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Índice de Editoriales 2014.
¿Rodamientos o caídas? Mitori Geiko o aprender a observar-ver la practica. Ejecución técnica: 50% pies, 50% manos. ¿Entrenar o practicar en Aikido? Cuando te vas y vuelves. Comunicación alumno-Sensei.
La transmisión oral. Forma y contenido. La viveza en la acción-reacción. Omote y ura, el orden mental. Estudiar o hacer ejercicio. ¿Quién da el grado?


Índice de Editoriales 2013.
La práctica no es un combate. Educar. Desafío. Entender correctamente. La actitud del rumiante. Percepción liberada.
Saber tú posición. La comprensión a través de la atención. Cumpliendo años. Unidad y multiplicidad. La no unificación. 10.000 horas. El camino a la maestría.


Editoriales 2014 EDITORIALES 2014    

        

¿Rodamientos o caídas?

        En mi afán de dar rigor a lo que expresamos habitualmente a la hora de transmitir el Arte del Aikido y de ajustarnos a lo correcto, hace tiempo que escribí la diferencia entre “entrenar y practicar”, siguiendo en esa misma línea, hoy quisiera hablar sobre lo opuesto que es un rodamiento de una caída.

        Según el Diccionario del Uso del Español de María Moliner, en su acepción cuarta del vocablo “rodar” dice: “Dar vueltas una cosa alrededor de un eje”. Es una definición muy cabal para nosotros los aikidokas, lo digo por nuestra constante referencia al Tanden (centro de gravedad), al Hara (centro de poder y de consciencia) y al Haragei (el Arte de cultivar el vientre).

        La RAE sobre el término “caer” dice en su acepción tercera: “Dicho de un cuerpo: Perder el equilibrio hasta dar en tierra o cosa firme que lo detenga”. Y en la acepción sexta comenta: “Venir al suelo dando en él con una parte del cuerpo. Caer de espaldas, de cabeza”.

        Cuando nosotros trabajamos Ukemi tenemos que tener en cuenta los principios cinéticos del movimiento, por lo tanto lo primero que hay que tener presente es el centro de gravedad, que es: “Punto alrededor del cual cada partícula de la masa está equitativamente distribuida”. Por eso el tori siempre orienta su trabajo para desestabilizar el Tanden -o centro de gravedad del compañero-, y de esta manera tener el control de la cinética. Por esa razón el uke debe hacer los ajustes necesarios dentro del Kuzushi -desequilibrio-, para estar en las mejores condiciones de asumir bien el control o la proyección, y por lo tanto el rodamiento.

Técnica de Ukemis básicos.

        Si la proyección o el control es una caída, una parte del cuerpo -eso va a depender de la técnica aplicada-, se estampa contra el suelo, eso quiere decir, que choca contra algo y por lo tanto que se lesiona leve o gravemente (esto va en contra del principio fundamental de Aiki), eso va en función del empuje y la velocidad que le imprima el tori, el que dirige la acción.

        Pero si por el contrario rueda -el que es proyectado-, gira sobre su centro de gravedad, -porque en los ajustes preliminares, ha reajustado su postura para tener una posición lo más optima posible que le permitan las circunstancias-, y de esta manera poder ejercer la rodadura sobre su cuerpo, ¡no una caída!

        Hacer referencia constantemente al Ukemi como caída, es no ajustarse al término exacto de unos de los principios fundamentales del Aikido, que es la esfericidad. También, como se ha visto más atrás, es dar una patada al lenguaje, al igual que a los principios de la física, ya que hay una gran diferencia entre que un cuerpo choque con algo a que ruede sobre una superficie.

        Luego está el factor psicológico, no es lo mismo decir a una persona que se está iniciando en los Ukemis que haga una caída, -y no digamos si ya tiene un mal recuerdo por un accidente en su vida normal-, que realice un rodamiento. La forma en que la mente recibe y procesa la información es muy distinta de un caso al otro, y si a eso sumamos que uno de los escollos más complejos en los Ukemis es vencer el miedo, simplemente por nuestra condición de bípedos, las perspectivas no se muestra con mucho éxito.

        Son cosas que nosotros los formadores deberíamos tener muy, muy en cuenta, para ofrecer no solo una buena técnica, sino un proceso de crecimiento y satisfacción fácil, junto con reafirmaciones que den confianza al alumno, en vez de guiarlo por miedos e inseguridades. La educación en Aikido no es solo trabajo físico, el trabajo mental cuenta mucho.

Ishana Pérez, Diciembre de 2014.

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Mitori Geiko o aprender a observar-ver la practica.

        Nosotros en nuestro protocolo de aprendizaje (el cual se le hace entrega al novicio cuando comienza a estudiar en nuestro Dojo) contemplamos 12 tipos de Geiko, entre ellos está Mitori Geiko, que es al que me voy a referir hoy.

        Mitori Geiko se relaciona directamente con las neuronas espejo, y éstas con el aprendizaje en base a la imitación, la copia junto con la repetición. Son muchas las disciplinas (artesanos, músicos, actores, bailarines, deportistas, etc.) que hoy en día integran la observación de sus acciones para mejorar su rendimiento y pulir su técnica dentro de sus métodos de aprendizaje.

Neuronas Espejo.

        Tenemos que distinguir claramente entre: mirar, ver y observar.

        Mirar.- Es dirigir la vista a un objeto o a una acción en nuestro caso.

        Ver.- Es percibir los objetos por el órgano de la vista gracias a la acción de la luz. Aquí ya interviene otras cualidades como la atención, la percepción o el examen de lo que se ve.

        Observar.- Es examinar atentamente algo, por lo tanto la atención-concentración se hace imprescindible, de las tres, ésta es superior a las dos anteriores. Esa es la razón que dentro de nuestro método de enseñanza encabece las 4 fases del aprendizaje del Aikido: observar, copiar, imitar y repetir.

        Dentro del grado de 6º Kyu en el apartado de “Elementos de aprendizaje”, en nuestro sistema de formación se comienza a trabajar la visión, y ésta se divide en: ejercicios oculares, agudeza visual en estático, visión concéntrica, visión periférica, coordinación óculo-corporal, agudeza visual dinámica, reconocimiento inmediato y observación con Zanshin, (si se quiere ampliar más la información ver en la página 193 del texto: La planificación en Aikido a través de los cuadernos técnicos). Están pensadas para trabajarlas desde 6º Kyu a 1º Dan (las dos primeras se estudian en 6º Kyu, y posteriormente una en cada grado), de esta manera se hace un trabajo profundo sobre Mitori Geiko desarrollando y potenciando capacidades en cada bloque formativo.

        Esto quiere decir que nosotros no solo nos limitamos a sentarnos cuando no podemos practicar y ver una clase, sino que dentro de la práctica, el estudio, la reflexión o la investigación, desarrollamos las distintas capacidades que aporta cada apartado de los que se mencionaron más atrás: agudeza visual en estático, visión concéntrica, visión periférica, etc.

        Está claro que la mejor observación es la directa, pero no debemos escatimar los medios tecnológicos actuales para utilizarlos como herramienta de complemento. Por ejemplo, dentro de mis estudiantes el grabarles para que ellos se vean siempre ha supuesto un instrumento muy útil y a la vez muy revelador, tanto para la corrección como para la motivación del alumnado.

        Esto nos lleva a otro apartado, la observación propia y la observación ajena. La propia es como he dicho antes, que nos graven y vernos tal y como realizamos nuestro trabajo técnico, o vernos ante un espejo, que es otro elemento que ayuda mucho a la corrección; también hay una faceta muy interesante dentro de este apartado, y es el vernos en el transcurso del calentamiento, para observar cuál es nuestra condición física real y sacar conclusiones junto con nuestras sensaciones internas, digo esto porque la preparación física y la ejecución técnica están íntimamente conectada.

        La observación ajena es cuando vemos a nuestro ideal o referente, al cual intentamos imitar, copiar y repetimos constantemente sus planteamientos técnicos para adquirir sus cualidades y fundirnos con su hacer, esto sería equiparable a visiones buenas o visiones reafirmantes, haremos una u otra cosa en función del estadio que tengamos en nuestra evolución. Si estamos comenzando con un tipo de trabajo, técnica o movimiento, en ese caso sería visones buenas, las cuales nos ayudan a llegar al ideal que se aspira; por el contrario, si ya hemos capturado los gestos del ejercicio y son nuestros, los podemos visualizar bien para pulir, reafirmar o crear otros superiores en base a esa cimentación, por eso digo que depende del momento en el que se esté.

        Pero debemos de tener cuidado con lo que vemos porque puede haber visiones tóxicas, por varias razones: por no tener el nivel de compresión adecuado para desarrollar un tipo de trabajo, suele ocurrir en formas muy refinadas que luego los alumnos que las miran no las comprenden, y se inventan su propia forma que nada tiene que ver con el modelo original, más que nada porque está desprovista del contenido, solo tiene forma, ejemplo simple, aprender por YouTube; porque es un trabajo muy malo e inconscientemente grabamos detalles que no se ajustan a los principios por los que se rige el Arte, los cuales después repetimos sin saberlo, -las neuronas espejo no solo manifiestan aspecto positivos, sino también negativos, todo va a depender del alimento que le proporcionemos-. Un ejemplo muy simple que pasa en todos los Dojos, hay estudiantes que cogen tic propio que añaden a su ejecución técnica, -y que no se ajusta al Kihon-, y en una semana contaminan a toda la clase por el contacto de unos con otros; hay trabajos que no se deben ver porque no tienen nada que ver con el Aikido, aunque la indumentaria sea la nuestra.

        Por otro lado están las visiones por curiosidad y por investigación. En el primer caso son muy sanas porque nos pueden revelar mundos que no habíamos imaginado y nos abren universos infinitos llenos de posibilidades. Aquí no solo se pueden contemplar aspectos de la propia disciplina, sino de otras que pueden aportar elementos que enriquezcan la propia.

        Luego está por investigación, es muy bueno y saludable ver cosas que están haciendo otros para complementar nuestra formación, para que nos inspire para llegar a nuestras metas, para rematar aquello que nos faltaba y que no había manera de conseguirlo solo, etc.

        Como se puede ver Mitori Geiko es complejo si se quiere desarrollar con propiedad, no basta sentarse y mirar, hay que saber cómo hacerlo y cómo aplicarlo después. Lo más rentable de este tipo de Geiko es que se puede hacer en cualquier momento y lugar gracias a los medios con los que contamos hoy en día, pero no te olvides del contacto presencial, es algo que la tecnología no pude sustituir.

        “Poca observación y muchas teorías llevan al error. Mucha observación y pocas teorías llevan a la verdad”. Alexis Carrel (1873-1944) Biólogo y médico francés.

Ishana Pérez, Noviembre de 2014.

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Ejecución técnica: 50% pies, 50% manos.

"Movimiento es el paso de la potencia al acto". Aristóteles.

        Muchos estudiantes quieren ejecutar las técnicas sin moverse, eso puede ser posible para un gran experto, y aún así, hay movimiento interno para poder canalizar el Ki del ataque. Para el resto hay que dibujar las técnicas en el espacio con nuestros pies y manos.

        Ashi sabaki es el movimiento de los pies, y en Aikido está establecido que son 8 los desplazamientos básicos, luego, las combinaciones o las permutaciones pueden llegar a ser infinitas, más que nada porque se adapta al momento, al espacio, al ataque, a las líneas del desplazamiento, a las líneas de la intercepción del ataque, etc.

        Este trabajo engloba toda la parte inferior del cuerpo, es decir, de cintura para abajo, incluyendo ésta.

        Por otro lado está el Te sabaki, el trabajo de las manos, éste tiene su base en el ejercicio de Kokyu Ho. Aquí la cosa es más compleja para el neófito, no es tan simple como con el trabajo de los pies, porque cada técnica tiene sus propios matices para su ejecución, bien es verdad que está basado en Kokyu Ho, pero hay que encontrar todos esos detalles y peculiaridades para la realización del principio que se esté practicando.

Ejercicio de Kokyu Ho.

        Esto abarca de cintura para arriba: columna, omoplatos, hombros, brazos y manos, pecho, cuello y cabeza.

        Juntando todos eso, el Ashi sabaki y el Te sabaki nos lleva al Tai sabaki o movimiento corporal completo. Esto es: “Conocerse a sí mismo es estudiarse a sí mismo en acción con otra persona”. Bruce Lee. Y aquí la cosa se vuelve a liar para el novato, que ve que le sobran cosas o le faltan, algo por otro lado normal, ya que encontrar la unificación corporal no es tarea fácil y llegar a como dice Aristóteles, “a la potencia del acto”, hay que tener paciencia y muchas repeticiones; es el mismo caso como cuando se quiere sacar una melodía armoniosa de un instrumento.

        Bien, entonces, ¿cómo proceder?

        Siempre es bueno comenzar por los cimientos, es decir, los desplazamientos (trabajo de líneas) junto con el movimiento de los pies, Ashi sabaki, luego, hay que centrarse en los movimientos del Te sabaki de las técnicas más elementales: Ikkyo, Shionage, Iriminage, Tenchinage (que tiene tela, en especial en el Ura, lo digo por la coordinación-absorción de las manos y el eje) y Kokyunage, de ahí en adelante hay que ir cimentando cada ladrillo, -cada nueva técnica-, con la base que ya se dispone del Ashi sabaki y del Te sabaki. Pero la cosa no queda ahí, hay que tener muy en cuenta el trabajo de Omote y Ura, ya que hablamos de Kihon, de base, en un alto porcentaje el trabajo es distinto el uno del otro.

        Esto es una manera ordenada y progresiva de avanzar y de asimilar muy bien, ¡y lo mejor! Después, los recursos que ofrece este método son infinitos, por las variaciones que produce tanto en el trabajo del Ashi sabaki como en el Te sabaki.

        ¡Así de simple!

Ishana Pérez, Octubre de 2014.

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¿Entrenar o practicar en Aikido?

        Hay un viejo dicho que dice: “Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras; cuida tus palabras porque se volverán acciones; cuida tus acciones porque se volverán hábitos; cuida tus hábitos porque se convertirán en carácter; cuida tu carácter porque se convertirá en tu destino”.

        Está claro que esta cadena es inexorable en nuestro vivir, tanto si somos conscientes como si no, por esa razón vamos a definir estas dos palabras por nuestro propio bien y por el del Aikido.

        Según el Diccionario del Uso del Español María Moliner Practicar significa: ejercitarse, repetir o realizar insistentemente cierta actividad o trabajo para adquirir práctica o destreza. Práctica: del latín práctica y del griego praktikós, realización de un trabajo o ejercicio con continuidad o repetidamente.

        Y según el Diccionario Real Academia Española de la Lengua Española Entrenar significa: del francés entrîner, preparar, adiestrar personas o animales, especialmente para la práctica de un deporte.

        Si a pesar de lo dicho hay personas que siguen utilizando mal los conceptos de practicar y entrenar en nuestro Arte, sus acciones le llevarán a desarrollar unos malos hábitos, y ya sabemos lo que ocurrirá con su carácter y destino, del cual cada uno de nosotros es dueño dentro del Aikido.

        Si nos adentramos en el significado de los Kanjis: ai - ki - do, la respuesta es más demoledora, tampoco lo voy a hacer porque es notorio por todos nosotros.

        En mi opinión, muchas actitudes nocivas tanto en la práctica como en la forma de gestionar el Aikido, tiene su raíz en estos dos conceptos cuando se emplean mal, piénsese que es como un mantra que repetimos y ¡oímos! Continuamente, con la salvedad que no se ajusta al significado real de mantra: “que es aquello que libera a la mente”, y en este caso, ¡por emplearlo mal! Lo que hace es esclavizarla.

        Ya sé que liberar consciencias y establecer nuevos hábitos es difícil, pero esta editorial tiene como misión sacudir las primeras y reconducir los segundos. Por otro lado, está la responsabilidad de la transmisión correcta a las nuevas generaciones, cosa que hay que tomarse muy, muy enserio, si en algo apreciamos el Arte que hacemos y que nos proporciona crecimiento como seres.

Ishana Pérez, Septiembre de 2014.

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Cuando te vas y vuelves.

        Pueden ser infinitas y variadas las razones que hacen que un estudiante abandone el Dojo en un determinado momento, pero eso no debe ser motivo para desvincularse. Si se pierde la ligadura con la que estamos unidos al centro donde nos formamos, el retornar se hace mucho más difícil, y en algunos casos, imposible el volver.

        Un Dojo no es un gimnasio, -creo que para los que sigan estas editoriales este tema está claro-, pero aún así, vamos a matizar algunas cosas:

Un Gimnasio Un Dojo
Se va a lucir el cuerpo y a hacer ejercicio. Es un lugar donde se va a construir un carácter y a fortalecer el espíritu.
Pagas una cuota para disfrutar de unas instalaciones limpias con una amplia oferta de actividades, que se puede considerar un centro social. Son los miembros del Dojo los que limpian y cuidan de las instalaciones. Teniendo como finalidad el despertar.
Se luce ropa e implementos de marca. La ropa que se lleva es una mortaja oriental, (por eso es de color blanco, al igual que la forma de vestirse con ella), que simboliza el morir a cada instante con la práctica.
Solo tiene acceso aquel que puede abonar la cuota. Es para quién el Sensei acepte como discípulo.
Se practican distintos tipos de deportes, en especial aquellos que marquen la moda del momento. Es una Vía que tiene sus raíces en tradiciones milenarias.
Se fomenta la competencia. Se fomenta la autosuperación, la derrota del ego, la arrogancia y la vanidad.
Es un momento en la vida. Es la vida en un momento.
Se enseña a ganar, a competir, a luchas con el otro. O aislarse de él. Se enseña a colaborar, a ser empático, a darse al otro.
Es divertimento. Es disciplina, constancia, esfuerzo y compromiso.
Se pueden encontrar gente aguerrida. Se encuentran luchadores.
La actividad puede quedar en nuestros recuerdos. Está siempre en nuestro corazón.

        Creo que con estos puntos queda más remarcada la diferencia entre uno y otro, para aquellos que son profanos en nuestro mundo.

        El tener una baja temporal no significa que se abandone el contacto con el centro de enseñanza ni con la disciplina. Para el contacto con el Dojo siempre hay oportunidad en las actividades lúdicas o culturales, tanto asistiendo a ellas como participando en su organización; para el ejercicio está la practica personal (artículo disponible en nuestro boletín Aiki-Publis sobre la practica personal), porque siempre se puede hacer algo en casa en un momento determinado; luego están los intensivos y seminarios a lo largo del año, que siempre habrá hueco para realizar medio o un día de práctica, o si me apuran, unas horas, y de esta manera contagiarse de la complicidad de los compañeros que siempre motiva para el retorno. Y por último, las clases diarias, que es imposible que en un mes o un trimestre no se pueda hacer una.

        Todo lo que acabo de enumerar es para cuando te vas temporalmente del Dojo, ahora vamos a ver cuando se retorna.

        No es lo mismo la vuelta rompiendo el vínculo de forma abrupta, que manteniendo ese hilo del contacto esporádico con el Dojo, el Sensei y los compañeros. Porque cuando uno no mantiene un contacto, en la mayoría de los casos ya no se retorna, y si se consigue hacer, la adaptación se hace muy cuesta arriba. Por el contrario, cuando la ligadura no se disolvió completamente, el reencuentro es mucho más pleno y más satisfactorio, dado que damos continuidad a ese pequeño flujo que se mantuvo en su momento.

        Un ejemplo muy simple, si uno se va un año, dos o tres y no se mantiene un contacto, en el retorno, los nuevos compañeros parecen extraños, en cambio, si se hacen visitas esporádicas, la sensación es como si hubieran comenzado con nosotros.

        Otra cosa que los estudiantes no saben valorar adecuadamente a su vuelta es el esfuerzo hecho por todos los miembros para el sostenimiento de la escuela. Digo esto porque hay que ser agradecidos al Sensei, a los compañeros y a los simpatizantes por estar al pie del cañón para mantener la institución en pie. Hablo en todos los sentidos: administrativamente, las mejoras estructurales, la técnica, los nuevos logros conseguidos y un largo etc.

        Las personas que retornan se encuentran un camino andado, que se les ofrece como regalo y creo que es de justicia el reconocerlo, tanto en el propio corazón como expresarlo verbalmente y tener la predisposición de sumar a lo que ya hay construido.

        El espíritu de colaboración no solo se plasma en el trabajo técnico, hay que integrarlo en todo, porque con esa actitud todos salimos satisfechos y beneficiados, dado que un Dojo no es un gimnasio.

Ishana Pérez, Agosto de 2014.

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Comunicación alumno-Sensei.

        En otras de mis editoriales una de las preguntas que planteaba era: ¿cuál es la problemática de la educación heredada y cuál es nuestra propuesta para mejorarla? Pues bien, este es unos de los puntos clave y muy espinoso, el cual hay que abordar con valentía, conocimiento y mucho tacto.

        La parte que hemos recibido de los ancestros sobre la comunicación-relación entre alumno y Sensei está basada en la edad media japonesa, en la relación señor-vasallo; en nuestro propio universo de Aikido, Chiba Sensei lo plasma muy bien cuando comenta la relación que había entre él y O Sensei: “No hay comunicación oral entre alumno y maestro en el sistema japonés. Yo no le hablaba, y él tampoco me dirigía la palabra. El viaje más largo duraba de dos a cinco semanas, sin hablar. Dos semanas en completo silencio, excepto por -quiero té-.

        Aquella era una relación maestro-alumno muy estricta”.

        Por otro lado está el aspecto cultural, que en el caso del japonés y del occidental están en los dos extremos, cosa a tener muy presente. Y a esto hay que sumar el aspecto de Vía en el trato alumno-maestro.

        Hay que tener en cuenta también el paso del tiempo, las sociedades han cambiado, la relación entre los individuos es distinta. Viendo todo esto creo que habría que revisar las actitudes y relaciones de antaño y las nuevas para sacar una nueva perspectiva más humana, más pedagógica y más rentable para las partes implicadas.

        Está claro que la edad media ya pasó -a dios gracias-, por lo tanto la actitud de servilismo está obsoleta y fuera de lugar, es mucho más humano y más enriquecedor el aspecto de “Ishin Deshin” -de corazón a corazón-, que en ella está implícito el silencio para comprender. Esto tiene más relación con la enseñanza estudiante-maestro desde el punto de vista de Vía. Separar las dos cosas es bastante difícil en el sistema japonés, ya que una solapa a la otra. El problema está en, ¿cómo hacemos para separar la crema del agua?

        Luego está la transmisión de conocimientos, que en este apartado los distintos métodos sobre comunicación, sobre pedagogía y sobre motivación desarrollada en occidente, están testados que son más eficaces y con un mejor rendimiento para el alumno y una mayor satisfacción para el profesor que los ancestrales sistemas a bases de golpes, castigos y miedo.

        Hay una certeza clara, no todo lo heredado es malo, ni todo lo nuevo se puede aplicar, por ejemplo: el silencio es muy importante, pero si eso nos lleva a la no comunicación y al alejamiento humano eso es terriblemente malo.

        Si entre alumno y profesor no se distingue cuál es su posición y sus responsabilidades el problema se agrava, y me refiero con valores culturales orientales y occidentales, ya que el Aikido es japonés pero se desarrolla por todo el globo. Es un hecho comprobado la crisis profunda en la que están inmersos los escolares en muchos países occidentales por no tener claro lo antes dicho.

        Si el trato no es franco y humano -por las dos partes-, seguimos inmersos en la edad media, lo cual es anacrónico en estos tiempos.

        Está claro que hay que estudiar y conocer las dos orillas, después, coger lo que enriquece más y ayude a mejorar el aprendizaje y la relación estudiante – Sensei. Quedarse en unos estereotipos del pasado es quedar momificado en el tiempo.

Ishana Pérez, Julio de 2014.

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La transmisión oral.

        El sentido que quiero darle a esta editorial de la transmisión oral no es la de Okuden, (transmisión profunda de los conceptos esenciales, en los diferentes niveles, superficiales, profundo y secretos de las viejas escuelas tradicionales -Koryu: Ko, antiguo o tradicional; y Ryu, Escuela-). El que quiero expresar es el de la genealogía.

        Hay que distinguir al cantamañas que siempre puede haber en cualquier Dojo, con aquellos que transmiten tanto los hechos como las anécdotas pertenecientes a cada familia, éstas son de vital importancia para el conocimiento de lo acontecido y que siempre tiene una enseñanza trascendental detrás, aún en las situaciones más divertidas. Otro aspecto importante es la motivación tanto para los veteranos como para los nuevos, en especial éstos, ya que se identifican con la familia a la cual van a pertenecer; el recordatorio es muy importante, repasar la memoria del pasado y recordar tanto a los que ya no están con nosotros, como a los que dan vida y sostenimiento al Dojo en la actualidad.

        Esto crea vínculo, crea Dojo, une lazos entre las personas, y lo más importante, genera un buen ambiente para el trabajo. Esto no es solo para los miembros activos (los practicantes), también es extensivo para los simpatizantes y allegados que participan de una manera indirecta en la vida de la escuela.

        En esta transmisión es importante recordar lo divertido, lo curioso, los fallos, al igual que las situaciones muy complicadas, se aprende mucho de éstas, y por otro lado es importante que la gente sepa lo dificultoso que le fue a un Sensei sacar el Dojo adelante: situación económica precaria o muy precaria, enfermedad grave, catástrofe, por ejemplo un incendio, muerte del Sensei que sostenía el Dojo hasta ese momento, etc., eso hace que las nuevas generaciones sepan y valoren lo que se encuentran en el presente, que a buen seguro en cualquier familia se han vivido momentos muy duros, y a pesar de eso, el Dojo con todo lo que conlleva sobrevivió.

        Si eres un novato en tu Dojo, yo te aconsejo que preguntes o estés con el oído presto para saber sobre tu descendencia marcial, estoy convencido que te sorprenderás.

        Para aquellos que entran en un Dojo y lo ven como un gimnasio, o cambian su visión o yo les aconsejo que se vayan, no se van a sentir identificados ni a participar en el ambiente que ya está o se va a generar.

        Siempre digo que en un Dojo uno tiene una segunda familia, ¡si es un Dojo, claro! Y les puedo asegurar que se vive con la misma intensidad, -en todos los casos-, como con la familia consanguínea o política.

Ishana Pérez, Junio de 2014.

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Forma y contenido.

        Lo ideal de esta editorial es explicarlo en vivo y en directo, pero a nivel teórico se hará lo que se pueda.

        La imagen que tenemos que tener presente cuando hay forma sin contenido, es como un cuerpo sin espíritu, es decir, eso sería un cadáver, ¿no?

        Lo mismo pasa en la Waza, realizarla sin contenido es como un zombi en movimiento. Pero voy a hacer más explícito.

        La forma es lo conocido por todos, el Kihon, las técnicas, el trabajo de los pies (ashi sabaki) el trabajo de las manos (te sabaki), etc.; en el contenido las cosas cambian, ya que muchos lo desconocen.

        El contenido lo compone el espíritu que tiene cada técnica y la energía -Ki- que le da la vida. Esta energía trasladada a la estructura se convierte en Ateri (Atari) y Ateru: es decir, Ateri es la capacidad de movilizar la energía a través de nuestro cuerpo, -el contacto, en Katatedori Gyaku hanmi-, por ejemplo. En los estados más elevados de trabajo, éste Ateri puede esconderse, eso quiere decir que aunque no lo sintamos está presente, la regla mnemotécnica dice: “¡Ahora visible, ahora invisible!”. Por otro lado está el Ateru, es la proyección de esa energía que se puede manifestar en la estructura entrando física y mentalmente dentro del compañero, tanto si se tiene contacto como si no se tiene.

        Cuando se estudia correctamente las dos cosas, forma y contenido, van juntas, son indisociables y es cuando se establece el dialogo entre uke y tori. Lo contrario es la comunicación entre un sordo y un mudo.

        Mucha gente hace forma, pero no tiene contenido y se pasan toda la vida sin entender correctamente haciendo coreografía. Hay otro aspecto clave: si tienes contenido puedes adaptarte a cualquier forma, y eso da mucha versatilidad en el Keiko, dicho de otra manera, no te atas o te esclavizas a “una” forma, y llegado el momento, -cuando se llegue al estadio de Ri . -, será mucho más fácil liberarte y desprenderte de la forma.

        Esto es como el anverso y el reverso de una moneda, bien es verdad que hay truhanes que tienen una moneda con dos caras, ¡hay que cuidarse de ellos! Quiero decir, solo conocen la forma, porque no tienen ni saben transmitir contenido, ¡no te dejes engañar!

        Hace tiempo me llamó un alumno que por razones laborales había tenido que marcharse de mi Dojo y retornar a su tierra, ya asentado en ella de nuevo, quería reanudar su práctica y me comentaba que le recomendara un sitio para ir a clase.

        Le comenté varios y me dijo que ya los había visitado. Entonces, le dije por qué no comenzaba, y me respondió:

        “Sensei, yo soy un novato dentro del mundo del Aikido, pero he tenido la suerte al estar con usted y con su entorno, de haber probado lo bueno, y ya no me conformo con cualquier cosa”.

        Honestamente creo que no es un caso de afecto personal, es el resultado de estudiar con forma y contenido, ya que es una sensación-experimentación que cada alumno percibe, siente y vivencia por sí mismo, después de realizar eso en la medida del nivel de cada uno, se hace muy difícil retornar solo a la forma.

Ishana Pérez, Mayo de 2014.

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La viveza en la acción-reacción.

        Antes que nada vamos a explicar qué es la viveza, es cuando en una acción hay prontitud, celeridad en las reacciones, agilidad en la respuesta. Por otro lado está la perspicacia, en especial en el rol de uke para sentir, tanto en recibir como de hacer una contra. El ingenio es imprescindible más que nada porque es hermano del talento, todo esto se puede considerar la viveza en la práctica del Aikido.

        La acción-reacción es primordial, cualquier ser vivo la tiene en el existir, pensemos simplemente en la gravedad que condiciona toda la vida en este planeta donde habitamos, entonces ¿por qué el uke no la manifiesta en la práctica?

        Bien es verdad que la acción-reacción lleva un proceso de adiestramiento, para comprender las situaciones que se desarrollan durante la práctica. Hay dos dimensiones básicas: la primera, protegernos para que no nos causen daño y a su vez, no causar daño nosotros. Y la segunda, saber dar respuesta a una situación de combate, bien sea para controlar al otro como realizarle una contra.

        No podemos pasar año tras año de manera sumisa a las acciones del tori, él mismo necesita que respondamos para poder refinar, experimentar y superarse técnicamente. Si siempre nuestras acciones-reacciones van a ser pasivas no habrá beneficio mutuo.

        Es cierto que actuar con viveza en la acción-reacción lleva consigo un compromiso más serio con el Keiko, implica el darse más, en definitiva, sudar la gota gorda. Siempre es más cómodo y complaciente ser vago, perezoso y poco esforzado, máxime si el otro vibra bajo la misma onda que tú. Luego está el integrar determinados patrones para reaccionar adecuadamente, un ejemplo muy simple, el tomar ukemi, para nosotros algo natural, para un profano algo muy peligroso y puede llegar a ser letal, piénsese en Shionage y el golpe de la cabeza contra el suelo cuando se le aplica, porque no tiene integrado el reflejo de controlarla en esa proyección.

        Pero incluso para nosotros el mismo ukemi es difícil cuando actuamos con viveza en la acción-reacción, porque todo ocurre muy rápido, por ejemplo, Shomenuchi Iriminage, y el otro hace honor al significado de la técnica, “proyección entrando”, es difícil adaptarnos al tempo adecuado, pero ese es el reto.

        La viveza en la acción nos traslada a otra dimensión del Keiko, también representa dejar la pupa de la crisálida (la sumisión del aprendiza del rol del uke) y que nos salgan alas (la capacidad de poder responder con solvencia a las acciones del tori y porque no, poderle contestar con propiedad si se pudiera) para volar dentro de la practica. Todo esto se sustenta en un aprendizaje estructurado y ordenado, de lo contrario es un batiburrillo de cosas deshilvanadas que nos pueden dar más o menos satisfacción, pero nada más, y lo peor, nunca nos aportaran comprensión.

        Otro aspecto a tener muy en cuenta es la educación física, esto es, el control de nuestra estructura corporal para poder funcionar bien en la acción-reacción. Si no estamos flexibles y ligeros el trabajo se hace tedioso, tosco, torpe y sincopado.

        ¡Aprende, comprende y práctica la viveza en la acción-reacción si ya has completado el noviciado en el aprendizaje!

Ishana Pérez, Abril de 2014.

  Nota:

        En el sistema metodológico planteado por nuestro Sensei Ishana Pérez para el aprendizaje, se comienza a estudiar la acción-reacción en 4º Kyu. Ver en la siguiente ruta en el apartado: Elementos de Aprendizaje, “Como Uke” http://www.dojokuubukan.es/grados_4_kyu.html.

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Omote y ura, el orden mental.

        Los practicantes piensan que el realizar omote -el anverso, el frente, de cara-; y ura -el reverso, lo que está detrás, la espalda-, solo tiene cabida en la aplicación técnica, en los exámenes, en el control del compañero, etc. Omote también hace referencia a lo tangible lo que se ve a simple vista, vamos, aquello que es obvio; y ura, a lo que está escondido, que no se ve a simple vista, que está oculto. Este es el aspecto que me interesa tratar hoy.

        Omote y ura aplicado a nuestra mente, a nuestra persona va más allá, tiene a su vez una dimensión de sometimiento y de liberación, me explicaré.

        Cuando llegas a un Dojo -no a un gimnasio, ¡a un Dojo!- Hay cosas que ves a simple vista y otras, -a pesar que las tienes delante de ti-, no te percatas de ellas, es cuando cobra vida el omote y el ura aplicado a tu mente y a tu persona, por ejemplo:

        Cuando se trabaja cualquier principio técnico en el 95% de los casos lleva omote y ura, y es muy, pero muy importante que te adaptes a él, es en este caso cuando se inicia el orden mental en el alumno.

        Por eso hablo de sometimiento, hay que doblegar con la voluntad a nuestra mente que quiere huir, a nuestras tendencias desordenadas a manifestarse, a nuestros hábitos tóxicos (bien sean pensamientos o acciones) que nos infectan, y eso pude ir desde: el aseo, la limpieza del entorno, la manera de entrar y salir del tatami, de cómo sentarse correctamente, el trato con los compañeros y el profesor (Sensei), la convivencia social, en definitiva, hay que tener mucho cuidado de no trasladar esas malas prácticas y ese desorden vital al Dojo.

        De ahí el acatamiento sin excusas de la forma -en su sentido más amplio-, si quieres que ésta enraicé y florezca en ti, tienes que aceptarla y hacerla tuya, y eso comienza ciñéndote a omote, omote y ura, ura. Eso va calando dentro de ti, en la mayoría de las veces, -por no decir, siempre-, de forma inconsciente, y cuando menos te lo esperas ese orden que vives dentro del Dojo se manifiesta en tu vida.

        No hay pautas estándar comunes, más que nada, porque cada uno de nosotros es diferente, pero ese halo te va rodeando, y los demás te lo notan. Algo tan simple como olvidar las llaves del coche en casa, eso te ocurría antes, pero ahora no. En el 99% de los casos la falta de progreso en los alumnos, es por su atención tan deficiente.

        ¿Y qué pasa si no hago omote, omote y ura, ura?

        Lo primero es una pérdida de tiempo, y esto debe llevarte a preguntarte: ¿por qué quisiste hacer Aikido?

        Lo segundo, -si sigues-, es que hay una regla no escrita en él (como en otras muchas cosas) y esta es: “Si quieres algo de él debes entregar una parte de ti: atención, concentración, tiempo, inversión económica, ilusión, pasión, disciplina…”, a cambio, él te da: equilibrio, paz, calma, consciencia de ti, seguridad, autocontrol…

        Este intercambio no es negociable, solo hay que acatarlo o marchar del Dojo, no hay tonos grises. Puede pasar que seas muy tozudo y continúes con tu persistencia terca, pero él no se va a manifestar, por eso hablo de liberación, porque cuando das y aceptas inmediatamente recibes, es algo automático. En cambio con la tozudez te encontraras cada vez más solo y perdido (aunque en tu Dojo haya cientos de estudiantes), y llegará un momento que ni las técnicas, aún haciéndolas de una manera brillante, te darán satisfacción, porque les falta el espíritu (Kami) que las anima y que tú te has negado a conocer.

        

Ishana Pérez, Marzo de 2014.

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Estudiar o hacer ejercicio.

        ¿Qué hacen los practicantes cuando van a un Dojo?

        ¿Cuáles son sus motivaciones?

        Estudiar es un proceso que se realiza para alcanzar-comprender “Algo”. En cambio, el ejercicio es un conjunto de movimientos corporales que se hacen con el objetivo de mantener o mejorar la condición física.

        Muchas veces me pregunto si el Aikido no está tomando los derroteros que tomo el Tai Chi en la década de 1950, cuando ya hubo una ruptura total entre el Arte Marcial y el ejercicio encaminado a la salud y al mantenimiento de la condición física de las personas. Bien es verdad que como difusión les funcionó, pero el Arte Marcial (Tai Chi Chuan) en sí pago un precio muy alto.

        Cuando te tomas el Aikido como estudio, es decir, ¡tú estudio, de ti mismo! O si lo prefieren llamar como Vía, el beneficio físico-medicinal está implícito en el Camino marcial, en cambio, cuando lo tomas como el mejoramiento del cuerpo, castras todo el potencial de los beneficios marciales, -Budo-.

        Otra cosa que veo, es que este virus que lenta y silenciosamente se va extendiendo no solo contamina a los alumnos nuevos, sino que infecta a los estudiantes con una larga trayectoria, y que por ende son los que tienen que proyectar, sustentar y consolidar el futuro. ¡Esa visión me aterroriza!

        Sigo insistiendo, “hay que comprender lo blando a través de lo duro”, digo esto porque quizás muchos practicantes van directamente al aspecto suave del Arte, simplemente porque les es más cómodo y desconocen o no quieren aceptar la parte marcial de la disciplina. Esto es comparable a coger el alfabeto de un idioma y porque no me gustan algunas letras o no las uso, las quito a mi antojo.

        Mi pregunta en estos casos es: ¿estás seguro que haces Ai-ki-do? O, enseñas y haces otra cosa que has inventado en base a que un día practicaste Aikido. Sí es así, hay que ser consecuente y tener el coraje de bautizar al nuevo tipo de fitness con algún nombre muy comercial, o la creación de algún deporte de combate como por ejemplo el Full Contact o las artes marciales mixtas de hoy en día; esto se debe de hacer para no engañar a las personas que realmente se interesan por el Ai-ki-do.

Ishana Pérez, Febrero de 2014.

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¿Quién da el grado?

        Siempre les digo a mis pupilos que yo no doy los grados, son ellos los que con su trabajo y esfuerzo alcanzan el grado. Mi papel se limita a corroborar que la actitud, el espíritu y la ejecución sea la correcta, nada más.

        Estamos ciegos, -quizás por nuestro “yo” pequeño y mezquino-, que solo quiere el diploma de esta o aquella institución que certifica, ¡eso sí!, con una bonita credencial que ostentamos tal o cual grado.

        Pero como decía Sócrates: “El grado sumo del saber es contemplar el por qué”, por esa razón hay que preguntarse:

        - ¿He estudiado con un método?

        - ¿Había trasparencia en él?

        - ¿Estaban planificados los contenidos?

        - ¿Prestaron atención -los responsables formadores- a mi evolución en él estudio?

        - ¿Tenían solvencia los examinadores para evaluar?

        En el noventa por ciento de los casos, los examinadores no saben el proceso que llevaron sus alumnos, y hay otros ejemplos, que ni les conocen, y, probablemente sea la primera vez que les vean. Por esa razón vamos a seguir interrogándonos, para de alguna manera paliar esas carencias, ya lo dice el proverbio: “El trabajo entero de un año depende de un buen comienzo en primavera”:

        - ¿Para qué quiero yo el grado?

        - ¿Para qué me sirve?

        - ¿A dónde me lleva?

        - ¿En el entorno en el que estoy se recompensa mi esfuerzo?

        - ¿Me esfuerzo?

        - ¿Qué voy a hacer después de obtener el grado?

        - ¿Tengo una visión ecuánime para autoevaluarme en base a mi inversión de: dinero, tiempo y esfuerzo?

        - ¿O, solo lo quiero para fardar con los compañeros?

        - ¿Colecciono grados?

        - ¿El proceso del grado me cambia como persona: carácter, modos, educación, forma de pensar…?

        - ¿El grado me hace evolucionar dentro de mi Kihon (cada cual el suyo) o, por el contrario, grado tras grado, sigo atado y anclado a los mismos vicios y malas mañas?

        Se dice y se entiende que el estudio del Aikido es una forma de educación, por lo tanto, se hace necesario contestarnos muchas preguntas, y no tienen que ser las anteriores, pueden ser las propias, más que nada porque cada cual tiene su proceso y sus circunstancias, las cuales tiene que cambiar o adaptarse si quiere asimilar la educación que ofrece el Arte del Aikido.

        Lo que no se debe hacer, -bajo mi subjetiva visión-, es acceder a un proceso siendo un autómata. Siempre en última instancia nosotros somos los responsables de nuestra propia evolución.

        “Las grandes almas tienen voluntades; las débiles, tan solo deseos” (proverbio chino).

Ishana Pérez, Enero de 2014.

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Editoriales 2013 EDITORIALES 2013   

        

La práctica no es un combate.

        El concepto de combate en su esencia es la de sobrevivencia, en palabras de Musashi: “En mi enseñanza de la Estrategia, la práctica se realiza a vida o muerte y tiene sólo lugar a través de innumerables combates, luchando por sobrevivir, descubriendo el significado de la vida y de la muerte, aprendiendo en los combates el Camino de la Espada, juzgando la fuerza de los ataques del adversario y entendiendo el Camino del -filo y el canto- de la Espada”.

        Dentro de la ética del combate se pueden dar infinitas variantes, pero se pueden resumir en cuatro posibilidades:

        a) Cuando alguien sin provocación previa y por propia iniciativa inicia un conflicto y agrede a otro.

        b) Cuando alguien incita o provoca a otro para tener una justificación de “supuesta defensa propia” para causar daño.

        c) Cuando alguien no provoca ni ataca, pero al ser atacado se defiende de forma brutal siendo muy destructivo.

        c) La última y la más elevada de todas, es cuando alguien no provoca, no ataca y al ser atacado lo resuelve sin daño para el agresor y ni para él mismo.

        Por otro lado está el combate deportivo en algunas Artes, que por su evolución histórica lo han elegido para mantener y dar continuidad a su disciplina, y se han convertido en deportes marciales. En este caso, lo que prima es el punto con el objetivo de adquirir el preciado trofeo.

        En Aikido -al igual que en otras muchas Artes- NO hay combates competitivos para adquirir medallas o trofeos, por lo tanto, estamos hablando de un Arte no competitivo y NO agresivo.

        Muchos estudiantes quieren convertir su práctica cotidiana en un combate y eso es un gran problema, tanto interno, -de lo que bulle en el interior del practicante-, como externo, -el concepto del propio combate deportivo: reglamento, estructuración técnica permitida, etc.

        Luego hay otra gran complicación, la dinámica, tanto filosófica como técnica. Dentro del Aikido está pensada para la colaboración con el objetivo de la evolución mutua, es decir, tanto de aquel que hace el papel de “agresor”, -uke-, como de aquel que hace el de “defensor”, -tori-. En esta filosofía de la acción no cabe el concepto de combate, porque cada cual se da al otro para evolucionar juntos, sin ganadores ni perdedores.

        Si tomamos la práctica como una lucha, el problema no es de las técnicas ni de la filosofía del Aikido, ¡es tuyo! Y yo te aconsejo que te lo hagas mirar. Quizás lo que necesitas en estos momentos en tu vida es competir-guerrear con otros, y estas en el lugar equivocado. Tómate tu tiempo hasta que en tu mente aparezca la compresión cabal.

        Uno debe saber lo que necesita, hay que verse con ecuanimidad para aprender sobre sí, sin juzgar, sin ser partícipe, solo observar. Creo que a eso se le llama evolucionar vital.

        Me imagino que algunos de ustedes estarán pensando, -a pesar de lo dicho anteriormente-, ¿puede el Aikido ser un Arte de combate?

        Yo les contesto rotundamente que . De hecho, lo es desde el primer momento que se inicia el aprendizaje.

        ¡Pero ahora pregunto yo!

        ¿Quién es el agresor y quién es el defensor?

        Y, ¿contra qué o quién se lucha?

Ishana Pérez, Diciembre de 2013.

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Educar.

        “Educar a un joven no es enseñarle algo que no sabía, sino hacer de él algo que no existía”.

        Se habla mucho sobre que Aikido no es un deporte marcial (cosa con la que estoy completamente de acuerdo), sino que se trata de un proceso educativo, bien, pero alguien se ha preguntado alguna vez:

        ¿En qué consiste esa educación?

        ¿Cuáles son sus contenidos?

        ¿Cuál es la problemática de la educación heredada y cuál es nuestra propuesta para mejorarla?

        ¿Aikido es una educación para el cuerpo o también afecta a nuestra consciencia?

        ¿Cómo sería la educación en Aikido para formar personas más completas?

        ¿Hay qué educar en lo emocional para llegar a nuestra mente profunda? O ¿prescindimos de lo emocional?

        ¿Cuáles son los valores a educar en el Aikido?

        ¿Cómo da la educación del Aikido su libertad, espontaneidad y la capacidad de conocer y trascender sus propios deseos a las personas?

        ¿Cómo se integra lo ancestral con las nuevas tecnología?

        ¿Cómo se lleva a cabo la armonía entre lo intelectual, lo emocional y lo visceral o instintivo?

        ¿Cómo hacemos para que el alumno esté en contacto con sí mismo y piense por sí mismo?

        ¿En la educación en Aikido solo se persigue meter al estudiante en una prisión de técnicas, o las técnicas son el medio para salir de nuestra propia prisión personal?, y ¿cómo se hace?

        ¿Cómo educa el Aikido para la muerte?

        Educar es una tarea compleja y es un concepto bastante amplio, y como educadores debemos y tenemos la responsabilidad de contestarnos todas estas preguntas y muchas más que van a salir a nuestro encuentro en nuestra labor docente.

        Otra pregunta que me asalta es, ¿solo hay que educar en Aikido en las habilidades marciales, o por el contrario también hay que hacer hincapié en las éticas?

        Hay algo que me preocupa mucho; el proceso educativo consiste en que una persona ejerza una influencia ordenada y voluntaria sobre otra con el objetivo de formarla, ¿ustedes creen que eso se lleva a cabo de forma correcta en la mayoría de los “dojos”?

        ¿Cómo creen ustedes que debería ser la educación en Aikido: estática o dinámica? Y esto nos lleva a la siguiente pregunta, ¿la educación en Aikido se considera permanente o continua?

        Para completar todo proceso educativo se hace necesario un método, una planificación, una ejecución y una evaluación de los contenidos. Sigo preguntando:

        ¿Eres partidario de los exámenes?

        ¿Crees que son un negocio, o por el contrario evalúan tu proceso educativo hasta ese momento dentro del Arte del Aikido?

        ¿Cómo y dónde se evalúa la ética y la cortesía en un examen de Aikido?

        Y para ya dejarles tranquilos, qué piensan ustedes sobre:

        1º.- La toma de consciencia corporal, mental y espiritual.

        2º.- Del desarrollo de la estructura física, entendiéndose por ello, flexibilidad y resistencia.

        3º.- El control sobre esa estructura.

        4º.- La unificación de las capacidades mentales y físicas.

        5º.- El desarrollo de habilidades (y no tienen que ser necesariamente técnicas) en base a la práctica diaria.

        6º.- El desarrollo de la ética, la cortesía y la urbanidad.

        Si uno se considera un educador, pienso que debe de hacerse muchas preguntas sobre lo que imparte; no es cuestión de salir al medio del tatami y retorcerle muy bien la muñeca al aprendiz, eso es lo más fácil llegado el caso, lo difícil es: “Ser el facilitador del aprendizaje, mediador, consejero, compañero y manager de recursos humanos. Ser el instructor y el monitor de la puesta en escena de los alumnos en el proceso de la enseñanza-aprendizaje y el centro de todas las actividades”, (M. Raquel Hernández San Fiel).

Ishana Pérez, Noviembre de 2013.

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Katshuhayabi No Waza -Las técnicas de la victoria aquí mismo, ahora mismo-

Desafío.

        Ten presente

        Que tienes ante ti

        La vida y la muerte.

        Aunque quieras retroceder,

        El enemigo no te lo permitirá. (Doka de Morihei Ueshiba).

        El otro día hablando con un estudiante sobre los intensivos, me confesaba que no los hacía por temor a no poderlos terminar. En nuestros Dojo los hay de dos tipos: de meditación y de aikido.

        Es bonito leer en la filosofía del aikido aquello de la determinación, el coraje, sobre el arrojo, sobre el Dojo del infierno…, todos nos emocionamos con esas lecturas y fantaseamos con ese ideal que otros han realizado. Pero hay que caer en la cuenta, de que todas esas experiencias que tanto nos motivan son el fruto del trabajo de otros.

        

Masakatsu Agatsu -La verdadera victoria es la victoria de uno mismo-

        Pasa lo mismo cuando colocamos una caligrafía en el Dojo, ésta no es para decorar la pared, o para cuando vengan las visitas vean lo orientalista que somos, no, está ahí para recordarnos lo que hay que realizar-alcanzar. Por ejemplo, si yo coloco en mi Dojo la caligrafía “Masakatsu Agatsu” -La verdadera victoria es la victoria de uno mismo-, eso me tiene que recordar que cuando lleve doce horas de trabajo encima en un intensivo de aikido y mis fuerzas comienzan a flaquear, al mirar la caligrafía debe motivarme a levantarme para atacar al compañero con todo lo que me pueda quedar dentro.

        Una vez oí decir a un estudiante en una red social que se apuntaba a un intensivo de aikido porque los de meditación eran demasiados suave; ¡pobre infeliz o novato en estas lides! Seguro que no habría experimentado realmente ninguno de los dos.

        Por ejemplo, cuando llevas un día o dos de meditación y comienza tu mente a aguijonearte con sus fantasmas, o cuando intenta justificarse con sus quimeras y fantasías; otro caso digno de renombre es el trabajo físico que lleva el sostener la postura hora tras hora. En todos estos ejemplos hay que tener mucho centro y coraje para seguir adelante.

        Los intensivos nos llevan a salir, -de forma voluntaria y libre-, de nuestra zona de confort, de todo aquello que controlamos y a lo que tenemos domesticado; y hablo tanto en la posición de aquel que recibe -el estudiante-, como la de aquel que dirige -el Sensei-. Nos enfrentamos con nuestra propia realidad, quizás eso es a lo que se le teme, vernos tal cual somos, o dicho de otra manera, como no queremos que los demás nos vean.

        Las practicas intensas son un desafío a sí mismo, una puesta a prueba de las capacidades y del desarrollo que se haya alcanzado en el Arte. Es testar en uno el potencial de aguante y la entrega en el trabajo, al igual que la sapiencia de saber dosificar: ahora me adapto; ahora tengo que subir el ritmo; ahora me tengo que dejar llevar; ahora me recupero, etc.

        Enfrentarnos a nuestros miedos e inseguridades es abrir una ventana para ver dentro de nosotros, ¿estás dispuesto a hacerlo?

Ishana Pérez, Octubre de 2013.

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Entender correctamente.

        “Entiende una cosa, y mil seguirán. Engáñate sobre una cosa, y te confundirás en diez mil. Piérdelo por el ancho de un cabello, y anda errando durante mil millas. ¡Estas no son palabras vacías!, (Daoxin, 580-651).

        No es verdad que aprendemos algo mal, bien por nuestra propia culpa o por el que nos instruye, y a continuación vienen en cascada un montón de problemas añadidos. Por ejemplo, si no tienes una percepción clara sobre el eje, esto te lleva a que cuando ataques lo hagas mal, -trabajo de uke-; cuando defiendas, -el trabajo de tori-, tus movimientos van a ser sincopados y carentes de raíz.

        Entender bien significa ir en la dirección de la perfección del Arte, esto nos lleva a conocer en profundidad cada punto concreto, es decir, penetrar hasta el tuétano en el asunto.

        Por otro lado, cuando vamos adquiriendo bagaje va aumentando el desarrollo de nuestros sentidos, eso significa como decía Yagyu Munenori: “Lo que se considera el centro de la cuestión es la percepción de las habilidades y las intensiones únicamente”.

        Luego, está el asentamiento de lo aprendido, es en base a nuestra capacidad de la aplicación de nuestra inteligencia a la acción, por eso lo de: “Piérdelo por el ancho de un cabello, y anda errando durante mil millas”; ¿cuánto nos cuesta reconducir lo mal aprendido y lo mal hecho? Dicho de otra manera, “Engáñate sobre una cosa, y te confundirás en diez mil”.

        Entender bien, también significa la intención clara y voluntariosa de hacerlo correctamente, aunque tengamos que repetirlo un millar de veces. Es, entonces cuando se puede hablar de tener una gran experiencia con un gran conocimiento, y por lo tanto, podemos hablar de ser una autoridad en una materia determinada.

        Todo este trabajo “externo-interno”, lleva inequívocamente al autoconocimiento, y por lo tanto, a la realización como persona sensible dotada de comprensión y realización.

        Hay que ser muy cuidadosos en la posición de aprendiz (y lo somos tanto los alumnos como los Senseis), muchas veces nos dejamos arrastrar por nuestros vicios y deformaciones, nacidas en el mundo de nuestras elucubraciones sin fundamento, y claro, eso nos hacer perdernos aún teniendo una buena guía.

        En el trasfondo de esta actitud, -esta lo más probable-, la indisciplina, la no obediencia, el desorden vital…

        ¡La solución es muy simple! “Entiende una cosa, y mil seguirán”.

Ishana Pérez, Septiembre de 2013.

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La actitud del rumiante.

        ¡No pensar!

        ¡No intelectualices!

        Son expresiones que muy a menudo digo en mi Dojo a los estudiantes. Hay que hacer, meter dentro, no importa que lo entiendas o no, que lo veas o no practico, ¡tú mételo dentro de ti! Luego, él solo se va a manifestar.

        El rumiante introduce su alimento en su panza, después, plácidamente lo vuelve a masticar con el objetivo de digerirlo bien para poderlo asimilar y de esta manera que le nutra; eso mismo es lo que tenemos que hacer nosotros.

        - Pero Sensei, es que…

        Verdad que hay muchos alumnos que están con él “es que”. No hay ni “es” ni “que”, solo debe de haber acción, y ésta lo más ajustada al modelo planteado dentro de nuestras capacidades y de nuestros conocimientos.

        Después de un tiempo, cuando vas calcando y comprimiendo el conocimiento en tu interior. Por la propia presión hace que éste se manifieste en compresión; no hay tiempos establecidos para este resultado, las variables son tantas como las personas que estudian y se esfuerzan. Se podría hablar de un “tiempo propio”, ¡tu tiempo!

        Eso sí, cuánto más rumies, seguro que antes se va a manifestar el resultado. Si solo ingieres, lo más usual es coger un empacho o una indigestión. La acción de rumiar tiene que tener los ingredientes del placer -por hacer-; de la curiosidad, -por saber más-; y por último, del disfrute, -la sensación de hacerlo bien-.

        Hay un refrán popular que dice, “Para aprender, hay que rumiar lo aprendido”.

Ishana Pérez, Agosto de 2013.

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Percepción liberada.

        Llevo mucho tiempo con este concepto en mi interior, las cuestiones que me han estado aguijoneando son:

        ¿Qué es la percepción liberada para nosotros los aikidokas?

        ¿Es o no liberada? Y si lo es, ¿cuándo está liberada?

        Y, ¿de qué se libera?

        Según Bodhidharma, la percepción liberada “Significa la percepción despierta que siempre es clara y que llega a todas partes sin obstrucciones”.

        Esto cuando lo supe fue una gran liberación, pero en realidad, es el comienzo de otros problemas. Les comento:

        Realmente nuestra clarividencia es clara para saber si estamos en un entorno que nos hace crecer y por tanto que nos libera, -a cada cual de sus ataduras personales-.

        Somos capaces de asimilar el conocimiento que se nos está impartiendo, y, ¡de valorarlo!

        Discernimos sobre nuestros pasos dentro del proceso o somos unos autómatas robotizados sin nada de seso.

        A la hora de actuar, lo hacemos con inteligencia o nos dejamos llevar por la inercia, que siempre es más cómodo.

        Somos capaces de penetrar en el corazón de la técnica para descubrir su verdadero significado, más allá de la apariencia de la efectividad, o ya en el peor de los casos, de la coreografía.

        Desarrollamos nuestra perspicacia para no coger lo más evidente y embarcarnos en la búsqueda de lo real y dejar atrás lo fantasioso e infantil, ¡que ya somos adultos!

        Y ya por último, sentimos aprecio sincero por todo aquel (Senseis, amigos, alumnos, pareja) que bien nos facilita el que podamos seguir practicando, que nos instruyen o nos han instruido, que nos han inspirado en un momento clave de nuestra evolución y con el que está a mi lado y supone el medio para que en cada repetición yo mejore.

        Bueno, ya saben ustedes que la carga compartida pesa menos, lo que espero es que nos les pese como a mí. Y muchas gracias por aliviar esta pesadez simplemente leyendo esta editorial.

Ishana Pérez, Julio de 2013.

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Saber tú posición.

        Muchas veces en un Dojo lo complejo es saber cuál es nuestra posición, o si ustedes lo prefieren, el lugar que se ocupa. Por esa razón están las categorías de: Sempai (alumnos veteranos),Kohai (alumnos novatos) y Dohai (alumnos que han ingresado en el Dojo a la vez).

        El no saber o no ejercer la responsabilidad de cada cual puede llevar a muchas complicaciones: falta de respeto hacia el Sensei; falta de respeto a todos los alumnos que componen el Dojo; y falta de respeto al Dojo mismo.

        Si no respetas al Sensei que te transmite el Arte, ¿cómo vas a valorar lo que recibes?

        Si no respetas a los estudiantes más veteranos, ¿cómo vas a apreciar la ayuda que te proporcionan para allanarte el camino y que cometas los menos errores posibles?

        Si no respetas a los de tu misma posición, ¿con qué derecho exiges que te respeten a ti?

        Y si no respetas a los que tienes bajo ti, ¿qué derecho tienes a que se te instruya en la Vía?

        La mala educación lleva consigo el crear mal ambiente en el entorno dónde se está y generar conflictos con los que nos quieren ayudar. Hay que estar muy despierto para no dejar que nuestra mente se alimente de eso, porque nos puede llevar a caer de nuestro progreso.

        Esa es la razón de recibir en primer lugar las formas básicas de comportamiento al ingresar en un Dojo. Mucha gente no es consciente de que el más grande de los tesoros nos lo dan en el mismo comienzo. El integrarlo y hacerlo de uno va a marcar nuestra actitud, que va a cambiar nuestro pensamientos, y por efecto cascada, nuestro comportamiento. Éste nos lleva a escuchar con atención y hacer mejor todas las cosas: relacionarnos con los demás, la evolución y comprensión técnica, y por supuesto, nuestra propia comprensión como individuo.

        Todo lo que acabo de comentar no hace falta hacerlo con rigidez, ¡todo lo contrario! Tienes que hacerlo con alegría y satisfacción, porque cuando la norma se acata con pesar, puede ocurrir que estés en el lugar equivocado para ti.

Ishana Pérez, Junio de 2013.

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La comprensión a través de la atención.

        Hay un viejo dicho marcial que dice: “Hay que saber medir centímetros y milímetros”. Indudablemente está relacionado con la escucha pero se le puede dar otra dimensión.

        Hay que estar vivo para comprender, y no me refiero a la existencia, no, me refiero a existir dentro del Keiko, ¿qué quiere decir eso? ¡Estar atento al acontecer!

        El término Keiko lo forman dos caracteres chinos que quieren decir “antigüedad” y “pensar” o, más específicamente, “reflexionar sobre las cosas del pasado; o aprender su lógica leyendo viejos libros y refiriéndose a materias antiguas”,- de acuerdo con el diccionario japonés-.

        Si cada día pasas por clase como un autómata es como si vivieras sin tus sentidos: no podrías ver nada, no escucharías nada, no sentirías nada, no saborearías nada…, de ahí la atención.

        Lo más probable es que tu Sensei te haya dicho un millar de veces un punto clave sobre Iriminage, -por ejemplo-, pero es ese día cuando has reparado en ese detalle que te estaba amargando la práctica de esa técnica, y daba igual que fueras un novato o un uke experimentado, tú, en el fondo sabías que algo faltaba, -no sabías el qué-, pero la realización de la técnica no estaba completa.

        Y un buen día, ¡plum! Lo cogiste, es tuyo. No era un día especial, no habías hecho nada extraordinario, nada fuera de lo normal, pero te diste de bruces con eso que te faltaba.

        Sabes cuáles fueron los condicionantes que te llevaron a eso: tu tesón, tu determinación, tu entrega, tu constancia, tu compromiso y la última gota de la esencia para la fórmula magistral, ¡tu atención! Que prendió la chispa para que comprendieras.

        La mayoría de las veces no somos conscientes del avance en cada milímetro de la Waza, más que nada porque no se ve, ¡pero existe!, es como la vida microscópica, está aunque no la veamos con su evolución natural.

        Cuanto más se desarrolle la capacidad de “Estar”, más profunda se va haciendo tu percepción sobre todo lo que hagas y menos detalles se te escaparan.

        Hay otra dimensión con este tema, algunas veces la toma de consciencia de un aspecto no es su conclusión, sino el inicio de la verdadera comprensión en su totalidad.

Ishana Pérez, Mayo de 2013.

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Cumpliendo años.

        El tiempo pasa inexorablemente y llegados determinados momentos es bueno pararse para recapitular y mirar hacia atrás con el objetivo de hacer balance sobre la labor realizada.

        Este es el caso de este 30º Aniversario de nuestro Dojo. Hay que ver qué cosas se hicieron mal para corregirlas; qué cosas se hicieron bien para potenciarlas. En mi parcela de formador y responsable en nuestra casa tanto de la parte técnica como de mantener, guiar y dar continuidad al espíritu del Budo, hacer un autoanálisis para ver cómo llevo mi proceso dentro de esta Vía, que he escogido como método de transformación personal.

        Son momentos íntimos de reflexión profunda sobre lo que hay hasta ahora y a dónde quiero orientar mis esfuerzos y energías. El camino no siempre discurre por praderas verdes y llanas, también están las montañas escarpadas y nevadas, ¡pero eso es parte del proceso!

        No es fácil llegar a treinta años de ejercicio, ¡y más! Cuando uno se aleja de todo aquello que le puede intoxicar, dicho de otra manera, que no está de acuerdo con el espíritu de la Vía. ¿El logro? Que aquí estamos y con la intención de seguir adelante. No importan los medios ni los recursos, lo que realmente tiene valor es la voluntad firme de andar. Todo lo demás aparecerá por sí mismo.

        Por nuestro Dojo a lo largo de todos estos años han pasado cientos de personas, desde aquellas que solo han hecho un solo día de clase, a los que han permanecido un ciclo marcial (10 años) o más, a todos ellos quiero darles las gracias por compartir con nosotros ese instante. Para nosotros ha sido muy enriquecedor, espero que para ellos también, pero la vida es cambio (Anitya) y cada uno de nosotros busca su lugar en la existencia.

        A los que están en la actualidad les animo a seguir potenciando nuestras buenas cualidades, para que la gente que se acerque hasta nosotros vea un comportamiento serio y honesto de aikidokas, y hacer vivir con nuestro ejemplo el espíritu del Aikido para completar un clico más juntos.

Ishana Pérez, Abril de 2013.

        Haz CLic pra Ver la Entrevista realizada por la Srta. Laura Pérez por el 30º Aniversario de nuestro Dojo  Entrevista realizada por la Srta. Laura Pérez por el 30º Aniversario de nuestro Dojo.

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Unidad y multiplicidad.

        Hay gente que orienta su práctica en la multiplicidad en vez de ceñirla a la unidad.

        Cuando estudias una técnica, -por ej. Ikkyo-, y tu atención va a la multiplicidad de detalles que tiene para el aprendizaje y el refinamiento, te enfrenta a un trabajo infinito, y lo que es peor, siempre van a aparecer más y más detalles según vas profundizando. La conclusión es que se hace muy cuesta arriba el aprendizaje, porque lo que percibes es una ingente cantidad de matices que te hace difícil asentarte en tu aprendizaje.

        Cuando enfocas la formación desde la unidad todo se torna más fácil y llevadero.

        Al orientar la práctica desde la unidad solo tienes que tener en cuenta cuatro factores: centralización, expansión, control y esfericidad, y si éstos tuvieras que simplificarlos en uno, ese “uno” sería “centralización”, porque es desde el centro de donde se produce la expansión y a donde todo debe retorna; -en cualquier aspecto de nuestra vida, aunque ahora se hable desde un punto de vista técnico-. Estos principios los puedes aplicar a cualquier técnica que estudies, tanto de Katame Waza (técnicas de control o sometimiento) como las de Nage Waza (técnicas de proyección).

        ¿Cuál es el problema?

        Que el novicio solo se centra en los gestos que se le muestra, por ej. Shionage, pero no se esfuerza en tener una comprensión clara de esos cuatro principios básicos dentro de la técnica de Shionage, aunque sea de una manera teórica para luego ponerlos en práctica de forma progresiva.

        Otro aspecto del noviciado es que en un inicio aparezca la dificultad de -aprender y olvidar rápidamente-, esto también es motivado por la falta de práctica, algo por otra parte natural, ¡es un principiante!

        La llave para desarrollar, integrar y sublimar las técnicas son los cuatro principios que se han mencionado más atrás, ya sé que parece muy simple, ¡cuidado con el Ura!, pero ese es el gran secreto.

Ishana Pérez, Marzo de 2013.

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La no unificación.

         Ésta básicamente se presenta en dos aspectos de la formación, por un lado entre el cuerpo y la técnica; por otro, entre lo que queremos y lo que hacemos para conseguirlo.

        Para conseguir la integración entre el cuerpo y la Waza es necesario que nos esforcemos en la educación física. Si el instrumento no está puesto a punto no podemos utilizarlo, no es posible sacarle rendimiento. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es ponerlo en un estado óptimo, luego, cuando ya esté afinado es cuando lo podemos utilizar de forma muy versátil, esto es, dentro del amplio espectro técnico.

        La otra disyuntiva está en lo que queremos y lo que hacemos para lograrlo, por ej., quiero ser un virtuoso del piano, ¡pero claro! Solo práctico dos horas al día. Imposible conseguir ese logro con semejante inversión, para ello tendría que invertir ocho horas diarias durante un tiempo concreto en ese ejercicio y de esta manera se consigue el logro.

        La unión entre la intensión, el vehículo, la acción y la destreza, es lo que nos capacita día a día para el logro de nuestras aspiraciones, y éstas tienen que estar muy claras en nuestra intensión-comprensión, de lo contrario podemos ir a la deriva día a día o año tras año.

        Podemos tener mejor o peor día, -yo siempre les digo a mis alumnos que no hay días buenos o malos en la práctica, “solo hay práctica”. Eso quiere decir que cada momento es único, no lo vas a poder repetir, ¡es ese instante y solo ese momento! Lo que hagas después es otro periodo de tiempo en otro espacio. De ahí que en cada repetición tenemos que estar totalmente presentes, salga como salga, y en la siguiente reproducción mejorar lo hecho anteriormente.

        Ese es el camino para la unificación entre la intensión, el vehículo, la acción y la destreza.

Ishana Pérez, Febrero de 2013.

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10.000 horas. El camino a la maestría.

        El Dr. Anders Ericsson, -una eminencia en el campo del esfuerzo-, define que: “La piedra angular de toda destreza máxima no es la genialidad, sino la práctica intencionada”, sí, han leído bien, “intencionada” ”, eso significa estar presente en lo que se hace y con la actitud de mejorar constantemente en cada gesto o repetición, (hablo con respecto al Aikido, aunque puede ser extrapolable a cualquier otra actividad, arte o disciplina).

        Eso se contrapone con la manera que muchos están sobre el Tatami, es como si no estuvieran, y lo peor, sus modos son una total falta de interés, por ej: bostezan, miran para otro lado, agachan la cabeza, -eso significa que no miran las explicaciones-, falta de vigor y voluntad para trabajar, intentan constantemente escabullirse en las esquinas del Tatami, dan clase -siendo ellos alumnos- a los novatos, y un largo etc.

        Dr. Ericsson junto con otros colegas en 1993 realizaron un estudio en la Academia de Música y la Orquesta Filarmónica de Berlín con expertos violinistas. Y el resultado no se hizo esperar, fueron mejores los que más horas dedicaron a ejercitarse independientemente de su genialidad.

        Es un hecho comprobado que si uno aspira a un resultado magistral, en cualquier disciplina o arte hay que emplease y emplear 10.000h. de trabajo.

        Vamos a ver una relación en horas por semana y año para conseguir esas 10.000h., ni que decir tiene que la actitud y predisposición es con “una práctica intencionada”, y la clave para ello es la autodisciplina.

        Si practicas 3h. (tres veces por semana) durante 1 año eso es = a 156h.

        Para completar las 10.000h. necesitarías 64,1 años sosteniendo ese esfuerzo.

        Si practicas 4h. (cuatro veces por semana) durante 1 año eso es = a 208h.

        Para completar las 10.000h. necesitarías 48 años sosteniendo ese esfuerzo.

        Si practicas 5h. (cinco veces por semana) durante 1 año eso es = a 260h.

        Para completar las 10.000h. necesitarías 38,4 años sosteniendo ese esfuerzo.

        Si practicas 15h. por semana (tres horas por día 5 días a la semana) durante 1 año eso es = a 780h.

        Para completar las 10.000h. necesitarías 12,8 años sosteniendo ese esfuerzo.

        En este último ejemplo estamos hablando de un clico marcial (10 años) y un poquito más.

        En todos estos casos hay que contemplar las variantes que nos pueden trastocar nuestra planificación: la salud, la vida familiar, la laboral, los compromisos sociales, etc., dicho de otra manera, si no hay una regulación de la vida para acotar el tiempo dedicado a la práctica -sea cual sea éste-, no se podrá llevar a cabo ni este ni otro objetivo.

        A veces las matemáticas nos golpean para tomar consciencia de nuestra posición, esta vez con el tiempo, en otras ocasiones con la economía que invertimos en nuestra formación, pero eso lo vamos a dejar para otro momento cuando ya se esté recuperado de este shock.

Ishana Pérez, Enero de 2013.

        Más información sobre las 10.000h:

          Néstor Gutman, artículo sobre la excelencia.

          La regla de las 10.000h. para el éxito, de Malcolm Gladwell.

          Los Métodos de enseñanza didáctica general para maestros y profesores.

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