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Índice de Editoriales 2017.
Aikido de salón. De – ai, el encuentro.        
Solo y acompañado. Continente y contenido. Al Dojo se viene a practicar. Las lesiones. Con la forma. Signos de evolución.



      Editoriales 2017 EDITORIALES 2017    

Aikido de salón.

        ¿Qué es el Aikido de salón?

        En nuestro Dojo denominamos Aikido de salón a aquel que se practica sin tener en cuenta el sentido de la Vía, se enfoca más como un acondicionamiento físico, un elemento para mejorar la salud, un pasatiempo, un divertimento, un mundo de relaciones sociales, es decir, todo lo que implique lo lúdico o lo somático.

        ¿Qué no es el Aikido de salón?

        No se hace Aikido de salón cuando se enfoca como un Budo.

        Aquí puede tener presencia lo que es el Aikido de salón, pero no se persigue lo que intentan alcanzar los lúdicos, aunque se obtenga sus beneficios, es decir, es un mundo de relaciones sociales, hay aspecto lúdico, también se cultiva el cuerpo, pero el objetivo es otro, con mucho más fondo y más trascendente.

        Desgraciadamente, -aún en mi propia casa-, prima más el Aikido de salón que el otro, no todo el mundo tiene el coraje, la determinación y la regulación de su vida para asumir el reto de una Vía, siempre es mucho más cómodo y placentero enfocarlo como un esparcimiento.

       Está claro que lo que condiciona una visión u otra es el compromiso, es la frontera entre los intrépidos y los que prefieren transitar por su zona de confort, y es obvio que como dice el dicho popular, se cosecha en función de lo que se ha sembrado.

        Otro aspecto que también marca la diferencia es la dedicación y está claro que tiene una relación directa con el compromiso. No es lo mismo aquel que hace tres sesiones por semana, que el que hace cinco; también es distinto el que solo hace las sesiones sin más, que el otro que aparte de las sesiones añade una práctica personal; son pequeñas sutilizas que forjan aikidokas diferentes, aún en un mismo Dojo y bajo la instrucción de un mismo Sensei.

        Como me decía una vez una persona, “¡todo está bien!”, pero es importante tener claro cómo se aborda la disciplina y saber en la posición en la que se encuentra cada cual, y nosotros los formadores hacer esa distinción en nuestros Dojos. Es evidente que lo que se le entrega a un alumno comprometido no es lo mismo que se le da a aquel que no lo está, y aquí no es una cuestión de preferencia personal, económica, estatus social, etc., sino de justicia y compromiso. Lo contrario es tirar por la borda tiempo, esfuerzo y conocimientos, dado que no va a fructificar y tampoco no se va a valorar en su justa medida.

        La piedra angular para pasar de un lado al otro es la actitud, esa cosa mágica que nos transforma y allana las dificultades. Desde el momento que el alumno cambie su predisposición, uno tiene el deber tradicional de dar en fusión de ese cambio.

        Otro elemento que puede permitir el asumir un reto superior es la regulación de la vida o por las fases que pasa ésta, me explico:

        Cuando un alumno se pare en su existencia y tome la decisión de concentrarse en lo que realmente le importa, y ponga el Aikido como una de esas cosas, en ese momento, su vida dará un cambio exponencial, eso se llama regular de la vida personal. Digo esto porque en el momento en que vivimos, todo se vuelca hacia el exterior, y para muchos nada, y para una cantidad considerable casi nada hacia el interior, solo cuando abordemos nuestro interior venciendo los miedos y no dando tanta importancia a lo material, entonces, y solo entonces, entraremos en otra dimensión de nuestra persona.

        Según nuestros intereses en todos los campos, nuestra vida va pasando por fases, éstas van desde el paso del tiempo, como los propósitos particulares que se tengan para el plan de vida que se quiera realizar, según se vaya pasando por cada ciclo, nuestras aspiraciones e inquietudes se van transformando y nuestra actitud va cambiando.

        En éste transcurrir a veces tenemos más o menos tiempo para ejercitarnos en la práctica, hasta que no se cumplan unos mínimos objetivos bajo nuestra subjetividad, no adquirimos un compromiso más sólido, cuando eso pase, es el momento de disponer de más tiempo para afrontar la educación en el Aikido como Budo.

        Si desean ampliar más la información sobre estos dos aspectos, puedes consultar la obra de nuestro Sensei Ishana Pérez: Metodología para la Formación en el Arte del Aikido.

        Un Dojo es más Dojo cuando el número de personas que hay practicando tiene como objetivo la educación como budoka, independientemente del tiempo que tengan para ejercitarse. Cuando pasa al contrario es más un gimnasio, pero eso no quita que el Sensei responsable mantenga viva la llama de la disciplina hasta que lleguen las personas adecuadas o el momento propicio para realizar su transmisión.

        Los que ya llevamos unos años pisando un Tatami con la docencia, somos conscientes de lo difícil que es sacar una generación de estudiantes, simplemente en la formación elemental (grados de Kyus), porque aún sin quererlo realizamos la técnica del cangrejo, un paso para adelante, dos para atrás. Digo esto porque si las personas que llegan no ordenan sus vidas ni adquieren un compromiso consigo mismas, esto hace que el trabajo de transmitir la enseñanza sea muy arduo para formar a los estudiantes.

        La formación en Aikido, como en cualquier otra área de conocimiento, precisa dedicación y tiempo, es como en la cocina con las recetas de puchero, se tienen que hacer a fuego muy lento y con una larga cocción para que quede rico.

        Cuando uno ingresa en un Dojo yo aconsejaría que se formulara las siguientes preguntas:

        ¿Cuáles son mis metas al comenzar ésta disciplina?

        Contestada la primera fase, se pararía a la segunda:

        ¿Tengo la estrategia adecuada para progresar?

        Lo siguiente es:

        ¿Puedo materializar la estrategia dada mi vida actual?

        Luego:

        ¿Qué tipo de Aikido quiero hacer: de salón o de Vía?

        Y para ir terminando:

        ¿Hay algo en mi vida actual que no me permita realizarlo?

        Si se ha contestado claramente a esta mini encuesta, las ideas para comenzar la práctica están claras, y de ésta manera se puede enfocar mejor la mente para adquirir lo que se quiere.

        ¡Bienvenido al Aikido y buena práctica!

Ishana Pérez, Agosto de 2017.

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De – ai, el encuentro.

“El primer paso es leer los movimientos del cuerpo, luego los de la mente, y por último, es posible tocar el alma”.

Mitsugi Saotome.

        El De – ai es un concepto difícil en sí, primero, por su complejidad para realizarlo bien, segundo, por lo insondable de su comprensión, y tercero, porque engloba a otros principios que también son difíciles de realizar al igual que de comprender, como son: el Ma –ai (la distancia correcta), el uso del espacio, el instante preciso (time), el ritmo, la acción-reacción, el principio del cambio y la anticipación.

        Todos estos elementos son muy sutiles dentro de la práctica y de la comprensión del Arte del Aikido, y a mi modo de ver hasta el día de hoy, solo se pueden llegar a vislumbrar algo con una práctica sería, constante y en el transcurso de un largo periodo de tiempo sin perder de vista todos esos principios, porque se puede estar una eternidad practicando, pero si se pierde la atención-concentración sobre todos esos elementos, da igual que estés un millón vidas, no te va a servir de nada.

        También hay que tener en cuanta en el orden que se abordan para integrarlos, porque pasa como con las recetas de cocina, puedes utilizar los mismos ingredientes para hacer un plato, pero como no los uses en el orden adecuado no te va a salir la receta original.

        Pero por otro lado se hace imprescindible el encontrarnos, porque como decía Séneca: “Muchas veces lo que no se halla cuando se busca, sale al encuentro cuando no se busca”, y nuestro Camino, es una senda de búsqueda continua.

        ¿Qué es el encuentro (De - ai) en Aikido?

        Es la confluencia de dos entidades que aspirar a unirse en armonía.

       Cosa nada fácil por el simple hecho de la condición humana, con sus deseos y apegos, o lo que es lo mismo, las atracciones y repulsiones, que es lo que hace enredar el encuentro y lo complica, es en ese momento donde aparece nuestro amigo “el conflicto”.

        Porque éste nace antes del encuentro, por la predisposición de los caminantes, el encuentro es la manifestación de lo que ya se traía. Por esa razón no es lo mismo un choque que un encuentro, y lo que muchas veces hacemos en Aikido es chocar, no encontrarnos, y no solo dentro del Tatami realizando las técnicas.

        De ahí el Ai (la armonía), pero ese concepto lo vamos a dejar para otro día, porque con el De –ai ya tengo bastante para hoy.

        ¿Cómo se manifiesta el encuentro?

        Hay tantos tipos de encuentros como de personas y circunstancias que se puedan crear. Solo depende de la receptividad de los practicantes para que ese acercamiento sea fructífero para ambos, porque si solo lo es para uno, entonces deja de ser una confluencia para convertirse en una pugna.

        El primer encuentro que hacemos es cuando nos dirigimos desde casa al Dojo para practicar, cada uno de nosotros tenemos vidas y circunstancias distintas, pero tenemos la buena predisposición de encaminarnos para ejercitarnos conjuntamente. Ya ahí, solo con ese hecho los compromisos que se asumen son diversos y van a condicionar mucho los otros encuentros, por ejemplo:

        Yo tenía un Dôhai (compañero que empezamos el estudio del Aikido al mismo tiempo) en el Dojo de mi Sensei, que una vez a la semana para hacer 2 h. de clase, conducía 2 h. para venir al Dojo, y volvía hacer 2 h. de vuelta para retornar a su casa.

        Está claro que mi compañero ansiaba un encuentro para profundizar en el Aikido, de lo contrario no hubiera realizado tal esfuerzo y gasto.

        Por otro lado, tengo un amigo que camina 4 km. para ir a su Dojo a practicar en todas las estaciones del año, sigo opinando lo mismo que antes, si no hubiera una determinación clara por ejercitarse en el Tatami y comprender el Arte del Aikido, no habría tal compromiso.

        Tampoco es lo mismo aquel que hace un seminario en las puertas de su casa, que el que tiene que recorrer 4.068 km. para realizarlo.

        Aquí hay que llamar la atención sobre rentabilizar al máximo el tiempo de permanencia en el Dojo, lo digo porque muchas veces los alumnos se dedican a perderlo, y eso es una falta de respeto a los compañeros como los que acabo de citar, hay que despertar y conocer las realidades que nos rodean, porque lo más probable es que su inversión de tiempo, esfuerzo y economía no es la misma que la nuestra.

        Otro encuentro es cuando accedemos al edificio del Dojo, dejamos atrás nuestros problemas y nuestras preocupaciones, o accedemos con esa mochila tan pesada, que por su puesto va a acondicionar nuestra práctica y la de los demás.

        Luego, ya en el Keiko, están los encuentros con las distintas condiciones: no es lo mismo una persona que mida 1.95 cm. y pese 120 kg., que otra que mide 1.60 cm. y pesa 60 kg., aquí también hay que añadir las distintas estructuras mentales; tampoco es igual el encuentro con un Shomenuchi (corte descendente), que con un Yokomenuchi (corte en diagonal), un Tsuki (un puñetazo) o un Morotedori (sujetar un brazo agarrándolo con dos manos), etc., las circunstancia en cada caso son muy distinta; también nos encontramos con cada uno de los principios del Aikido: Ikkyo, Iriminage, Koshinage, Shionage, Tenchinage, Nikkyo…, en las dos posiciones: de Uke, el que inicia la acción, o de Tori, el que reconduce la acción.

        Cuando se sopesan todas esas cosas y muchas más, brota de por sí el principio de Musubi (unir, enlazar, nacer, juntar), que se puede entender mejor y profundizar en él, al igual que se siente que es la urdimbre con lo que se teje todo.

        ¿Qué predisposición hay para el encuentro?

        Es obvio que a mayor compromiso, mayor predisposición, eso ya marca una frontera entre unos encuentros y otros, al igual que el nivel de experiencia y de comprensión. No es el mismo un encuentro para quien está buscando una ejecución técnica - física, es decir, como se pone la mano o se mueve el pie, que aquel que está ahondando en el concepto de Ai (armonía, unión), para el primer caso su visión del encuentro es tangible, para el segundo es intangible y su campo abarca es infinito.

        La actitud es otro aspecto que condiciona el encuentro y su resultado, no es lo mismo un talante abierto, honesto, colaborador, serio, que otro, chusquero, gañán, farfullero y egoísta, está claro que con los segundos no se va a avanzar y más que un encuentro es una colisión.

        Luego están las atracciones y las repulsiones, lo típico, es blanco tiene poca experiencia y casi nadie quiere practicar con él, ¿es o no cierto?; en cambio está el otro lado, aquel que comprende es sensitivo y fluye, con el cual todos quieren practicar, ¿es o no cierto también?

        Sea cual sea la circunstancia o el compañero que tengamos, no podemos perder la concentración intensa y la disponibilidad para el trabajo, de ahí, de esa predisposición nacen encuentros fructíferos para ambos. Siguiendo con los dos ejemplos que he puesto anteriormente, para el primero (el novato), se plantan en él las semillas de ir en busca de ESO que hacen los más veteranos que le llama la atención, que sin ningún esfuerzo son capaces de moverle, desequilibrarme o proyectarle; para los segundos (los veteranos avanzados), nunca pierden la perspectiva de adaptarse a reacciones no condicionadas por la educación, porque el inexperto no sabe reaccionar, pero el experimentado tiene el deber de hacer lo que se explicó.

        Con ese caldo de cultivo en la mayoría de los casos sin ser conscientes nace espontáneamente el no desear, no esperar, hacer aquí y ahora con lo que hay, sin esperar perjuicio o beneficio, y no debemos olvidar que cada encuentro es una oportunidad única, no se puede repetir aunque se haga un segundo después, eso ya pertenece a otro tiempo y a otro encuentro.

        Con una actitud de aproximación amorosa es como se construye en Aikido, y para nada está reñido con lo marcial o el espíritu del Budo, todo lo contrario, “De - ai, el instante preciso del encuentro, se emplea para controlar el espacio y suscitar una reacción: el encuentro de lo positivo y lo negativo, la armonía del cambio… El tiempo de reacción es adecuado si permite sorprender al adversario en el momento del ataque. Es en este momento cuando el enemigo ofrece mayor vulnerabilidad. El ataque absorbe su concentración, su energía física y mental. El espíritu del ataque es débil pues el espacio espiritual no deja sitio suficiente para la defensa. Cuando la fuerza es mayor, la vulnerabilidad también es mayor. Se debe entrar sin temor en el ritmo del ataque, preparado para morir”.

Mitsugi Saotome.

Ishana Pérez, Julio de 2017.

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Solo y acompañado.

“La gente está sola porque construye muros en lugar de puentes”.

J. Newton.

        Es obvio que en la disciplina del Aikido se dan estas dos condiciones, por un lado las cosas que se tienen que realizar solo, -ahora desgranaré algunas-, y las cosas que se tienen que realizar acompañado, digamos que una complementan a las otras.

        Es muy típico, -yo diría lo más usual-, que dentro del contexto de la práctica se vaya solo y eso es un gran obstáculo para la evolución refinada del Aikido, porque el que ejecuta no tiene en cuenta al otro hacedor, -al Uke-, y esto nos lleva a una ejecución egoísta, eso por un lado, por otro, dentro de un contexto marcial en distancias cortas, se hace muy complicado ir solo, porque al ir solo no se va a sentir al otro y por lo tanto, tampoco las respuestas a nuestras acciones.

        Bien es verdad que para integrar determinados aspectos del Kihon (la forma básica de la técnica) hay que trabajar en solitario, por ejemplo, muchos ejercicios destinados a poner los cimientos para la práctica, éstos van desde la toma de consciencia de la estructura corporal, o el Kamae, por citar los más representativos. También es cierto que estos apartados se pueden hacer acompañado, pero desde mi óptica, esto sería en un segundo paso, no de entrada.

        Cualquiera que sea el trabajo en solitario tiene un gran beneficio, dado que va construyendo capacidades y desarrollando la personalidad del aikidoka, faceta que muchas veces no se tiene en cuenta, porque solo se es esclavo de un gesto físico, sin tener presente lo que contiene o de lo que tiene que ir acompañado.

        Todo esto nos lleva a la asimilación propia, para después unir éste trabajo al del otro, que es cuando realmente se hace Ai – Ki – Do; el otro día oía una entrevista con un músico de Kodo, y la reportera le preguntó, ¿qué sientes cuando golpeas el tambor?, ¡y no dudó en su respuesta! “Mi objetivo es ser la baqueta que golpea el tambor”.

        ¿A caso nosotros en nuestro contexto no aspiramos a lo mismo?

       Dentro de nuestro Plan de Estudios Kuubukan, un elemento que se realiza en solitario y que luego hay que transferirlo a la técnica y al compañero son los desplazamientos (el mismo ejemplo es aplicable a los Ukemis), aspecto que después del conocimiento básico de la estructura corporal y de la guardia, es una pieza clave para una ejecución con rigor y contenido en el trabajo del Kihon (técnica básica).

        Si el alumno inicialmente no realiza ejercicios en solitario, después se hace muy difícil aplicarlos y distinguirlos dentro del contexto de la Waza, que por otro lado es de obligado cumplimento, porque en el 95% de los casos se hace Omote (por el frente) y Ura (por la espalda), y en muchas ocasiones para llegar a rematar la técnica con esos movimientos que son el armazón del Kihon, intervienen los otros desplazamientos: Tsugi ashi, Irimi ashi, Henka ashi, Kaiten ashi o Sokumen ashi. (Si quiere ampliar más la información sobre las distintas fases por las que pasan los desplazamientos, según nuestra Metodología Kuubukan, ver el texto: El Kamae y los Desplazamientos en Aikido, de nuestro Sensei Ishana Pérez).

        

Los Desplazamientos Básicos en Aikido

        

        Tampoco debemos olvidar que al integrarlos en la acción con el compañero deben de tener efecto real sobre éste, por ejemplo, si me desplazo para desequilibrarle tiene que producirse el desequilibrio, porque lo contrario nos pone en una situación muy comprometida.

“Trabajar en equipo divide el trabajo y multiplica los resultados”.

Anónimo.

        La cooperación es el quid para la evolución en Aikido, también para poder practicar con seguridad, cosa que muchos no son conscientes y llegan a la conclusión de que al Aikido le falta marcialidad, o que es una disciplina que se basa en la teatralidad y el acuerdo mutuo para realizar figuras en el espacio. Esto pasa porque su visión es corta y no son capaces de ver el trasfondo del asunto.

        Si no existiera la colaboración, las técnicas de Aikido se convierten en letales y causarían mucho daño en el cuerpo del compañero, eso por un lado, por otro, se hace imposible el aprendizaje, porque cada uno estaría en su atalaya aislado y solo, sin poder compartir para aprender y tener una vivencia conjunta.

        Cuando se ha desarrollado el trabajo en solitario, hay que volcar toda la energía con el compañero, porque tan malo es ir siempre solo, como estar habitualmente acompañado sin sentir al otro, en ambos casos se toca techo muy rápido y sin ninguna comprensión.

        La práctica de ejercicios por parejas, tiene muchas vertientes: la práctica normal -Ippan Keiko- y las demás que derivan de ésta; cuando se aísla un elemento concreto de la técnica para su perfección; trabajo sobre el Ukemi -los rodamientos-, tan valioso para la práctica; ejercicios donde se mezclan varios aspectos técnicos que luego ayudan al desenvolvimiento hábil de la acción, ver un ejemplo de ello es nuestro ejercicio de sensibilidad, https://youtu.be/pdA68-8BqJk donde se aúnan 8 elementos básicos del Aikido para desarrollar un buen aprendizaje y un buen Keiko.

        Como reza la cita que abrió éste apartado del trabajo en común, los beneficios son patentes cuando se aúnan fuerzas y voluntades, y más cuando hay que integrar roles diferentes, -Uke y Tori-, porque constantemente estamos experimentando el otro punto de vista, no estamos anclados en una sola posición en nuestro torreón aislados, todo lo contario, continuamente estamos realizando una participación activa y colaborativa, y eso hace rica mentalmente a las personas.

        Dentro de la acción técnica con el compañero, la adherencia es la argamasa para construir la técnica con propiedad. Hay que tener en cuenta en esta construcción, que uno la desarrolla para que sea efectiva (el papel de Tori), y el otro por su seguridad (la toma del Ukemi del Uke). Otra cosa de ésta cualidad es que siempre se necesita al otro para crecer y cada vez ser mejor en su papel.

        Los extremos son malos, estar siempre dando prioridad a los ejercicios en solitario, nos va a traer problemas cuando actuemos con el otro; y estar siempre acompañado pero ir solo no nos va a ser rentable, y lo que es peor, construye una personalidad de aikidoka egoísta que no nos dejará profundizar en ésta Vía.

        Saber adaptarse (Musubi) al momento que se necesite es el secreto del asunto, y eso solo lo sabremos cada uno de nosotros y el responsable de nuestra formación. Por lo tanto, seamos inteligentes y apliquemos aquello que se precise según la necesidad del momento.

Ishana Pérez, Junio de 2017.

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Continente y contenido.

"No necesitamos continentes nuevos, sino personas nuevas"..

Julio Verne.

        Uno de los significados de continente es: "Cosa que contiene dentro de sí a otra".

"No hay nada más sumiso y débil que el agua. Sin embargo, en atacar lo que es duro y fuerte, nada puede superarla".

Lao Tse.

        En cuanto al contenido, "Cosa que se contiene dentro de otra".

        Esto nos lleva a que si aplicamos estos dos conceptos a nuestro Arte del Aikido, lo primero que tenemos que hacer es definir qué es cada cual:

        El continente primario es el cuerpo, que es la base para la existencia, que por otra parte luego va a contener la forma o la Waza, es decir, la técnica.

        Y el contenido es la sensación, esto es, Atari, sensación, tacto, sensibilidad.

        El continente es el receptáculo del contenido, y el contenido da vida y sustento al continente, dicho de otra manera, es donde la técnica cobra vida propia y cuando se desarrolle va a aportar al continente multitud de beneficios.

        Para que se cumpla lo expresado anteriormente, primero hay que acondicionar una parte del continente, que es el cuerpo, sin ese paso previo no puede existir la segunda parte del continente -la técnica-, y menos aún, poder albergar algo de contenido.

        Para ello hay que recordar el capítulo LXXVI del Tao Te King que en una de sus partes dice:

"Lo duro y lo rígido

son propiedades de la muerte.

Lo flexible y blando

son propiedades de la vida".

        Es la condición sine qua non para preparar el cuerpo y que de esta manera pueda habitar la Waza, y éste requisito es aplicable a cualquier tipo de acondicionamiento que se plantee, sin esa premisa del Tao Te King la forma huirá de nosotros como un espíritu demoniaco.

        Cuando se haya conseguido explorar, conocer y cierto dominio práctico sobre la primera parte del continente -el cuerpo-, se puede integrar la segunda parte, que es la forma.

        También hay que contemplar que el propio desarrollo de la Waza va a ayudar a acondicionar el continente, porque la técnica impone al cuerpo determinados patrones psicomotores, es decir, el desarrollo del Kihon de forma progresiva va dotando al cuerpo de recursos y desarrollándolo físicamente en resistencia, velocidad, fuerza, flexibilidad, psicomotricidad, etc.

        Para armonizar estas dos partes del recipiente se necesita tiempo, voluntad y constancia, y cuando las dos operen con cierta armonía es el momento de ir llenado el receptáculo de contenido.

        "Un alumno de Aikido que haya practicado regularmente debería tener, aunque no conozca su origen histórico y teórico, alguna percepciones personales sobre el Ki", (Kissômaru Ueshiba, El Espíritu del Aikido, pág. 28). Porque para que se pueda manifestar el Atari -la sensación, la sensibilidad-, es primordial ir tomando consciencia del Ki, en cualquier nivel que se esté desarrollando el estudiante.

        Con el tiempo y el ejercicio el contenido inunda al continente llegado a dominarlo, dicho de otro modo, el recipiente es un sirviente del contenido, que actúa a su voluntad e interés.

        Pero, ¿Qué pasa cuando no se tiene en cuenta el proceso descrito anteriormente?

        Cuando no se cumpla la primera parte del desarrollo del continente, no se va a poder integrar la segunda parte del mismo, y menos aún que habite algo de contenido dentro de ella.

        Lo que muchos no comprenden es que no se puede abordar el contenido sin la preparación y el desarrollo del continente, porque si no pasa lo que pasa y que vemos en muchos entornos: los practicantes están duros como piedras y rígidos de rodillas; la gente hace gestos "técnicos" pero carece de sensación de poder; imita cosas que no están en su momento de evolución y que tampoco entiende, es como un loro que repite pero carece de conocimiento sobre las palabras que imita; hace una coreografía de una situación imaginaria donde el Uke está domesticado y carece de contenido al realizar su papel.

"Si quieres desplazar la montaña,

comienza por sus pequeñas piedras".

Confucio.

Ishana Pérez, Mayo de 2017.

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Al Dojo se viene a practicar.

        "La práctica de la concentración nos permite llegar a ser personas reales. Cuando somos personas reales vemos a las otras personas reales que nos rodean y la vida adquiere toda su riqueza."

Thichnhat Hanh.

        El Sensei Kenzo Awa recomendaba a sus estudiantes que cuando vinieran de camino al Dojo, que no se distrajeran con nada, que ya viniendo se concentraran en lo que iba acontecer.

        Es un buen y gran consejo, centrarse sin distracciones sobre la práctica, no debe existir en esos momentos nada más importante. Cosa que les cuesta comprender a los estudiantes, porque ni después del Rei (saludo inicial) de comienzo no son capaces de aunarse, simplemente para poder fijar los conceptos y los detalles más básicos de los principios que se desarrollan en cada sesión.

        Entrando ya en la instalación del Dojo hay que dejar fuera todo tipo de preocupaciones y responsabilidades de la vida cotidiana, ya luego, cuando se salga, se vuelven a retomar, y lo más probable es que todo se vea de distinta manera.

        Esto en los comienzos del proceso de la educación en el Budo, y concretamente en el Aikido, es de vital importancia para que exista una buena base donde construir, y en éste caso, no me estoy refiriendo a la Waza (la técnica), si no a elementos anteriores a ella que son los cimientos para que luego ella se asiente y se fije.

        Lo siguiente es el cambiarse para la práctica, mucha gente aquí es muy extrovertida y se derrama mentalmente, bien porque ha entrado al vestuario con sus problemas, inquietudes o pasatiempos, y se olvida de lo que está haciendo, que es prepararse para hacer Keiko.

        Puedo entender lo de la socialización, y soy consciente que ese es un aspecto muy importante en los Dojos, pero en su momento, no en los espacios destinados a la enseñanza.

        Lo siguiente es que hay que ser diligente para ponerse el Gi (ropa de práctica) de forma correcta, ser preciso en colocárselo y acceder pronto al Tatami para hacer lo que corresponda, y cuando se termine de realizarlo hacer ejercicios personales para acondicionar el cuerpo para el Keiko antes que llegue el Sensei.

        Aquí también están los típicos que en vez de estar haciendo lo expresado anteriormente, se siguen dispersando mentalmente, suelen ser unos tipos que se esfuerzan poco y se entregan aún menos a la práctica, es muy fácil distinguirles.

        Otras de las cosas que hay que cuidar, es que antes que entre Sensei hay que estar bien sentados, eso significa, las filas bien hechas y tomando el Kamiza como centro, para la correcta distribución del número de estudiantes a izquierda y derecha del Sensei, y con una actitud de introspección meditativa en la unificación tanto física como mental.

        Esta actitud de abstracción y de unificación es la última oportunidad para los más rezagados que no lo han hecho viniendo al Dojo, tampoco al entrar en la instalación, lo olvidaron al cambiarse, o antes de que se ordenaran las cosas para comenzar la clase. Hay que pensar que éste ejercicio previo también tiene repercusiones para la seguridad en la práctica, cuanto más despistados estemos dentro de la clase, más expuestos estaremos a los accidentes por la falta de atención en la acción.

        También el interiorizarnos nos lleva a nuestra predisposición para la entrega física, mental y emocional de lo que se va a realizar, y nos libera de la dualidad con la que hemos llegado al Dojo, -por un lado la vida personal, por otro, la práctica del Aikido-.

        Esta unificación tiene sus distintivos externos, me explico, cuando un estudiante se mueve lento o sin energía en el Tatami para limpiar, ir a buscar a su bolsa el Jo o el Ken, es alguien que no se ha aunado, su mente está en un lugar y su cuerpo va por otro, dicho en la terminología del Aikido, carece de Nen, -pensamiento, momento y unidireccionalidad de la mente-. En contraposición, alguien que mantiene su mente serena y hace que su cuerpo se mueva muy rápido y con un Zanshin (Zan: estar, permanecer, Shin: espiritu. El espíritu que permanece y que vigila) constante que le lleva a estar centrado, bien cuando limpia, ordena sus cosas o se prepare para comenzar la clase.

        Otras de las manifestaciones de que un alumno esta descentrado es cuando habla con su compañero de práctica, ¡aún con la intensión de ayudarle! Porque la norma dice que no se puede hablar durante el Keiko, la comunicación se hace con el cuerpo y con la sensación, no con la lengua.

        Otro de los casos es cuando el alumno se para a mirar y notas que no es por tener dudas reales sobre lo que se ha explicado, si no que lo hace para no esforzarse, para que el Sensei le vea, y ya el colmo de la ineptitud, es cuando le comienza a radiar a otro lo que el profesor está realizando.

        También están aquellos "¡esmerados en el vestir!", que constantemente se están arreglando la ropa, otro signo de no querer esforzarse y desear que pase el tiempo de la clase para hacer lo que le gusta, hablar y contar sus batallitas. Estas personas frenan mucho las dinámicas de las clases, seminarios o intensivos, y siempre me pregunto, ¿qué hacen viniendo al Dojo?, es mucho más rentable para sus propósitos, ir a la asociación de vecinos de la localidad y jugar al dominó con unos vasos de vino.

        Otro recurso de los maniquíes del Tatami es refugiarse en las esquinas y lo más usual en estos individuos es hacerlo con sus compinches de actitud, digamos que crean una segunda clase dentro de la principal en este ángulo del Tatami. Me sigo preguntando lo mismo, ¿para qué han venido?

        Un estudiante que tiene claro internamente su compromiso y su determinación con el Arte del Aikido, ya viniendo al Dojo tiene la predisposición de esforzarse, hacer los preliminares diligentemente y una entrega total en el Keiko, esto le hace evolucionar y tener comprehensión real del Aikido. Lo contrario, es perder el tiempo y molestar a los que se quieren esforzar.

        La socialización está presente también en los Dojos y en las clases, y esto se hace al final de las mismas cuando ya se ha terminado. Hay muchas maneras de hacerlo: practicar un poco con un compañero e intercambiar conocimientos; departir con alguien inquietudes, aficiones, pasatiempos, etc.; ayudar a los estudiantes noveles es sus dificultades que han podido tener durante la clase o que tienen en su evolución, ¡y aquí si se habla!; y lo que es costumbre en cualquier parte del mundo entre los aikidokas, quedar en el bar para tomar unas cervezas, ¡que saben a gloria después del esfuerzo continuado en la clase!

"La socialización sólo se presenta cuando la coexistencia aislada de los individuos adopta formas determinantes de cooperación y colaboración que caen bajo el concepto general de la acción recíproca."

Georg Simmel.

Ishana Pérez, Abril de 2017.

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Las lesiones.

        "Si pudiéramos dar a cada individuo la cantidad exacta de alimento y de ejercicio, ni mucho ni poco, habríamos encontrado el camino más seguro para la salud"..

Hipócrates.

        Hay que distinguir claramente entre un accidente, una contusión por falta de atención sobre la acción, carecer de sensibilidad técnica, y ya en el peor de los casos, causar daño con premeditación, son casos y momentos muy distintos los unos de otros donde se quiebra nuestra salud en Aikido.

        Las lesiones complican mucho la vida personal de los alumnos, por ejemplo, un estudiante se gana la vida de conductor de guaguas, y hay un insensato que por hacer una demostración de su fuerza le rompe la muñeca con un Nikkyo, ¿cómo se va a ganar la vida el estudiante que era conductor?

        Eso por un lado, el otro aspecto es si vive solo, es otra complicación añadida simplemente para desenvolverse en su casa en lo cotidiano.

        Suelo comentar a mis estudiantes que se puede practicar intensamente, siempre y cuando el compañero sea capaz de soportar la presión que se le impone, si no es capaz de recibir ese empuje, se va a quebrar inevitablemente.

        En otro campo, -el de la evolución dentro del arte-, el lastimarse implica una ruptura con el progreso, y lo más probable es que llegue en un momento donde se está en un periodo de avance.

        Si uno se ha roto, lo primero es saber encajar ese hecho, cosa a veces nada fácil; segundo, poner todos los medios para una pronta recuperación, esto implica que cuando haya cierta mejoría -sin estar curado-, se quiera retomar la práctica, es en ese periodo donde muchos caen en la trampa y vuelven a recaer con peores consecuencias; tercero, cuando se está recuperado del todo, hacer una buena transición para volver al ritmo y la intensidad que se tenía antes del accidente, porque hay el mismo peligro que en el segundo caso que se habló antes.

        Muchas veces los percances son causados por los ambientes creados en los Dojos por vibraciones negativas: mal humor del Sensei, disputas o rencores entre estudiantes, trabajos técnicos donde se da prioridad a la violencia, falta de etiqueta, no estar cualificado para trabajos intensos, indisciplina de los alumnos. todo esto y mucho más, trae más tarde o temprano infortunios donde salen perjudicados los alumnos.

        Otra de las cosas que normalmente no se le presta atención, es el menoscabo que supone que en un entorno (Dojo) haya un alto número de lesionados. Eso quiere decir que la planificación con los objetivos previstos se va a ver frenada, detenida o rota.

        Siempre hay que recordar que el tejido del Dojo está interrelacionado y lo que le pase a uno de sus miembros inevitablemente afecta a todo su entorno. ¡Ya no digamos!, por ejemplo, en un medio de 10 alumnos, que hayan 4 lesionados, son datos muy altos y hay que investigar las causas que originan tal funestas estadísticas.

        Las estaciones tienen que ser motivo de atención especial, no es lo mismo un calentamiento en invierno con una temperaturas cerca de 0º o menos, que en verano con 25º. También el cambio de una estación a otra, por ejemplo, el transito del verano al otoño, época delicada donde las haya. No olvidemos que somos hijos del medio y lo que ocurre en la naturaleza nos afecta a nosotros también, y el cuerpo tiene que adaptarse a las circunstancias cambiantes.

        Otra época a la que hay que prestar especial atención, es al retorno de las vacaciones prolongadas, por ejemplo, después del verano o las de Navidades. Son periodos largos de tiempo donde se interrumpe el Keiko, y al retomarlo, en las primeras semanas se necesita un periodo de rodaje para volver al ritmo normal de la práctica, de lo contrario el accidente va a ser inevitable.

        Los viajes de estudio son un foco de accidentes, piénsese que en un corto periodo de tiempo podemos estar en climas y países muy distintos, a eso hay que sumar el gasto de energía que conlleva el propio viaje. Siempre hay que andar con cuidado, ser puntuales, yo diría mejor, llegan con bastante tiempo de antelación para aunarnos bien y acondicionar nuestro cuerpo para afrontar la práctica con seguridad.

        Lesionarse fuera del entorno habitual son situaciones muy, muy complicadas, llevando nuestro viaje al traste, y ver tirado por la borda: mucha ilusión, tiempo de preparación, un gasto económico sin rentabilidad y puede que una oportunidad perdida que no se va a poder repetir.

        Otro punto indirecto son los accidentes exteriores en el vivir cotidiano que repercuten en el Dojo, son igual de perniciosos que los originados en el mismo.

        Una desgracia nos puede pasar al más guapo, pero una desdicha por falta de atención o desorden vital nos puede amargar la existencia. Los aspectos internos de la práctica hay que aplicarlos constantemente.

"Cuida cada momento y cuidarás todo el tiempo".

Buda.

Ishana Pérez, Marzo de 2017.

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Con la forma.

        "Entra en la forma y sal de la forma".

Kisshomaru Ueshiba.

        Estar en la forma (la Waza, el Kihon) puede tener varios significados, todo depende en el momento del proceso que nos encontremos, porque no es lo mismo estar agarrados, aferrado, sujetado, inmovilizado, aprisionado o liberados de la forma, son cosas y casos distintos dependiendo de nuestro momento de evolución.

        Agarrado a la forma.- Es cuando se comienza, es decir, realizar Shu, si uno quiere evolucionar no queda otro remedio que agarrarse y consagrarse a la forma para cultivarla con mimo y esmero.

        Digamos que uno es totalmente dependiente de ella y por lo tanto aceptamos someternos y comprometernos con ella para que nos conduzca por el camino. La actitud es de unos bebes indefensos que nos cobijamos bajo su manto protector.

        Hay que decir que cuando nos asimos a ella no somos muy conscientes de su importancia, lo hacemos porque nos dicen que es trascendental, pero no por tener una consciencia clara de su valor.

        Aferrado a la forma.- Cuando nos aferramos a ella ya se ha vislumbrado lo trascendente que es, aunque no haya un conocimiento pleno de su importancia, uno ya ha captado algo de su valor.

        Por esa inmensidad que se intuye, tomamos refugio en ella e intentamos descifrarla parte por parte e importarla a nuestro cuerpo. Lo que se persigue es realizar una identificación con ella, fundirnos, que no haya una dualidad.

        En esta fase del proceso hay que asegurarse de ser constantes en la acción, porque si hay intermitencia, -hoy practico, mañana no.-, no facilita el asentamiento de la forma en nuestro interior, más que nada por aquello de aprender y olvidar rápidamente, ¡gran mal siempre!

        También hay que comprender que en líneas generales, en un momento como éste hay cierta adicción a la práctica, y eso es un valor importante si se le da continuidad en el tiempo.

        Sujetado por la forma.- Ahora los roles cambian, porque es ella la que nos sostiene, digamos que nos va revelando su contenido, y esa protección nos da motivación para seguir con nuestra indagación.

        También aumenta nuestra autoconfianza por partida doble, por un lado vemos el valor de su aplicación, por otro, constatamos nuestra evolución.

        El estar sostenido puede ser por muchas causas: ya pasó el deslumbramiento inicial y comienza el verdadero trabajo; puede haber una crisis o una distracción en nuestra práctica; nuestro compromiso se vuelve más pleno; se asume un grado; se instruye a otros; asumir un periodo de Shugyo.

        En un sentido más amplio y con una visión a largo plazo, siempre estaremos sujetados por la forma hasta que nos desprendamos de ella, es decir, realizar Ri.

        Inmovilizado en la forma.- Cuando la forma nos bloquea es por nuestra actitud ante el estudio y los frenos que nos ponemos mentalmente, en estos casos ella no se manifiesta hasta que no derribemos esos muros que nos hemos autoconstruido. Muchos estudiantes en ésta estadio lo achacan al Sensei, al método, a que no se salen las cosas, y cualquier otra justificación para no tener el valor de abordar el trabajo consigo mismo y superar esa barrera mental autoimpuesta.

        En este momento no es una cuestión de poca voluntad o compromiso con la práctica, -puede haber gente que en un periodo de tiempo como éste trabaje mucho-, son más aspectos mentales e internos del estudiante lo que pone freno a su avance, puede que haya aspectos de su vida personal que agraven las cosas, -ya saben aquello de la ley de Murphy-, pero que caiga el velo, solo depende del alumno para que comprenda su situación personal y el momento que vive en su evolución como aikidoka.

        Aprisionado en la forma.- Tiene muchas caras lo de estar atado a la forma: no evolucionar en el refinamiento técnico, eso significa que no va a aceptar -por ejemplo- otras formas de Ikkyo, es un estado de fanatismo tanto por la técnica como por el seguimiento a determinado Sensei; no aceptar o desconocer el proceso de Shu, Ha y Ri, y por lo tanto, se anda perdido en un mundo que se desconoce; no conocer la importancia de Shin, Gi y Tai, y esto lleva básicamente no tener predisposición para el aprendizaje, o tomárselo como un divertimento, más que como una Vía. El otro caso es un abandono corporal y por más que lo intenta, la técnica no entra, porque no tiene acondicionado su físico para que la Waza funcione y sea rentable; tener una alta dependencia de su Sensei, es decir, no es capaz de estudiar, madurar ni investigar por sí solo.

        Otros casos pueden ser no establecerse en el Kihon y en los principios elementales: centralización, expansión, control y esfericidad. Por esta actitud de prisionero no va a ser capaz de dar un salto evolutivo porque carece de base para el impulso.

        En todos estos ejemplos -y muchos más-, el estudiante está enrejado en un entorno que no le deja avanzar en su evolución.

        Liberado de la forma.- Como se dijo más atrás corresponde al estado de Ri, es cuando hay tal identificación que la forma y quien la hace es Uno, no hay una dualidad que divida, separe, todo lo contrario, todo está unido, o todo se puede unir.

        Indudablemente, llegados aquí, hay que decir que la técnica ha sido un vehículo para comprender otras cosas, de ahí lo de "liberado", se ha comprendido y se ha realizado.

Ishana Pérez, Febrero de 2017.

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Signos de evolución.

        "No es la más fuerte de las especies la que sobrevive y tampoco la más inteligente. Sobrevive aquella que más se adapta al cambio".

Charles Darwin.

        A lo largo de toda la tradición del Budo hay signos que manifiestan el progreso de los estudiantes, los cuales hay que tener muy en cuenta para impulsar nuestro progreso a cotas más altas.

        Voy a enumerar los más simples, que normalmente pasan desapercibidos por falta de atención en lo cotidiano. Todo avance siempre está sujeto a un cambio, que es a lo que muchas veces se le tiene miedo, pero cuando se vence esa turbación es cuando progresamos.

        La comprensión de la etiqueta.- Es la base de todo lo que se edifique, tanto técnicamente como en los aspectos internos de cualquier Arte. Por un lado genera la actitud adecuada en el alumno para recibir el conocimiento de su arte; por otro, garantiza la seguridad para poder practicar con o sin intensidad, un ejemplo simple: si en el trabajo de armas el saludo no marca el final de las repeticiones de un estudiante y el comienzo del otro en su rol de Tori, se puede producir un accidente.

        El ceremonial tiene varias dimensiones, hay que conocerlas y aplicarlas según proceda al momento en que se esté.

        La relación de la etiqueta con la técnica.- Aunque muchos lo desconozcan, la etiqueta tiene una relación con la técnica -Waza-, por ejemplo:

        Sentarse y levantarse, lo hacemos infinidad de veces durante las clase, seminarios o intensivos; el hecho de cultivar la higiene postural, mantener la columna vertebrar erecta, tiene una incidencia directa sobre el trabajo de Hanmi handachi Waza (es cuando un estudiante practica de rodillas en el suelo y el otro está de pie).

        Niveles de trabajo: hay que recordar que en el Aikido hay tres niveles de ejecución: Suwari Waza (cuando los dos estudiantes trabajan de rodillas), Hanmi handachi Waza y Tachi Waza (cuando los dos estudiantes trabajan de pie). Independientemente de que se trabaje en cada nivel por separado, una práctica interesante es integrar los tres niveles a la vez desarrollando una técnica, es cuando se pone a prueba la flexibilidad corporal, la unificación estructural, la higiene postural, en dominio técnico y el control tanto propio como del compañero aplicando sentarse y levantarse.

        El saludo, da igual que éste se realice en Seiza -la forma justa de sentarse, es decir, sentado en medio de los pies con las rodillas flexionadas-, o de pie, tanto lo de mantener la columna erecta, como el grado de inclinación del tronco, repercute en el trabajo de Ushiro Waza (trabajo técnico realizado por la espalda).

        Realizar bien estas acciones (hay muchas más) en la etiqueta habitual, tiene una incidencia directa cuando trabajemos las técnicas, la mayoría de las veces las personas que presten atención a la etiqueta no son conscientes de este trasvase a la Waza y lo aplican inconscientemente.

        El comportamiento cívico.- Necesariamente necesitamos y tenemos que vivir con otros formando comunidades organizadas bien sea en un Dojo o en el pueblo en que residamos, siendo imprescindibles estar regidos por normas de conducta aceptadas y compartidas por todos los miembros de la comunidad, de ahí la importancia para los estudiantes noveles de que inicialmente lean y reflexionen sobre las normas de etiqueta que se le da nada más ingresar en el Dojo, de ello depende su evolución.

        Bien es verdad que muchas de estas normas -en nuestro caso aquí en occidente- pertenecen a otra cultura, pero el ahondar en ese comportamiento y comprenderlo, nos descubrirá que no hay tantas diferencias, aún desarrollándose en el otro extremo del planeta, porque se crean para que los individuos cohabiten en armonía unos con otros. Saber ser y estar es signo de haber tenido una buena educación marcial y por extensión vivir en sociedad.

        La calidad de la respiración.- Si hay un elemento significativo para ver el estadio de evolución de un estudiante es su respiración, porque se va a notar el estado de su mente, el relax de su cuerpo y la calidad de su técnica.

        Respiraciones entrecortadas, duras, altas, tensas, que no saben utilizar su anatomía (huesos, músculos y órganos) para favorecerla correctamente, son respiraciones poco eficaces para la práctica y para la vida cotidiana.

        Por lo tanto, es asignatura obligada aprender a respirar correctamente para sacar el mejor partido a nuestro cuerpo, a nuestra mente y a nuestra técnica. Sigo insistiendo en tres aspectos básicos, el saludo inicial y final de las clases; lo siguiente son los ejercicios de respiración para comenzar las sesiones de práctica; y por último, el trabajo de la respiración en el Uke cuando toma Ukemi, son tres facetas imprescindibles para evolucionar a un nivel de base. Si no se desarrollan bien, el alumno va a tener muchísimos problemas en un futuro a corto plazo.

        El Kamae.- No podemos imaginar un edificio sin su cimentación, pues tampoco ningún Budo. El Kamae es la estructura de base (que es su significado) para la construcción técnica, de hecho, nuestra postura, junto con el paso del tiempo, es lo que va a marcar la evolución en la disciplina que practicamos, eso quiere decir que va a pasar por estadios, los cuales no podemos saltarnos ni obviarlos, ver en el siguiente enlace las distintas fases por las que pasa el Kamae:

        http://www.dojokuubukan.es/clase_magistral_kuubukan

        También el Kamae va a influir en otros aspectos como los desplazamientos, el desequilibrio, el Atemi, el trabajo de líneas, las intercepciones, la dinámica, etc., quiero decir, que no es un aspecto baladí en la formación.

        Para utilizar el espacio circundante a la hora de practicar, es necesario saber cómo desplazarse para rentabilizarlo, no es lo mismo un Tatami de 70 m. cuadrados con seis estudiantes practicando, que con treinta, esa eficacia tiene como asiento el Kamae.

        Siempre les digo a mis estudiantes que primero hay que encontrar las piernas y su correcta colocación, el siguiente paso es subirse sobre ellas, luego, se cabalga sobre las mismas. Después de todo este proceso que se hace en la fase del noviciado, hablando en tiempos, lo ideal es en 1 año de trabajo y de estudio, si no se consigue en ese tiempo, se puede afrontar en 2 años de ejercicio, pero éste segundo caso es un recurso límite, porque no se puede perder mucho más tiempo en este trabajo preliminar, luego, hay que afrontar las distintas fases que se vieron en el enlace anterior.

        Dentro de la cinética del Aikido un aspecto importante es que los movimientos no sean sincopados. Si esto ocurre es porque no hay una unidad estructural, es decir, la parte superior del cuerpo va por un lado, y la inferior por otro. Para que esto no ocurra tiene que haber un buen Kamae que permita esta unificación de lo bajo y lo alto, dando como consecuencia un movimiento estructurado, suave, armónico y potente.

        No prestar atención al Kamae es estar construyendo un castillo de naipes, no va a soportar el peso de la Waza y todo el trabajo que se haga se derrumbará a la primera de cambio.

          Si quiere ampliar la información sobre este aspecto ver: El Kamae y los Desplazamientos en Aikido.

        El perfeccionamiento técnico.- Las técnicas se construyen como esculpir una escultura de mármol, primero se perfilan, después se quitan todo lo superfluo, lo siguiente es perfeccionar los detalles y por último se pulen.

        Saltarse este proceso nos llevará más tarde o más temprano a tener fisuras o a inventarnos cosas; y nunca olvidemos que siempre hay dos roles, uke y tori, y cada cual tiene que seguir ese método en su papel.

        Sentir cada paso y ser consciente de él es señal de progreso, y por lo tanto, constatación de la evolución. No ser consciente de nada y ver pasar el tiempo es la pérdida de uno mismo y no se sabe a dónde arribaremos.

        El relax corporal.- El proceso anterior está ligado a la evolución de nuestro cuerpo, es decir, cuando se perfila lo más probable es que se sea algo torpe, falta coordinación, nos falta conocimiento para la ejecución.; cuando se quita lo superfluo se estará rígido, se avanza robóticamente, no sigo al compañero.; en perfeccionar los detalles ya hay fluidez, la sensación es más plena, se es más sensible, ya puedo responder al otro en la acción.; y cuando se pule, uno es libre dentro de la forma, es como algo maleable-adaptable con vida propia y se llega a sentir parte de uno.

        Hay que recordar lo de Shin (el espíritu), Gi (la técnica), Tai (cuerpo), si el cuerpo no se prepara la técnica no puede entrar en él, y si no hay predisposición para evolucionar, el espíritu no habitará en nosotros.

        Si pasa el tiempo y nuestro cuerpo sigue rígido, bloqueado, con nudos, etc., o nos falta un buen acondicionamiento físico, o nuestras resistencias mentales nos bloquean para evolucionar. Esto nos dice que siempre hay que cultivar la unidad mente-cuerpo y llevarla a la par.

        El relax corporal está ligado a la respiración y la correcta utilización de ésta.

        La estabilidad mental.- Si vamos construyendo bien la técnica y respiramos correctamente, el resultado natural es una estabilidad mental, lo contrario es señal de que estamos haciendo algo mal y debemos mirarlo para corregirlo.

        No se puede realizar una técnica correctamente con una mente inestable y un cuerpo nervioso, un ejemplo muy simple, hacer los desplazamientos de base con un ataque en Shomechi teniendo en cuenta el Time. Con tal crispación lo más probable es que nos movamos antes de tiempo y que el compañero siempre nos cace, https://youtu.be/CznTeJhOESo.

        La evolución en la técnica tiene que tener su correlación en nuestra mente, no está desligado, van juntos si el proceso se hace correctamente; hay que recordar lo de los aspectos externos e internos en el arte.

        La regulación de la vida.- Uno practica un Budo para tener una vida más armoniosa, más plena, por lo tanto el espíritu del Arte que se practique debe inundar nuestro entorno, aislar la evolución de la vida personal es incrementar más la dualidad, y eso en vez de iluminar nuestra existencia la nubla para perdernos en mundos que nos hacen sufrir.

        Éste aspecto es personal, cada cual según su experiencia y su penetración en el Arte, debe buscar la relación de las técnicas y de la filosofía de la disciplina que practica para llevarla a su terreno particular, es una experiencia individual e intima.

        Hay que huir como de la peste de esos "maestros" que se quieren inmiscuir en nuestra vida personal, ¡mucho cuidado! Porque si dejamos que lo hagan podemos caer en una tela de araña que nos puede dañar mucho.

        El Budo nos debe llevar a una vida más saludable, más equilibrada, más agradable y más completa, porque es el camino que se ha elegido libremente para nuestra evolución como Ser.

        Si después de un tiempo de ejercitarnos en la disciplina (un año o dos es suficiente para comenzar a sentir los beneficios) no da esos aportes, algo estamos haciendo incorrectamente, o nos están formando mal o estamos en el lugar equivocado.

Ishana Pérez, Enero de 2017.

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