.

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Editoriales 2019EDITORIALES 2019

        

Los compañeros

“Si estamos juntos no hay nada imposible. Si estamos divididos todo fallará."

Winston Churchill.    

        En las pasadas Navidades de 2018, Raúl el benjamín del Dojo (6 añitos y con 6 meses de práctica en ese momento) me mandó un mensaje felicitándome las Pascuas y con un encargo, que lo hiciera extensivo a sus compañeros, haciendo alusión a ellos como “sus hermanos del Dojo.” Eso me llamó la atención, y junto con otras situaciones parecidas de otros estudiantes, es la razón por la que me he animado a escribir esta editorial para definir qué es un compañero en el Dojo.

        Es obvio que me referiré al compañerismo en un sentido de Dojo, no de gimnasio, éste sentido de Dojo sí que tiene relación con otro tipo de colectivos, como pueden ser: los empresariales, los grupos comunales, los equipos deportivos, los militares, con las ONG, etc., es decir, los valores a desarrollar son los mismos, aunque se cambie los gremios o los objetivos que cada uno persiga.

        Un compañero es alguien que se asocia con otro para el logro de un fin en común. El término compañero etimológicamente procede del latín ‘cumpanis’ (cum: con panis: pan), cuya traducción literal es ‘con pan’ dándole el significado de ‘compartiendo el pan’ o ‘los que comparten el pan’, o ‘comer de un mismo pan’, llegando hasta nosotros como ‘compañero’. Es un término que aparece por primera vez en las Glosas Silenses del siglo XI en lengua romance, que se encontraron en el monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos).

        Es muy interesante el origen etimológico de este vocablo porque en él está implícito la ayuda, la colaboración, el compartir para vivir mejor y donde todos salen satisfechos porque nadie gana y nadie pierde, ¿a eso nosotros no lo llamamos el espíritu AI – KI?

        El buen compañerismo lleva a trabajar en equipo, y eso favorece el aprendizaje, hay una mezcla compartida de fortalezas y habilidades, como decía la Madre Teresa de Calcuta: “Yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas,” otro de los aspectos de ésta filosofía de la acción, es que se distribuye la presión de la empresa emprendida para que las cosas se hagan de forma más fácil y se aumente la eficacia y el rendimiento tanto particular como global.

        Esto se produce cuando hay un grupo que comparten las mismas normas, tienen los mismos valores y persiguen los mismos objetivos, eso significa que el éxito de cualquier cosa que se afronte está asegurado, porque el ambiente y el entorno que se genera allanan cualquier obstáculo que pueda salir al encuentro.

        El compañerismo no se desarrolla por el solo hecho de compartir un tiempo y un espacio en común, en nuestro caso el Dojo, lo que lo hace posible es la actitud y la predisposición de ayudarse mutuamente. Lo contrario es el individualismo egoísta que merma cualquier atisbo de crecimiento, también puede pasar que unos determinados miembros marginan a otros por las razones que sean, y es cuando nace el conflicto y los ambientes rancios y tóxicos.

        ¿Qué es un compañero de Dojo?

        Se puede tener más o menos afecto con los hermanos del Dojo, como pasa con las familias consanguíneas, pero lo que cuenta aquí es lo que hermana y no lo que puede quebrar el vínculo, dicho de otra manera, “hoy por ti, mañana por mí.” Esto es fácil de entender, porque hay que tener en cuenta las razones que nos han llevado a estudiar en un Dojo y es obvio que se necesita la participación de otros para llegar a lo que uno anhela.

        Veamos una serie de situaciones típicas donde se precisa la ayuda y participación de otro:

        Nada más llegar al Dojo para que la persona más veterana nos reciba y nos presente a los demás miembros de la comunidad.

        Para conocer la instalación y ver y saber dónde están las diferentes áreas.

        La persona que nos introduce que nos muestre las normas de comportamiento y de funcionamiento de la escuela.

        La ayuda en los inicios en la parte técnica, que siempre se relaciona con los desplazamientos, Ukemis y las técnicas más básicas, porque de entrada uno se hace un lio y no sabe qué hacer.

        Cuando ya uno coge cierto impulso en la dinámica de las lecciones, en la práctica personal después de clase, puede haber ejercicios que se hagan en solitario, pero habrá otros que precisen la ayuda de un compañero.

        La motivación para afrontar otros retos como pueden ser los seminarios o los intensivos. Se me ha dado el caso muchas veces, que los estudiantes noveles no se lanzan a realizar una actividad formativa de más calado porque creen que molestan a los más veteranos, es aquí cuando interviene el camarada como estímulo y apoyo para conducir al novato, y de ésta manera que pueda experimentar un nivel superior de trabajo, que seguro que le va a venir muy bien en todos los campos.

        Estando con una baja temporal siempre es de agradecer que los compañeros se ofrezcan de una manera organizada y con cierta continuidad para realizar unas prácticas esporádicas y así no perder ni la sensación ni los conocimientos adquiridos hasta ese momento.

        Otro de los casos es cuando hay incompatibilidad de horarios y no se puede asistir a las clases oficiales, la prestancia de las compañeras para ayudar en la evolución y seguir apuntalando el crecimiento se agradece mucho.

        Cuando es por lesión se ve la capacidad de atención y sensibilidad de los miembros del Dojo si se interesan por el estado de su compañera. Porque de que sirve sentarse a meditar muy devotamente cada día, si después no se aplica en la cotidianidad la capacidad de atención-concentración desarrollada, si ocurre eso, habría que plantearse qué se está haciendo en la meditación.

        Si lo queremos ver desde el punto de vista del Aikido, es obvio que se carece, no se ha desarrollado, o no le interesa el aspecto de Zanshin, que recordemos que es aquello que permanece sin apegarse (aquí puede significar no quedarse anclado en un pensamiento o inmovilizado en una actitud), vigilante (la capacidad de estar alerta en todas las cosas y circunstancias), libre (que el pensamiento no se detiene o se observa con ecuanimidad) y totalmente presente aquí y ahora (sin la consciencia del aquí y ahora somos zombis o autómatas en la vida cotidiana).

        Uno de los mayores gestos de compañerismo que se puedan tener en el Dojo, es colaborar para afrontar un grado (que puede ser de forma reglada o por libre), piénsese que con nuestro método Kuubukan son 11 meses de un pacto de mutuo acuerdo, digamos que dentro de un año de práctica es un compromiso alto, porque como mínimo 1 vez por semana se tiene que realizar 1h. de estudio del grado.

        Exigirse mutuamente superación constante también es un gran gesto de fraternización, ello implica llevar siempre al compañero al límite independientemente del nivel que tenga, por lo tanto, la complacencia en estos casos no está bien vista. Es de cajón que se necesita mucha confianza y complicidad para hacer éste tipo de práctica con alguien, también decir que los beneficios obtenidos serán muy grandes para ambos.

        Muchas veces me quejo a mis alumnos, porque les veo que fuera del tatami tienen mucha complicidad y hacen muy buenas migas, pero luego dentro no son capaces de exigirse seriamente los unos a los otros, éste tipo de actitud no es buena cuando se afronta el Keiko como lo he descrito antes con ese compromiso de superación mutua. Eso no significa que no se quiera, se aprecie y se estime a alguien, todo lo contario, los vínculos nacidos de un estado de ser así son mucho más profundos y más duraderos.

        Independientemente de todos los medios que pueda haber para la comunicación en un Dojo, siempre es de agradecer que los compañeros faciliten la comunicación de cualquier índole, puede ser: de enseñanza, organizativa, o lúdica. Muchas veces el progreso en una escuela se ve frenado porque sus miembros no comparten la información de interés para el común.

        Creo que con éstos ejemplos son suficientes para comprender el sentido de compañero-cómplice-hermano en un Dojo, y no debemos olvidar que la educación que recibimos en Aikido es para llegar a tener una consciencia más trascendental en toda su amplitud, en palabras de Mahatma Gandhi, “Yo deseo llevar a cabo la fraternidad o identidad no sólo con los seres llamados humanos, sino que quiero llevar a cabo la identidad con toda la Vida.”

Ishana Pérez, Diciembre de 2019.

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Evolución y emoción

        Tú evolución no puede depender de un vínculo emocional con un compañero, porque el mundo que nos ocupa es muy inconstante, y si atas tu crecimiento a un estudiante que tiene muchas posibilidades de que esté poco tiempo en el Dojo, entonces, ¿qué vas a hacer y sentir cuando él se vaya?

“El Camino se recorre en compañía de pocos, pero durante él, nos encontramos con muchos.”

        La vinculación en positivo es muy importante para avanzar en el Budo, pero tiene que estar avalada por el compromiso y la constancia en la práctica, el hecho de ver con quién nos vinculamos, es un buen ejercicio de percepción y de atención para saber a quién le damos el favor de nuestra amistad y de nuestra confianza para estudiar el Budo.

        En un año natural pueden pasar muchísima gente por un Dojo, algunos curiosos, otros buscan relacionarse socialmente, en otros casos buscando la moda del momento, también los hay que buscan tener una condición física aceptable, los hay que andan perdidos en la vida y pican a ver si esto del Aikido va con ellos, etc.

        Hay que saber distinguir entre la educada, buena y cordial compañía, -que es importante para la correcta etiqueta en el Dojo, y por tanto la buena atmosfera en la escuela-, al afecto comprometido de una buena camaradería como estímulo y ayuda para el crecimiento. Esto es tan importante como aprender un principio del Arte correctamente.

        Por las conversaciones que mantengo con mis alumnos, es un tema que les preocupa y les cuesta mucho asimilar, hasta el día de hoy, hace mucha mella en su emoción cuando una persona que ha estado un tiempo en el Dojo (que suele ser entre 1 y 8 meses) y luego lo abandona, les comento que esto es como la vida misma. Cuantas veces en el vivir cotidiano a los “amigos” que conocemos durante una temporada, les vemos como se alejan de nosotros y no pasa nada porque nuestra existencia sigue, pues en el Dojo es exactamente igual.

        Leído a la ligera lo anterior, se puede llegar a la conclusión de que el estudio de un Budo es algo egoísta, y nada más lejos de la realidad, porque es un ejercicio de transformación para vivir más plenamente, pero en la Vía hay muchos obstáculos y la vinculación con personas no comprometidas con el Camino, con el Sensei y con el Dojo, es algo que nos puede hacer caer de ella muy fácilmente y es algo que abunda mucho.

        En occidente tenemos el hándicap que culturalmente se desconoce lo qué es y lo qué significa pertenecer a un Dojo y seguir la enseñanza de un maestro, y en la mayoría de los casos, piensan que van a un gimnasio, eso básicamente es que van a utilizar un servicio, y un Dojo es un centro de transmisión de una enseñanza, son realidades muy, pero muy distintas. Personalmente me cuesta mucho hacer entender el correcto espíritu de pertenencia a un Dojo, porque siempre me encuentro con la barrera del concepto de gimnasio y el de los centros de Fitness. Por otro lado, a las personas les gusta estudiar en un Dojo tradicional, pero no les gusta corresponder con el compromiso que eso requiere, como decía mi abuelo espiritual: “Si quieres el fuego, tienes que aceptar el humo.”

        También está la resistencia de muchos para comprender lo que significa el vínculo con un Sensei y con un Dojo al estar estudiando en él, es difícil avanzar con la misma estructura mental que se trae de la calle a una escuela tradicional si no se cambia de mentalidad. El hecho de acercarse a un Dojo, lo más probable es que se hizo con la intensión de modificar hábitos y conductas, por lo tanto, acceder a otro estadio más superior humanamente. En el caso de que no fuera así, entonces es como decía Swami Sivananda cuando hablaba de los discípulos díscolos o de los que andan perdidos, “…Éste es un error serio y lamentable. Ésta es la razón por la que no evolucionan. Pierden su fe en la eficacia de la práctica espiritual o Sadhana … vagan de un lado para otro sin ningún propósito.”

        La vinculación en positivo con un compañero significa aspirar a objetivos más altos, que es lo mismo que potenciar que se puede ir más allá de lo que uno cree para alcanzar nuestras aspiraciones, eso se da cuando hay apoyo, protección y ayuda, todo esto basado en una colaboración recíproca.

        Cuando hay una correspondencia así entre compañeras, el reconocimiento a nuestros esfuerzos por parte del Sensei es inmediato y eso lleva a afianzar más la unión con nuestra compañera de práctica, y es obvio que cuando ambas ven sus expectativas realizadas, la motivación crece y les catapulta a un logro superior.

        El ligamen es día a día, práctica tras práctica, de hecho, cuanta más práctica mayor es el nexo entre las compañeras y ahí es cuando se fragua la buena camaradería comprometida con el proyecto en común. Sobra decir, que la relación es de corazón a corazón (Ishin-Denshin).

        Es por todos conocidos que el secreto de la evolución está en que los alumnos estén motivados, para ello el primer requisito es que el Sensei cree climas favorables para el aprendizaje y eso básicamente es hacer la transmisión con amor, pasión y gusto por lo que se hace, eso provoca en los alumnos, compromiso, atención y ganas de superación. Esto nos lleva a que el estudiante con su esfuerzo obtenga placer por el hecho de aprender y por experimentar, tanto con su cuerpo como con la técnica, ese estimulante es de largo recorrido y mantiene la mente fresca y receptiva. Un ejemplo de que eso se ha realizado correctamente, es encontrar a un alumno que hace 10 años que abandono el Dojo, y que te comente con ilusión lo bien que se encontró en él durante su tiempo de permanencia, y ver en sus ojos un brillo especial al recordar dicha época.

        Otra faceta de esa sinergia es que los estudiantes rinden más con ambientes así de favorables, y eso es otro aspecto que retroalimenta la evolución. Por esa razón la vinculación con compañeros que quieran crecer, superarse y avanzar se debe de hacer con inteligencia y ver las actitudes y los hechos de los demás para vincularnos.

        Por ejemplo:

        Asociarse con personas que faltan mucho a clase, no es recomendable, porque son personas que no llevan una línea de formación ascendente, no han definido su compromiso y lo que hacen es ir a salto de mata.

        Volcar nuestros esfuerzos con alumnos que aprenden y olvidan rápidamente no es bueno, porque van a ser una rémora, y la razón es que siempre hay que tirar de ellos, y nunca maduran en ningún apartado, aunque lleven 20 años de práctica, por otro lado, siempre están dudando de lo que te comunican o en lo que te quieren ayudar y por esa razón te van a confundir.

        Con el fiestero, no es una compañía agradable, porque su mente solo está enfocada en lo lúdico y para él la práctica es un complemento de la fiesta.

        El vago nos va a robar nuestra energía y nuestro tiempo, es una persona tóxica que nos drena y nos contamina.

        Con el que pregunta mucho y no hace nada es perder el tiempo, porque es un curioso banal que carece de voluntad para superarse.

        El teórico que todo lo sabe nos va a llenar la cabeza de pajaritos y vamos a perder el tiempo con él, por muy buenas historias y aventuras que nos narre, y si uno se fija bien en él, se comprobará que es muy holgazán.

        Para el chismoso, me remito a la editorial que he escrito sobre él.

        Con el disruptivo, a éste personaje, dado que es un problema de más envergadura, le escribí en su momento un artículo.

        El egoísta solo piensa en él, y te va a utilizar para sus intereses porque es muy buen manipulador, y cuando no le seas útil te dejará en la cuneta. Éste aún no se ha enterado en qué consiste la filosofía del Aikido, son gente centrada en la lucha o la agresividad. Son muy fáciles de detectar, cuando practiques con ellos verás que siempre se olvidan de que cada uno tiene 4 repeticiones, e intentan robarte las 4 tuyas.

        Esta lista puede ser muy larga, pero creo que con los ejemplos anteriores se puede entender lo que hay que evitar. Ya saben el famoso refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres,” tanto en el Omote, cuidar de las malas influencias, como en el Ura, unirnos con personas positivas y voluntariosas. Por esa razón seamos inteligentes y busquemos asociaciones con estudiantes que nos quieran de verdad, que su compromiso sea serio y constante, que tengan el deseo de crecer en compañía, que aspiren a formarse sólidamente, que se alegren de nuestros éxitos, que sean trabajadores, que aspiren a romper sus limitaciones mentales, y a ser posible, que sean espiritualmente serios.

Ishana Pérez, Noviembre de 2019.

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Las contradicciones

“Tener éxito no es aleatorio. Es una variable dependiente del esfuerzo.”

Sófocles.    

        Muchos estudiantes se olvidan de las virtudes del Bushido y su interés en el Aikido se centra en como derribar al compañero, por esa razón entran en contradicción, porque lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen no va en la misma dirección, o dicho de otra manera, no tienen y no aplican ni Nen ni Makoto en su educación.

        En la virtud de Makoto, el hablar y el hacer es la misma cosa, por ejemplo, si se dice que se va a realizar una práctica personal de 15 min. después de clase durante 1 mes, ya de antemano esa práctica está hecha, no puede haber excusas como: “estoy cansado,” “hoy no tengo ganas,” “mañana la hago,” “hoy no tengo tiempo,” “me aburro…,” el hecho de sobreponerse a todas esas trampas de una mente perezosa y negativa, son formas de ir adentrándose en Makoto e ir viendo su poder, como dice Yamamoto Tsunetomo en su texto Hagakure: “El samurái debe obrar sin dudar, sin confesar el más mínimo cansancio ni el más mínimo desánimo hasta concluir su tarea.”

        Muchas veces les digo a mis estudiantes que si solo cultivan sus cuerpos, solo están aprovechando el 20% del potencial, el otro 80% ni siquiera lo tienen en cuenta.

        Makoto y Nen -que es concentración, pensamiento, momento y unidireccionalidad de la mente-, están interconectados, porque es el poder que conecta Mente-Ki-Cuerpo guiados por el espíritu en ambos casos, y es más, ejercitándose en uno solo se consigue el beneficio de los dos.

        En líneas generales, Makoto siempre se trabaja más como orden ético, y Nen más en la aplicación de la técnica, pero eso es el Omote (lo que se ve a simple vista), en el Ura (lo que no se ve a simple vista o está oculto detrás) las cosas son muy distintas, porque cuando se comienza a cultivar ambos, se ven los puntos comunes, y ahí te das cuenta que no hay diferencia entre la aplicación de una técnica con Nen, y tener una actitud íntegra en la vida cotidiana con Makoto.

        Los impulsos que llevan a las personas a tomar la decisión de practicar Aikido, en la mayoría de los casos se hacen inconscientemente y motivados por lo que oyen de la filosofía que lo acompaña, ¡es una buena motivación! Pero no debemos de hacerlo de esa manera, o si se prefiere, después de visitar el Dojo donde nos vamos a formar tener claro en la mente por lo que se va a trabajar, eso básicamente es:

        Reflexionar sobre qué es lo que se quiere conseguir al practicar la disciplina. Aquí cuenta todo: condición física, beneficio mental, el enfoque de una nueva manera de actuar, el desarrollo técnico, una vida más armoniosa, etc.

        ¿Cuánto tiempo voy a estar inicialmente en ésta actividad? Es importante marcarse un tiempo de contacto con el Arte para ver si va acorde con el carácter del aspirante, que en mi opinión no debe bajar de 1 año de práctica continuada.

        ¿Cuál es la utilidad que busco obtener para mí beneficio al realizar ésta disciplina? Las cosas tienen que ser prácticas y aplicables a nuestro vivir cotidiano, porque si no estaremos perdiendo y malgastando el tiempo y nuestros recursos.

        Al reflexionar sobre éstas tres preguntas ya nos estamos proyectando en Nen, para si se decide dar el paso aplicar Makoto.

        Para no ser incoherentes con nosotros mismos, es muy importante tener claro:

        Lo que inicialmente se desea o se pretende conseguir a nivel técnico, aquí es obvio que hay que comenzar integrando los elementos más básicos del Arte, para después poder edificar el resto encima, y estos son: el Kamae, los desplazamientos, los rodamientos, distinguir y realizar las técnicas básicas de la manera más elemental, esto es saber distinguir y hacer Omote y Ura en: Kokyunage, Ikkyo, Shihonage, Iriminage y Tenchinage.

        En las armas, saber, y distinguir la base, y esto son los Suburis de Jo y de Ken, que es lo mínimo de lo mínimo.

        Sin ésta base de la base, el Aikido se hace muy cuesta arriba para practicarlo y disfrutarlo.

        Es de vital importancia la coherencia entre lo que se desea y lo que se hace para alcanzar nuestros objetivos que previamente se ha formulado, por eso hay que invertir tiempo, dedicación y esfuerzo de una manera continuada, concentrada y ordenada, y esto hay que verlo en cada trimestre, semestre y anualmente, por esa razón los objetivos anuales son tan importantes, para proyectarse en el futuro más inmediato, o lo que es lo mismo, cultivar: concentración, pensamiento, momento y unidireccionalidad de la mente.

        La concentración significa aquí que nada me va a distraer de las metas que me he marcado en ese periodo de tiempo (trimestre, semestre o año), al igual que cada vez que realice la práctica de cualquier elemento de los que consta el Arte.

        El pensamiento significa que debo reflexionar sobre lo que estoy haciendo en cada momento, ¡pero no dentro del tatami! Se puede hacer bien cuando se viene al Dojo, cuando retorna a casa, o en cualquier otro momento que se tenga de relax.

        Hay que tomar consciencia que cada momento es único e irrepetible, de ahí que hay que aprovechar el tiempo y rentabilizarlo al máximo. Eso de “mañana lo hare” es carecer de Nen e incumplir Makoto.

        La unidireccionalidad de la mente significa no perder de vista lo que se quiere lograr en ningún momento, eso es desarrollar atención acompañada de la constancia en la práctica, para cada día caminar en la dirección de la meta marcada y estar más cerca del logro, independientemente de cómo esté mi entorno, y aquí me quiero referir tanto en el Dojo (a veces en los Dojos hay problemas, crisis, etc.) como en el ámbito personal.

        Como se puede ver la aplicación de Nen es muy fácil para la autodisciplina, no hay nada mágico, esotérico o misterioso, todo es simple y sencillo.

        Como dice Anthony Robbins: “Establecer metas es el primer paso en volver lo invisible en visible,” para ello hay que contar con el tiempo, por ese motivo hay que trabajar con los objetivos a corto plazo (un trimestre, también puede ser un mes), a medio plazo (un semestre) y a largo plazo (un año, que para una persona que comienza es un buen tiempo de contacto), ejercitándonos con elementos de los más básicos a los más avanzados en ese curso anual, no queramos comenzar la casa por el tejado, cimentémosla bien para poder añadir muchas plantas encima.

        Estoy completamente seguro que cualquier practicante de Aikido que ponga en práctica cultivar Makoto y Nen en 6 meses, su evolución sufrirá un revulsivo tremendo, junto con su carácter. Vamos a imaginar que lleva 5 años de práctica en Aikido (medio ciclo marcial) con mucha inercia, se percatará que al realizar esos 6 meses con Makoto y Nen, avanzará más que lo que ha hecho durante esos 5 años trabajando de una manera no consciente y no comprometida.

        Eso es producto de cambiar de actitud y de utilizar las herramientas del Arte, es la llave mágica que todo lo transforma y nos proyecta exponencialmente.

        ¡Prueben y me cuentan si no es así!

Ishana Pérez, Octubre de 2019.

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¡Tú te tienes que adaptar a él!

“Un ejército no tiene formación constante, lo mismo que el agua no tiene forma constante: se llama genio a la capacidad de obtener la victoria cambiando y adaptándose según el enemigo.”

El Arte de la Guerra de Sun Tzu.    

        En un alto porcentaje cuando las personas llegan a un Dojo, traen con sigo hábitos no naturales, como por ejemplo: no saben usar sus pulmones, no saben sentarse correctamente, no saben caminar, desconocen el uso de la estructura corporal, etc.

        Cuando se inicia el estudio de un Budo se debe estar dispuesto a cambiar, como dice el empresario Jim Rohn, “Tu vida no mejora por casualidad, mejora con el cambio,” por lo tanto, hay que tener la predisposición interna de dejarnos modelar por el Arte, porque lo contrario es construir un mundo de resistencias y bloqueos tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente, y entonces cabria preguntarse a qué hemos venido al Dojo.

        El principio del Arte que hay que desarrollar aquí es el de Musubi, porque es un nuevo nacimiento dado que nos unimos a un entorno para poder tener una realización de crecimiento personal, a través de una/s de las disciplinas del Budo. Es obvio que esto supone un reto, pero “La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero toma todo como un reto, mientras que un hombre ordinario toma todo como una bendición o una maldición.” Carlos Castaneda, Viaje a Ixtlán.

        Voy a enumerar las cosas más significativas a las que tenemos que adaptarnos e integrar para que el cambio sea efectivo al iniciar el estudio del Aikido, y así vamos abandonando nuestras resistencias y nuestros miedos, para sustituirlos por valores, capacidades, habilidades y destrezas:

        La etiqueta.- Hay que conocer la urbanidad que rigen la comunidad del Dojo, tanto por integración como por seguridad para ejercitarnos.

        Sentarse.- Es una de las primeras cosas que hay que integrar porque nos va a ser muy útil a lo largo de todo el proceso de estudio, por ejemplo: para poder respirar correctamente, para situar el centro de gravedad, para obtener sosiego, para flexibilizar nuestras piernas y pies, etc., y no olvidemos que pasamos una gran parte del tiempo sentados para observar lo que tenemos que realizar.

        Levantarse.- Es uno de los primeros momentos donde comenzamos a aprender a utilizar la estructura venciendo la gravedad, habría que destacar el uso y el fortalecimientos de las piernas y la verticalidad de la columna vertebral al hacerlo.

        Caminar.- Es lo primero que se aprende, para ello hay que hacerlo con una postura erguida, sabiendo pisar correctamente, que sean las piernas las que te lleven, eso básicamente es usar la musculatura de forma correcta. Sentarse y caminar se relacionan muy estrechamente, porque en sentarse aprendemos a situar el centro de gravedad (Tanden), y en caminar ponemos aprueba ese asentamiento cada vez que nos desplazamos.

        Respirar.- Sin saber respirar correctamente todo lo que hagamos es una quimera. Es de donde parte todo lo demás, por lo tanto hay que hacer los esfuerzos necesarios para aprender a usar la anatomía eficientemente, después, aprender a llenar y a vaciar los pulmones del modo apropiado. Hay que recordar que en nuestro Dojo tenemos cuatro tradiciones para desarrollarnos en éste aspecto: la marcial, la Hatha-Yoga, la meditación y el Chi-Kung, hay suficiente campo para perfeccionarla y desarrollarla ampliamente con diferentes y variados métodos.

        La Condición física.- Con la base anterior podemos abordar nuestra condición física, aspecto clave porque se relaciona directamente con la técnica. En líneas generales las personas llegan con grandes carencias de flexibilidad y da igual que sean jóvenes o mayores. Es un aspecto al cual se le debe de tener muy en cuenta, porque de ella dependerá la realización de un buen trabajo técnico. Como nosotros basamos nuestra educación física en la Hatha-Yoga, la flexibilidad y la tonificación corporal van de la mano, también hacer mención de que el adquirir flexibilidad está estrechamente relacionado con el correcto uso de la respiración, junto con la correcta manipulación del cuerpo.

        Éste campo es muy tangible y el estudiante se tropieza de cara con la situación en la que se encuentra el propio cuerpo, que se tiene que adaptar para que nazca una nueva condición física y por extensión un buen Aikido.

        La Fijación de cada elemento y de los principios del Arte.- Con la anterior plataforma, podemos dar el salto a la parte técnica del Aikido, porque ya hemos creado los cimientos adecuados para poder abordar la disciplina con propiedad.

        Elementos de base:

        El Kamae.- Es el soporte de la técnica y de la estructura corporal, tiene diferentes etapas, en las cuales hay que desarrollarse y perfeccionarla para llegar a la naturalidad.

        Los Desplazamientos.- Son la base del movimiento, y Aikido es un Arte del movimiento. Hay que conocerlos y distinguirlos todos y cultivarlos cada vez que practiquemos en las distintas situaciones: solo, acompañado, en los diferentes principios técnicos, con las armas, en los ejercicios, etc.

        Los Ukemis.- Es el cuello de botella del Aikido y donde las personas se resisten más a cambiar por sus temores e indecisiones, porque sin desarrollarlos mínimamente, esto es, rodar hacia delante y hacia atrás, no se va a disfrutar del Arte porque no nos hemos hecho amigo del suelo.

        Los elementos de cada nivel en la formación.- Nuestro Kihon es muy versátil, por ejemplo:

        a) Sirve para la formación reglada del sistema de grado con nuestra metodología Kuubukan.

        b) Es una guía clara y muy detallada para los instructores, con el objetivo del desarrollo de la base técnica de menor a mayor dificultad, tanto en armas como en mano vacía.

        c) Es un guión para que los instructores puedan hacer sus planificaciones para las sesiones, los seminarios o los intensivos.

        d) Para los estudiantes que van por libre y no quieren someterse al proceso de los grados, es un plano que les orienta en lo que hay que aprender desde lo más básico a lo más avanzado.

        Por lo tanto, el alumno tiene a golpe de vista todos los elementos técnicos que le hacen falta integrar en su cuerpo, con el objetivo de desarrollar un buen Aikido.

        Distinguir y realizar cada principio técnico con un nivel de ejecución elemental.- Aquí el problema que sale al encuentro y que abunda mucho en Aikido, son los analfabetos funcionales, eso quiere decir que hay practicantes que hacen las técnicas y los elementos del Arte si los ven, pero si se las pides no saben ejecutarlos. Esto es comparable al músico que toca de oído porque no sabe leer música, y tiene un problemón cuando le ponen una partitura delante y no sabe solfeo, y ya el remate, es cuando el profesor le diga y le señale en la partitura, ¡ahora comienza desde aquí!

        Hay que integrar la teoría y la práctica para llevarlas a la vez, también para poder comunicar en el mismo código, porque si no, no se va a poder realizar la transmisión de la enseñanza. Eso significa que hay que integrar costumbres, lenguaje y comportamientos de otra cultura, para poder comprender mejor el Arte en el cual nos estamos ejercitando, esto es otra prueba más de adaptación que hay que superar.

        Concreción de tiempo para alcanzar - asimilar cada elemento a un nivel de base funcional.- Ésta es la pregunta del millón porque cada alumno es distinto, pero aquí nos encontramos con otro aprieto que pone a prueba la adaptabilidad del estudiante, porque hay personas más capaces que otras para determinadas funciones, pero el Arte exige unos máximos de tiempo para integrar sus elementos de forma básica, que por otro lado, esto no va en contra del alumno, sino todo lo contrario, recordemos la cita de Carlos Castaneda al comienzo del escrito. También obliga al estudiante a salir de su zona de confort para no eternizarse o estancarse en determinados elementos que le van afectar en su evolución, al igual que a la de sus compañeros.

        Vamos a enumerar los elementos técnicos más esenciales que de entrada hay que integrar cuando se toma la decisión de estudiar Aikido:

        Mano vacía:

        Desplazamientos y Ukemis.

        Ejecución elemental en las técnicas básicas de: Kokyunage, Ikkyo, Shihonage, Iriminage y Tenchinage, y con los ataques básicos de: Katatedori Gyaku hanmi y Aihamni, Ryotemochi ryotedori, Katadori, Shomenuchi y Yokomenuchi.

        Armas:

        Shihogiri -4 direcciones-, con cada arma.

        Los Suburis de cada arma.

        Los 3 primeros Tachi dori y Jo dori (de agarre y de ataque).

        Veamos de forma detallada y según nuestra estructura formativa y con la frialdad de las matemáticas, las horas y el número de elementos a integrar en el primer año de práctica:

   Número de Horas en 1 Año de Práctica

   Elementos Básicos a Integrar en 1 Año de Práctica

   

   

   

   

   

   

   - 132h. de clases al año

   - 24h. de 3 seminarios anuales

   - 40h. de 2 intensivos anuales

   - 33h. practica personal anual de 15 min. después de clase

   

   

   

   

   

   

   

   - 7 desplazamientos

   - 2 Ukemis

   - Shihogiri

   - 20 Suburis de Jo

   - 7 Suburis de Ken

   - 9 Jo dori y Tachi dori

   - Kokyunage, Omote y Ura

   - Ikkyo, Omote y Ura

   - Shihonage, Omote y Ura

   - Iriminage, Omote y Ura

   - Tenchinage, Omote y Ura

   - Katatedori Gyaku hanmi

   - Katatedori Aihamni

   - Ryotemochi ryotedori

   - Katadori

   - Shomenuchi

   - Yokomenuchi

   229   Horas en total

   57   Elementos en total

        La integración de estos 57 elementos a nivel de base se tendría que conseguir en 1 año de práctica continuada o lo que es lo mismo, en 229h. y con el apoyo de 15 min. de práctica personal después de clase. Es un buen tiempo para conseguir aprender, distinguir y realizar cada elemento de forma básica, con un nivel de desarrollo de ó de 5º Kyu según la exigencia de nuestro plan de estudios.

        En el caso de los desplazamientos y de los Ukemis, se deben de ejecutar de forma básica en los primeros 6 meses (o lo que es lo mismo, en 114 horas de práctica continuada), recordemos que es el cuello de botella del Aikido.

        Para realizar eso hay que ser constante en las clases, voluntarioso y no aprender y olvidar rápidamente, porque entonces no hay manera de progresar y de iniciarse en el Aikido.

        El proceso de Shu.- Es el procedimiento tradicional para iniciarse en el aprendizaje, si se sigue Shu en el plan de estudios del Dojo y se aborda de forma correlativa y acompañado con los valores del empeño, las ganas y la asimilación de forma consciente, todo va a ir sobre ruedas, lo contrario, es tirar de un trineo en un mar de arenas movedizas o montarse en una montaña rusa de sensaciones sin contenido ni evolución.

        Si no hay cambio no hay progreso, la transformación supone un acto volitivo consciente de querer algo distinto de lo que se tiene en la actualidad, pero eso implica valor y coraje para afrontar situaciones a las que le tenemos temor, ese es el desafío del Budo, hacia uno mismo y con uno mismo.

“Mejorar es cambiar; para ser perfecto, necesitas cambiar continuamente.”

Winston Churchill.    

Ishana Pérez, Septiembre de 2019.

    ¿Qué logros has conseguido en un año de práctica?

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El valor para cambiar

"No se equivoca quien prueba diferentes Caminos para alcanzar sus objetivos; se equivoca, el que por miedo a equivocarse no camina."

Anónimo.    

        Últimamente nos llegan personas a nuestro Dojo después de recorrer un largo periplo dentro del Aikido, y lo hacen buscando un nuevo horizonte para su práctica por diferentes y variados motivos personales. Lo que tienen en común todos, es que les atrae “nuestro” Aikido, también debo decir que arriban a nuestra casa con muy mala base, aún viniendo de diferentes y variados entornos de Aikido practicado en España.

        Pasar de un entorno de formación a otro y encontrarse con un Aikido más sutil, más estructurado y de más nivel, supone la enorme empresa de afrontar un reciclaje en la formación, y no todas las mentes ni todos los corazones pueden soportar ese trabajo.

        En una travesía de este tipo, pocos son los estudiantes que la consiguen realizar, bien sea con nosotros o en otros entornos donde haya una exigencia en la formación, la razón es muy simple, porque hay que adaptarse y entregarse para que su cuerpo pueda asimilar los principios de base de los cuales carecían cuando llegaron, porque ya traen el vaso lleno, y en su mayoría, no lo quieren vaciar para volverlo a llenar, y así es imposible encausar a un estudiante en una nueva vida en el Aikido.

        Otra cosa que va a influir mucho, es en qué momento pilla al alumno ese cambio, por ejemplo, si un estudiante lleva 1 ó 2 años de práctica, tiene muchas posibilidades de salir exitoso y realizar su nueva transformación, -tenemos varios casos así y con buenos resultados-. En cambio, los practicantes que llevan entre 3 y 10 años o más, ahí ya la cosa se complica mucho, porque es muy difícil desmontar todos esos vicios que no se ajustan a los principios fundamentales del Aikido, me voy a explicar.

        Si una persona lleva 3 años practicando y todavía no tiene asimilada la base elemental del Kamae, va a ser muy difícil poder construir Waza encima de esas arenas movedizas.

        Si un estudiante después de 5 años de práctica no domina el Ukemi, como vamos a poder trabajar con él con contenido, está claro que en un entorno donde se trabaje sólidamente va a sufrir un accidente por su carencia, tampoco se le va a poder explicar trabajos más sutiles porque no va a ser capaz de recepcionar y de reaccionar bien en la acción.

        Si un alumno después de 7 años de práctica no ha entendido el contacto o el Ateri, o si se prefiere llamar, la extensión de la energía a través de sus brazos y manos con contenido y sensibilidad, no va a poder comprender trabajos más sutiles y sensibles del Aikido.

        Y ya en el peor de los casos, es si un alumno después de 9 años de práctica vienen de un Aikido coreográfico y no tienen sentido del Ma – Ai (la correcta distancia), del ataque con contenido, del Time (el instante preciso y el ritmo), de la adherencia, del contacto, de la acción – reacción, etc., en estos casos es casi imposible reciclarlo.

        Otra cosa común a todos, es la poca educación física con la que nos llegan, eso significa que no saben respirar correctamente, con todo lo que eso implica; carecen de un contacto sensible con la tierra, es decir, no saben situar su centro de gravedad, y por lo tanto, tienen muy mal equilibrio a la hora de moverse por el espacio; no saben utilizar su estructura corporal, hablo de cosas tan simple como los miembros y las articulaciones simplemente; tienen una alta rigidez en su cuerpo, aún siendo personas jóvenes y que llevan un largo tiempo practicando; no tienen sentido de la alineación estructural de su anatomía, bien sea, sentados o en movimiento, y voy a parar aquí para no hacerlo tedioso.

        No sé que se enseña por ahí, pero esto demuestra que no es cuestión después de un tiempo de práctica y de sacarse unos cuantos Danes, ponerse delante de un grupo de personas para enseñarles a hacer figuras o movimientos con el cuerpo en el espacio, el Arte y la educación en el Aikido incluye otras muchas más cosas que un formador responsable en primer lugar, debería conocer y dominar, y en segundo lugar, debe de tener en cuenta a la hora de enseñar a esas personas que depositan su confianza en él.

       En el apartado de la Waza, no me importa que traigan formas distintas a las de nuestro Kihon para afrontar la realización de una técnica, -todo lo contrario, siempre les digo: ¡ahora ya sabes 2, la que traes + la que te enseño!-, pero ese hacer siempre se debe ajustar a los principios fundamentales, lo cual en el 99 % de casos no es así, me explico para que todo quede claro.

        Si a la hora de posicionarte en Kamae tienes la solidez de un flan de caramelo bamboleándose sin raíz de un lado a otro, para mí eso no es correcto.

        Si en el paso de Ikkyo a Nikkyo o Sankyo, no hay un contacto con adherencia y un control sobre el Uke para aplicar dichas técnicas, para mí esa forma no es correcta.

        Si al realizar Kotegaeshi, no sabes cabalgar y conducir al Uke, no se está dominando la situación, tampoco para mí eso está bien hecho.

        Si al desplazarte no sabes realizar los desplazamientos para desequilibrar al Uke, es una ficción por tú parte el aplicarle una técnica, por lo tanto, todo lo que se construya sin desequilibrio no es correcto.

        Si a la hora de atacar en Shomenuchi o Yokomenuchi lo haces totalmente abierto exponiendo la cara, para mí ese ataque no es correcto, y ya el colmo del caso, es si el brazo (la Tegatana) no tiene contenido, -siempre adecuado al nivel del Tori-, o paras el ataque a mitad del recorrido, es decir, no hay una realidad - contenido en ese ataque. Esto también es aplicable a los ataques con los agarres, quiero decir, el Uke a través de la sujeción debe de ir a dominar el centro del Tori, hacer un agarre sin contenido es otra ficción. Otro de los fallos garrafales en ambos casos, es que se ataque y se defienda a la vez, para mí todo eso es incorrecto.

        Dentro del aspecto mental, también hay que contar con la implicación emocional que aún queda con el pasado reciente, entiendo que es difícil dejar el apoyo afectivo que se tenía, -aún cuando a nivel consciente se haya decidido cambiar-, para dar una oportunidad a una confianza nueva, pero normalmente el inconsciente siempre traiciona, y es muy típico oír a los recién llegados hacer comparaciones y comentarios, o verles que aunque les expliques un principio de determinada manera con el soporte en los principios fundamentales, ellos no se esfuerzan en adquirir la nueva forma, siguen esclavos, anclados y encerrados mentalmente en sus viejos patrones y no son capaces de hacer un salto de fe a ver que contiene y si funciona tal y como nos dicen.

        Esa dualidad mental es muy difícil de superar, y yo diría, que es más difícil que la física-técnica, de hecho, los que no superan la fase de la implicación emocional con su pasado, hasta el día de hoy terminan marchando de nuestro Dojo en un corto período de tiempo, que suele oscilar entre 1 y 8 meses para seguir en su periplo de “Ronin” en el Aikido, yo les recordaría lo que comenta el maestro Shunryu Suzuki en su libro Mente Zen, Mente de Principiante cuando dice: "Recoger retazos de información de diversas fuentes, con la persuasión de que así podemos incrementar nuestro conocimientos. En realidad, cuando se consigue ese camino se acaba por no saber nada en absoluto." Siempre es mejor buscar un entorno de su gusto, donde se sientan cómodos y con un buen hacer en Aikido, para después con absoluta determinación formarse muy bien en esa escuela, en vez de errar de lugar en lugar.

        Pero lo que ocurre en un alto porcentaje, es que suelen terminar abandonando la práctica del Aikido porque no encuentran su Shangri - La, ¡toda una lástima! Esto es consecuencia de no tener un gran anhelo por el Arte, y de no haberse formado correctamente desde sus inicios. Muchos me han comentado que se sienten frustrados, engañados y defraudados después de tanta implicación y de tantos esfuerzos empleados, algo por otro lado que comparto completamente, pero si no se tiene el valor y el coraje de dejar atrás las ataduras mentales-emocionales del pasado reciente, para ir hacia el nuevo horizonte que se abre ante ellos, va a ser muy difícil remontar en cualquier sitio al que vayan.

        Hace poco vino un visitante al Dojo y al hablar con él me comentó que hacia Judo, y le pregunté que si seguía practicando, y me dijo que no, que ya lo había dejado. Le comenté que cuando uno se inicia en un Budo, ya no hay vuelta atrás, es para toda la vida, lo podemos complementar con otro Budo o podemos realizar una práctica personal en complicidad con un compañero, pero para nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón no es bueno abandonar, la Vía discurre a veces por desfiladeros escarpados y peligrosos, y otras veces por valles frondosos y floridos, pero independientemente por donde fluya el Camino, no hay que abandonarlo.

“Abandonar puede tener justificación; abandonarse, no la tiene jamás.”

Emerson.    

Ishana Pérez, Agosto de 2019.

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La presencia

        Cuando Yagyu Munenori en su libro La Espada Mortal, describe el ánimo y la voluntad dice lo siguiente:

“La mente que tiene una específica actitud hacia el interior y una intensa concentración de pensamiento se llama voluntad. Siendo la voluntad interior, lo que emana hacia el exterior es el estado de ánimo.”

        Por lo tanto, la persona que irradia un estado de Ser Aquí y Ahora, que se manifiesta por la disposición del cuerpo y una resolución inquebrantable en su mente, tiene presencia en cualquier situación en la que se encuentre.

        La presencia que se encuentra latente, se manifiesta después de educarla, y es natural, no podemos envolverla con cosas para que de una determinada imagen, porque entonces no es real, y tiene que ser nuestra imagen auténtica. Bien es verdad, que todo el trabajo que se realiza tanto interno como externo con nuestras disciplinas, va formando nuestra presencia y potenciando nuestra figura externa, que es lo que perciben los demás, y a su vez, está animada por “algo” que es lo que le da ese carácter cautivador.

        La presencia en el Budo está ligada íntimamente al principio de Zanshin, porque es un estado de consciencia en alerta y presto a actuar, pero sin crispación, de ahí ese halo de seducción que nos atrapa.

        La diferencia entre presencia y actitud, es que la presencia es estar y la actitud es predisposición, y las dos juntos forman el carácter hacedor del budoka.

        Ahora la pregunta es, ¿cómo se desarrolla la presencia?

        Durante muchos años terminaba mis clases, sentado en Seiza, antes del Rei final, e invitaba a los estudiantes a que hicieran un pequeño ejercicio de introspección y de cimentación de lo que habían aprehendido en esa clase, curso o intensivo, el tiempo para ello es de uno o dos minutos, con el objetivo de desarrollar las siguientes cuatro actitudes: presencia, alineación, soltar o relajar y centralizar, esto es:

        Lo primero es desarrollar presencia, y se hace al prestar atención a la actitud, esto es sentarse correctamente en Seiza, para desprender y adoptar una postura que debe de emanar serenidad y tranquilidad al estar sentado en reposo con atención en el Aquí y Ahora.

        Lo siguiente que se indicaba es alinear la estructura, en este caso hay que tener en cuenta buscar la verticalidad con la columna vertebral, la nuca, las orejas en línea con los hombros, la nariz con el ombligo y la coronilla con el perineo (es el espacio que se encuentra entre el ano y el sexo).

        Después, soltar o relajar, y se comenzaba por la frente, el entrecejo, los ojos, las orejas, los pómulos, la mandíbula, la lengua (que debe de tocar el paladar), la nuca, el pecho, el abdomen, los hombros que deben de estar bajos y relajados, los codos, los antebrazos, las manos (que reposan sobre los muslos sin abrir los dedos), los omoplatos, la zona lumbar sin que caiga la pelvis, las piernas y los pies.

       Y por último, centrarse en el bajo vientre (Hara) concentrándose en el ritmo de la respiración, -que debe de ser abdominal, baja, profunda y suave, manteniendo la verticalidad de la columna-; llegados aquí, hay que dejar que el trabajo realizado llene todo el Ser, sin que medie el intelecto por medio ni que divague la mente de un lugar a otro, luego hay que dejarse inundar por la Waza (la técnica) a través de la respiración -Kokyu-.

        Últimamente lo resumo y condenso todo lo anterior en decir solo presencia.

        Éste proceso se debe de hacer también cuando se comienza la clase para aunarse para el trabajo, y con tal predisposición, el enfoque de la práctica y el de nuestra mente es distinto en contraposición a sentarse sin más en Seiza, que es lo que suele hacer la mayoría. Es obvio que el rendimiento va ser muy diferente con esta predisposición inicial del ánimo.

        Éste simple ejercicio no solo se obtiene un beneficio en el Dojo, sino cuando salimos de él y retomamos nuestra vida cotidiana, que se llega con una mente fresca, lúcida y presta a actuar con eficacia.

        Vamos a seguir enumerando aspectos muy simples que van a mejorar nuestra presencia cada vez que estamos en la escuela que nos forma.

        Al entrar en el Dojo.- Insisto mucho en éste aspecto porque de comienzo en la educación como aikidoka o como budoka, es vital, desconectar de los quehaceres del día y centrarnos en lo que va a ocurrir sobre el tatami. Por lo tanto, debe de haber una antes y un después para prepararnos con la actitud adecuada para la práctica.

        Al entrar al tatami.- Como mencioné más atrás, ahora es de obligado cumplimiento aunarse si uno se quiere desarrollar bien en la disciplina, y antes hice un guión tipo, que lo único que habría que cambiar con respecto al final, es que en vez de cimentar, es predisponerse con atención – concentración para el Keiko.

        También aquí hay que contemplar el llevar la ropa de práctica correctamente puesta y limpia (esto incluye el aseo previo antes de la clase), con ese gesto ya se irradia o no una presencia, y al mismo tiempo se da ejemplo a los demás para generar una atmósfera de pulcritud sobre el tatami.

        Al caminar.- Aspecto clave en cualquier disciplina que implique el movimiento, sin saber caminar no se va a poder progresar ni se va a saber utilizar el espacio. Tenemos que tener varias cosas en cuenta: saber pisar, aquí están contenidas muchas cosas, como son la disposición del peso en las piernas al igual que en el pie; el arraigo, que nos hace tener contacto con la tierra; el uso correcto de los apoyos, y entre éstos el metatarso; el correcto uso de tobillos y rodillas, éstas últimas como no estén sueltas y flexibles seremos lentos, rígidos y arrítmicos. La determinación, muchas personas son indecisas o dubitativas a la hora de moverse sobre el tatami, no proyectan sus cuerpos con una intensión clara en el espacio y eso es un gran problema para después desplazarse y encontrarse con el compañero de práctica (De - ai), en nuestro Dojo educamos el caminar desde la limpieza del tatami, al igual que con las armas como a mano vacía con ejercicios específicos para tal fin, o trabajando los desplazamientos específicos para el Aikido. La proyección mental, se relaciona con lo que acabo de decir. Es importante que nuestra mente se oriente de forma lineal cada vez que se afronte una dirección en el espacio, eso se ve muy bien al hacer Kin Hin en el Za Zen, que es otra forma de aprenderlo.

        El ritmo en el trabajo.- Cuando veo a los estudiantes practicando sé la predisposición y la presencia que tienen por cómo se mueven en el tatami, independientemente de su nivel. Otra cosa que delata la presencia o no, es el compas a la hora de realizar las técnicas, cuanto más acompasado y más armónico sea su movimiento, más presencia tiene en la acción.

        En la posición de Uke y de Tori.- Aquí la responsabilidad de estar presente es del 50% para cada uno, porque el que deje la apertura de la intermitencia, y por lo tanto, no tiene presencia, corre el riesgo de que el compañero le realice una contra.

        Dicho esto, siempre se demanda del Uke que tenga presencia en su ataque para que el Tori pueda hacer e investigar en la Waza, si el Uke no realiza una embestida con ánimo en su ataque y en sus respuestas hacia el Tori (siempre adaptándose al nivel del compañero y con sensibilidad), lo que se haga está dentro de lo coreográfico, pero no dentro de lo marcial.

        En el cuerpo.- Si ya tenemos una presencia mental con nuestra predisposición, esa energía hay que hacerla extensible inicialmente a los brazos y manos (Ateru o Ateri, unir, coincidir, juntar), para posteriormente extenderla al resto del cuerpo, es decir, debemos rezumar sensación y sensibilidad cada vez que trabajemos con el compañero para mezclarnos y unirnos a él con cualquier ataque y en cualquier distancia.

        Para no hacerlo muy largo y dar detalles a grosso modo, dividimos el cuerpo en dos:

        Parte inferior o piernas, rodillas, cintura y demás, esto tiene una relación directa con la colocación del cuerpo y el Kamae, y éste campo puede ir desde colocar los pies bien de forma triangular, flexionar las piernas, que estén tonificadas para que puedan dar respuesta a los desplazamientos y la Waza, etc.

        Si no hay una presencia en todos estos aspectos como en otros más, es muy difícil construir la práctica desde abajo, porque siempre estaremos en déficit para conseguir nuestros objetivos.

        Parte superior o brazos, manos y demás, es el otro lado complementario y en apariencia es el más tangible porque son las partes que tienen más contacto con los compañeros, que son de igual de importantes que la raíz que está en la parte baja y que a su vez sustenta a la alta.

        Cuando antes hablaba de rezumar, mezclar, unir, etc., es lo que tenemos que hacer con nuestra presencia y la del compañero, esas dos juntas y cada uno en su rol, es lo que da un Aikido con contenido, sutil, practico, dinámico y sensitivo.

        Una de las maneras que tenemos en nuestro Dojo de incrementar la presencia tanto en la parte superior como inferior de nuestro cuerpo, es cuando trabajamos la forma de Chi – Kung Zhan Zhuang en nuestras clases, seminarios o intensivos, es un modo de encararnos con nuestro cuerpo y mente sosteniendo una presencia continua para que circule nuestro Ki por todo él, al igual que liberar a la estructura de tensiones y bloqueos energéticos.

        La dirección en el espacio.- Lo que suele pasar con éste aspecto es ver estudiantes que agachan la cabeza cada vez que practican, y eso es un gran problema con la visión.

        Siempre les digo a mis estudiantes que hay que afrontar las direcciones en el espacio como la relación con el compañero de forma lineal, es decir, enfocando los dos centros que tenemos, el entrecejo y el bajo vientre, en línea recta con los del compañero y si fuera en el espacio, con la dirección en la que nos vamos a mover.

        Parece algo obvio y fácil, pero tiene su educación y su trabajo, y cuando se comienza a desarrollar, comprobaremos que está íntimamente relacionado con la unificación estructural al movernos.

        En la mirada.- Esto tiene una importancia tal relevante, que en mi obra: La Planificación en Aikido a Través de los Cuadernos Técnicos, en su página 193 cuando describo los Elementos de Aprendizaje de 6º Kyu en el apartado del Kamae, en el punto: “La mirada debe estar siempre dirigida al frente, no hay que bajarla al suelo ni elevarla al cielo,” enumero 8 formas de trabajar la mirada que hay que ir integrando en cada uno de los Kyus, y son las siguientes:

         Ejercicios oculares.

         Agudeza visual en estático.

         Visión concéntrica.

         Visión periférica.

         Coordinación óculo-corporal.

         Agudeza visual dinámico.

         Reconocimiento inmediato.

         Observación con Zanshin.

        Cada una de ellas hay que trabajarla 1 año completo cuando los estudiantes están en periodos de formación en los grados, o si siguen el proceso de formación en los niveles de aprendizaje, (la y la se trabajan en 6º Kyu, y la toda la vida), para así desarrollar los distintos tipos visión que es un complemento del aprendizaje del aikidoka, piénsese, que en las explicaciones centrales se muestra lo que hay que realizar, y por lo tanto, la formación.

        Por eso dije al comienzo de este apartado, que era una asignatura destacada en la formación del curriculum de aprendizaje del estudiante en nuestro Dojo.

        Otra de las formas de desarrollar presencia es con la meditación, y si queremos una muestra de ello, observemos cualquier estatua del Buda Gautama. Al practicar la meditación están contenidos todos los elementos que acabo de enumerar: recogimiento interno, intensa concentración, lo que se emana al exterior, saber sentarse, la alineación corporal, la posición del cuerpo, la mirada, la estabilidad estructural, etc.

        Si tiramos de la etimología también es reveladora, la palabra viene del latín “presentia”, que significa “cualidad de estar delante” y que se compone de tres partes diferenciadas:

        El prefijo “pre-“, que puede traducirse como “antes”.

        El verbo “esse”, que es sinónimo de “estar”.

        El sufijo “-ia”, que se usa para indicar “cualidad”.

        Cultivemos presencia para elevar nuestra práctica y nuestro Aikido a otra dimensión.

Ishana Pérez, Julio de 2019.

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¿Niveles o no niveles en la educación en Aikido?

"Enseñar a quien no tiene curiosidad por aprender es sembrar un campo sin ararlo".

Richard Whately.    

        Personalmente soy partidario de la enseñanza por niveles en Aikido. Eso de meter en el mismo saco a todos para formarse no me parece adecuado ni pedagógico, y hay una razón muy simple, unos estudiantes van a frenar a otros, por lo tanto, el conjunto del Dojo se verá retrasado. Pensemos en un ejemplo muy simple como son los Ukemis, los alumnos novatos tienen que tener un desarrollo más elemental que los que ya han asimilado la base mínima, entre otras cosas por su seguridad, por otro lado, los que ya han asimilado lo elemental, también retrasarían a los avanzados, porque no podrían afrontar trabajos técnicos superiores que éstos realizan porque lo reclama la técnica, por ejemplo en Morotedori, Udegarami Jujinage.

        También quiero hacer una precisión, cuando me refiero a niveles no me estoy refiriendo a grados en Aikido (bien sean de Kyus o de Dan), sino a estados de comprensión en el aprendizaje, eso quiere decir, entender o alcanzar algo en las sucesiva etapas que hay en la formación, que a su vez son las fases por los que pasa el cuerpo y la mente del alumno en su evolución en el Arte, y para ello bajo nuestra metodología, he utilizado los elementos que componen nuestros grados de Kyus para la formación en nuestro Dojo.

        El quid de la cuestión y que va a condicionar toda la educación, el plan de estudios y la evolución de los alumnos, es dónde se establecen los cortes de los distintos niveles del aprendizaje, es un tema que cada Sensei se lo debe pensar muy bien cuando confeccione su enseñanza, y por propia experiencia, les aseguro que hay que darle muchas vueltas antes de establecerlos.

        Cuando diseñé nuestra metodología, establecí 3 niveles de aprendizaje: el primero es de a 4º Kyu, el segundo de a 1º Kyu y por último, el tercero que serían los Yudanshas.

        Esta división es aplicable a todos los campos de la enseñanza: armas, mano vacía, elementos básicos, principios técnicos, ejercicios, elementos de aprendizaje, Ukemis, etc., pero ¿cuáles son las razones de ese planteamiento?

        Las razones son cinco: la primera para hacer el Kihon didáctico; la segunda, para hacer una progresión de menor a mayor dificultad, y por lo tanto favorecer el aprendizaje de los alumnos; la tercera, por la propia seguridad del alumno novel que llega y no tiene idea de nada, y debe de ir avanzando con confianza en el proceso educativo; la cuarta, por motivación para el estudiante, al ir estableciendo pequeñas metas a corto plazo y que son de fácil logro para él, le va a estimular en su avance y va a obtener satisfacción con su trabajo; y la quinta, que la progresión vaya acorde al nivel de comprensión que el alumno va adquiriendo al desarrollarse.

        La clave está en éste último punto de la comprensión, recordemos que es la capacidad de penetrar las cosas, sin ella no podremos evolucionar en el Arte, porque “Lo que no comprendemos no lo poseemos” Goethe, que por otro lado, ya conocemos la paradoja en el Budo, primero hay que poseer para integrar, y después, hay que renunciar a lo que se ha poseído para avanzar.

        Luego, por cribar en función del compromiso de cada practicante, por ejemplo, alumnos que vengan a estudiar por un acondicionamiento físico, por relacionarse socialmente, etc., con el primer nivel van bien, porque obtienen lo que buscan en un corto periodo de tiempo sin más implicación. En el otro lado, están los que realmente quieren evolucionar y formarse con rigor, para éstos, se encuentran de antemano que todo está estructurado, no solo los contenidos, sino los niveles de desarrollo, y enlazando con lo de antes, se les asegura que nadie les va a frenar en su progreso, y esto es especialmente significativo en este caso, porque van a estar en un mismo nivel todos los de ese rango, a si que, el interés, la complicidad, la motivación y la colaboración para saltar al siguiente peldaño se va a estimular entre ellos.

        Aquí también hay que tener en cuenta una menor carga para el docente, lo cual se agradece mucho y puede orientar esa energía para otros usos.

       Otra de las cosas que debe tener presente el Sensei y respetar a raja tabla, es cuidar la calidad en su centro de enseñanza, esto se manifiesta en que un alumno no puede pasar de un nivel inferior a otro superior si no posee, no domina, y no tiene en su cuerpo las exigencias del nivel en el cual está, y me remito otra vez al ejemplo que puse al comienzo con los Ukemis para justificar este proceder.

        Otra pregunta clave es, ¿cuántos alumnos se necesitan para hacer unas clases por niveles?

        Según mi experiencia, los estudiantes mínimos para confeccionar los grupos serían 10, y el tope 20, con esas cantidades se puede dar unas buenas dinámicas y la posibilidad de una atención muy personalizada, otra de las razones es que esos números ayudan a crear atmósferas de trabajo apasionantes. Por otro lado, favorece mucho los planteamientos de la planificación por parte del Sensei, tanto en creativos como en el logro de objetivos a corto, medio o largo plazo.

        La cosa se complica cuando no se llega al número mínimo que serían 10 estudiantes, ¿qué hacer en esos caso?

        La primera opción, es que se podría unificar todos los niveles con unos contenidos estándar, donde de forma lenta vayan avanzando todos los estudiantes. Con éste planteamiento es bueno de vez en cuando introducir trabajos muy creativos, de más nivel o de una dificultad más compleja, para que no haga aparición el tedio y estimular la motivación.

        La segunda opción, es realizar una planificación donde se dé respuesta a cada uno de los niveles de los estudiantes, por ejemplo, en mi caso en concreto, muchas veces he dado clases con 6 alumnos, y he tenido 3 niveles de trabajo en esa sesión, en circunstancias así es imprescindible (y siempre recomendable) la ficha de planificación de la sesiones, (ver las pág. 146 y 147 del texto Metodología para la Formación en el Arte del Aikido un modelo de dicha ficha tanto para armas como para mano vacía), para especificar los elementos que cada uno tiene que realizar en su nivel, y así, ir con una progresión ascendente de los tres niveles a la vez. Es importante tomar consciencia de que un elemento del Kihon tiene diferentes ejecuciones en función del desarrollo del alumno, por ejemplo, en nuestro caso con los desplazamientos, tenemos 11 formas básicas de trabajarlos, eso quiere decir que en una misma sesión cuando toque hacer los desplazamientos, los 3 grupos los están haciendo a la vez, pero con niveles de trabajo distintos, y así no se rompe la dinámica de la sesión. Estos planteamientos permiten una gran flexibilidad a la hora de realizar la planificación de la sesión, teniendo como objetivo adaptarnos a las distintas circunstancias de los alumnos.

        También ocurre lo mismo con las técnicas, quiero decir, no es el mismo para un alumno nuevo hacer Ikkyo con el nivel de 6º Kyu, que uno más veterano hacerlo con el nivel de 1º Kyu, los elementos que tienen uno u otro en cuenta para practicar son los mismos: Ma - ai, ataque, desplazamiento, De - ai, desequilibrio, contacto, forma, ritmo, etc., pero los matices de la ejecución para uno u otro nivel son muy, muy diferente. Esto también es aplicable con el trabajo del Atemi, en definitiva, que recursos para programar las clases hay muchos en manos de un formador riguroso y preocupado por la evolución de sus alumnos.

        Y la tercera opción, pero con mucho trabajo para el Sensei, es realizar una planificación de la sesión personalizada para cada estudiante (en el caso de que sean 2, 4 ó 6) acorde al nivel de comprensión de cada uno. Esto es un caso extremo (en especial con 2 ó 4 alumnos) y con un trabajo muy personalizado, que yo solo recomiendo hacerlo con personas muy comprometidas con la disciplina, porque no es cuestión de estar malgastando los conocimientos, el tiempo y la energía si no va a dar buenos resultados, de ahí la cita del comienzo de la editorial. En los casos donde no haya un compromiso serio y constante, es mejor aplicar la primera opción.

        Todo esto por la parte baja, es decir, cuando hay pocos estudiantes, pero qué pasa cuando se supera el número de 20 alumnos, ¿qué se hace es esos casos?

        Lo primero que hay que decir que para cuidar la calidad en un Dojo, es tan malo tener pocos como tener muchos alumnos, porque con pocos cuesta mucho progresar, -y en especial si flaquea el compromiso y la constancia en las clases-, y con muchos se corre el riesgo de no poder atender a todos como se debiera, así que hay que buscar un equilibrio para que exista una armonía que favorezca el trabajo del Sensei y la evolución de los alumnos.

        En primer lugar, lo más simple es hacer 2 clases con 2 niveles, por ejemplo si hubiera 30 alumnos, lo mejor es dividirlos en dos grupos de 15, que el número impar cuando se dé es muy interesante, porque habrá un trío, es decir, se puede realizar Ni nin dori, que bien orientado es una práctica muy interesante para los estudiantes, aunque no estén en el nivel de hacerla, pero van desarrollando con dos Ukes: atención, ritmo, Zanshin, no pensar, que es un aspecto muy importante irlo integrando, etc.

        En estos dos grupos establecer 2 niveles claramente diferenciados, uno muy básico y otro más avanzado, he ir trasvasando alumnos de un nivel a otro, quiero decir, si en el plazo de 1 año un estudiante del primer nivel se establece en ese estadio, pasa inmediatamente al nivel superior, y viceversa, eso hace mantener una “tensión” justa del aprendizaje y estimular la evolución para que los alumnos no se apalanquen en un determinado momento del aprendizaje. Voy a poner un ejemplo con nuestro primer nivel: se hace un grupo con los contenidos de y 5º Kyu, y otro con los de 4º Kyu, y en función de la evolución los alumnos se mueven arriba y abajo. Esto también muestra que dentro de un determinado bloque puede haber subdivisiones, todo va a depender de la comprensión que haya por parte de los estudiantes de un Dojo. Lo importante siempre es hacer estructuras móviles, flexibles y adaptables (Musubi) con el objetivo de obtener los mejores resultados para los alumnos.

        El segundo caso, es elegir entre 25 estudiantes un grupo reducido de 6, que serían los más comprometidos y los que posean más conocimiento, y con ese grupo hacer una élite, que aquí sí se podría aplicar la opción tres anterior. Obsérvese que he puesto la palabra “comprometido” antes de la de “conocimiento,” porque sin compromiso no va a funcionar por las razones que comenté antes.

        Este último planteamiento es una actuación muy revulsiva en un Dojo, porque digamos que ésta minoría selecta actúa como liebre para el resto de componentes de la escuela, y cuando los otros les vean practicar, ellos querrán estar en ese grupo y hacer lo que ellos hacen, por lo tanto, los demás estudiantes van a afinar su compromiso, su dedicación y a concentrarse más en lo que hacen para acceder a ese nivel de trabajo superior que les gusta y les atrae.

        En todos los casos expuestos, hay que cuidar mucho, pero mucho, no establecer los niveles como una competición, sino como un reconocimiento–premio a los estudiantes más aplicados y más comprometidos para evolucionar, y siempre como elemento de cohesión para todos la colaboración, porque caer en lo competitivo, o en la discriminación por estar en un nivel superior, eso trae nefastas consecuencias para un Dojo, sin mencionar que estamos volando por los aires la filosofía básica del Aikido.

        Otras de las cosas que hay que cuidar, es que cada Dojo tenga una ceremonia sencilla para premiar y reconocer el avance de sus alumnos de un nivel a otro, eso ayuda mucho, da reconocimiento y motiva al estudiante.

        Puede pasar por la mente de alguno que quiera encontrar pelos en un huevo de gallina, que esto es una estructura segregacionista, porque siempre los alumnos están separados y nunca se juntan, por lo tanto, ¿cuándo y dónde se unen todos los alumnos?

        El marco para el encuentro de todos los alumnos y de todos los niveles está en las clases especiales que pueda haber en el Dojo, en el aniversario de O Sensei, en los seminarios o en los intensivos de Aikido. Ahí es el punto de confluencia para todos, y es responsabilidad del Sensei planificar contenidos para el conjunto. Para los de menos nivel poner cosas de más nivel para que las prueben, y para los de un nivel superior, ponerles cosas más básicas con diferentes enfoques (el trabajo con los implementos siempre es un buen recurso en estos casos), que siempre son importantes que se repasen y se practiquen, luego, siempre debe de haber cosas que superen el nivel de todos, así verán que hay aspectos aún más complejos y lejanos que hay que alcanzar por parte de todo el conjunto.

        Estos encuentros son muy fructíferos y estimulantes para el conjunto, tanto desde una perspectiva técnica, como de la creación de una atmósfera positiva y de la convivencia conjunta de todos los alumnos, porque estrecha lazos y hace escuela, aspecto clave para la buena marcha de todo el Dojo.

        Lo expuesto es una breve muestra de cómo enfocamos los niveles y de cómo los tratamos con nuestra metodología, que a nosotros nos da muy buenos resultados, tanto a mí como formador, como a los alumnos que estudian en nuestro centro de enseñanza, y el producto de estas formas de actuar se ve en un corto periodo de tiempo.

        Éste sistema de niveles es muy recomendable para los alumnos que no quieran someterse al proceso de los grados, porque puede ser un método muy práctico, estructurado y progresivo de formarse en Aikido, y a largo plazo pueden tener un nivel igual a estudiantes que se sometan al proceso de los grados. Siempre es bueno que en un Dojo existan diferentes formas de enfocar el progreso de los estudiantes, eso lo hace más rico y versátil.

        Desde aquí, animo a otros Senseis que hagan pruebas bajo sus métodos y planes de estudio, y verán como en un corto periodo de tiempo (en 1 año) la evolución de sus alumnos cambia radicalmente para mejor.

“El cambio es siempre el resultado final de todo verdadero aprendizaje.”

Leo Buscaglia.    

Ishana Pérez, junio de 2019.

    ¿El Grado, en el Cuerpo o en el Papel?

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¿Por qué hay que venir a clase todos los días?

“El éxito es el resultado de la perfección, el trabajo duro, aprender de los fracasos, la lealtad y la persistencia.”

Colin Powell.    

        A mi modo de ver esta editorial sobraría, porque la pregunta se contesta por sí sola, o simplemente con la cita del Sr. D. Colin Powell, pero vamos a dar una serie de razones por las cuales habría que practicar todos los días.

        Básicamente hay dos formas de afrontar las clases habituales: la primera es haciendo 3 sesiones semanales, es la más usual y también hay que decir, que es el compromiso mínimo para que haya algo de fruto; la segunda, menos común, es hacer 5 sesiones por semana, que es lo ideal para que haya progreso.

        Aquí tengo que llamar la atención que si tu Dojo solo hace 3 sesiones a la semana, no es disculpa el no completar las otras 2 sesiones que quedan para realizar las cinco, porque hay una cosa que se llama práctica personal, que se puede realizar a nivel particular y te permitirá una mejor evolución.

        Si al año no se hacen como mínimo 200h. de práctica, las cosas no van a funcionar, si se baja de esas horas se está realizando un “Aikido de salón”.

        No está mal, pero el progreso no es lo mismo, y tampoco tiene el mismo calado en tu cuerpo y en tu persona, más que nada es un divertimento, un pasatiempo lúdico - marcial.

        En los Dojos hay un plan de estudios que hay que seguir, la razón es que las personas se tienen que formar, y deben de hacerlo sólidamente y no a trompicones o con lagunas en su aprendizaje.

        Los planes de estudio están compuesto por la finalidad que persigue el Sensei responsable de cada Dojo; la/s metodología/s que va a aplicar para que los planes sean efectivos y se puedan ejecutar; la duración del mismo que hace concretar las metas en un tiempo determinado; la organización de los contenidos por sesiones, que es la unidad más básica para el progreso; la progresión mensual, trimestral, semestral y anual, que tiene su base en la planificaciones de las sesiones; el enfoque de cómo trabajar la estructuración de las técnicas, la preparación física, los ejercicios, etc., que son el cimiento para poder edificar todo lo demás; los objetivos tanto generales como por niveles, también hay que contemplar los personales de cada alumno; el número de horas que se necesitan para completarlo; lo que es de obligado cumplimiento y lo que es opcional, y por último, los requisitos que se precisan para acceder a los distintos niveles de progreso, que sin tenerlos en cuenta solo estamos construyendo un castillo de naipes.

        Si un alumno no es constante en su práctica, pregunto yo:

        ¿Cómo un docente puede llevar a cabo una empresa de éste calibre?

       Luego, ¿cómo va a evolucionar un estudiante si es intermitente en su asistencia a clase?

        También hay otra razón más de peso, y es para que el cuerpo no olvide, por eso la pregunta es obligada, ¿qué es la memoria corporal?

        La “memoria significa en este caso la actualización, la repetición de una secuencia de movimientos que nos permite actuar en el mundo, y que constituye en gran parte la base de nuestros hábitos” (Alarcón, 2009, p.6), en nuestro caso nos referimos a los hábitos en el aprendizajes de la forma, que nos permitirá desarrollar ciertas habilidades técnicas que debemos integrar y también llevar a la cotidianidad, estas destrezas inicialmente están asociadas a lo somático, “… el aprendizaje corporal significa olvidar lo que hemos aprendido o hecho de manera explícita y permitir que caiga en un saber implícito, inconsciente.” (Fuchs 2003, p. 3), lo mismo visto desde un enfoque clásico en el Budo lo podemos encontrar, “Cuando lo que has estudiado deja la mente, y la práctica también desaparece, entonces practicando tu arte, logras fácilmente la técnica sin preocuparte por lo que has aprendido, y al mismo tiempo no te desvías de ello. Esto es adecuar espontáneamente a lo aprendido sin darte cuenta conscientemente de que lo estás haciendo.” (Yagyu Munenori 1994, p. 23). También hay que contemplar el desarrollo de las capacidades internas (respiración, atención, concentración, meditación…), en realidad deben de ir de la mano unas y otras, en nuestro caso no hacemos la diferencia cartesiana de mente y cuerpo por separado, sino que vemos todo como una unidad inseparable e indivisible para afrontar el aprendizaje.

        De ahí lo de la constancia y el tesón en la práctica para establecernos en los distintos niveles de progreso, y para hacerlo hay muchas maneras de afrontarlo, por ejemplo:

        Los grados de Kuys y de Danes, es un proceso más cerrado, estructurado y guiado en todo momento, donde los contenidos del aprendizaje se estructuran en un tiempo y en niveles concretos, para alcanzar tanto la forma de base como el refinamiento.

        Luego están los estadios en la práctica (dejarse llevar, sólido, flexible o fluido…), que es un procedimiento más abierto, no está tan sistematizado, la guía es más flexible y la concreción de tiempo tampoco es tan acotada.

        Por otro lado están los métodos de práctica (Hitori Kiko, Ippan Keiko, Futsu Keiko…), que también son formas de afrontar el aprendizaje para testar y desarrollar a los estudiantes, y tiene el mismo proceso que acabo de describir con los estadios en la práctica.

        La practica personal por motu proprio, que se puede hacer después de clase, en el tiempo libre del que se disponga, etc. Es un tipo de formación por libre, donde el alumno se hace responsable de su propia evolución, siempre contando con su Sensei, por su puesto.

        Hay muchas formas de afrontar la formación, pero todas tienen los denominadores comunes que son: el empeño, la insistencia y la paciencia.

        Otro enfoque no tan técnico y más relacionado con los valores, es el compromiso, que tiene muchas dimensiones y a las cuales deberíamos atender para no mentirnos a nosotros mismos, algo por otra parte, muy usual.

        Una de las preguntas que hago cuando las personas ingresan en nuestra escuela, es cómo van a afrontar las clases, si lo van a hacer de forma continuada sin faltar (se sobreentiende que cuando es por causas de fuerza mayor es comprensible) o discontinuamente, la mayoría contestan de forma continuada sin faltar, pero pocos cumplen con su propio compromiso, siempre hay algo en los días que hay clase que sale a su encuentro para no venir.

        Si se tiene una actitud de compromiso con la práctica del Aikido, también se va a aplicar a cualquier otro campo de la existencia: en lo familiar, en lo laboral, en lo personal, en lo social, etc., y a buen seguro que el enriquecimiento personal va a ser grande.

“Todos tenemos un espíritu que puede ser refinado, un cuerpo que puede ser adiestrado de cierta manera, un sendero conveniente para seguir. Estás aquí con el sólo propósito de darte cuenta de tu divinidad interior y manifestar tu iluminación innata. Alimenta la paz en tu propia vida y luego aplica el arte a todo lo que encuentres.”

Morihei Ueshiba.    

Ishana Pérez, Mayo de 2019.

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El sentido del ejercicio

“Aprender sin reflexionar es malgastar la energía.”

Confucio.    

        El otro día hablando con una alumna sobre un problema en concreto que tenía, le comentaba que si no aplicaba en su vida lo que se enseña en el Dojo estaba perdiendo el tiempo, la razón de mi comentario es que me decía que iba al Dojo a relajarse, distraerse y pasarlo bien.

        Cuando me dijo eso tres conceptos, me di cuenta de que no entiende el sentido del ejercicio que se desarrolla en el Dojo, y eso sin duda es por mi culpa, por no ser capaz de hacérselo ver, por eso le voy a escribir ésta editorial a ver si consigo que lo comprenda.

        Karlfried Graf Dürckheim en su libro, “Hara el Centro Vital del Hombre,” en su capítulo IV en el apartado, “Condiciones de base de toda práctica,” (a lo largo del escrito introduciré algunas anotaciones de éste apartado, en color verde) pág. 120, describe 5 puntos indispensables para abordar cualquier ejercicio trascendente, los cuales son: tener un gran anhelo, tener un cierto estado de espíritu, hacer gala de una voluntad firme, disponer de un compromiso total y la capacidad de guardar silencio.

        Vamos a desgranar cada uno de ellos.

        Tener un gran anhelo.- Es la chispa que hace detonar la búsqueda, y aquí las razones son tan variadas como las inquietudes que asaltan a las personas, así que no tiene sentido enumerarlas porque sería una posición subjetiva mía. Pero lo que sí hay en común a todos es un desasosiego que se manifiesta en una insatisfacción con el presente actual, pero hay que ser consciente que “…Sin este anhelo, no puede nacer nada nuevo.” Otra de las cosas comunes es la necesidad de un cambio, porque no se está bien con la actual condición, esto supone un gesto de valentía y arrojo que normalmente se acompaña de una gran reflexión o de un gran dolor, que muchas veces se pasa por alto ese coraje, porque no todo el mundo tiene la intrepidez de saltar, la mayoría quiere seguir en la zona de confort, pero ya lo decía Buda, “La reflexión es el camino hacia la inmortalidad; la falta de reflexión, el camino hacia la muerte”.

        Cuando el dolor o la insatisfacción nos hacen pararnos en nuestra vida y revisarla, es que nuestra capacidad de estar vivos aún está despierta, nuestra llama interior no se ha apagado por el consumismo, por los apegos, por los deseos desbocados o un estado de embrutecimiento de una mente aletargada, en términos de la Yoga, sería una mente Tamasica. Si no hay un anhelo ferviente no se puede dar la transformación ni se puede evolucionar.

        Ya el hecho de iniciar esa exploración tanto interior (la idea de encontrar una armonía consigo mismo), como exterior (la búsqueda de herramientas que hagan posible ese cambio), nos va llevando a.

        Tener un cierto estado de espíritu.- Aquí de lo que se trata es de “…No buscar en el ejercicio el éxito material, o un poder, sino únicamente una ganancia interior, es decir, progresar en el camino interior.” Esa es una de las razones de acercarse a un Dojo, recordemos que su significado es el de “lugar del despertar.”

        Ésta actitud inicial hay que irla ampliando con el ejercicio bien encaminado, al hacerlo las disciplinas van dotando al alumno de un poder sobre sí, el cual hay que ejercitarlo en la buena dirección sin desvíos a zonas que pueden hacer caer al discípulo o encaminarse por senderos oscuros, “…Y puede incluso suceder que las fuerzas adquiridas ilegítimamente por el hombre, se vuelvan contra él.” Esto puede pasar por el empoderamiento que se ha conseguido a través del ejercicio y hacer un mal uso de ese poder. Viéndolo desde otro ángulo, se van abandonando los viejos patrones mentales que esclavizaban y van naciendo otros que liberan, y como consecuencia “le resulta, además, más fácil mantener este estado de espíritu” que le guían en la buena dirección.

       El secreto radica en sostener esa condición según nos desarrollamos, porque a su vez el anhelo crece más y más hasta llegar a Ser sin más.

        Hacer gala de una voluntad firme.- Eso se relaciona con tener una gran determinación, porque “…Aquel que no disponga de la fuerza de carácter que requiere mantenerse en una decisión, ha de evitar comprometerse en el camino del ejercicio.” Por eso siempre distingo entre la “cultura” del gimnasio y pertenecer a un Dojo con una enseñanza tradicional, mucha gente confunde las cosas o entra en estancias que le quedan grande, también puede ocurrir que no es su momento, por carecer de un compromiso real sobre el sentido del ejercicio, es importante remarcar, que después de tener esa determinación de adentrarse, no hay vuelta atrás, porque “…Aquel que, mediante el ejercicio, haya entrevisto, aunque sólo sea por espacio de un instante, el fulgor de la Gran Luz, al dejar después la práctica, vuelve a caer en tinieblas aún más negras, arrastrando a lo largo de su vida un profundo sentimiento de culpabilidad.”

        Si no se ha llegado a vislumbrar nada en un tiempo prudencial, entonces sí que ha sido un pasatiempo momentáneo sin más transcendencia y también es síntoma de no haber tenido un anhelo sincero, ni haber realizado la práctica con el verdadero sentido, aunque te lo hayan mostrado un millar de veces.

        Fuera de las modas o las tendencias comerciales del momento, la Vía no es un juego, es algo muy serio y está testado que lleva milenios transformando a las personas, lo cual mucha gente no llega a comprender y se deja arrastrar por esos sentimientos de lo lúdico o intrascendente.

        Tener un compromiso total.- Este punto está unido al anterior, porque no se puede tener un compromiso serio si no hay una determinación clara con una voluntad firme, porque “…Solo avanzará, sin reparar en obstáculos, aquel que sea capaz de comprometer su vida, toda ella, sometiéndola a la ley del ejercicio,” bien esté o no estudiando en el Dojo, porque hay que hacer “…Que la vida cotidiana, en sí misma, sea el campo del ejercicio, porque si no, éste no dará ningún resultado,” de ahí mi comentario a mi alumna del comienzo de la editorial.

        Entiendo que hoy en día el compromiso no esté de moda, pero en el tema que nos ocupa, si no hay un compromiso serio, no estaremos en un Dojo ni tampoco nos ejercitaremos en el Camino, haremos otras cosas, que puede que estén disfrazadas y maquilladas con los principios que rigen la transformación, pero no nos llevemos a engaño, son solo disfraces y maquillaje, a la mínima brisa sale a relucir su falsedad y su mentira.

        La capacidad de guardar silencio.- “Es normal que el principiante sienta el deseo de hablar de lo que vive en el ejercicio, y de las maravillosas experiencias que de este modo le es dado vivir. Pero haciendo esto, lo destruye todo.” Es decir, toda la fuerza se la va por la boca, y hoy en día es un síndrome muy común, porque las personas que se inician en un Camino lo radian en redes sociales, blog, etc., en realidad, cuando pasa esto tampoco han entendido el sentido real del ejercicio, y yo tengo serias dudas de que sigan un Camino serio en un entorno también serio, lo más probable es que se den un chute de “espiritualidad” momentánea acorde a la moda del momento.

        “Con el ejercicio, crece el silencio en lo más profundo de uno mismo, un nuevo cuerpo interior que no admite el discurso. Este cuerpo nuevo sólo puede desarrollarse en el silencio. En ese espacio interior sólo cabe el intercambio con el maestro.” Tan importante es el desarrollo del correcto sentido del ejercicio, como del entorno donde nos formamos.

        Cuando con una mente ordinaria uno va a un Dojo a relajarse, distraerse y pasarlo bien, yo creo que está malgastando su existencia, la impronta puede ser buena para una nueva reencarnación, o en esta misma vida, cuando su mente se haya purificado y el anhelo sea realmente serio.

        Creo que cuando uno está en un Dojo en vez de venir a relajarse, distraerse y pasarlo bien, lo debería sustituir por ir desarrollando una consciencia de Ser, profundizar en el Conocimiento que el ejercicio le aporta para llegar a experimentar una Felicidad personal, con el objetivo de tener una vida más plena.

        Es obvio que un enfoque u otro es distinto, yo puedo aceptar que haya personas que lleguen de entrada al Dojo para tranquilizarse, entretenerse y desahogarse, siempre y cuando respeten a los que seriamente se están trasformando y no perturben la atmosfera de crecimiento que reina en la escuela, quizás en un corto periodo de tiempo, lleguemos a contagiarles nuestros anhelos y cambien su visión para afrontar el sentido real del ejercicio.

“Quien pretende una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios.”

Confucio.    

Ishana Pérez, Abril de 2019.

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Si dejas de practicar, el cuerpo deja de aprender

“El continuo esfuerzo -no la fuerza o inteligencia- es la clave para mostrar todo tu potencial.”

Winston S. Churchill.    

        No sé quién saco, ni de dónde, que con solo estar presente en un tatami se aprende y se evoluciona, o que con un mínimo de esfuerzo se aprende una disciplina.

        Quizás son los lemas de los holgazanes, perezosos y vendedores de humo, porque no se ajusta en nada a la realizad del Budo.

        Hay un Makemono (que es un escrito con una bella caligrafía donde se comunica una sentencia sobre el Arte) que suele estar en muchos Dojos, y es: “La unión del corazón, la técnica y el cuerpo,” más literalmente “Espíritu y técnica en un solo cuerpo,” esto es:

        Shin, corazón, sentimiento o espíritu.

        Gi, la habilidad, que se convierte en técnica, que también puede significar, hacer algo con la mano diez veces.

        Ichi, uno, la unidad.

        Y por último.

        Tai, que significa cuerpo, literalmente es el fundamento o la base.

        Son unos Kanjis muy interesante y bien aplicados hace evolucionar por un camino seguro a cualquier estudiante de Budo.

       Una de las cosas que siempre me ha llamado la atención cada vez que estudio y reflexiono sobre los Kanjis, es que comienza con el corazón o con el espíritu (Shin), por eso siempre me hago la misma pregunta, ¿cómo se va a poder realizar algo si en el punto de partida no se ama?

        Por otro lado, marca un sentimiento de determinación claro por avanzar y profundizar en el Arte, y todo ello animado con un espíritu de búsqueda incansable.

        Si de entrada no tenemos esa predisposición, aún en nuestra ignorancia, porque es obvio que desconocemos el sendero a recorrer, pero está claro que no nos puede faltar el valor y el arrojo para lograr nuestro propósito.

“No puedes nadar por nuevos horizontes hasta que tengas el coraje de perder de vista la orilla.”

William Faulkner    

        Con esa actitud, tenemos el combustible para nuestro recorrido, como lo que nos empuja a ir a clase asiduamente; realizar viajes de formación; hacer cursos de perfeccionamiento; centrarnos en nuestro trabajo del momento, en función del estadio de práctica en el que nos encontremos; asumir retos para progresar; superar el cansancio y el dolor en el Keiko; no derrumbarnos antes las dificultades, -que van a aparecer, ¡seguro!-, etc. Si por un casual perdemos esa energía transformadora que sale de nuestro corazón, entonces, justo en ese momento, se acabó todo en ese campo para quien sea.

        Gi, es el desarrollo de nuestras habilidades como ser humano integral y va asociado a la repetición de la acción, que consta de varios elementos: capacidad, disposición, gracia, destreza y efectividad.

        Las capacidades se pueden tener innatas, lo cual facilita mucho las cosas, o se tienen que desarrollar, en éste caso, hay que hacer un trabajo profundo con pico y pala.

        La disposición es afrontar adecuadamente el trabajo, eso es orden en un sentido general, que a su vez se manifiesta y se concreta en: disciplina, método, planificación, etc.

        La gracias es el dominio del cuerpo y de la técnica para hacerlo todo fácil y natural, por esa razón el resultado siempre es bello.

        La destreza es la habilidad y la propiedad con que se hace el Arte.

        Otras de las cualidades de Gi, es la efectividad, el hecho de repetir y asimilar la técnica va dotando de eficacia y refinamiento al estudiante.

        Luego viene Ichi, uno, la unidad. Es una declaración rotunda de que solo existe la Unidad, y que debemos de ver los Kanjis como uno e indivisible.

        Esto es un concepto muy amplio, unidad en nuestro corazón; unión entre el cuerpo, la técnica y la acción; unión entre el interior y el exterior, para no hacerlo largo, unificar y armonizar todos los opuestos, porque la idea – percepción de la pluralidad, es un espejismo producido por la ignorancia de nuestra comprensión.

        Tai es el cuerpo o la base, otra de las cosas que me llama la atención del Kanji, es que representa a una persona y la raíz de un árbol, llamando nuestra atención a que la base de un ser humano está en su raíz, cosa que nos debe dar que pensar y reflexionar profundamente.

        Para comenzar hay que preguntarse, ¿cuál es nuestra raíz?

        Luego, ¿qué sustenta esa raíz?

        Seguimos, ¿de qué se nutre esa raíz?

        Sin el cuerpo no se puede realizar nada, de ahí lo de base, porque es donde edificamos toda la existencia y nuestra realización, sin ese vehículo no podemos tener nada de lo anterior.

        Muchas veces cuando las personas me dicen que su planteamiento para formarse es el de realizar una o dos sesiones por semana, yo me pregunto, ¿cuáles serán sus motivaciones reales? Porque está claro que con dicho plan poco o casi nada se va a realizar.

        Pero bien, es poco, ¡pero seamos positivos! Si se mantiene de forma continuada, aún así hay una luz que parpadea muy a lo lejos y nos da ánimos que en un largo periodo de tiempo puede haber logro si hay persistencia para alcanzar el objetivo.

        Pero si a lo anterior, -lo poco invertido-, se añade un elemento más que aumenta el desequilibrio, como puede ser la intermitencia o inconstancia, en mi opinión, ahí ya no hay posibilidad de enmienda, esa es la rozón del título de ésta editorial.

        Voy a argumentarlo, vamos a imaginar que en un determinado tiempo de continuidad en la práctica se adquiere un logro sobre el Kamae, luego dejas de ejercitarte -por la intermitencia-, es obvio que lo conseguido se va a diluir como un azucarillo, porque aún no estaba asimilado e integrado en la memoria corporal, por lo tanto, toda esa ganancia adquirida se desvanece y cuando reanudes la práctica sobre ese aspecto, y casi seguro, que tienen que comenzar de nuevo, o incluso, más atrás de donde iniciaste el trabajo en un comienzo.

        Nadie está libre de éste problema, cualquiera de nosotros que deje de ejercitarse, inmediatamente irá perdiendo la forma corporal, la habilidad de la técnica, la energía del corazón y aumentará su dualidad. Si se lleva muchos años de práctica puede que se tenga una cuenta de ahorro guardada, que se irá debilitando al no añadir nuevas riquezas producto de no transitar por nuevos horizontes.

“Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ya ha alcanzado, sino en lo que aspira alcanzar.”

Kahlil Gibran.    

Ishana Pérez, Marzo de 2019.

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El gran problema de no dejarse llevar en Aikido

“Uno de los grandes secretos de la vida, es dejarse llevar por el momento.”

   La cita anterior refleja una de las esencias del Aikido, porque sintetiza muchas cosas: el De –ai (el encuentro), el Musubi (la unión, el nacimiento de algo), el Time (el instante preciso), la toma de Ukemi (recibir y fluir con la acción del otro)…

        ¿Qué significa dejarse llevar en Aikido?

        Cuando se comienza a estudiar Aikido hay determinadas dificultades iníciales que impiden a las personas disfrutar de él inmediatamente, por eso es muy importante prestarle mucha atención y algo de paciencia al comienzo, a grosso modo, los inconvenientes iníciales se manifiestan en tres bloques concretos, que son los siguientes:

        Los desplazamientos.- El estudiante novel debe aprender a utilizar el espacio circundante a él, al igual que el que está entre él y su compañero moviéndose como una unidad. Para ello lo primero es distinguir las diferentes formar de desplazarse, porque cada una contiene ingredientes tanto para el encuentro de ambos (recordemos que la práctica se hace por parejas), como para la ejecución técnica.

        Después de ese paso es irlos distinguiendo dentro del contexto técnico, y básicamente es aplicar la regla mnemotécnica de: “El 90 % de los problemas en Aikido se solucionan caminando,” eso nos libera del pensamiento limitante, ¡ahora tengo que hacer esto, ahora lo otro!

        Ya en ésta fase, -si se hace, claro-, hay cierto disfrute porque uno acompaña la acción del otro.

        Lo siguiente son los Ukemis.- Son importantes porque hay que recibir la/s acción/nes del compañero, y hay que recepcionarlas bien para poder responder adecuadamente, porque si no, el dialogo de los cuerpos se rompe y no se puede continuar con la comunicación, -más abajo amplio éste concepto-.

        Para que no pase esa situación poco deseable, es muy simple lo que hay que hacer: “tienes que olvidarte de ti y seguir al otro,” de ésta manera el intercambio nunca cesa y es creativo para ambas partes.

       Y por último, dejarse llevar.- La anterior frase es el comienzo de ésta acción, que es acompañar y fluir con el compañero allí donde él vaya.

        Dejarse llevar no se realiza porque interviene el pensamiento y nuestras resistencias, también por la división cuerpo-mente, la mente puede llegar a aceptar, pero el cuerpo se resiste, o viceversa.

        Muchas veces les digo a mis estudiantes que hemos olvidado la niñez, porque cuando nuestros progenitores-educadores nos llevaban de la mano, nosotros íbamos confiados allí donde nos conducían. Bien, en esta parte de la educación en el Aikido se retorna a esa niñez perdida, porque se confía y nos abandonamos en las manos del otro, y la razón de ello es que se parte de un acuerdo tácito de cuidarle, porque es el medio para evolucionar y transformarnos.

        ¿Cuánto dura ese tránsito inicial para disfrutar del Aikido?

        En líneas generales y en base a las experiencias en nuestro Dojo con una trayectoria de 36 años de docencia y aplicando nuestra metodología, hay una horquilla que va de 6 mese a 1 año, dependiendo del estudiante y el tiempo que dedique a la práctica, tanto en asistir a las clases oficiales, seminarios, intensivos como el realizar una mínima práctica personal después de clase.

        En ese tiempo se puede adquirir una base aceptable para disfrutar con la práctica del Aikido y catapultarse a estadios superiores.

        Veamos ahora ejemplos concretos por los cuales no nos dejamos llevar:

        No se aprende el rol de ser Uke.- Hay un concepto erróneo sobre en recibir el Ukemi, y es que se piensa que el trabajo de Ukemi es solo rodar, tanto hacia adelante como hacia atrás, esto es solo parte de la verdad, porque Ukemi también es aceptar, moverse, seguir, conectar, ceder, fluir, caminar… es algo muy amplio, que siempre termina al concluir la técnica rodando hacia adelante como hacia atrás, quizás por eso que se ve a simple vista se tiene esa idea tan limitada de él.

        Lo primero que tiene que hacer el novicio, -yo diría en el primer trimestre-, es consagrarse a aprender la técnica de esos dos rodamientos básicos, -que son para las técnicas de proyección-, junto con el Ukemi para las técnicas de control, porque son los que se van a utilizar cuando el compañero aplique el principio que ha explicado el Sensei.

        Esto tiene dos dimensiones:

        a) Hacerlo solo.

        b) Irlo integrando en la relación con el compañero.

        Son muy importantes estos dos aspectos y con ese orden de progresión, porque es muy usual que un alumno los haga bien solo, pero cuando práctica con el compañero tenga dificultad para aplicarlo.

        Como se puede ver, dentro de éste apartado hay una traba añadida cuando se pasa el primer estadio inicial.

        No liberar el cuerpo de tensiones innecesarias.- Por la carencia de técnica, por los miedos y por oponernos al compañero, creamos resistencia que nos impiden practicar con armonía, tanto propia como con nuestro colega.

        La primera manifestación de la rigidez es por nuestra propia condición física, de ahí que se planteen calentamientos que favorezcan la flexibilidad, cosa que muchas veces no se hace y eso va en detrimento del propio estudiante como de la técnica del Aikido.

        El siguiente paso es movernos con ductilidad en el espacio. En un gran número de veces nuestro movimiento es tosco y rígido porque es como si intentáramos empujar nuestro entorno en vez de unirnos a él y ser parte de él.

        Los miedos merecen un trato especial, porque no liberarse de ellos es un gran problema para dejarse llevar, vemos algunos ejemplos:

        No mover los pies, ya se vio más atrás que es un gran escollo, que a su vez se relaciona con otros elementos como pueden ser los Ukemis o los desplazamientos.

        Es la resistencia más típica cuando vemos a estudiantes noveles practicando, es su signo representativo.

        Inseguridad a la hora de hacer algo, da igual que sea un movimiento o una técnica. Siempre digo a mis alumnos que es preferible equivocarse pero tener resolución en la acción, -¡siempre con sensibilidad!-, porque actuar de forma dubitativa no ayuda al progreso.

        Por otro lado, estamos descuidando los aspectos internos de la disciplina y el fundamento de Nen (concentración, pensamiento-momento y unidireccionalidad de la mente) en Aikido.

        La aceptación del dolor a través de la respiración, el aliento es la base del Aikido y de la práctica, y tiene muchas dimensiones. La que nos ocupa ahora es cuando nos aplican una técnica de proyección o nos someten con las de control, si no se exhala se sufre mucho y nos podemos causar daño nosotros mismo. Ésta parte hay que trabajarla cuando se comience con los Ukemis, tanto en solitario como cuando los estamos integrando con el compañero.

        Luego, tanto el retenerla como no usarla adecuadamente nos crea resistencias y tensión en nuestro cuerpo como se vio más arriba, porque bloquea y dificulta el desenvolvimiento de nuestra anatomía. En nuestro Dojo lo primero que se aprende al entran en el Tatami es a respirar, porque se hace cuando se le explica al novicio el Rei inicial (el saludo para acceder y salir del tatami) para realizar el Keiko, a partir de ahí, todo es respiración: en el calentamiento, en los ejercicios preliminares, en la Waza (la técnica), en los ejercicios de vuelta a la calma como los del final, como por ejemplo Kokyu Ho (ejercicio del poder respiratorio) y Haishin Undo (distensión de la columna vertebral al finalizar la práctica del día para relajarla).

        No mejorar la coordinación corporal, el Aikido es un Arte excelente para desarrollar una gran coordinación corporal, porque está implícito en todos los elementos que componen su técnica de base o Kihon, como en sus estadios más avanzados, bien sean a mano vacía o con armas.

        El reto para el estudiante es utilizar su cuerpo siempre con cohesión, teniendo su centro de gravedad bien establecido, tanto en estático como en movimiento, de ahí que la educación física sea de vital importancia y ésta tenga su punto de partida en el calentamiento, para luego llegar a cada rincón del global de la educación que el Aikido ofrece.

        El Aikido de muchos practicantes bien merma, baja de calidad, o no se desarrolla por no tener una buena educación con su cuerpo. Se ve mucho en todos los entornos e independientemente del Aikido que realice, que la técnica no encaja por las carencias físicas de quien la ejecuta.

        Los movimientos sincopados son fáciles de observar y eso está íntimamente relacionado con no tener una buena coordinación corporal bajo un centro estable.

        El estadio de dejarse llevar es el primero que se tiene que alcanzar en nuestro Dojo nada más llegar el alumno, sin éste primer peldaño no se pueden realizar los otros: sólido, flexible o fluido, líquido y gaseoso.

        Es importante para el alumno novel, ver la importancia de ésta fase nada más comenzar, porque si no se cultiva y se realiza, después no se podrá comprender otras cosas superiores que contiene el Arte.

Ishana Pérez, Febrero de 2019.

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Los pequeños compromisos

“Los ladrillos de la construcción de un Dojo, son los pequeños compromisos de los estudiantes.”

        Hay muchas formas de contraer pequeñas responsabilidades que nos van a ayudar a construir nuestra formación en Aikido, la actitud es la misma que la del levantador de pesas, comenzando por pocos kilos para llegar a levantar un gran peso.

        Por otro lado está el disciplinarse, comenzar a dar orden a tu progreso, esto se relaciona con la responsabilidad porque de lo que se trata aquí es de cambiar actitudes, disponer de un espíritu emprendedor, generar o sumarse a sinergias constructivas, integrarse en un equipo de trabajo con ganas de superación y articular esfuerzos para lograr objetivos particulares y comunes, por lo tanto, si se quiere tomar la práctica del Aikido en serio, el compromiso en cualquiera de sus dimensiones se hace indispensable.

        Un estudiante comprometido consigo mismo denota confianza, seguridad, entereza y credibilidad, por lo tanto, refleja ante los demás una imagen de responsabilidad. Los pequeños compromisos no son solo el motor, sino también el combustible para nuestro arranque y avance hasta afianzarse en la práctica.

        Pero, ¿cuáles son esos pequeños compromisos que me van a ayudar a comenzar mi estudio en el Aikido?

        Voy a enumerar los más simples:

        Acotar el tiempo para venir a clase.- Es el primer paso ya perteneciendo al Dojo. Si uno decide hacer tres sesiones por semana, que es lo mínimo para que haya progreso, el llevar a cabo esa responsabilidad supone delimitar ese tiempo en la vida diaria, porque seguro, segurísimo, que si no lo hacemos, siempre nos van a salir al encuentro cosas que hacer para no ir a la práctica. Solo se podría faltar por una causa de fuerza mayor, y aún así, habría que tener en mente recuperar esa clase a la que no se pudo asistir por imperativo.

        Una forma de ver la responsabilidad de un estudiante, -también de recuperar lo impartido en la sesión que no vino-, es si pregunta o no a sus compañeros los contenidos dados en la sesión a la que no pudo asistir, y si hay una cosa relevante para su progreso, y de haberla, si la hace en su práctica personal de ese día.

        Ser puntuales a la hora de llegar al Dojo para realizar las clases.- Es el segundo reto a lograr, si por sistema llegas tarde, no tienes tu tiempo organizado, eso también nos lleva a que no tienes un espacio en tu vida acotado para tu práctica, y vas con estrés a todos lados.

       La puntualidad es en primer lugar disciplina y autorresponsabilidad para sí mismo, en segundo lugar, respeto hacia los demás.

        Ser constante en las clases.- El tercer desafío es ser persistente en las clases. Con la inconstancia o intermitencia es imposible avanzar por muy talentoso que seas, más que nada porque no tienes una progresión en el desarrollo del programa de estudios que se va impartiendo sesión a sesión.

        Por otro lado, tu motivación funciona en picos altos y bajos, y eso no te va a dar centro, todo lo contrario, estarás como una veleta movida por el viento de tu inestabilidad personal.

        El aseo previo y al finalizar las sesiones.- La higiene personal es otra forma de disciplina. El realizarla al comienzo te va desconectando de la actividad que has tenido durante el día, y te va encauzando para tener un mejor Keiko.

        También por respeto a los demás, no puedes indisponer a los compañeros a que no practiquen contigo por ser un guarro.

        La higiene del final es un gesto de sensibilidad, porque cuidas tu cuerpo después del esfuerzo, también denota públicamente tu predisposición para el aseo de tu persona. Nunca entenderé la “sensibilidad” de esos estudiantes que sudan practicando, terminan la sesión del día, llegan al vestuario y se poner la misma ropa con la que llegaron al Dojo sin haberse duchado.

        Hacer una mínima práctica personal de 10 ó 15 minutos después de las clases.- Es otra forma de autorresponsabilidad con tú compromiso en la formación. Por otro lado, llamas la atención del Sensei para que confíe en tu seriedad y te permita avanzar en la formación. Siempre y cuando seas capaz de seguir sus consejos al pie de la letra, porque de lo contario, te dará largas si no ve un interés real y acredites una buena actitud.

        Este tema está bien desarrollado en el artículo: Importancia y Beneficios de la Práctica Personal, disponible en nuestra Web.

aiki_publis_practica_personal.html

        Lo que sí quiero apuntar aquí, es que un pequeño esfuerzo como ese que se hace después de clase cada día, lleva a adquirir otros superiores, como por ejemplo: ampliar el Keiko a 30 min. o 1h. de estudio, el reto de afrontar un grado, establecerse en un nivel de desarrollo determinado, ver la importancia de los seminarios o intensivos, etc.

        Es interesante pararnos un momento en la definición de Keiko, que normalmente se traduce como entrenamiento, pero esa definición está en las antípodas de su significado real. Keiko contiene en si Renshu, Tan ren y Remma.

        REN significa modelar, trabajar la materia, en este caso nuestro cuerpo y mente, que son el medio tanto para la existencia como para la superación en el Arte. SHU: es aprender, de ahí que el Aikido como cualquier otro Budo no es un deporte, ni un pasatiempo, sino un proceso educativo de transformación, por lo tanto, según vamos aprendiendo nos modelamos constantemente e incansablemente. TAN: para el herrero es batir, martillar el hierro y templarlo, es decir, forjamos nuestro espíritu y nuestra técnica con nuestro trabajo y nuestro sudor, que en ello está implícito la honestidad y la determinación a la hora de afrontar nuestra práctica. Y por último REMMA, MA: es como pulir un diamante, darle brillo, ser esplendoroso. En el crisol de la práctica cotidiana reflexionamos, repasamos el pasado para pasar de un estado burdo a uno sutil o diamantino, y eso solo se puede hacer cuando se comprende y se realiza con el cuerpo.

“Agreguemos a Tanren y Remma esta noción que nos empuja a hacer cien veces lo que otra persona hace diez y mil veces lo que otra hace cien.”

Tamura Sensei.    

        Aceptar alguna responsabilidad en la administración del Dojo.- Si todos los estudiantes sacan provecho del Dojo para sus cuerpos, mentes y espíritu, es de bien nacidos corresponder en entregar algo a cambio, y que mejor cosa que las distintas capacidades o habilidades que se posean para el beneficio común.

        La gente quiere pertenecer a un Dojo tradicional, pero en la mayoría de los casos no están dispuestos a pagar el precio que eso supone, -y no me refiero a algo económico-, si no al compromiso con la comunidad, todos trabajando y funcionando en un proyecto común y cada uno aportando según sepa y pueda.

        Aquí habría que llamar la atención sobre la necesidad de ser proactivo en la comunicación interna del Dojo, eso facilita el trabajo y la organización por parte de los responsables en cualquier actividad, bien sea ésta de enseñanza, coordinativa o lúdica.

        Coordinar una actividad lúdica.- ¿A quién no le gusta la fiesta?

        El hacer una empresa de este tipo, es una buena forma de comenzar a adquirir responsabilidades fáciles en un Dojo y ver su mecánica organizativa. También tomar consciencia de que todo cuesta trabajo y esfuerzo, aunque no se vea a simple vista, es decir, el Ura de las cosas.

        Esto trae como consecuencia el valorar el trabajo que otros hacen para ti, y a buen seguro, cuando experimentes el esfuerzo que supone realizarlo, la actitud va cambiando para arrimar el hombro cada vez que se precise.

        Ayudar en la organización de un seminario, intensivo, viaje de estudio…- Aquí ya es una empresa más grande y hay que tener un rodaje previo porque son muchos los campos a cubrir.

        También es importante aprender de la experiencia de los más veteranos, porque nos van a revelar posibles zanjas donde no debemos caer en la organización de un evento de esta categoría.

        Las tareas a abarcar en este apartado son numerosas, para ello se puede consultar la obra: Metodología para la Formación en el Arte del Aikido, donde se dan detalles a la hora de organizar eventos en un Dojo.

        Ya lo dice el proverbio de Lao Tse:

“Un viaje de mil millas comienza con el primer paso."

        Y éste otro de Paulo Coelho que dice:

“Incluso un camino sinuoso, difícil, nos puede conducir a la meta, si no lo abandonamos hasta el final.”

        Si hay algo sinuoso de andar es la Vía del Budo, y en nuestro caso del Aikido, pero el secreto radica en seguir, es decir, tener Irimi. Son muchas las veces que me quejo a mis estudiantes de que en determinadas situaciones no tienen Irimi (y no son situaciones técnicas, puede ser decir: sí, no, voy, no voy, lo hago, no lo hago, etc.), generalmente las personas creen que la actitud de penetrar-avanzar solo se hace en la Waza (la técnica), indudablemente esto solo pasa por ser novel en el Arte del Aikido, o si se es veterano, no haber comprendido bien el sentido de Irimi.

“No temas ir despacio, solo teme no avanzar.”

Anónimo.    

Ishana Pérez, Enero de 2019.

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